SAN CARLOS MINAS... EL DÍA QUE EL AGUA DESATÓ SU FURIA
Existen hechos que subsisten en la memoria colectiva de la gente, ya sea por su trascendencia, su magnitud e importancia o por las secuelas que dejaron. Sólo basta nombrarlos para que la imagen se reproduzca en nuestra memoria y vuelva a sorprendernos. En éste abanico de posibilidades entran las catástrofes naturales y, una de las que más golpeó a la sociedad cordobesa fue alud que provocó la inundación ocurrida en San Carlos Minas. Nos remontamos al verano de 1992. Ha pasado la víspera de los Reyes Magos y, en esa madrugada calurosa de verano llovió como nunca antes en el macizo de Los Gigantes, en la Pampa de Achala, dónde se encuentra la naciente de los ríos serranos. Durante 6 horas seguidas cayeron 300 milímetros y, el torrente de agua acumulada buscaba por dónde salir y expandirse y llevarse todo por delante. En las primeras horas del nuevo día había dejado de llover, pero el agua, descontrolada, venía con una fuerza impresionante buscando caminos o lugares para avanzar. La ciudad era circundada por el arroyo Noguinet, cuyo flujo normal de agua era de 0,60 metros cúbicos por segundo y, debido a esa descomunal tormenta, su caudal había subido al impresionante nivel de 2800 metros cúbicos por segundo (llegando a un millón en una hora)... ¿ Cómo fue que el inmenso caudal de agua llegó horas después a arrasar el pueblo ? Tiene una explicación. El arroyo Noguinet, antes de rodear el casco urbano, debe sortear una rocosa montaña. Debido a ese obstáculo natural, el arroyo creaba un meandro cerrado y una curva repentina a la vera de la ciudad. El día de la tragedia, la furia del agua, al chocar con ese paredón que originaba la curva, generó un frente de 7 metros de altura. Al llegar al centro de la ciudad el frente bajó a 3 metros de altura, aunque llegaba a superar los 800 metros de largo. Para completar el desastre, otra columna de agua se unió a otra que entró al mismo tiempo por una cañada que bordea el sector Este de la ciudad. Al crecer el caudal, se desbordó y entró al pueblo, generando más agua. El descontrol y furia acuosa tiró abajo el puente a las 9:30 horas e inmediatamente se formó una barrera de troncos de árboles arrastrados por el arroyo, generando que entrara más agua al pueblo de manera rápida. La masa líquida entró por un barrio periférico y arrasó a decenas de hogares con los moradores adentro. Es cuándo aparece la figura del párroco Raúl Martínez, quién frenéticamente hacía tañir las campanas de la iglesia en señal de alerta y peligro. Pero era demasiado tarde, el alud de agua, barro y escombros (de 1400 metros de frente en ese momento) se llevó la vida de 42 personas (en su mayoría ancianos y niños), destrozó por completo 60 casas, arrancándolas con cimientos incluídos y otras 120 sufrieron daños irreparables. Vale la pena mencionar las vivencias de quiénes sobrevivieron por lo escalofriante de sus relatos, como el caso de Abelardo Rosendo "Tití" Torres : "Ese día empezó mal. Llovía y llovía. A las nueve y cuarto sonaron las sirenas y las campanas. Algo raro hay, pensé. Nos alertamos y al poco rato empezó a subir el agua. Salvé a unas 10 personas (entre ellas, su hijo Cristian Alberto, de sólo 4 meses)". Lo que sigue del relato de Torres eriza la piel : "El agua le pegó a mi mujer, trastabilló y se le cayó el bebé. Metí la mano dentro del agua y lo agarré de la ropita. Me asomé a la puerta y lo tiré para arriba del techo. El niño no sufrió ningún rasguño... ¿ Quién lo recibió en el techo ? No sé... Dios o un ángel". Torres, hoy policía jubilado, también cuenta la premonición de su padre acerca de la tragedia, muchos años antes : "Mi papá toda la vida me decía : M´ijo, no se le vaya a ocurrir edificar acá, porque cualquier día, cuándo se desborde el arroyo, nos va a llevar a todos... Tenía razón, mire lo que es la vida, él murió ahogado con mi mamá y mi hermana". La tragedia golpeó fuerte a los Torres y, respecto a lo sucedido con su familia, Abelardo sigue contando : "Mi madre y 2 de mis hermanas, entre ellas Carmen (a quién llamaban "Chula"), lograron subir al techo, pero mi papá estaba postrado en una silla de ruedas y quedó en la planta baja. No lo podían alzar. En un descuido, mi mamá se largó del techo a buscar a mi papá y, el agua se la llevó. Mi hermana le dijo : Mamá, no te vayas... y se tiró a ver si la socorría... y también el agua se la llevó. Todos murieron, mi mamá para salvar a mi papá y mi hermana para salvar a mi mamá". Carmen, quién entonces tenía 29 años, era buena atleta (había estado escalando montañas el día anterior, domingo) y cuándo el agua la arrastró, logró agarrarse de una morera y, allí resistió durante casi 1 hora. Pero el agua cada vez venía con más fuerza y... el árbol fue arrancado de cuajo. Su cuerpo jamás fue hallado, mientras que el de su madre apareció (cuándo el agua bajó) a 50 metros de la casa y, el de su padre en un campo cercano. Otro relato, ésta vez milagroso, fue el de Pedro "Manco" González, de 60 años, quién vivía frente al arroyo : "Sentí que el agua golpeaba las paredes y comenzaba a entrar. Mi esposa María corrió con mis nietos y alcanzó a trepar al techo de los vecinos. Pensé que pasaría pronto y me quedé con mi hija Alicia. Al resquebrajarse las paredes, Alicia saltó por la ventana y se trepó a una planta de mora. La seguí y, como pude saqué mi cuerpo, tomé una rama con mi único brazo y, la mordí para sujetarme. Estuve así, agarrado con los dientes durante minutos, hasta que pude trepar. Desde el árbol ví como mi casa se hundía". Si de vida se trata, quizás la historia más emblemática sea la de Dora Heredia, entonces de 22 años, embarazada de 9 meses, quién al momento del alud, daba luz a su hijo de 2 kilos 700 gramos : "El domingo a la noche habíamos estado de joda con mis hermanas en el bar de Luisito. Yo te juro que no tomé nada porque ya estaba en fecha. ¿ Qué iba a saber yo que iba a parir justo el día del aluvión ? Estuvimos ahí bailando hasta las 4 y después nos fuimos a casa. Las chicas se acostaron, menos yo. Al rato, rompí bolsa y la desperté a Patricia. Del miedo que tenía ni me fijé que llovía. Cuándo salí al patio, el agua ya me daba a las rodillas". Contra la corriente, las hermanas corrieron a buscar un vecino con auto. Dora continúa el relato : "Cuándo llegué a hospital, las enfermeras sacaron las cosas de la sala de parto y me atendieron en la sala de espera. El agua estaba llegando al tope de la cama. Ahí me dí cuenta que era grave lo que pasaba afuera. Me decían : si no te apurás a tener el bebé, se nos inunda todo. Luego, cómo no me podían dejar internada allí, me llevaron a un Renault 12 estacionado en el alto de la Ruta Provincial N° 15 durante un par de horas, que me trasladó a la casa del médico. Después me llevaron a Mina Clavero para una mejor atención. Fue un momento fuerte y triste porque murió mucha gente amiga. Cuándo nació mi hijo no sabía si festejar o no festejar". Hoy Dora tiene 6 hijos y el niño nacido ese día, que debía llamarse Brian, terminó llamándose Orlando como el vecino que la ayudó ese día con el auto (no le autorizaron en el Registro Civil ponerle el nombre elegido por ella). Asimismo, el hospital dónde atendieron a Dora y el resto de los evacuados heridos, lleva hoy el nombre de Ramón Peralta, el enfermero que ayudó a todos y murió. Otro hecho triste lo protagonizó el flamante intendente (había asumido 4 semanas antes) Alberto Carrera, quién alcanzó a trepar al techo de su casa con su hija Anahí Tamara, de 2 años, pero el furioso torrente se la arrebató de las manos y... se la llevó. Al mediodía, con el agua en bajante, alguien gritó : "¡Viene otra creciente !"... y todos comenzaron a correr buscando lugares altos. Otros caminaban en las ruinas buscando a algún familiar desaparecido. Nuevamente, "Tití" Torres, comentaba la desazón que le causó el rescate : "Yo entonces trabajaba en las fuerzas de seguridad y me tocó rescatar cadáveres. Muy triste. En ese momento estaba shockeado, no sabía que pasaba, pero después pasaron los días y se veía lo que iba sucediendo. Lo peor fue ver la hilera de cuerpos de amigos, familiares y vecinos depositados en un aula de la escuela primaria que ofició de morgue improvisada. Nunca pude olvidar el carro que partió con los difuntos al cementerio ni la desolación de la gente". La mayoría de las imágenes del desastre son obra del cura Martínez, quién megáfono en mano, organizó como pudo la tarea de rescate y, con su cámara "Canon AB 1" (salvada por estar en un estante alto de la vivienda) sacó las fotografías que perduran en la memoria colectiva. El aluvión arrasó el 75 % del pueblo (en ese momento en el área urbana había 380 viviendas y 950 habitantes), es decir que falleció el 5 % de la población. El pico de la creciente ocurrió entre las 9 y las 11:30 horas de esa mañana. Hubo cuatro cuerpos jamás encontrados (varios fueron arrastrados 30 kilómetros, incluso llegando algunos al Dique Pichanas). El impacto llegó, obviamente, a la Nación y, el presidente Carlos Menem declaró al respecto : "El pueblo ha desaparecido. Tal vez se deba pensar en una ubicación distinta". Pero el mandatario riojano, en la comodidad de su despacho y viendo las primeras imágenes que llegaban por televisión, no dimensionaba el sentir de la población que, con empeño y ganas, resurgió y volvió a levantarse. La provincia de Córdoba, por su parte, buscó solucionar el problema de raíz... ¿ cómo lo hizo ? Dinamitó la montaña que desviaba ese sector del curso del río y construyó un nuevo puente sobre la Ruta 15 para evitar que el arroyo curse esa pronunciada curva. Hoy, San Carlos Minas quiere olvidar esa mañana del 6 de enero de 1992, dónde el agua se llevó literalmente todo (estaba los regalos de Reyes Magos esparcidos). Las palabras de "Tití" Torres son elocuentes al respecto : "Gracias a Dios, con fortaleza, fuimos saliendo de a poquito... ¿ Qué pasó después con el pueblo ? Nos unimos más, nos hicimos más fuertes. Fue un llamado de atención, más que todo..."
Foto 1 : El aluvión destruyó e inutilizó cientos de viviendas.
Foto 2 : Innumerables destrozos causó el alud. El pueblo volvió a renacer...
Foto 3 : Los vecinos subieron a los techos para salvarse.
Foto 4 : Menem llega a San Carlos Minas. Detrás, una figura clave, el cura Raúl Martínez.
Foto 5 : Infografía de cómo sucedió la tragedia.
Foto 6 : La bajante del agua solo mostraba desolación.
Foto 7 : Muchas casas fueron arrancadas de cuajo, con sus cimientos.
Foto 8 : Gente en los techos, autos destrozados, una postal de la tragedia.








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