HIPÓLITO BOUCHARD... EL PRIMER "CORSARIO" ARGENTINO...

Hay personajes con alma de aventura, quiénes persiguen sueños u objetivos o, simplemente ese espíritu inquieto los llevó por diversos caminos (en éste caso mares) para dar rienda suelta a todo lo que se proponían. La historia de hoy refiere a una de esas personalidades con las cualidades antes mencionadas. Se trata del primer "pirata" argentino que sirvió a nuestra patria : Hipólito Bouchard. En realidad era argentino por adopción, pues nació en Saint Tropez (Francia), apodada "la joya de la Costa Azul", por su famoso puerto y paradisíacas playas, el 15 de enero de 1780. Hijo de André Louis Bouchard y Thérese Brunet, su nombre real era André Paul (su primer nombre homenajeaba a su padre), pero decidió cambiarlo por Hippolyte (Hipólito en español) en recuerdo de un hermano fallecido. Debido a la calidad portuaria de su ciudad natal, desde niño se embarcó en buques pequeños y mercantes. A los 19 años, en 1799, se alistó en la marina de su país para combatir contra los ingleses. Bajo las órdenes de Napoleón Bonaparte hizo campañas en Egipto y, luego en Haití, con Charles Leclerc y Louis Latouche Tréville (a quién, además de ser su capitán, lo consideraba su maestro). Diez años después, en 1809, recaló en nuestro país. La Revolución de Mayo se estaba gestando y, a partir de su experiencia y sus principios (era totalmente antimonárquico) ofreció sus servicios para la causa revolucionaria. Aunque la escuadra patriota se armó "a los ponchazos", estaba lista para pelear y, así, el 2 de marzo de 1811 tiene su bautismo de fuego aquí, al enfrentarse, al mando del bergantín "25 de Mayo" (había 2 naves más, " la "Invencible" y la "Americana"), a la escuadra realista , comandada por el capitán de navío Jacinto de Romarale, en el Combate Naval de San Nicolás, constituyendo el bautismo de fuego de la Armada Argentina. Fue derrota de las fuerzas comandada por el teniente coronel Juan Bautista Azopardo. En julio y agosto de 1811, los españoles bloquearon el puerto de Buenos Aires y, allí, nuevamente Bouchard combatió para la patria. En 1812 contrae enlace con María Norberta Merlo Díaz, una porteña hija de un marino que había combatido en Trafalgar. Al año siguiente se incorpora al Regimiento de Granaderos a Caballo, bajo las órdenes de San Martín y pelea en el Combate de San Lorenzo, en dónde mata al abanderado español y se apodera del estandarte del enemigo. El "Padre de la Patria" lo destacó en el parte de batalla: "... y le arrancó con la vida al abanderado el valiente oficial don Hipólito Bouchard". Su actuación en éste combate le valió  que la Asamblea del año XIII le otorgara la ciudadanía argentina. En 1815 obtiene la patente de corso para hacer campaña con el Almirante Guillermo Brown en los mares. ¿ Qué significaba esa patente ?  El corsario podía atacar barcos con el respaldo legal de un gobierno. Eso lo diferenciaba de un pirata, quiénes atacaban barcos y ciudades sin autorización para saquear. El objetivo del gobierno patrio era atacar embarcaciones españolas para debilitar y reducir el poder de los realistas en el mar. También debían atacar posiciones fortificadas, además de propagar las ideas de la futura independencia. La flota nacional de campaña estaba compuesta por la fragata "Hércules", comandada por Guillermo Brown, el bergantín "Santísima Trinidad", guiada por Miguel Brown (hermano del almirante), la corbeta "Halcón", capitaneada por Bouchard y la goleta "Constitución" al mando de Oliverio Russell. Las dos primeras partieron el 24 de octubre de 1815 desde Montevideo y las dos restantes lo hicieron 5 días después. Debían encontrarse en la isla Mocha, en Chile. Los hermanos Brown llegaron el 28 de diciembre, mientras que Bouchard lo hizo al día siguiente... pero solo. La goleta "Constitución" pasó por el Cabo de Hornos, dónde la sorprendió una tempestad que duró 14 días. Cargada con cañones de  grueso calibre e innumerables pertrechos, no resistió el trajín, aunque sí lo hizo la "Halcón". Nunca más se supo de ella. Reunidos en la isla, acordaron trabajar en conjunto por 100 días y, en la cuál repartirían las ganancias obtenidas en 5 partes : 2 para Guillermo Brown y 1 y media para Miguel Brown y Bouchard. Partieron hacia las islas cercanas a Perú y, en el camino, pasaron por el archipiélago Juan Fernández, con el objetivo de liberar algunos presos que allí estaban. Al llegar, el 10 de enero, bombardearon el estratégico puerto de El Callao y lo bloquearon. Al día siguiente apresan al bergantín "San Pablo". Lo utilizaron para alojar a la tropa enferma de escorbuto y a los prisioneros. Siguiendo con su tarea arrasadora, en 15 días capturan 7 embarcaciones enemigas (la goleta "Gobernadora", el 13 de enero, el bergantín "Místico", la goleta "Carmen" y 2 navíos más, el 18 de enero y las fragatas "Candelaria" y "Consecuencia", el 28 d enero). Entre sus prisioneros estaban el gobernador de Guayaquil, el duque de Florida - Blanca y su sobrina, la condesa de Camargo. Con la flota engrosada por las capturas, se dirigieron a Ecuador y atacaron las fortificaciones cercanas a Guayaquil. Sin embargo, la nave de Brown ("Santísima Trinidad") quedó varada por una bajante y, fue atacada desde tierra, sufriendo varias bajas. Cuándo comenzaron a abordarla, Brown arrió la bandera argentina y se arrojó al agua... pero el mar estaba lleno de caimanes y, debió volver al barco, en medio de un feroz tiroteo. Los realistas estaban fusilando y masacrando a la tripulación y, el almirante en una acción al todo o nada, prendió una antorcha y amenazó con tirarla a la santabárbara (lugar destinado del barco para custodiar la pólvora a bordo) y volar la embarcación por los aires. Al ver tan decidido a Brown, los españoles frenaron la matanza y el almirante se entregó. Al enterarse de la captura de su jefe/compañero, Bouchard comenzó a organizar su rescate, lo que no era nada sencillo. Para ello envió a Mariano Insúa al mando de 50 hombres para tomar la fortificación de Punta de las Piedras. Después llamó a su cabina a los rehenes españoles que tenía y les propuso canjearlos por Brown y sus hombres. Además les aclaró que era su última oferta porque el ataque sobre Guayaquil ya había comenzado. El duque de Florida - Blanca escribió una carta a las autoridades españoles pidiendo por favor que aceptaran el canje. La nota le llegó al teniente Sommers, quién dijo que no podía decidir sobre la suerte de Brown, pues esa tarea le correspondía al consejo de guerra, quiénes tenían decidido ahorcarlo. Bouchard contestó que si eso ocurría ejecutarían al duque y su sobrina y luego los colgarían del palo mayor. No hubo acuerdo. Decidido a cumplir su cometido, por la noche, Bouchard le envió 300 hombres en 10 botes a Insúa. Los realistas, creyendo que no habría ataque por temor a la vida de Brown, estaban de fiesta en ese momento festejando el triunfo sobre los corsarios argentinos. Ayudado por nativos del lugar, Bouchard rodeó el palacio e intimó a los españoles a rendirse. Con alcohol en la sangre y, por lo tanto, envalentonado, Sommers vociferó que resistiría. El tiroteo fue descomunal, no quedó vidrio sano en la casa y... por ello propusieron rendirse, con la condición de "ser tratados como gente". Bouchard contestó que no estaban en posición de exigir nada y amenazó que si no abrían la puerta la derribarían a los tiros. A los realistas no les quedó otra que ceder y así, Bouchard cumplió todos los objetivos y más : liberó a Brown y el resto de los prisioneros, tomó la ciudad de Guayaquil y les hizo pagar un "impuesto revolucionario" de 50.000 onzas oro, para perdonarles la vida y no quemar sus haciendas. Finalizada ésta epopeya se separa de Brown (con quién, no se llevaba bien, a pesar de rescatarlo)  y solicita la liquidación del botín, obteniendo la goleta "Carmen" y la fragata "Consecuencia". Tuvo que dejar el "Halcón" por una deuda de $ 3475. Regresó a Buenos Aires por Chile. En tal viaje, por su carácter irascible, mantuvo conflictos con su tripulación, los cuáles resolvía siempre con violencia. Ésto le traería problemas en la posteridad. Ya en el país y, de acuerdo a su impronta aventurera, se propuso dar la vuelta al mundo y hostigar a cuánto buque español se le cruzara en las aguas. Por ello, en sociedad con Anastasio Echevarría, armó el buque "La Argentina", dotado de 34 piezas de artillería, 18 cañones de 8 metros y 16 cañones de 12 metros. El Estado colaboró con 4 cañones de bronce y 12 de hierro, 128 fusiles, 1700 balas de cañón (de diferentes medidas) y 3000 balas. Reclutó 180 hombres entre marinos e infantes. El 27 de junio de 1817 zarpó desde la  ensenada de Barragán y, entre sus papeles llevaba varias copias de la Independencia, sancionada 1 año antes. Se dirigió hacia el Atlántico, pasó por el Cabo de la Buena Esperanza, llegando a Tamalave y Madagascar (África), dónde combatió el tráfico de esclavos (por orden del Gobierno Patrio). Al entrar al océano Pacífico, habían muerto 40 hombres de su tripulación víctimas del escorbuto debido a la falta de frutas y verduras. Ante la desesperación, alguien propuso algo desopilante : enterrar a los enfermos, dejando solo su cabeza descubierta. "Que la tierra se ocupase de la cura", fue la insólita explicación para tal medida. Algunos murieron, pero la mayoría sobrevivió a ese extraño "tratamiento". Luego se dirigió a la isla de Java (Indonesia) donde hizo escala y, en la zona de Las Filipinas capturó 16 barcos mercantes. En marzo de 1818 puso proa hacia las Islas Sandwich (actualmente Hawai). Al llegar quedó sorprendido al descubrir que el rey del lugar, Kamehameho I poseía la corbeta "Santa Rosa" (antes llamada "Chacabuco"). La propia tripulación, que se había amotinado, se la había vendido al monarca y muchos de los tripulantes ya vivían en la zona.  Después de una extensa y trabajosa negociación, logró recuperar el buque (al que incorporó a su fuerza) y suscribió con el rey una especie de tratado de unión para la paz, la guerra y el comercio. Algunos interpretaron eso como el reconocimiento tácito de una nación extranjera a la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. El 21 de octubre de 1818, Bouchard partió hacia California (un botín muy preciado) ubicado en la bahía de Monterrey, dónde estaba el Presidio Real de San Carlos y una aldea de 400 habitantes. Llegaron un mes después, el 20 de noviembre. En tanto, el gobernador Pablo Vicente Solá, quién ya sabía del inminente ataque de los "corsarios argentinos", ordenó evacuar mujeres, ancianos y niños, tomó los caudales reales y se ubicó, de manera prudente, en el Rancho del Rey (actualmente Salinas). En la guarnición sólo quedaron 65 soldados al mando del sargento Manuel Gómez para hacer "la heroica" defensa. Bouchard ordenó al buque "Santa Rosa", de menor calado que "La Argentina", que se acercara a las murallas de fortificación, con el objeto de hostigar las defensas y desembarcar. Sin embargo, la respuesta española fue heroica, pues abrieron fuego a mansalva y, durante 15 minutos acribilló el buque. Sorprendido, el teniente primero Guillermo Sheppers, debió rendirse. Pero, insólitamente, los realistas no abordaron la nave rendida. Sólo celebraban ese efímero éxito. Bouchard se dió cuenta que no tomaban el barco rendido, simplemente porque no tenían naves propias para hacerlo. Inmediatamente organizó el "operativo rescate" del barco. Expresó que "Yo formé en éste momento el designio de acabar con su alegría", ofuscado por el festejo realista. Junto a 200 hombres, en la madrugada del 24 de noviembre, desembarcó a una legua del fuerte, en 9 botes y llevando un cañón. El ataque fue feroz y, los pocos españoles que les hicieron frente, no pudieron ante la superioridad numérica patriota. Se dieron vuelta, escalaron los muros de la fortificación y huyeron raudamente por el portón principal. Los patriotas izaron el pabellón nacional y, durante 6 días, California fue territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, por obra y gracia de Hipólito Bouchard. Se apropiaron del ganado que serviría de comida para el viaje y, los animales que no pudieron llevar fueron sacrificados. Luego, liberaron a los prisioneros e inutilizaron los cañones, quemaron el fuerte y la residencia del gobernador que, en vano, esperó refuerzos salvadores y todas las viviendas de los españoles. Por decisión de Bouchard, las iglesias y las casas de los americanos, no fueron tocadas. El 29 de noviembre dejaron Monterrey y se dirigieron al Rancho "El Refugio" (cerca de Santa Bárbara), propiedad de la familia Ortega, quiénes eran contrarios a las movidas de independencia de México. Nuevamente se apropiaron de todo lo que pudieron llevarse y lo que quedó fue quemado o destruído. Siguiendo su tarea arrasadora, el 16 de diciembre llegaron a San Juan de Capistrano (una misión fundada por el sacerdote Serra) y, ofrecieron pagar por provisiones (trigo, papas y animales), pero el cura se negó. Ofrecieron una breve resistencia y se fugaron. Bouchard y sus hombres se hicieron de todos los víveres, para luego quemar las casas. Antes que llegaran los refuerzos realistas, Bouchard ya se había, nuevamente, escapado. El 17 de enero de 1819 bloquearon el neurálgico puerto mexicano de San Blas, para luego, el 4 de abril, atacar el puerto "El Realejo", clave en el comercio español, ubicado en lo que es hoy Guatemala. Luego de tanto periplo marítimo, decidió regresar y fondeó en el puerto chileno de Valparaíso, el 9 de septiembre. La suerte cambiaría, pues el almirante trasandino Lord Cochrane, ordenó su encarcelamiento, acusándolo de piratería (algo de lógica tenía, pues su patente de corso, de 2 años de duración, estaba vencida). Finalmente, tres meses después, el 9 de diciembre, fue declarado inocente. Sin embargo, al recuperar sus barcos, se topó con que les habían sacado los cañones y las velas, además de vaciar totalmente sus bodegas. Pensó en regresar a Buenos Aires, pero San Martín le pidió que se quedara un tiempo en Perú, pues lo necesitaba para completar la liberación de ese país. El "Padre de la Patria" creó la marina peruana y puso a Bouchard al frente de la misma, a cargo de la fragata "Prueba". Estuvo activo en la Marina hasta 1828 y pasó a retiro. Por sus servicios, el Congreso peruano los premió con dos haciendas (San Javier y San José). Dedicado al comercio, estableció un ingenio azucarero en Nazca. Había perdido contacto con su familia (sólo convivió 10 meses con su esposa, por lo que no conoció a su hija menor. Pero su mal carácter e iracundia de sus tiempos de marino seguía intacta (daba duros castigos y represalias a insubordinados) y, esas malas formas las transmitía a sus esclavos trabajadores, hasta que uno de ellos, en un confuso episodio, cansado de sus malos tratos, lo asesinó a cuchilladas el 4 de enero de 1837, a los 57 años. Así terminó la vida del "corsario" Bouchard, con la misma violencia e intensidad con que vivió. Su servicio a la Patria es innegable, como estrecho colaborador de San Martín y salvador de la vida del célebre Almirante Brown. También los historiadores afirman que la bandera de las Provincias Unidas del Río de la Plata llevada por Bouchard a Centroamérica, inspiró a la creación de los pabellones de Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala y Costa Rica(la mayoría de ellas con colores celeste y blanco). El historiador José Gabriel Olarte, del Instituto Nacional Browniano, afirmó que : "Al independizarse las naciones centroamericanas, adoptan como insignia nacional una copia de la que flameaba en el buque "La Argentina" y, hasta el propio nombre que adopta el nuevo país (Provincias Unidas de Centroamérica) es tan similar al nuestro. Se descarta toda posibilidad de ser el fruto de una mera casualidad". Sus restos tuvieron paradero desconocido hasta 1962, hasta que fueron encontrados en una cripta ubicada en la Iglesia de San Javier de Nazca (Perú). El 6 de julio de ese año, los exhumaron y fueron repatriados a Buenos Aires por una comisión formada en conjunto por las Armadas de Argentina y Perú. En la actualidad se encuentran en el panteón viejo de la Armada Argentina en el cementerio de la Chacarita. En su país natal, Francia, desde 1983, todos los 9 de julio (aniversario de nuestra independencia), se le rinde honor, con nuestro Himno Nacional de fondo. Hipólito Bouchard, genio y figura, junto a su barco, ostenta el récord de ser el primer navío nacional en dar la vuelta al mundo... y ser también el "corsario argentino"... una especie de pirata con papeles en regla...


Foto 1 : Hipólito Bouchard, francés al servicio de la Patria.


Foto 2 : Patente de corso entregada por la Provincias Unidas del Río de la Plata a Bouchard.


Foto 3 : En primer plano, "La Argentina", con la cuál dió la vuelta al mundo.
Foto 4 : Recorrido de Bouchard por el mundo.


Foto 5 : Busto de Bouchard en Francia.


Foto 6 : El moderno patrullador oceánico del paóis se llama "Bouchard".


Foto 7 : Lord Cochrane lo encarceló acusándolo de piratería.


 



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