GENERAL SAVIO... EL SUEÑO DE UNA ARGENTINA INDUSTRIAL QUE NO FUE..

 Varias veces se ha mencionado en éste blog que en nuestro país tenemos muchos próceres olvidados. Hombres y mujeres que hicieron grande la Patria con sus acciones y, que dejaron un legado, son injustamente olvidados por la historia vernácula. Justamente, éste espacio busca reconocer y rememorar a aquellos que la historia no les da la importancia que tienen, más allá de una calle, un barrio, una plaza o una ciudad. Saber quiénes fueron éstos próceres y qué hicieron por la Nación es un más que justo y merecido homenaje. En éste rubro figura un militar, Manuel Nicolás Aristóbulo Savio, más recordado como el General Savio. Hijo del inmigrante genovés Sebastián Savio y la argentina María Gazzano, nació en Buenos Aires el 15 de marzo de 1892. En su adolescencia ingresó al Colegio Militar de la Nación a los 17 años, el 3 de marzo de 1909 y, al año siguiente egresó como subteniente. Sus ascensos fueron meteóricos, ya que en 1913 se graduó de teniente y, en 1915 de teniente primero. Su primer destino fue el Batallón 5° de Ingenieros de Tucumán y, en 1917 es trasladado al Batallón 1° de Ingenieros de Buenos Aires, dónde como suboficial ayudante instruía a cadetes ingenieros del Colegio Militar. Llegó a capitán en 1920 y, siguiendo en la docencia, se desempeñó como profesor de la cátedra de Metalurgia y Acción de Explosivos en el Curso Superior (al año siguiente es designado jefe de trabajos prácticos). En 1923 es destinado a la Comisión de Adquisiciones en el Extranjero, viajando para ello a Bruselas (Bélgica), dónde debía adquirir material bélico para el Ejército. Estuvo acompañado en esa comisión, que duró hasta 1926, por el coronel Juan Pistarini, jefe de la delegación. En 1930, ya con el grado de teniente coronel, convenció al presidente de facto José Félix Uriburu (había derrocado a Yrigoyen) de crear una institución que pudiera formar ingenieros militares  a fin de prepararlos para el desarrollo de una industria del armamento, que no solo abarcara las armas y municiones, sino también la construcción de aviones. Logrado su objetivo e inspirado en la Escuela Politécnica de Francia, el 6 de noviembre de 1930, creó la Escuela Superior Técnica (que sería un complemento de la Escuela Superior Militar), siendo su primer director (además de profesor). Planteó, como propósito de la misma, la necesidad de contar con el armamento suficiente en el país ante un hipotético conflicto armado. Luego, completó sus estudios recibiéndose de ingeniero militar en 1931, hasta que llegó al grado de coronel en 1936. Ese año es designado al frente de la dirección de Fábricas Militares y, envía un proyecto de ley por el cuál se crearía la Dirección General de Fabricaciones Militares y, además, se autorizaba a realizar exploraciones y explotaciones de metales de valor estratégico, como cobre, hierro, plomo, estaño, manganeso, wolframio, aluminio y berilio. Incluía también no metales como el azufre (éste último no para exportación, sino para utilizarlo como insumos básicos para la industria nacional). Savio tenía en mente el "desarrollo de la industria pesada en el país". Un hecho fortuito provocaría el puntapié inicial para tal desarrollo : dos jujeños, Wenceslao Gallardo y Ángel Canderle, fueron a cazar a la selva de Zapla (allí, donde el líder quechua Viltipoco encabezó una guerra de resistencia contra los españoles en el siglo XVI) y, a Canderle, que sabía de minerales, le llamó la atención el color rojizo del suelo. Recogió unas muestras y las envió a Buenos Aires para que las examinaran. Resultó ser hematita (que, en estado puro tiene un 69 % de hierro). El mineral descubierto, en 1939, fue bautizado "zaplita", por lo que se hizo un estudio geológico del lugar (serranías de Zapla) y el resultado final era que allí había un yacimiento. Savio, por supuesto, enterado del descubrimiento, puso todo su empeño en el mismo, pues estaba convencido de que debían aprovecharse los yacimientos ferríferos de Zapla, aduciendo que " a cualquier precio deben explotarse sus yacimientos de hierro". Todo comenzó a dar sus frutos, descubriéndose hierro en Puesto Viejo (al sur de Palpalá), en Zapla, arcilla y caolines (arcilla blanca) en Buenos Aires, uranio en la Sierra de Comechingones (Córdoba) y en San Isidro, Las Heras (Mendoza), cobre en Los Aparejos (Tinogasta, Catamarca), plata, plomo y zinc en el Mineral de Paramillos (Mendoza), hematita en Pastos Grandes (Salta) y cobre y rodocrosita en Minas Capillitas (Catamarca). Además, un artículo de la ley también autorizaba el desarrollo de un programa de proyección geológico-minero en la Antártida Argentina. Desde el año 1942 y años subsiguientes, el desarrollo no se detenía y, se inauguraron 9 fábricas nuevas : "Fábrica de Acero y Pólvora y Fábrica de Explosivos" en Villa María (Córdoba), "Fabricaciones Militares de Armas Portátiles Domingo Matheu", en Rosario (Santa Fe), "Fábrica de Munición de Artillería", en Puerto Borghi (Santa Fe), "Fábrica de Vainas y Conductores Eléctricos", en Avellaneda (Buenos Aires), "Fábrica de Tolueno Sintético", en Campana , "Fábrica de Municiones y Armas Portátiles", en San Francisco (Córdoba), "Fábrica de Materiales Pirotécnicos", en Pilar (Buenos Aires), "Fábrica de Munición de Artillería", en Río Tercero (Córdoba) y "Altos Hornos Zapla", en Jujuy. El caso de ésta última es paradigmático. Por decreto N° 141.462 es creado el Establecimiento "Altos Hornos Zapla" el 23 de enero de 1943, considerada la primera planta siderúrgica del país (además, la más grande de Sudamérica). El horno se construyó de hormigón armado (único en el mundo) a partir del 7 de marzo de 1944 y, debido a la escasez de materiales imperante en ese tiempo, el fuego sería alimentado por carbón vegetal ante la falta de carbón mineral. Para abastecerse de ello se activó el "Vivero de Pirané" (Formosa), con 30 millones de eucaliptus y 15.000 hectáreas de extensión. Un año y siete meses después de su construcción surge el primer chorro de hierro ("colada de arrabio") realizada por el Teniente 1° Enrique Lutteral, quién expresó : "Con mis manos aferradas al cucharón, recogí la colada. Después me senté en el pilón de una columna y me puse a llorar como un chico". Ante éste hito, también emocionado, el General Savio dijo una memorable frase :"Allá en Jujuy, en un pueblito lejano, un chorro brillante de hierro nos ilumina el camino ancho de la Nación Argentina. ¡ Que su luz no se apague nunca !". A partir del hierro producido comienzan a funcionar las 9 fábricas mencionadas anteriormente. Sin embargo, en 1946, hay una abrupta caída en el consumo nacional de hierro y escasez de materiales, por lo que Savio suscribe su "Plan Siderúrgico Nacional", con el objetivo de producir acero en el país, utilizando materias primas y combustibles argentinos (complementando, en caso de ser necesario, con materiales importados) para así, ofrecer el suministro a las industrias de transformación y terminado de acero, fomentando la instalación de plantas de transformación y, logrando, de esa manera, el desarrollo de la industria nacional. El "Plan Siderúrgico" estaba enmarcado en el 1° "Plan Quinquenal" del gobierno de Perón y, contemplaba la creación de la empresa "SO.MI.S.A." (Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina) para realizar en el país el proceso completo de producir acero a partir del mineral de hierro. Savio, como siempre lúcido y claro, explicaba el por qué de su ambicioso plan : "Entendemos que la industrialización del país es imprescindible e impostergable como factor de equilibrio económico social... Entendemos también que la industria comúnmente llamada "pesada" es primordial para desarrollar la de carácter manufacturero y que, por lo tanto, si el país renuncia a contar con ella, perderá la oportunidad de ocupar en el concierto universal el nivel que le corresponde por su potencial moral y material, pues dependerá en forma excesiva de la buena voluntad extraña a sus propios y vitales intereses". El "Plan Siderúrgico", antes de ser ley, tuvo muchas trabas al principio, pues había ministros del gabinete de Perón que se oponían al proyecto. Savio logró una audiencia con Perón y le expuso su idea, con lujo de detalles, durante 2 horas. Logró convencer al caudillo, con abrazo incluído, al finalizar la misma. El proyecto ingresó al Congreso el 26 de julio de 1946 y, otra vez Savio, en un "trabajo de hormiga", asistió a todas las sesiones de la comisión especial creada para analizar el proyecto, porque debía convencer a la oposición (ya contaba con los votos oficialistas). Con la aprobación del Senado por mayoría y de la Cámara de Diputados por unanimidad, luego de una maratónica sesión que duró hasta las 7 de la mañana del día siguiente, el "Plan Siderúrgico" se transformó en ley N° 12.987 el 21 de junio de 1947. Savio, quién desde el año anterior había ascendido al más alto grado : General de Brigada y General de División, había expresado en el Congreso sobre la necesidad de la ley: "Rechazar la implantación de una industria porque no se cuenta en el país con todas las materias primas que ella requiere es una arbitrariedad, es obrar con ligereza, sin fundamentos, porque son innúmeros los casos contrarios de florecientes resultados. No nos dejemos engañar, hagamos nuestra propia experiencia. La del acero es una industria básica sin cuyo desarrollo no puede considerarse que un país ha alcanzado su independencia económica. Incluso si se comprueba la verdad opuesta : cuándo menor es el desenvolvimiento de ésta industria, mayor es la dependencia que se tiene del extranjero, con las graves consecuencias que de éstas circunstancias se derivan". Por último, dejó planteado claramente el objetivo a futuro : "Necesitamos barcos, puertos, ferrocarriles y máquinas de trabajo, y no nos podemos detener a la espera de milagros... ello es ya un imperativo en nuestro progreso porque es un mandato de la argentinidad, porque lo requiere nuestra soberanía dentro de un programa que no persigue ninguna autarquía deformada por exacerbado nacionalismo, sino porque aspira a contar con un mínimo de independencia". Pero lo que suponía ser una "revolución industrial" en el país quedó trunca al año siguiente. En forma repentina, el General Manuel Savio falleció de un paro cardíaco el 31 de julio de 1948, a los 56 años. Por ello, no pudo ver la inauguración del 2° horno el 20 de febrero de 1951, construído íntegramente con dirección técnica, ejecución y materiales nacionales. Por su parte, SO.MI.S.A. contribuyó a la industrialización del país, ya que aportó mucho dinero al gobierno exportando cifras considerables y una facturación sin precedentes. Todo ello permitía promocionar las economías regionales y se abastecían con mineral nacional. La planta recién fue levantada en Punta Argerich, sobre el Río Paraná, en el partido de Ramallo el 25 de julio de 1960. ¿ Por qué ?  A pesar de ser ley, Perón nunca puso en marcha el "Plan Siderúrgico", quizás por la ausencia física de Savio, su gran mentor e impulsor. Por eso hubo que esperar hasta la presidencia del desarrollista Arturo Frondizi, en 1960 para impulsar la producción de acero en San Nicolás, gracias a un préstamo de 60 millones de dólares que Eximbank (Banco de Exportación e Importación de EEUU) le había concedido a Perón años antes (era de 125 millones). El General Savio, un visionario de la época, soñó con la industrialización del país, porque veía potencial y recursos para hacerlo. Su legado encarna en Alicia, una de las hijas que tuvo con su esposa Alicia Dorrego, quién dijo sobre su padre : "Vivía bien, pero no era rico. Nunca utilizaba su grado o condición militar para obtener beneficios personales. Ésta fue una preocupación, casi diría una obsesión que recuerdo desde que era chica". Algunas acciones y su conducta lo pintan de cuerpo entero : al morir no había terminado de levantar la hipoteca de su casa, que estaba en 3 de Febrero (Barrio de Belgrano) comprado con un crédito del Banco Hipotecario. Si recibía un regalo, lo devolvía y, si no podía hacerlo, como sucedía con los regalos navideños, los repartía entre todos los que trabajaban con él. Nunca quiso cobrar el salario de director de la Dirección General de Fabricaciones Militares, pues como él mismo decía con gracia : "¡ Cómo voy a cobrar el sueldo de un cargo que inventé yo mismo !". Esa honradez también tuvo su viuda, a quién le ofrecieron todos los sueldos adeudados que Savio no quiso cobrar. No los aceptó. Pasó el tiempo y, todos los sueños de Savio no pudieron cumplirse debido a su repentina muerte y la falta de decisión política de Perón de cumplir lo pactado. Luego del impulso de Frondizi en los ´60, todo terminó desmantelándose con la política privatizadora de Carlos Menem en los ´90. El neoliberalismo aplicado por el presidente riojano significó el fin de SO.MI.S.A., que fue desguazada y privatizada en 1992, pasando a formar parte del Grupo "Techint" (con el nombre de "Siderar"), quiénes pagaron un mínimo porcentaje de su valor real. Hoy, su asentamiento real está en ruinas y abandonado a la vera de la Ruta Provincial N° 56. Por su parte, los Altos Hornos Zapla (quiénes llegaron a tener un equipo de fútbol profesional que compitió en los viejos torneos Nacionales, en los ´70 y ´80) corrieron la misma suerte y, fue rematada en 1999 por un precio cercano al de su producción anual. Su comprador, el empresario Sergio Taselli (quién la había llamado "Aceros Zapla"), en medio de una crisis laboral y económica, la vendió en marzo de 2025 a la firma salteña "Metalnor", de los hermanos Yobi, que la rebautizaron "Industria Zapla S.A.", dedicada al rubro de la chatarra. Triste y lamentable destino de las ideas innovadoras de Savio. En su homenaje hay calles, barrios, plazas y ciudades con su nombre y, lo más importante, la jornada de su fallecimiento (31 de julio) es el día de la Siderurgia Nacional. Sin dudas, se perdió una gran oportunidad para la industrialización que hoy no tenemos y, que nos califica como país subdesarrollado. Savio quería que el potencial argentino no fuera solo agroexportador, sino también industrial : "Es un error el haber estructurado a priori nuestra economía, posponiendo arbitrariamente a los metales con respecto a los cereales. No deseo confrontar con ello, quiero un grado de equilibrio entre sus dos grandes fuentes de riqueza", explicó sobre su idea. No pudo ser... la muerte temprana se llevó sus anhelos, objetivos y sueños. Y también los de todo un país...


Foto 1 : General Manuel Savio, padre de la siderurgia argentina.


Foto 2 : El primer horno construído en Zapla (Jujuy).


Foto 3 : La "primera colada de arrabio" (chorro de hierro) en Zapla, un hito histórico.


Foto 4 : El General Savio controla el funcionamiento del horno.


Foto 5 : Yunque construído en el Alto Horno de Zapla.


Foto 6 : Imagen del Alto Horno (publicidad del día de la siderurgia).


Foto 7 : Isologo de Altos Hornos Zapla.


Foto 8 : Actualmente el primer horno está en ruinas.


Foto 9 : La fábrica llegó a tener su propio club de fútbol (aún existe).


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