COPAMIENTO DE "LA TABLADA"... UNA HISTORIA A SANGRE Y FUEGO

La historia argentina está plagada de hechos insurgentes y sediciosos, entendido ésto como la utilización de la violencia colectiva en contra de la autoridad en procura de ciertos objetivos. Éste tipo de acciones, son organizadas y casi siempre conlleva la lucha armada para el logro de las metas. Uno de los casos más resonantes y recordados del país ocurrió a fines de 1989, conocido como el "Copamiento de La Tablada". Vamos a los hechos : El 23 de enero de ese año, un grupo armado del M.T.P. (Movimiento Todos por la Patria) intentó tomar el R.I.M. 3 (Regimiento de Infantería Mecanizada), situado en La Tablada, con el objetivo de, además de reivindicar luchas y banderas de los ´60 y ´70, prevenir (según su idea y punto de vista) un posible golpe de estado contra el gobierno de Raúl Alfonsín. El presidente radical había soportado tres rebeliones "carapintadas" y, los rumores de un derrocamiento sobrevolaba en el ambiente. ¿ Qué era el M.T.P. ? Un partido político de izquierda conformado por militantes del ex P.R.T. (Partido Revolucionario de los Trabajadores), germen del grupo subversivo E.R.P. (Ejército Revolucionario del Pueblo). También integraban tal fuerza militantes socialcristianos, peronistas de izquierda, radicales, intransigentes, socialistas y comunistas. Tal mezcla de ideologías dio lugar a su lema : "Entre todos los que queremos la liberación". El partido tenía un órgano de difusión de sus ideas y luchas : la revista "Entre Todos", fundada en 1984 y dirigida por Carlos "Quito" Burgos y su esposa, Martha Fernández. El partido, como tal, se presentó en las elecciones legislativas el 6 de abril de 1987 en Córdoba, Jujuy, Neuquén, Salta y Santiago del Estero, con resultados paupérrimos, sin poder colocar ninguna banca. En diciembre de 1987 se produce una ruptura en el movimiento al incorporarse a la Mesa Nacional del partido, el guerrillero Enrique Gorriarán Merlo, lo que provoca el alejamiento de varios "pesos pesados" como Rubén Dri, Manuel Gaggero, Pablo Díaz y "Pepe" Serra, en desacuerdo con el rumbo vanguardista del mismo y cierta tendencia a la conspiración. Además de Gorriarán Merlo se sumaron a la Nueva Mesa, Francisco Provenzano, el abogado Jorge Baños, Roberto Felicetti y el sacerdote Antonio Puigjané. El tercer levantamiento "carapintada" ocurrido el 1° de diciembre de 1988 (es decir, 50 días antes) en Villa Martelli, alertó al M.T.P. de que se estaba gestando un golpe contra el gobierno de Alfonsín antes de las elecciones de 1989. Los "capos" del M.T.P. , convencidos del inminente golpe, comenzaron a pensar notoriamente en la realización de una acción militar que contribuyera a frenar dicho acto de rebelión. Según ellos presuntamente existía un pacto militar - sindical para derrocar a Alfonsín. Llegamos así al 23 se enero, un lunes muy caluroso de verano. El plan era, al menos, audaz y descabellado, pues pretendían entrar por la fuerza al cuartel, apoderarse de los tanques blindados que había en los galpones, fusilar a todos los oficiales en la Plaza de Armas y partir en dichos tanques hasta la Plaza de Mayo (recorriendo una distancia de 23 kilómetros), con el pueblo apoyándolos para exigirle a Alfonsín cambios económicos. Un verdadero delirio, teniendo en cuenta que los atacantes carecían de instrucción militar y estaban mal armados. Querían generar un hecho político que desencadenara una insurrección popular ese mismo día. Sin embargo, no existía un plan alternativo en caso de no poder tomar los tanques. El regimiento era de gran magnitud, con 750 metros de frente y 1400 metros de fondo y estaba ubicado en el cruce de la Avenida Crovara y el Camino de la Cintura, en La Matanza. En total había 46 guerrilleros, todos provistos de walkie talkies para mantenerse comunicados. Gorriarán Merlo comandaría desde afuera hasta que el control del cuartel estuviera asegurado, mientras que otros 10 miembros harían de apoyo logístico y tratarían de agitar a la población en las inmediaciones de la toma. Dentro del regimiento había 120 personas ese día, la mayoría de ellos soldados conscriptos, bajo el mando del Mayor Horacio Fernández Cutiellos. A las 5:30 de la mañana los atacantes interceptaron un camión Ford F-7000 de la empresa Coca Cola, que abastecía el regimiento. Arribaron a las 6 de la mañana, junto con varios autos y, el camión derribó el portón de acceso. Detrás, apareció un Ford Falcon verde que embistió la barrera de entrada (Puesto 1) e ingresó por el acceso principal de la Avenida Crovara, dónde estaba de guardia el soldado Morales y el cabo Garnica, quiénes recibieron lesiones de consideración. Trascartón, ingresaron 6 autos más trayendo al grueso de los atacantes, divididos en 5 grupos. El más numeroso, de 14 miembros, debían llegar a los galpones del fondo (ubicados a 600 metros de la entrada) dónde se encontraban los tanques para tomar control de los mismos. Los demás, divididos en 4 grupos de 8 personas, tenían la misión de controlar puntos estratégicos. Los soldados que estaban de guardia a 100 metros de la entrada, abrieron fuego contra el camión, matando al acompañante Pedro "Pity" Cabañas. El conductor, debido a los disparos, perdió el control del camión y se estrelló 100 metros después de pasar frente a la Guardia de Prevención (dónde había 3 conscriptos presos por deserción), a la altura de la Enfermería. El grupo que inició el ataque pretendió que se los confundiera con los "carapintadas" al entrar gritando " ¡ Viva Rico !" ¡ "Viva Seineldín" !  " ¡Mueran los generales hijos de puta " ! , además de tirar panfletos identificatorios de éste grupo. El soldado Leonardo Pérez, quién estaba de guardia en la puerta principal ese día, recuerda esa aciaga jornada : "No sabíamos que pasaba. Los balazos pegaban contra todos lados. Era un infierno". Él salió ileso, pero su compañero de guardia, Tadeo Taddía murió durante el ataque, al recibir un disparo cuándo intentaba rendirse. Luego, trece atacantes (Sánchez, Ruiz, Caldú, José Díaz, Mendoza, Burgos, Álvarez, Arroyo, Mamani, Falco, Félix Díaz y Veiga) concentraron el fuego sobre la Guardia de Prevención, apoderándose de ella ante el repliegue de los dos guardias que la defendían (los soldados Sosa y Escalante). Al ver la dramática situación, desde el edificio de la Mayoría ubicado a 70 metros de la guardia, el jefe Fernández Cutiellos abrió fuego abatiendo a 3 agresores (Caldú, Mendoza y Arroyo) e hiriendo a 5 más (Sánchez, Mamani, Félix Díaz, Veiga y Baños). Inmediatamente, el militar se comunicó con la X Brigada Mecanizada, alertando sobre el copamiento. El jefe de éste cuartel, Teniente Coronel Jorge Zamudio, le ordenó que resistiera el ataque. "Ustedes vengan, que yo voy a combatir y moriré defendiendo mi cuartel", expresó Fernández Cutiellos. Después, en otro tiroteo, caería abatido. El grupo que tenía por objetivo llegar hasta los tanques, luego de casi 2 horas de combate, pudo abrir dos galpones, pero en ninguno de ellos había tanques. Fueron atacados desde el Casino de Suboficiales, la Caballeriza y el Puesto Spinassi, por lo que debieron retroceder y refugiarse en la Compañía "B". En ese tiroteo caen los atacantes Pablo Belli y Aldira Pereyra Nunes, además del soldado Domingo Grillo y el cabo 1° Gustavo Albornoz. Un sobreviviente del ataque, el soldado Pablo Perrotta, de guardia en el Puesto Spinassi, relata esa acción :  "Cuándo empezaron los balazos y las explosiones pensamos que era un simulacro. Con el cabo Albornoz y el soldado Grillo fuimos hasta la entrada principal para ver que pasaba. En el camino recibí un balazo en la rodilla. Albornoz y Grillo fallecieron a mi lado". El grupo liderado por Roberto Sánchez, que debía tomar la Compañía "Comandos & Servicios" fue repelido por el teniente Eduardo Vlcek que, con el apoyo del cabo Néstor Fernández y varios soldados, abatieron a Félix Díaz, "Pichi" Arjona y Eduardo Agüero. Sánchez, quién estaba herido, luego fue ejecutado. Por su parte, el grupo liderado por Francisco Provenzano, pudo tomar el Casino de Oficiales. Entre las mujeres atacantes estaba Claudia Acosta, quién lideró el grupo que debía conquistar el Comedor. Lo hizo parcialmente tomando un sector del mismo, pues la otra parte fue defendida por el Teniente Martín Molteni, los suboficiales Ramón Sánchez, Mario Amarante y José Soria, junto a un grupo de soldados. En el tiroteo fallece el sargento Soria y es herido el comisario García (ambos de la Policía bonaerense, ya presente en el lugar). En tanto, la Compañía "A" es tomada por la sección liderada par Claudia Lareu. A las 10:30 horas, el grupo que llegó a los galpones donde estaban los tanques se replegó y atacó la Compañía "B" que, al mando del sargento Córsico y 4 soldados, tuvo que rendirse ante la supremacía numérica (luego pudieron escabullirse del lugar). ¿ Y el gobierno ? Alfonsín llegó a las 9 a la Casa Rosada y, al principio creyó que los atacantes eran los "carapintadas" (por el levantamiento ocurrido 50 días antes). Se comunica con el jefe del Ejército, Francisco Gassino, quién pone al frente del operativo al General Alfredo Arrillaga, secundado por el Coronel Jorge Halperín y el Mayor Rodríguez Soloaga. Luego se confirma que es el M.T.P. el agresor. Previamente la Policía Bonaerense dispuso un cerco total al cuartel, al cuál se sumó luego el Ejército y, de ésta forma, tendrían atrapados a los atacantes dentro del regimiento. Además de sumarse comandos especializados, se instaló una casilla de mando en el Puesto 12 de la autopista a Ezeiza para interferir las comunicaciones desde un Boeing 707 de las Fuerzas Armadas. Recién a las 11 horas el Ejército intervino en la situación, desplegando toda su artillería, tanques y más de 3000 soldados para reprimir a los ocupantes y retomar el cuartel. La demora en actuar fue demasiada e inexplicable (nunca se aclaró por qué). El Grupo de Artillería Aérea 101, al mando del Coronel Emilio Nani, instaló tres cañones de 30 milímetros sobre Avenida Crovara. A las 11:30 horas comenzó el bombardeo continuado a la Guardia que, terminó derrumbándose a las 15:30 horas, quedando bajo los escombros los atacantes Burgos, Baños y Álvarez. El soldado Miguel Barañao, sobreviviente de ese ataque, lo recuerda años después : "Me atrincheré en uno de los edificios del complejo en medio de una balacera infernal. Fuí tomado prisionero y, sentí que me moría cuándo la estructura se incendió, colapsó y quedé atrapado en los baños. El techo se nos cayó encima, no podíamos respirar por el humo. Nos quemábamos. Escuchaba a otros soldados que pedían por su mamá : " ¡¡ Mamá, mamá, venime a buscar !!", era la exclamación. Finalmente, pudimos salir y nos lanzamos uno por uno por la ventanilla desde el primer piso". Al caer la Guardia, los tres soldados detenidos por desertores y dos atacantes (Díaz y Ruiz) salieron por una ventana trasera. Éstos últimos quisieron hacerse pasar por soldados para escapar, pero fueron delatados por los tres desertores y por el Teniente Carlos Naselli. Las cámaras periodísticas registraron el momento de sus detenciones, aunque luego... no se supo más de ellos. A la noche quedaban 19 atacantes atrincherados en el Casino de Suboficiales y, a las 22 horas se lanzó una ofensiva con lanzacohetes sobre la Plaza de Armas. Los integrantes del M.T.P., diezmados y cansados, resistieron como pudieron y, en la mañana del día siguiente, 24 de enero, a las 8 A.M., el General Arrillaga, a través del megáfono, los intimó a la rendición incondicional. Por los atacantes respondió Francisco Provenzano, planteando su disposición a entregarse, pero con la condición de la presencia de un juez en el lugar y atención médica para ellos. El militar aceptó y los insurgentes se rindieron. Una hora después, a las 9 horas, comenzaron a salir del Casino de Suboficiales, por la puerta trasera que da a Avenida Crovara, dónde estaban apostados los medios de comunicación. Por su parte, Felicetti y Samojedny, quiénes estaban en la Compañía "B", salieron a rendirse por una puerta lateral de ese lugar e inmediatamente fueron detenidos. Con inusitada violencia, a Felicettti le fracturaron ambos brazos y, luego esposaron a ambos, les vendaron los ojos y los llevaron al fondo del cuartel. Los detenidos fueron trasladados al Edificio de Logística, cerca de los galpones que guardaban los tanques. Allí fueron interrogados, torturados y vejados por los militares sin presencia de juez alguno. Una atacante, de apellido Calvo fue asfixiada con una bolsa y, a Samojedny y Provenzano los separaron del resto de los otros prisioneros para un interrogatorio más exhaustivo... a partir de allí se les perdió el rastro hasta la actualidad... están desaparecidos. Los enfrentamientos se prolongaron durante 27 horas (desde las 6 AM del 23 de enero hasta las 9 AM del 24 de enero). Después de las 10 de la mañana, el presidente Alfonsín llegó al cuartel acompañado del juez Gerardo Larrambebere, el ministro de Defensa Horacio Jaunarena y el vocero presidencial José Ignacio López. Llegó tarde, pues ya habían ocurrido excesos de violencia con los rendidos. Se limitó a recorrer la unidad, todavía humeante, dónde yacían en el terreno los cadáveres mutilados y carbonizados de los guerrilleros. El saldo fue de 28 muertos integrantes del M.T.P. y 4 desaparecidos. Con respecto a éstos (José Díaz, Iván Ruiz, Francisco Provenzano y Carlos Samojedny), el Estado Nacional nunca brindó una explicación sobre su paradero. En 1997, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), dio por probado que el Ejército secuestró y torturó a varios de los detenidos, calificando a los hechos como delitos de lesa humanidad. En tanto, hubo 9 militares (4 de ellos soldados) y 2 policías fallecidos. Alfonsín sostuvo que él ordenó la represión, mientras que la CIDH manifiesta que la misma estuvo al mando autónomo del poder militar el primer día y, que el presidente recién asumió el control la mañana siguiente, por lo que en esa primera jornada hubo un alto grado de violencia, sin límites. Se realizó un juicio en forma sumaria y abreviada, sin permitir a los acusados apelar la sentencia (dictada el 5 de octubre de 1989), por lo que no se garantizó el debido proceso. ¿ Porqué ocurrió ésto ? Se aplicó una norma de excepción sancionada en 1984 (ley 23077), llamada "Ley de Defensa de la Democracia", que establecía que cuándo se tratara de los delitos cometidos en el marco del artículo 210 bis del Código Penal, que contemplaba el caso de las organizaciones guerrilleras, dónde la investigación debía completarse en un plazo máximo de 20 días (artículo 21) y, el juicio debía realizarse en una sola instancia, sin derecho a apelación (artículo 15). Ésto luego sería considerado violatorio de los Derechos Humanos por afectar el derecho al debido proceso. Fueron condenados a prisión perpetua 13 atacantes : Claudia Acosta, Miguel Aguirre, Luis Díaz, Isabel Fernández, Gustavo Mesutti, José Moreyra, Carlos Motto, Sergio Paz, Luis Ramos, Claudia Rodríguez, Sebastián Ramos, Roberto Felicetti y Claudio Veiga. Luego, fueron detenidos siete integrantes más del M.T.P. (que no participaron en el copamiento) y fueron condenados a 11 años de prisión : Juan Abella, Juan Burgos y Cintia Castro, mientras que Miguel Faldutti y Daniel Almirón recibieron 13 años de prisión. Por último, Dora Molina fue condenada a 15 años de encierro y el sacerdote Antonio Puigjané a 20 años. En cuánto a Gorriarán Merlo y su esposa Ana María Sívori, cerebros del copamiento, fueron detenidos en México en 1997 y condenados a reclusión perpetua y 19 años de prisión, respectivamente. Sin embargo, doce años después de los hechos, en 2001, luego de una huelga de hambre de los presos por el copamiento a La Tablada y, presionado por cuestionamientos de la C.I.D.H., la comunidad internacional y organizaciones de Derechos Humanos, el presidente Fernando De la Rúa conmutó las penas de los condenados (permitiendo que 9 de los 11 presos recuperaran en libertad, mientras que Felicetti y Acosta salieron en 2006). El 20 de mayo de 2003, Eduardo Duhalde (a cargo de la presidencia), indultó a todos los condenados a través del decreto 1230/2003. La misma medida alcanzó para 9 militares "carapintadas". El 10 de noviembre de 2009, el juez federal de Morón, Germán Castelli, ordenó la detención del General de Brigada Alfredo Arrillaga (quién condujo la recuperación del cuartel) y del Mayor Jorge Varando, acusados de torturas y fusilamientos. Sin embargo se determinó que las acciones cometidas por ellos fueron enmarcadas en un acto aislado, espontáneo, imprevisto, no planificado en respuesta a la agresión ilegítima que fue objeto el Ejército Argentino y sus efectivos. No obstante, la mano de la justicia recaería sobre él en 2019 cuándo el Tribunal Oral Federal N° 4 de San Martín, lo condenó a prisión perpetua por homicidio agravado del militante del M.T.P. (que actuó en el asalto al cuartel) José Díaz. El General Arrillaga, años después manifestó : "Soy inocente, honrando a la dama de ojos vendados, anciano soldado con 85 años, integro el grupo excluido de la sociedad y de la Constitución, aquellos que nos aplaudieron hace 40 años me persiguen hoy. Somos los kelpers argentinos, víctima de una política revanchista". Además agregó que : " Fueron terroristas que tomaron un cuartel, en democracia lo recuperamos bajo órdenes políticas. No hay ninguna prueba del hecho por el que se me juzga y los testigos que me incriminaron son resentidos del Ejército". La conclusión a la que se llegó es que los 4 desaparecidos fueron torturados y fusilados y, no fugados, según la versión oficial del Ejército. Asimismo, una declaración de Arrillaga a los medios fue lapidaria para su condena : "... la operación  de recuperación es una operación táctica. La maniobra táctica es el uso de los medios, del terreno, de toda la situación y, que busca aniquilar al enemigo". Tales dichos fueron utilizados como prueba para responsabilizar al Ejército Argentino por delitos de lesa humanidad que se cometieron en la represión del copamiento. Quedaron varias conclusiones de éste hecho : el ataque del M.T.P., si bien tenía un objetivo revolucionario, carecía de Plan "B" y era poco probable su éxito. El Ejército cumplió con su misión de abortar ese copamiento, pero se excedió en las formas y métodos, aplicando viejas prácticas nefastas de la dictadura. Aún se desconoce el paradero de los 4 desaparecidos (que formaron parte del ataque). En el medio quedó la sociedad con la incertidumbre del rol de las Fuerzas Armadas en el país y, quedaron los soldados conscriptos, los que murieron y sobrevivieron, varios de ellos con secuelas permanentes, como el caso de Pablo Perrotta : "...por el tiro en la rodilla no puedo correr, ni subir las  escaleras, ni andar en bici, camino con dificultad... Hace poco me dieron un certificado de discapacidad... ¿ de qué me sirve ?... para estacionar el auto". En cambio, el soldado Leonardo Pérez va más allá : "No quiero plata, quiero un reconocimiento del Estado, que todos los 23 de enero se haga un acto y que me sienta orgulloso y que la gente tenga orgullo de lo que hice". Tal vez esa sea la definición más acertada, aunque aún quedan muchos puntos por dilucidar... 


Foto 1 : El Regimiento fue bombardeado por completo para recuperarlo.


Foto 2 : Un tanque del Ejército aplasta un auto invasor.


Foto 3 : Policías trasladan un herido.


Foto 4 : Tras 27 horas de combate, los atacantes se rinden.


Foto 5 : Autos aplastados y cadáveres de guerrilleros, en un humeante cuartel.



Foto 6 : Solo 18 atacantes sobrevivieron (de un total de 46).


Foto 7 : También perecieron los equinos de la Caballeriza.


Foto 8 : Intenso ataque con fuego incluído.


Foto 9 : Enrique Gorriarán Merlo, ideólogo del copamiento.


Foto 10 : Tapa de "Clarín" reflejando la noticia.


Foto 11 : Fin de la toma, con cadáveres esparcidos.


Foto 12 : Mayor Fernández Cutiellos, caído em combate.


Foto 13 : Plana mayor del M.T.P.


Foto 14 : Croquis del regimiento.


Comentarios

Entradas populares de este blog

ROMINA TEJERINA... Y EL ROSTRO DE SU VIOLADOR EN SU HIJA...

MARCELO SAJEN... HISTORIA DE UN VIOLADOR SERIAL...

"TANGUITO", OLVIDADO PIONERO DEL ROCK