EL "GAUCHO CUBILLOS"... SANTO POPULAR MENDOCINO
Las creencias populares suelen "santificar" a personajes que, no precisamente hacían un culto a las buenas prácticas cotidianas, sino que sus proezas y hazañas en favor de los desposeídos (aunque infringieran la ley) los pone en un altar místico, como verdaderos santos paganos. Figuras como el "Gauchito" Gil, "La Telesita" o "El Quemadito", entre otros, son venerados por parte de la sociedad que cree en su intercesión para que ocurra un milagro. Uno de los "santos populares" más seguidos en nuestro país es el Gaucho Cubillos, una especie de "Robin Hood" vernáculo. Bajo el nombre de Juan Francisco Cubillos, nació en Curicó (Chile), en 1869. No hay referencias de quién fue y cuál terminó siendo el paradero de su padre, en tanto que su madre, joven y sola, se las arregló como pudo para criarlo. En su adolescencia se ganaba la vida arriando ganado y, combinaba su trabajo "cuatrereando" con su amigo Eliseo Puebla. Al cumplir 18 años, el Ejército comenzó a perseguirlo, por lo que decidió cruzar la Cordillera y se instaló en Tunuyán (Mendoza), siempre en compañía de Eliseo. Su raid delictivo comprendía el norte de Mendoza, sus montañas y el sur de San Juan y San Luis. Vendía los caballos robados por $ 20 a un "reducidor" de San Juan quién después los negociaba en Chile. Sin embargo, no era un bandido común, tenía una personalidad "compradora" y una alegría innata que lo caracterizaba, además de un particular afecto hacia los desposeídos, a quiénes protegía : defendía a la peonada de los abusos patronales, liberaba a los "compadres" presos sobornando a los "milicos" con unos pesos o botellas de grapa, seducía a las "chinas" comprometidas con los ricos, festejaba los cumpleaños de sus amigos con vacas robadas, conseguía yerba gratis para la mateada y vino para los fogones, era amigo de los indios y estaba protegido por los campesinos. A todas éstas acciones, sumaba sus habilidades curando el empacho, la culebrilla y la insolación. Y para completarla... veterinario, ya que cuenta la leyenda que sanaba el moquillo de los perros y la "mancura" de los caballos con solo tocarlos. Se especializó en el robo de caballos y, en éstos hechos mezclaba también la osadía y la provocación, ya que en una ocasión le sustrajo el alazán al comisario del pueblo, el "Grandote" Peñaloza. Tras el robo, Cubillos se paseó con su "botín" por la plaza del pueblo como si nada hubiera pasado. En otros hurtos, dejaba un mensaje burlesco en la escena del robo, que decía : "Le aviso que los caballos los he robado yo. No los busque. Su Seguro Servidor, Juan Francisco Cubillos". Ésto fue aprovechado por otros cuatreros que, robaban hacienda y dejaban notas con el nombre de Cubillos, para que lo culpen a él. Cada vez que caía preso, se las ingeniaba para escaparse, dejando en evidencia y humillando a la policía local. Harto de las fechorías, mezcladas con burlas del Gaucho Cubillos, el gobernador mendocino Francisco Julio Moyano puso precio a su cabeza : vivo o muerto, la recompensa era de $ 200. Lejos de asustarse o amilanarse, Cubillos en las pulperías que frecuentaba, murmuraba, reía, brindaba y, con sorna, gritaba : "¡ Tan poco valgo ! "... Los registros históricos marcan que, entre 1887 y 1895, fue detenido 8 veces, fugándose luego en todas las ocasiones. Luego de su último escape, el 5 de abril de 1895, estaba solo, pues había caído su "compadre" de andanzas, Eliseo Puebla. Tuvo que refugiarse en Barrio "La Chimba" primero y en las Minas Jesuitas de Paramillos (departamento Uspallata) después. Los mineros le debían algunos "favores", por lo que le brindaron alojamiento y protección. Pero alguien lo delató (era el enemigo N° 1 del Estado mendocino) por unos cuántos pesos. El informe oficial de la Justicia consigna que, a la mina llegaron dos policías, Juan Carrizo y Felipe Quinteros, haciéndose pasar por mineros. Se alojaron con nombres falsos en una pulpería para no llamar la atención. Sin embargo, Cubillos tenía información de la llegada de dos mineros sospechosos cuya misión era infiltrarse y capturarlo. Decidido a enfrentarlos, concurrió al dormitorio de ambos para conocerlos. Sólo estaba Carrizo, quién le dió charla para ganar tiempo hasta que llegara Quinteros. Cuándo éste llegó, Carrizo le hizo una seña y, entre los dos lo atraparon y le sacaron el cuchillo que tenía en la cintura. Luego, lo apuñalaron varias veces en el abdomen. Gravemente herido, Cubillos se repuso e intentó escapar. Le dispararon por la espalda, en la cabeza y cayó muerto. Tiempo después, en un reportaje al diario "Los Andes", Carrizo dió su versión, con algunos cambios respecto al informe inicial, de lo sucedido esa noche : "Estaba acostado en una pieza de una pulpería y, en momentos en que mi compañero Quinteros había salido a una diligencia natural, se presentó repentinamente el Gaucho Cubillos armado de una carabina "Remington" y, haciéndome los puntos, dijo : Sé que aquí están Carrizo y Quinteros, que han venido a matarme y yo vengo a madrugarlos..." Ante el silencio esperable, Cubillos preguntó "¿ Quién es usted ?"... "Yo soy Muñoz", respondió Carrizo. Sin mediar palabra, el Gaucho le descerrajó un tiro, sin puntería. Cargó rápidamente y apuntó otra vez con la carabina. Rápido de reflejos, Carrizo se le arrojó encima y ambos rodaron por el suelo. Alertado por el primer disparo, Quinteros llegó y, también sin puntería, disparó sobre Cubillos. En la pelea en el suelo, Carrizo le arrebata la daga que el Gaucho tenía en la cintura y, concluye diciendo : "Se la sepulté en el pecho, pegándole otros puntazos y un hachazo de revés en la frente". Quinteros, por fin acierta, y le da un balazo, causándole la muerte. Era la noche del 26 de octubre de 1895. Conmocionados por lo sucedido, los mineros no permitieron que los policías se llevaran el cuerpo. Lo velaron en las instalaciones de la mina durante 2 días. Una multitud lo despidió, surgiendo así la primera manifestación de fervor popular después de su muerte, con misa incluída. Esas jornadas no se trabajó en los cerros, en señal de luto. Luego, sus restos fueron trasladados al cementerio de Mendoza. En el lugar dónde lo mataron, siguiendo con la tradición, se construyó una pequeña ermita de piedras con una cruz de madera, como recordatorio. Pero hay un error notorio en el cartel allí puesto, pues el mismo señala como fecha de su deceso el 8/2/1856 (todavía no había nacido en esa fecha). Desde ese momento, el lugar se convirtió en santuario popular. Dicen los que estuvieron en su funeral que el Gaucho Cubillos murió con los ojos abiertos y, que en su rostro no había indicios de dolor... "Murió sonriendo, como burlándose de los matadores", decían los testigos, como era su personalidad. Tenía un tatuaje en su brazo derecho con sus iniciales "J.C."...También, el imaginario popular cuenta que, al llegar a Mendoza su cadáver, éste no había sufrido la descomposición natural de varios días de fallecido... incluso no emanaba olor. Había muerto, pero simultáneamente nacía el mito y la leyenda del Gaucho Cubillos, de sólo 27 años. Todo ello tuvo otra explicación, pues en los días posteriores a su deceso, la provincia vivía tiempos difíciles en cuánto a lo político (habían cambiado la Constitución provincial) y se sucedieron 3 gobiernos en pocos meses debido a elecciones fraudulentas. Además, en enero de 1896, un feroz aluvión azotó a Mendoza y, al mes siguiente, hubo otro, dejando viviendas derrumbadas, cultivos perdidos por plaga de langostas, cientos de ahogados, otros tantos con epidemia de difteria y cólera, perros con rabia y hospitales saturados que no daban abasto para atender las consecuencias de la tragedia. "Es una venganza del más allá", decían los pobladores. La figura del Gaucho Cubillos, generoso y benefactor con los más necesitados, volvió a emerger y, fue esa gente la que comenzó con la devoción a él. Una frase intelectual dice que "cuándo la gente no tiene fe en los santos conocidos, busca la alternativa". Como se dijo, sus restos descansan en un humilde mausoleo del cementerio de la ciudad, ubicado en el denominado "Cementerio Antiguo", cuadro "H", terreno "3", con las paredes interiores revestidas en azulejos y con techo de chapa acanalada. En su interior hay imágenes religiosas, flores recién cortadas, rosarios, placas de agradecimientos, pedidos de familiares de personas encarceladas, botellas de vino, mates, plantas y todo lo que la gente le ofrezca como símbolo de gratitud le otorgan un colorido que resalta la calle que lleva su nombre : Juan Francisco Cubillos. También hay una vieja lápida, que fue pagada y elaborada por sus seguidores, que en su epitafio, reza : "Juan Francisco Cubillos, QEPD. Falleció en Mendoza el 25/10/1895. Mártir de los humanos fue el Gaucho Cubillos, su alma milagrosa perdura haciendo el bien a los humildes que le dedican ésta morada de eterna paz". Tal era su veneración que, en 1932, el municipio tuvo que emitir una resolución para prohibir la colocación de velas en su honor para evitar posibles incendios. El guía actual del cementerio, Jesús Morales, cuenta que "junto a la tapa de la sepultura hay un pequeño orificio. Los fieles le colocaron una caña para enviarle vino al cajón". Efectivamente, el vino es la principal ofrenda al Gaucho en la parte de atrás del mausoleo y, por ello, los guardias del cementerio debieron colocar una especie de "corralito" para contener los cientos de copas de vino que le llevan cada semana. Morales continúa con su descripción de los fieles : "Siempre han ido a rezarle muchos estudiantes. Pero no sólo eso. Yo conozco un amigo que le pidió por una casa y ahí nomás salió sorteado en el Procrear. Es muy cumplidor". La tumba siempre está bien cuidada, pues cuentan que una señora muy bien vestida va usualmente, limpia su tumba y deja muchas flores. En el año 2020 otra señora le cambió toda la cerámica al santuario y lo dejó como nuevo. El Gaucho Cubillos es una especie de santo popular y hay muchas versiones sobre su inicio en el cuatrerismo. Una de ellas es que se vió obligado a delinquir para sobrevivir, ya que en esa época existía la "papeleta del conchabo", un documento obligatorio surgido por la "ley del vago y mal entretenido". Tenían que poseer un documento que justificara que estaban vinculados a un emprendimiento productivo, como una estancia o quinta. De no poseerla, la sanción era integrar los ejércitos o estar destinado a un fortín para evitar malones indígenas. Muchos gauchos se rebelaron ante ésto y, se ganaban la vida cuatrereando. La prensa gráfica se le había vuelto en contra, a pesar de su imagen de "Robin Hood" argento. Por ello, el diario "Los Andes", el 31 de mayo de 1895, había publicado un tajante editorial contra su persona : "Creemos llegado el caso de que la policía de la ciudad, poniéndose de acuerdo con la de Las Heras, se procure seriamente de la captura de aquel bandido, cuya libertad es un reto lanzado al rostro de la Justicia". Cinco meses después lo emboscarían y asesinarían. El Gaucho Cubillos no era robusto ni fornido, más bien de estatura regular, con mirada amenazadora, con ojos negros intensos, pero lo que quedó para siempre fue su leyenda (su historia también llegó al teatro y la radio), aquella que los más humildes respetan y veneran...
Foto 1 : El "Gaucho" Juan Francisco Cubillos.
Foto 2 : En las afueras de la mina donde se escondía, los mineros levantaron una ermita.
Foto 3 : Mausoleo del Gaucho Cubillos en el cementerio de Mendoza.
Foto 4 : Una de las ofrendas más destacadas que le traen al Gaucho es el vino, tanto en vasos como en botellas y cajas tetra-brick.
Foto 5 : El mausoleo está lleno de placas de agradecimiento.
Foto 6 : Lápida hecha y pagada por los fieles, donde ponderan su veneración (en el mausoleo).
Foto 7 : El mausoleo visto por dentro. Muchas ofrendas de los fieles.
Foto 8 : El cartel erróneo de la ermita (febrero de 1856). El Gaucho nació en 1859.








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