EL MARACANAZO... LA HAZAÑA URUGUAYA Y EL ARQUERO DESPRECIADO...
Condena social : dícese del rechazo de un grupo social hacia una persona, comportamiento o idea, manifestado a través de la opinión pública y la desaprobación. Incluye críticas, insultos, menosprecio y aislamiento, actuando como un juicio informal que sanciona o estigmatiza aquello que la sociedad considera inaceptable. Todos los aspectos o tópicos que aquí aparecen los sufrió un participante de una de las hazañas deportivas más importantes de la historia : El "Maracanazo". Se trata del arquero de la selección de Brasil, Moacir Barbosa Nascimento, a quién todo el pueblo brasileño culpó de la derrota. Un verdadero chivo expiatorio. Tras 12 años sin mundiales de fútbol, producto de la Segunda Guerra Mundial (que causó 55 millones de muertos y 35 millones de heridos), la 4° cita ecuménica del balompié se llevaba a cabo en tierras brasileñas. Para ello se construyó un monumental estadio, cuyo nombre oficial sería "Jornalista Mario Filho" en honor al periodista y dueño del diario "Jornal do Sports", quién promovió su construcción. La denominación "Maracaná" se debe a que el estadio está ubicado en el barrio Maracaná de Río de Janeiro, cuyo nombre proviene de un tipo de loro llamado "ara Maracaná" que habitaba la zona y que en lengua indígena tupi significaba "pájaro verde", además del río del mismo nombre que atravesaba la zona donde se construyó el estadio. La obra duró 22 meses y albergaría a 183.354 espectadores. En esa época no había eliminatorias por continente y, cada país interesado en participar debía inscribirse (lo hicieron 29), pero sólo concurrieron 13 : Uruguay, Bolivia, Chile, Estados Unidos, México, Paraguay, España, Inglaterra, Suecia, Suiza, Italia y Yugoslavia. ¿ Y Argentina ? ... Ya había dado un aviso al no presentarse a jugar en el Campeonato Sudamericano de 1949 (hoy Copa América) que se realizó allí producto de una sórdida guerra de poderes entre ambas asociaciones de fútbol. La mayoría de nuestros mejores jugadores emigró a jugar a Colombia. Entre Valentín Suárez (titular de la AFA) y el presidente Juan Domingo Perón, decidieron que la delegación no viaje. La mayoría de los seleccionados europeos no concurrieron por el lastre que les dejó la guerra. Se conformaron 2 grupos de 4 equipos : Brasil, Yugoslavia, Suiza y México (Grupo 1), Inglaterra, España, Chile y Estados Unidos (Grupo 2), un grupo de 3 selecciones (Italia, Suecia y Paraguay) y un grupo de dos equipos (Uruguay y Bolivia). Los ganadores de cada grupo clasificaban a un cuadrangular final, todos contra todos, de dónde saldría el campeón. El partido inaugural tuvo lugar en el Maracaná el 24 de junio de 1950, dónde el local goleó a México por 4 a 0, ante "sólo" 80.000 espectadores. Luego empataría con Suiza 2 a 2, en San Pablo. Los yugoslavos se despacharon con sendas goleadas (3 a 0 a Suiza y 4 a 1 a México). Brasil finalmente se adjudicó el grupo al vencer a Yugoslavia 2 a 0. El grupo 2 se lo adjudicó España al ganarle a Estados Unidos 3 a 1, Chile 2 a 0 e Inglaterra 1 a 0. El grupo 3, ajustadamente lo ganó Suecia, al imponerse 3 a 2 a Italia y empatar 2 a 2 con Paraguay. Los guaraníes perdieron la chance de ganar el grupo a caer ante Italia 1 a 0. Por último, Uruguay aplastó a Bolivia 8 a 0, para imponerse en el grupo 4. De ésta manera, clasificaron para el cuadrangular decisivo (dónde no había final, sino que la selección que sumara más puntos sería campeón) Brasil, España, Suecia y Uruguay. En ésta última instancia, Brasil fue una aplanadora, goleando sin piedad a Suecia 7 a 1 y España 6 a 1. Por su parte, los "charrúas" igualaron con España 2 a 2 y vencieron a Suecia 3 a 2 (en gran remontada, pues perdían 2 a 0). Así las cosas, en la última fecha, se enfrentaban Brasil (4 puntos) contra Uruguay (3 puntos) para dirimir el campeón. A los locales les bastaba con el empate para levantar la Copa del Mundo. Todo estaba servido en bandeja para la fiesta brasileña. Los medios daban por seguro el éxito. El diario "O Mundo" había preparado ya su tapa con el simple titulo "Brasil Campeón del Mundo 1950". El Maracaná apareció decorado con pancartas en portugués que decían : "Homenaje a los campeones del mundo". El gobierno nacional había acuñado monedas conmemorativas con los nombres de los futbolistas de la selección local y, una banda musical tenía todo preparado para ejecutar el himno nacional de Brasil una vez que el árbitro pitara el final del partido. Para completar el marketing a full, se habían vendido 500.000 camisetas con la inscripción "Brasil Campeón Mundial 1950". Por contrapartida, los dirigentes uruguayos no le tenían fe a sus jugadores, estaban resignados. Antes del partido fueron al vestuario y, entre otras cosas, les dijeron :"Somos Gardel si no nos hacen más de 3 goles" o "Ya están cumplidos muchachos". La delegación diplomática de la embajada uruguaya, a través de una nota, les pidió que tuvieran "una derrota digna". Pero, los únicos que creían, confiaban y se tenían fe eran los jugadores y, por ello, su capitán, el mediocampista Obdulio Varela, encerró a sus compañeros en el vestuario y los arengó diciéndoles una histórica frase, haciendo referencia a lo antes dicho por los demás : "No piensen en toda esa gente, no miren para arriba, el partido se juega abajo y si ganamos no va a pasar nada, nunca pasó nada. Los de afuera son de palo, en el campo seremos once contra once. El partido se gana con los huevos en la punta de los botines". También decidieron desobedecer al técnico Juan López Fontana, por su esquema conservador. "Juancito es un buen hombre, pero ahora se equivoca. Si jugamos a defendernos nos va a pasar lo mismo que a Suecia o España", expresó Varela al resto del plantel. Tal era la confianza del equipo que, el lateral izquierdo Schubert Gambetta, se había recostado en la camilla de los masajes y... terminó durmiendo una siesta... Así era el grado de confianza del plantel. Por el tercer puesto Suecia derrotó a España 3 a 1. El partido final tuvo lugar el 16 de julio, el estadio explotaba con la presencia de 203.849 espectadores. El encuentro era disputado y parejo. Brasil iba con todo al ataque, pero chocaba contra la recia defensa de los celestes o contra su arquero, Roque Máspoli. Con ese trámite, el primer tiempo terminó igualado 0 a 0, con ello le alcanzaba a Brasil para dar la vuelta olímpica. Sin embargo, apenas iniciada la segunda etapa, a los 2 minutos, Friaca pone el 1 a 0 en favor del local. Con mucha astucia, el capitán Varela tomó el balón con sus manos y la colocó bajo sus brazos, mientras le reclamaba al árbitro inglés George Reader que había posición adelantada en el gol. Sin embargo, no se entendían por el idioma. Con ésta acción, Varela logró su objetivo : enfriar a la enfervorizada tribuna y al estadio entero. El árbitro no escuchó sus reclamos y, el capitán (siempre con la pelota bajo el brazo) llegó hasta el círculo central y vociferó a sus compañeros, tirando la pelota al suelo : "Ahora sí vamos a ganar el partido"... Y llegó lo inesperado, a los 21 minutos, el delantero Alcides Ghiggia encaró por la derecha, amagó rematar al arco y le cedió el balón a Juan Alberto Schiaffino, quién venció al arquero Moacir Barbosa. A pesar de que el empate lo coronaba campeón, Brasil fue a buscar el partido, empujado por su público. Querían ganar. Uruguay seguía firme en defensa y, a los 34 minutos, en un contragolpe letal, Ghiggia volvió a encarar, combinó con Pérez, quién le devolvió la pared e hizo lo opuesto al primer gol : amagó tirar el centro al goleador Oscar "Cotorra" Míguez, quién esperaba en el área, superó a su marcador Bigode y remató al primer palo. Barbosa se "comió" el engaño, dejó libre ese palo esperando el centro y la pelota entró "besando" el poste. El estadio enmudeció, sólo alcanzó a escucharse el solitario y enfervorizado relato de Carlos Solé, para Radio Sarandí, de Uruguay. Brasil, sin ideas, presa de la desesperación iba e iba, mientras que los "charrúas" resistían. En el final, algo insólito : el lateral izquierdo Gambetta (el que durmió la siesta) tomó la pelota con las dos manos, en el segundo palo de su propia área. Sus compañeros se agarraron la cabeza... pero inmediatamente el jugador exclamó : "¡ Terminó !"... Luego explicaría que vió de frente al árbitro cuándo pitó el final. La hazaña, el batacazo se había consumado... era una realidad. Los jugadores uruguayos se abrazaban y saltaban en soledad, ante un Maracaná enmudecido. Alcides Ghiggia era llevado en andas por sus compañeros. El presidente de la FIFA, el francés Jules Rimet, quién había abandonado su palco cuándo el partido estaba empatado para poder bajar al túnel y recorrer los metros necesarios para llegar al campo de juego y entregar la copa, no daba crédito a lo que veía : silencio sepulcral en la cancha. Incluso tenía preparado el discurso final sólo en portugués (no lo preparó en castellano). No sabía qué hacer. La ceremonia duró segundos, con la entrega y unas breves felicitaciones. "Todo estaba previsto, excepto el triunfo de Uruguay. Preparé mi discurso y me fui a los vestuarios pocos minutos antes de finalizar el partido. Pero cuándo caminaba por los pasillos se interrumpió el griterío infernal. A la salida del túnel, un silencio desolador. Ni guardia de honor, ni himno nacional, ni discurso, ni entrega solemne, ni nada. Me encontré solo, con la copa entre mis brazos, y sin saber qué hacer. En el tumulto descubrí al capitán uruguayo Varela y, casi a escondidas, le entregué la estatuilla de oro, estrechándole la mano y me retiré sin poder decirle una sola palabra de felicitación", dijo luego Rimet. Varela, todo un personaje, tras permanecer un tiempo con sus compañeros, decidió salir a las calles de Río de Janeiro con el objetivo de mezclarse con los "cariocas" en los bares y tabernas (tomando aguardiente de caña) para comprender su amargura. Lejos de agredirlo, los brasileños lo felicitaron e incluso lo abrazaron. ¿ Porqué lo hizo ? Sintió empatía por la tristeza que los invadió. Regresó a la madrugada al hotel. Sin embargo, hubo suicidios en masa, en parte por la decepción del resultado (los más fanáticos) y otros por las pérdidas económicas que significaron las apuestas realizadas previamente. Tal fue el trastorno que ésta derrota trajo aparejada que, la Confederación Brasileña de Fútbol decidió desterrar la camiseta blanca con la que jugaron y, la cambió por la "verdeamarelha" (amarilla con vivos verdes, como la bandera), con pantalones azules y medias blancas. En tanto, en el colmo del cinismo, los dirigentes uruguayos (quiénes no creían en el equipo) al regresar a Montevideo, se autopremiaron con medallas de oro y a los jugadores les entregaron... medallas de plata. El chivo expiatorio de la derrota fue el arquero Moacir Barbosa, a quién la opinión pública condenó al desprecio y ostracismo. Los diarios titularon en forma catastrófica la jornada : "La peor tragedia de la historia de Brasil", "Nuestro Hiroshima". El comentario del destacado periodista Mario Filho en su diario, decía "La ciudad cerró sus ventanas, se sumergió en el luto. Era como si cada brasileño hubiera perdido el honor y la dignidad". En 1970 (20 años después), una mujer le enrostró a Barbosa la frustración nacional, al encontrarlo en un supermercado y decirle : "Míralo hijo, éste hombre fue quién hizo llorar a todo Brasil". Durante las eliminatorias para el Mundial ´94, Barbosa quiso visitar la concentración de la selección para desearle suerte al arquero Claudio Taffarel. Le prohibieron la entrada. "Llévense lejos a éste hombre, que sólo atrae la mala suerte", dijo Mario "Lobo" Zagallo, ayudante técnico del entrenador Carlos Parreira (quién, además, era supersticioso). Importantes jugadores como Romario, Dunga y Bebeto le negaron el saludo. ¿ Qué sucedió en el Mundial 1994 ? Brasil volvió a salir campeón después de 24 años. Creer o reventar. Resignado, Barbosa dijo frases que pintaban su estado de ánimo : "Sólo seré absuelto por la justicia divina, porque por la de los hombres sé que seré un eterno condenado" o " La máxima pena para un crimen en Brasil es de 30 años. Yo pago por aquel gol hace 50 años". En una nota, contó el fatídico momento : "Llegué a tocarla y creí que la había desviado al tiro de esquina, pero escuché el silencio del estado y me tuve que armar de valor para mirar hacia atrás. Cuándo me dí cuenta que la pelota estaba dentro del arco, un frío paralizante recorrió todo mi cuerpo y sentí de inmediato la mirada de todo el Maracaná sobre mí". Barbosa se retiró en 1962 y ocupó un puesto como funcionario de la Superintendencia de Río de Janeiro. Años más tarde, sin dinero y marginado , llegó a ser canchero del Maracaná y, cuándo los arcos del estadio fueron cambiados desde los palos de madera por los caños de metal, pidió llevarse los viejos sin que nadie entendiera porqué y, los quemó. Para completar su "mala estrella", quedó viudo y sin hijos (su mujer no pudo concebir debido a un cáncer de médula ósea). Su club, Vasco da Gama, le brindó un subsidio exiguo que apenas le alcanzaba para sobrevivir. Algunos le tuvieron un poco de lástima y, el músico Tabaré Cardoso, de la murga "La Catalina", le dedicó una canción que lleva su nombre y cuenta el duro camino que debió atravesar hasta su muerte. El capitán uruguayo Obdulio Varela (quién falleció en 1996, a los 78 años) también lo defendió : "La culpa no fue de Barbosa. A esa pelota la hizo entrar el destino". El arquero murió el 7 de abril del 2000, a los 79 años, víctima de un derrame cerebral y cargó con su culpa hasta ese día. Así lo contó una amiga íntima suya, Teresa Borba, quién llegó con lo justo al hospital, antes que falleciera. Ella lo oyó decir, como una súplica : "No fue culpa mía. Éramos once". No hubo homenajes ni minutos de silencio en las canchas. Un escritor, con mucho acierto, redactó una columna acerca de su muerte, titulándola "El hombre que murió dos veces". El "Maracanazo", la enorme hazaña del equipo uruguayo ante Brasil en su casa, contra todos los pronósticos, quedó en la memoria colectiva mundial. Fue cuestión de fe, confianza, de no achicarse. Así lo certificó el goleador Oscar Míguez : "¿ Porqué nos iban a ganar ? ¿ Quiénes eran ? Nosotros nos teníamos confianza. Si usted entra sugestionado es peor... Ese campeonato no se perdía... Estaba escrito que ese día ganaríamos, no temíamos ni a Dios ni al Diablo. Si Máspoli, que era arquero, hubiese jugado de delantero hacía 2 goles y si yo hubiera ido al arco, atajaba 2 penales". El arquero Roque Máspoli, añadió : "Contrariamente a lo que se dice, no creo que haya sido tanta sorpresa. Éramos parejos y nosotros no les temíamos y pensábamos que ese partido lo podíamos ganar pese al triunfalismo que veíamos. Si había un equipo al que nosotros respetábamos mucho era Argentina, que en esos años tenía unos jugadores tremendos". Schiaffino, autor del primer gol, fue más realista : "Si jugamos 10 veces más, en 9 ganan los brasileños". En 1992, la Confederación Brasileña de Fútbol, al jugar un amistoso con Uruguay, en Campina Grande, reivindicó a los subcampeones del ´50 entregándoles una medalla. Ganó la celeste 2 a 1 y, paradójicamente fue la primera vez en vencer desde ese glorioso 1950. Uruguay nunca volvió a ganar un mundial (lo había hecho antes en 1930, venciendo a Argentina en la final del torneo que organizó) y Brasil, luego de 1950, logró 5 campeonatos mundiales (el más ganador de todos), aunque no pudo imponerse en los dos campeonatos que organizó. Sin dudas, esa tarde creció y se afianzó la tradicional "garra charrúa" de Uruguay venciendo al "jogo bonito" brasileño. Queda la pena y congoja por lo sucedido con Moacir Barbosa, quién vivió el resto de sus días entre la tristeza de la derrota y el oprobio al que lo sometieron por aquel error en cancha, que hirió de muerte el orgullo deportivo de los brasileños. Quizás, sus últimas palabras lo reivindiquen : "No fue culpa mía, éramos once..."
Foto 1 : Afiche oficial del Mundial de 1950.
Foto 2 : Uruguay derrotó 2 a 1 a Brasil en el cuadrangular decisivo (no hubo final) y se consagró campeón.
Foto 3 : El impresionante "Maracaná", construido especialmente para el evento, albergaba 200.000 espectadores.
Foto 4 : Brasil comenzó ganando el partido con gol de Friaca.
Foto 5 : Schiaffino enmudeció el estadio al convertir el empate.
Foto 6 : Un gol para la historia. Ghiggia bate a Barbosa y Uruguay se pone 2 a 1. Sería el resultado final.
Foto 7 : El gol desde otro ángulo. El arquero Barbosa lo sufre en el suelo, Ghiggia lo palpita y Bigode es un espectador privilegiado.
Foto 8 : El presidente de la FIFA, Jules Rimet, casi a escondidas y rápidamente, entrega la estatuilla al capitán Varela. Se había pensado otro festejo.
Foto 9 : La prensa gráfica brasileña fue durísima con el seleccionado.
Foto 10 : El arquero Moacir Barbosa fue "condenado socialmente" por el error ante el segundo gol uruguayo, hasta el fin de sus días.
Foto 11 : Alcides Ghiggia, autor del gol decisivo, 50 años después.
Foto 12 : El capitán Obdulio Varela, "el Negro Jefe", baluarte del título.
Foto 13 : Toda la alegría del pueblo uruguayo reflejado en la prensa gráfica.













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