MARCELO SAJEN... HISTORIA DE UN VIOLADOR SERIAL...
Dentro de la significación psicológica y policial, existen los delincuentes que, por su accionar son calificados de seriales. ¿ Y qué significa dicho término y a quién o quiénes abarca ? Se refiere a un individuo que ataca (asesinando o violando) a tres o más personas en un lapso de 30 días o más, con un intervalo de tiempo y/o espera entre cada asesinato o violación y, cuya motivación usual es la gratificación psicológica que le proporciona cometer dicho acto delictivo (crimen o violación), aunque no necesariamente la única. Según estudios psicológicos realizados por el psiquiatra Hervey Cleckley, éstos sujetos "tienden a ser selectivos al acechar a sus víctimas y lo hacen impulsados por alguna necesidad interior imperiosa. El comportamiento psicopático de éstos individuos incluye la búsqueda de sensaciones, la falta de remordimiento o culpa, la impulsividad, la necesidad de control y el comportamiento depredador. Los psicópatas pueden parecer normales a menudo, bastante encantadores, mostrando un estado de adaptación llamado "Máscara de la cordura". Por su parte, el FBI sugiere que las motivaciones de un asesino o violador en serie pueden ser la ira, la búsqueda de emociones fuertes, la gratificación sexual, la ganancia financiera y la búsqueda de atención. Suelen seguir una misma metodología o "modus operandi". Se caracteriza por no tener ninguna conexión con su víctima, ya que no la conoce antes de elegirla, lo que dificulta a los investigadores encontrar a su autor. Ésta introducción nos lleva a conocer lo que es, en la historia que narraremos hoy, un violador serial. Su protagonista : Marcelo Mario Sajen, alias "El Turco", quién tuvo en vilo a la sociedad cordobesa a fines de los '90 y principios del milenio. ¿ Quién era éste personaje, al cuál los periodistas Claudio Gleser y Dante Leguizamón, en su libro "La Marca de la Bestia", narraron con absolutos detalles las aberraciones que cometió ? Era el cuarto de siete hermanos del matrimonio formado por Leonardo Sajen, su padre verdulero y Rosa, ama de casa. Nació el 26 de octubre de 1965 y, como dato excluyente de su vida privada, figura la conformación de dos familias paralelas : una con su esposa Zulma Villalón, con quién convivió durante 22 años, con 6 hijos en común y otra con Adriana, con quién tuvo dos hijos. Las mujeres, que vivían a 15 cuadras de distancia la una de la otra, sabían de la existencia de ambas y la situación irregular de "su hombre". Su primer ataque sexual ocurrió en la localidad de Pilar, en 1985, cuándo tenía 20 años. Por ese hecho estuvo preso durante 6 años, logrando su libertad en 1991. En 1993 fue detenido nuevamente en una causa en la que luego sería sobreseído. A pesar de ello, siguió delinquiendo sexualmente entre 1993 y 1999, atacando en el Barrio San Vicente y alrededores. Luego lo hizo en Barrio Nueva Córdoba, violando una joven en esa transitada zona, para luego, esa misma noche, asaltar una pizzería. Fue detenido y encarcelado por robo calificado, recibiendo una condena de 3 años y 6 meses. En ese período, entre 1999 y 2002 hubo una interrupción de los ataques, debido a su encarcelamiento (éstos datos se supieron mucho tiempo después, ya que no había pistas que lo delataran). Al estar nuevamente en libertad, suponen que salió de la cárcel "hecho una bestia", según los autores del libro antes citado. Comienza nuevamente sus ataques sexuales que, con el tiempo, eran más violentos, porque sabía que no lo buscaban. Cada vez circulaba con más fuerza la versión de que había un violador de jóvenes que atacaba por la zona del Parque Sarmiento y la Ciudad Universitaria. A pesar de varias denuncias hechas, ninguna prosperaba porque estaban realizadas en distintos juzgados, por lo que carecían de vinculación entre sí. Finalmente, una víctima, bajo el nombre ficticio de "Ana", en 2004 envió un correo electrónico que se hizo público, viralizándose por las redes sociales. Allí contó los abusos que había padecido y aconsejó a las chicas que no anduvieran solas. En un párrafo decía : "No anden solas, no se descuiden, no confíen en la policía... tenemos que estar preparadas y mentalizadas de que si alguien nos llama de atrás, nos pone una mano en el hombro o nos agarra, la única forma de zafar es gritando, tirándote al piso, abrazando a alguien que ande por ahí, metiéndote en un negocio o, simplemente corriendo". A partir de ese momento, en Córdoba el miedo se instaló en las calles y en las mujeres. Cada vez surgían nuevas versiones, más víctimas, nuevos testimonios. La sociedad pedía a gritos la reacción oficial, pues no se hacía absolutamente nada para resolverlo. Fue así que, en un hecho sin precedentes, el gobierno provincial ordenó que se realicen pruebas de ADN a todos los hombres que fueran similares al identikit que habían logrado elaborar con la colaboración de las mujeres abusadas. Surge así el primer gran error de la causa, a cargo del fiscal Gustavo Nievas, pues es detenido Guillermo Camargo, verdulero del Barrio San Vicente, quién estuvo preso 41 días, hasta que gracias a las muestras genéticas, descubrieron que era inocente y, fue liberado. En tanto, las amigas y conocidas de "Ana", formaron el grupo "Podemos hacer algo", quiénes regularmente marchaban protestando por la inseguridad que sufrían. "Hay un violador suelto, todos en la Policía y la Justicia lo saben y nadie hace nada", proclamaban a viva voz. El fiscal Nievas fue apartado (años más tarde condenado a prisión por coimas) y, el desconcierto era tal que, llegó a sospecharse de los propios uniformados y, se impuso la obligatoriedad de realizarse un ADN a todos los efectivos policiales para despejar sospechas. El violador actuaba solo y, por lo general, no ingresaba a los domicilios. Sorprendía a las chicas que iban solas y, como era ladrón curtido, sabía como descolocar a sus víctimas, diciéndoles : "¿ Dónde queda la Terminal ?", "¿ Conocés a tal persona ?", " Me está siguiendo la policía". Al mismo tiempo, las abrazaba, apoyaba su arma contra el cuerpo de ellas y las obligaba a caminar (en algunos casos, más de 20 cuadras) hacia un lugar donde podía llevar adelante su ataque. En septiembre de 2004, el fiscal Juan Manuel Ugarte se hace cargo de la causa y, fue él quién descubre que, tras el accionar delictivo - sexual entre 1991 y 1997, hubo interrupciones de los mismos entre 1997 y 2002 porque el violador había estado preso. Decidió investigar a todos los que tenían un parecido físico con el violador y hubieran estado detenidos en esas fechas, llegando a recibir casi 500 expedientes. Pasados esos filtros, le quedaron una docena de sumarios, entre ellos el de Sajen. Entonces, Ugarte se sorprendió al hojear ese informe, y manifestó : "Yo lo conozco. Nosotros supimos condenar a un Marcelo Sajen en 1985 cuándo violó a una chica en Pilar", por lo que mandó investigarlo. Decidieron, entre otras estrategias, realizar controles vehiculares ficticios en su zona de residencia. En uno de ellos, el 22 de diciembre de 2004, Sajen circulaba en un Fiat Uno blanco, junto a su hijo mayor, cuándo un policía lo enfocó con una cámara desde un patrullero. El violador lo miró fijo y cuestionó : "¿ Porqué me están filmando ?. El policía, para no despertar sospechas, le mintió diciendo : "Quedate tranquilo, es rutina. Nos hacen filmar los operativos para que no haya problemas", mientras se paraba a su lado para cotejar su altura. Su imagen quedó grabada : rostro morocho, cabello raleado y remera blanca. Sajen, quién no era ingenuo, al terminar el control, supo que lo estaban buscando. Por ello, se tiñó de rubio y desapareció de su casa llevando una pistola 11,25 milímetros. Al principio recaló en la casa de una de sus mujeres (con quién tenía 2 hijos) y luego se fue con un tío. El fiscal Ugarte vió la filmación de Sajen, pero no se animó a detenerlo, porque tenía algunas dudas, ya que las víctimas que declararon no informaron sobre falta de cabello y dientes del violador. Una acción clave para la causa fue un allanamiento realizado en su casa de Villa Urquiza para obtener elementos que permitieran cotejar su ADN. En el operativo secuestraron un cepillo de dientes y sábanas, que fueron enviadas al CEPROCOR (Centro de Excelencia de Productos y Procesos de Córdoba). Dos días después, los resultados indicaron que el ADN del violador buscado era compatible con el perfil genético de Sajen. Pero el depravado se " hizo humo". Hubo más allanamientos en lugares frecuentados o visitados por él, sin resultados. Algunos testigos manifestaron haberlo visto en moto, con el pelo teñido e, incluso pretendió violar una joven en Barrio Santa Isabel. Ante la prueba irrefutable, el gobernador José Manuel De la Sota, convocó a una conferencia de prensa, junto al fiscal Ugarte y otras autoridades, el 28 de diciembre de 2004, dónde mostró la fotografía de Sajen (obtenida en la filmación antes mencionada) y ofreció una recompensa de $ 50.000 para quién brindará información que ayudara a capturarlo, además de pedir colaboración a toda la población. A la noche de ese día miércoles 28, lo ubicaron, gracias a que un viejo "amigo" de prisión lo delató para cobrar la suma ofrecida. Tras una cinematográfica persecución, la policía allanó la vivienda ubicada en calle Tío Pujio al 1800, en Barrio Santa Isabel 2° Sección y, por fin, logró encontrar a Sajen. Quedó arrinconado por los efectivos policiales en el jardín de la casa. Perdido por perdido, miró fijamente a los policías y sentenció : "No voy a volver a caer en cana. Estoy jugado". Apoyó su pistola 11,25 milímetros en la sien y se descerrajó un tiro. Fue trasladado inmediatamente al Hospital de Urgencias. Allí, una multitud de vecinos y algunas de las estudiantes universitarias abusadas se concentraron de manera espontánea en las puertas del nosocomio. El estado de Sajen era desesperante y, así lo confirmó la subdirectora del hospital, Laura Ortiz : " el estado de salud es crítico, muy malo y, por el tipo de lesión, no tiene posibilidad de cirugía". La herida de arma de fuego en el cráneo tenía orificio de entrada en región derecha y orificio de salida en región izquierda, con gran pérdida de masa encefálica. Tenía muerte cerebral y falleció dos días después. El Jefe de Policía, comisario Jorge Rodríguez, confirmó para tranquilidad de la sociedad, que la víctima era el violador buscado. Marcelo Mario Sajen murió sin terminar de pagar todos sus delitos, se quitó la vida, de igual manera que un hermano suyo años antes, quién tomó la misma drástica decisión al encontrarse cercado por la policía. Aterrorizó durante años a un montón de mujeres, a la cuáles abusó y robó, usando el mismo "modus operandi", hasta que una ellas se animó a contar lo que le pasó... y entonces, esa "confesión" sería el principio del final para Sajen, sin olvidar, por supuesto, el desempeño del fiscal Ugarte, quién resolvió el caso en 3 meses, en contraposición de la fallida actuación del anterior fiscal, quién logró una excelente coordinación entre dos fuerzas que nunca de llevaron bien : la policía provincial y la policía judicial. Los informes de sobre Sajen eran benévolos, ya que en el vecindario, decían que " era un padre ejemplar, dedicado, una persona normal, de bien, que concurría a misa". Se determinó que violó a 93 mujeres en 80 ataques callejeros (en algunos hubo hasta 3 víctimas simultáneas). Sin embargo, se cree que habría el doble o triple de víctimas, pues muchas de ellas no lo denunciaron, debido a las amenazas de muerte recibidas por el agresor si ellas lo denunciaban o delataban. Las mujeres atacadas quedaron traumadas y, a la mayoría les cambió la vida para siempre, como el caso de Camila, una joven de 20 años, de Victoria (La Pampa) que vino a estudiar Comunicación Social en Córdoba. Cursaba segundo año de la carrera. Éste es su relato, brindado al portal de noticias " Infobae" : "Eran las 22:10 horas del 16 de marzo de 2003. Bajé del 3° piso del departamento "D", ubicado en Independencia al 800. Iba a una juntada con unos amigos que tenía, que eran de Rawson. Eran unas 6 cuadras sobre la calle Buenos Aires. Cuándo salgo del departamento paso por el Sanatorio "Allende", hago unos metros y, antes de llegar a la Avenida Yrigoyen, una de las cuadras se pone muy oscura. Había plantas altas que tapaban la luz o creo que directamente no había luz en ese tramo. A mitad de cuadra, en una casa que tenía como un zaguán, sale un hombre y me agarra del cuello, me apoya algo en la espalda y me dice : "Caminá y no intentes hacer nada". Me hizo volver sobre mis pasos, hasta la esquina de la calle Independencia. Yo vivía sola, pero ese día estaba en mi departamento un amigo de la secundaria que había venido desde mi pueblo, en La Pampa, a hacer un curso de instructor de gimnasio y, que esa noche, decidió quedarse y no salir a la juntada". Sajen la llevó hasta la Plaza España, dónde se cruzó con mucha gente. Camila caminaba tiesa, buscando que alguna de esas personas, que iban y venían, le resultara familiar, que alguien la salvara. Había decidido acatar la primera orden, aunque hizo un intento por salvarse. Así prosigue la narración : "Él tenía su mano en mi cuello. En ningún momento lo miré. Caminaba pegado a mi lado dando a entender que yo era su novia o algo. Entre la gente, recuerdo que, de frente, venía una pareja. Miré fijo al chico y le hice gestos de auxilio con los ojos para que me salvara, le quise dar a entender que estaba en manos de un tipo que me llevaba por la fuerza, que me estaba haciendo daño. El chico no logró deducir lo que le quise decir y, recuerdo que la novia tampoco, es más, le hizo como una escena de celos. Unas cuadras antes de llegar a la Plaza España, me soltó el cuello. A mí me corría algo por la espalda. Lo cuento ahora, más de 20 años después, y puedo sentir esa misma sensación, la sensación de que me iba a pegar un tiro por la espalda". Ya en la plaza, Sajen la sentó en su falda y la empezó a manosear. Le sacó los aros y pulseras que llevaba puestos. Luego, le ordenó : "Acompañame", y la llevo al Parque Sarmiento. Camila sigue relatando : "Me volvió a tomar del cuello. Mi instinto de sobrevivir me hizo pararme y caminar. Recuerdo el piso de tierra, me tiró en un banco de cemento y me violó". Camila cuenta que quiso suicidarse, se autoflagelaba, porque ella era virgen y no podía digerir lo que le pasó. Termina diciendo : "Éste tipo me cagó la vida. No pude terminar mi carrera. Me sigo reconstruyendo día a día, pero mi vida cambió para siempre". El "caso Sajen" dejó enseñanzas y toma de decisiones políticas, ya que, en noviembre de 2004, se firmó un convenio entre los tres poderes del Estado para abordar la problemática de la violencia sexual de manera integral. Para ello, se creó la Unidad Judicial de la Mujer. Luego, pasaría a llamarse Unidad Judicial de Delitos contra el Niño y su Integridad Sexual, atendido totalmente por personal femenino. La historia de Camila es sólo una más de tantas narraciones de mujeres que vivieron ese trauma. El muchacho morocho, de 39 años, con una altura de 1,70 metros, autor de casi un centenar de delitos de instancia privada, pasó a la historia como "el violador serial"...
Foto 1 : Marcelo Mario Sajen, el violador serial de Córdoba.
Foto 2 : Marcha del movimiento "Podemos hacer algo", por la inseguridad de las mujeres.
Foto 3 : El gobernador De La Sota muestra la cara del violador, en conferencia de prensa, y ofrece recompensa por datos de su paradero.
Foto 4 : Los periodistas Claudio Gleser y Dante Leguizamón escribieron el libro "La Marca de la Bestia", donde narran su accionar delictivo.
Foto 5 : Identikit de Sajen, dado por sus víctimas.
Foto 6 : El actor Daniel Araóz, personificó a Sajen en el film " La noche más larga".
Foto 7 : Persona policial retira el cuerpo de Sajen.
Foto 8 : Allanamiento en uno de sus "aguantaderos".
Foto 9 : Con muerte cerebral, Sajen es ingresado en camilla al Hospital de Urgencias.
Foto 10 : Al dispararse en la sien, perdió mucha masa encefálica. Falleció dos días después.










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