DR. LUIS AGOTE... UNA VIDA MARCADA A "SANGRE y CONSTANCIA"

La medicina argentina puede jactarse de estar entre las más relevantes a nivel mundial, a pesar que desde todas las épocas "corrió desde atrás" en tecnología con respecto a las grandes potencias. Nombres como el de René Favaloro (creador del by pass coronario), o la presencia de 3 Premios Nobel a lo largo de la historia, como Bernardo Houssay, Luis Federico Leloir y César Milstein, hablan a las claras del potencial "argento". Otros, tal vez con menos prensa, se destacaron, como Enrique Finochietto (gran innovador en instrumental quirúrgico), Roger Zaldívar (reconocido oftalmólogo a nivel mundial) y, quién será protagonista de nuestra entrega de hoy : Luis Agote. Nació el 22 de septiembre de 1868 en Buenos Aires, cursó los estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires y, desde joven fue un prodigio, graduándose de médico en 1893, en la Universidad de Buenos Aires, dónde su tesis para recibirse se llamó "Hepatitis supurada". Al año siguiente, en 1894, con sólo 26 años, fue nombrado Secretario del Departamento Nacional de Higiene. En 1895, es designado director del lazareto que funcionaba, desde la época epidemia de fiebre amarilla (en 1871), en la isla Martín García. En  1899 llegó al cargo de Jefe de Sala en el Hospital Rawson y, en ese año participó (hasta 1900) como miembro principal de la delegación médica que combatió el brote de peste bubónica en Paraguay. Combinó su actividad médica con la labor política, llegando a ser diputado nacional por Buenos Aires en 1910, por el Partido Conservador. Durante esa gestión consiguió que se destinara una partida presupuestaria para la construcción de un pabellón modelo de Clínica Médica en el Hospital Rawson, que pasó a depender de la Facultad de Medicina. En ese lugar se desempeñó como profesor titular de Clínica Médica (hasta 1929). Sería reelegido como diputado por el mismo partido en 1916, dónde entre sus obras más relevantes fueron la creación de la Universidad Nacional del Litoral, la anexión del Colegio Nacional de Buenos Aires a la U.B.A. y la fundación del Patronato Nacional de Ciegos y el Patronato Nacional de Menores Abandonados y Delincuentes. Gracias a ésto, los menores que delinquían dejaron de ser alojados en cárceles con personas mayores. Sin embargo, su "obra maestra" ocurriría un par de años antes. En esa época, las transfusiones se realizaban directamente de dador a paciente porque no existía un método que pudiera conservar la sangre, además de no tener certeza que el desenlace sea feliz (los donantes no siempre eran voluntarios) y, lo más común era que sufrieran infecciones, embolias, trombosis, contagio por enfermedades y, hasta la muerte. Era una intervención compleja e incierta, de altísimo riesgo, hecho casi de forma artesanal, conectando directamente la arteria del donante a la vena del paciente. Además del riesgo, era imposible determinar la cantidad de sangre que dador y donante habían intercambiado. Debía ser en forma directa porque la sangre se coagula entre los 6 y 12 minutos luego de entrar en contacto con el aire. Esa fue su preocupación desde que comenzó a estudiar como parar las hemorragias en pacientes hemofílicos. Al principio realizó experimentos junto al laboratorista Lucio Amaz Apphatie con el diseño de recipientes especiales. Sometieron la sangre a distintas temperaturas, pero el líquido ante la sola exposición del aire, se coagulaba. Agote probó agregándole citrato de sodio, que es una sal derivada del ácido cítrico, que está presente, por ejemplo, en el limón. Hecho ésto, guardó la mezcla durante dos semanas y, transcurrido ese tiempo, comprobó que la sangre no se había coagulado y, además, vió que el citrato de sodio era perfectamente eliminado por el organismo. Fue así que comenzaron experimentando transfusiones con perros entre razas diferentes y no observaron rechazos. La prueba de fuego llegó el lunes 9 de noviembre de 1914 : se realizaría la transfusión en humanos. El voluntario fue Ramón Mosquera, el portero del Instituto Modelo de Clínica Médica. Su sangre iría al paciente de la cama contigua, enfermo de tuberculosis. Bajo la supervisión del Doctor Enrique Merlo, la técnica resultó exitosa. Pasada la prueba, el 15 de noviembre se realizó una demostración a las autoridades. Fueron convocados el intendente municipal, Enrique Palacios, el rector de la UBA, Epifanio Uballes, el decano de la Facultad de Medicina, Luis Guemes y el Director General de Asistencia Pública, Baldomero Sommer, para que sean testigos autorizados de la transfusión. La paciente era una mujer embarazada que "esperaba con gran temor lo que ella supusiera una cruenta operación", según la crónica de la época. Recibió 300 centímetros cúbicos de sangre que le habían extraído del brazo derecho de Luis Machia, carpintero del Instituto de Clínica Médica. La sangre donada estaba en un recipiente posteriormente bautizado como "Aparato Modelo Profesor Agote", dónde se mezcló con citrato de sodio al 25 % y, luego se inyectaría a la mujer. A los 3 días la paciente recibió el alta. Un par de días después fue el turno del comisario Héctor Bobigas, quién estaba internado en el Hospital Rawson, siendo sus donantes Francisco Méndez y Ramón Más (de acuerdo a lo consignado por la Revista "Caras & Caretas"). Igual que los casos anteriores, no hubo inconvenientes. El Doctor Agote era consciente que su técnica era un logro de alcance mundial y, debido a que eran tiempos en que miles de soldados morían diariamente en las trincheras europeas con motivo de la 1° Guerra Mundial, no quiso patentar el descubrimiento y, cedió la técnica a todos los países que en ese momento estaban en guerra, porque sabía que ayudaría a salvar millones de vidas. Envió comunicaciones a los medios de prensa, a los embajadores de los países involucrados y a las revistas médicas internacionales. La noticia fue publicada por el diario estadounidense "New York Herald" y, la misma dió la vuelta al mundo.  El Doctor Luis Agote publicó ese año el trabajo "Nuevo método sencillo para realizar transfusiones de sangre". A pesar de ello, hubo intentos de profesionales de otros países para adjudicarse la primicia de la nueva técnica, entre ellos el belga Albert Husin, de la Academia de Ciencias Biológicas y Naturales de Bruselas, quién a principios de 1914, publicó un escrito al respecto que proponía evitar la coagulación mezclándola con citrato de sodio de 10 gramos por cada 100 centímetros cúbicos. Sin embargo, no prosperó porque la sangre tenía concentración baja de glóbulos rojos, siendo por ella inservible. El otro fue el médico alemán Richard Lewisohn, quién a principios de 1915, publicó un artículo dónde explicaba el procedimiento y citaba a Hustin como su creador. Lo cierto es que, tanto Agote como Hustin trabajaban sobre lo mismo (tal vez sin saber la labor que el otro realizaba) y, fue el argentino quién logró practicarla con éxito. Por ello y, por su destacada carrera, recibió muchos reconocimientos : la UBA lo distinguió como Profesor Honorario y la Academia Nacional de Medicina lo nombró Miembro Honorario. En Chile fue condecorado con la Orden al Mérito (la más alta distinción concedida por ese gobierno para homenajear a ciudadanos extranjeros que presten servicios notables a la República). Su legado quedó también con las obras científicas que escribió : "La úlcera gástrica y duodenal en la República Argentina", "La litiasis biliar", "Estudio de la higiene pública en la República Argentina", "Lecciones de Clínica Médica", "La peste bubónica en la República Argentina" y el citado "Nuevo método sencillo para realizar transfusiones de sangre". También era un gran poeta, novelista e historiador, despuntando el vicio con publicaciones como : "Ilusión y realidad" (libro de poemas), "La lucha por el Mediterráneo", "Augusto y Cleopatra", "Mis recuerdos"y "Nerón, los suyos y su época" (una especie de psicopatología del emperador romano). El Doctor Luis Agote falleció el 12 de noviembre de 1954, a los 86 años, en su departamento de calle Pretti 311, en Turdera, tres días después de haberse cumplido 40 años de la primera transfusión de sangre. Sus restos descansan en el Cementerio de La Recoleta. Lo hecho por Agote marcó un antes y un después en un sector de la medicina nacional, pues se crearon Bancos de Sangre y permitió la utilización de la "aféresis plaquetaria", consistente en un procedimiento automatizado y seguro, dónde una máquina centrífuga separa y recolecta solo plaquetas, devolviendo glóbulos rojos y plasma al donante, permitiendo obtener hasta 6 veces más plaquetas que una donación convencional en 1 a 2 horas (siendo ésto de suma importancia para pacientes oncológicos). En nuestro país, el 9 de noviembre es el Día del Donante Voluntario (en referencia a la fecha de la primera transfusión), además de que varias escuelas, barrios, hospitales, calles y bancos de sangre (no podía ser de otra manera) llevan su nombre. La vida y obra del Doctor Luis Agote merece ser reconocida y, tal vez una de sus frases más conocidas lo pinte de entero respecto de la profesión que amó : "El progreso no es un hecho, es un esfuerzo constante"...


Foto 1 : El Doctor Agote (sentado, al centro, de blanco), posa con su equipo médico.


Foto 2 : La prensa escrita publicó su técnica (en la foto el "Aparato modelo Profesor Agote", usado en la transfusión).


Foto 3 : El Doctor Agote, en sus últimos años.


Foto 4 : En su hábitat natural, su laboratorio.


Foto 5 : Navidad en la Clínica Modelo Rawson (Agote arriba, al centro).



Foto 6 : Sello conmemorativo del Dr. Agote.


Foto 7 : El Dr. Agote en su época de diputado nacional.


Foto 8 : Día histórico : 9 de noviembre de 1914, primera transfusión de sangre del país.


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