YRIGOYEN... SU FINAL Y MULTITUDINARIA DESPEDIDA
La historia argentina está plagada de héroes y heroínas que, de una forma u otra, contribuyeron a engrandecer nuestra Patria. Tuvieron aciertos y errores también (que, en todo caso, la historia juzgó o juzgará) para lograr los objetivos nacionales. Y, en ese contexto, los hubo amados y odiados, dependiendo ello del "bando" con el que uno se identifique o apoye. En el rubro de presidentes, que no sólo ocuparon ese cargo, sino que fueron líderes y/o caudillos de sus agrupaciones, asoma con mucha fuerza la figura de Hipólito Yrigoyen. Ya se habló en otra entrega aquí sobre su obra de gobierno (fue 2 veces presidente) y su trayectoria política (es uno de los fundadores de la Unión Cívica Radical, liderada por su tío Leandro N. Alem). En ésta oportunidad la narración se enfocará en sus últimos años y días, luego de ser derrocado, el destrato hacia su persona y su triste final, aunque gran parte del pueblo lo despidió con honores. Como se recordará, el segundo mandato de Yrigoyen fue interrumpido por el golpe de estado (el primero de la historia) encabezado por el teniente general José Félix Uriburu, el 6 de septiembre de 1930, dando inicio a la "Década Infame". El militar encabezó la sublevación desde Campo de Mayo y, se dirigía a tomar la Casa Rosada. El caudillo quiso preservar la integridad de la población y evitar la posible muerte de inocentes. "Que no se derrame una sola gota de sangre", fue la orden que le dió a su vicepresidente Enrique Martínez, quién indignado, tuvo que ordenar el repliegue de la Marina, que estaba lista para resistir el ataque sedicioso. A las 16 horas, una bandera de parlamento al tope del mástil de la Casa de Gobierno ofrecía la rendición. Lo detuvieron y, su prisión fue "naval", pues lo trasladaron al vapor "Belgrano". Así lo cuenta Don Hipólito : "Fui apremiado a salir, lo tuve que hacer en brazos casi del médico por la extremada extenuación que me encontraba a raíz de la gravísima dolencia que sufría al producirse los sucesos.Y cuándo habíamos hecho cierto camino del río y yo, sintiendo sus efectos sobre mi salud, se me hizo saber que estaba preso e incomunicado". Luego, deciden llevarlo al vapor "Buenos Aires" para una mejor atención. Ésta es la versión del caudillo radical : "Acabo de enterarme que seré trasladado a otro buque, mucho más humano y, en consecuencia, menos consistente en la movilidad, lo que me parece una nueva temeridad, tan injusta como inconsiderada, dado que, como es bien sabido, yo no he tomado jamás medida alguna contra nadie, ni he molestado en ningún sentido de la vida". Como presintiéndolo, Yrigoyen dió en la tecla y, en ese vapor, le dió un paro cardíaco, del que pudo salir. Su salud estaba quebrantada y él lo sabía. A pesar de su edad (78 años), no tuvo consideración de parte de los militares. Lo volvieron a ubicar en el vapor "Belgrano", el 21 de septiembre y, tras 20 días de detención, le levantaron la incomunicación. Pudo recibir la visita de su hija, su secretaria y su abogado. Luego de estar detenido 84 días en un cuartel y 2 barcos, el 29 de noviembre de 1930, lo llevan a la isla Martín García, dónde estuvo preso más de 1 año. En ese lugar redactó su defensa, que expresaba : "Hice un gobierno de la más alta razón de Estado, con toda la circunspección debida, pero sin ostentaciones ni aparatos algunos, de justicia distributiva y lleno de cuidados para remediar todos los males, sobrio y sencillo al alcance de todos, desde los más modestos hasta los más encumbrados elementos, sin exclusiones algunas, saturado de bondades para todos, y dije que bajo la bóveda del cielo argentino no habría desamparo para nadie, como sucedió". Y continúa con la descripción : "Mejoré en los dos períodos la salud nacional y la condición moral y económica de los hogares, difundí la educación primaria, expandiendo y acentuando la enseñanza secundaria como la superior, fundando nuevas universidades y dándole a éstas una comprensión más progresiva y científica... democratizándolas en su mayor extensión por medio de reformas conducentes". El 20 de febrero de 1932, el dictador José Félix Uriburu lo indulta antes de traspasar el poder a Agustín P. Justo (vencedor en elecciones fraudulentas, representando a la alianza de partidos "Concordancia). Uriburu había fracasado en su intento de reformar la Constitución Nacional con modelo corporativo, un fascismo al "estilo Mussolini". Yrigoyen regresa muy enfermo y cansado a Buenos Aires en el guardacosta "Independencia". Tuvo que alojarse en la vivienda de su sobrino, ya que después que lo derrocaran, su casa fue vandalizada, quemando además todo su mobiliario. Sin embargo, al estallar la Revolución Radical de Paso de los Libres (Corrientes), en diciembre de 1932, el presidente Justo lo acusa de conspiración y lo envía nuevamente detenido a la isla Martín García, lo que terminó por minar por completo su salud. Llegó en el aviso "Golondrina" y allí pasó las fiestas de fin de año, solo y enfermo. En enero de 1933, los médicos le confirman el diagnóstico de cáncer de laringe que, de no ser tratado, podría provocar un cierre de las vías respiratorias. Como prevención, aconsejan la realización de una traqueotomía, pero el Dr. José Landa descartó esa posibilidad por su avanzada edad. Cuándo le permitieron regresar al país, se albergó en la casa de su sobrino (Sarmiento 1944 casi esquina Carabelas) y, ya estaba muy desmejorado y delgado. Enterada de su llegada, mucha gente fue a recibirlo. Se asomó al balcón y los saludó diciendo : "Hay que empezar de nuevo". Pasaba su tiempo leyendo y recibiendo algunas visitas. Poco a poco se fue recuperando y, lo llevaban de paseo en auto, acompañado por su hija y el comisario Fernando Betancour (antiguo miembro de su custodia presidencial). Su recorrido incluía plazas y paseos, pero nunca descendía del vehículo. La gente que lo reconocía lo saludaba al pasar y él apenas levantando la mano, respondía al saludo. Su parquedad era una marca registrada. En marzo estaba mejor y los médicos le recomendaron otros aires para su recuperación. Habían pensado en Brasil, pero el veterano caudillo se negó porque en el pasaporte querían poner ex presidente y él insistía en que seguía siéndolo. Por ello, el 5 de abril, viajó a Uruguay con su hija Elena (que había concebido 20 años atrás con Antonia Pavón), a la cuál nunca reconoció (como a sus otros hijos), pero a la que jamás le hizo faltar nada, por lo que era inseparable de él. Otras personas, de gran lealtad, que lo acompañaron fueron su secretaria Isabel Menéndez, el doctor Landa y el comisario Betancour. En el vecino país lo recibió el presidente Gabriel Terra y luego visitó al líder nacionalista Alberto de Herrera. Estaba de buen ánimo, en su "salsa política", pero volvió a decaer al enterarse de la muerte de su hermana Marcelina Yrigoyen de Rodríguez. Regresó inmediatamente y llegó, con lo justo, al sepelio. En mayo retomó las actividades, recibiendo a militares y dirigentes partidarios. Parecía haber mejorado, pero los problemas respiratorios volvieron. Sus médicos le aconsejaron ir a Paraguay, un clima más amigable que la humedad bonaerense, pero... ya era tarde. Sus dolencias pulmonares se agravaron y ya no pudo salir de su casa. Le recomendaron reposo absoluto por una intensa ronquera que lo aquejaba. No quería ver a nadie y la depresión lo consumía más. Se hacía negar ante cada visita porque la fatiga podía más que su voluntad. Pero, cuándo Marcelo T. de Alvear (quién había sido liberado) fue a verlo, el 30 de junio, se alegró, pudo levantarse e incluso... se peinó. Lo atendía un equipo de médicos especializados : Roque Izzo, Pedro Escudero, José Tobías, Armando Meabe, Ángel Roffo (oncólogo) , José Uslenghi (radiólogo) y Juan A. Buasso (especialista en garganta). Finalmente, el 1° de julio le diagnosticaron bronquitis aguda que, a la noche se transformó en bronconeumonía. Al día siguiente su estado empeoró notablemente. Sin dudas, el encarcelamiento que había sufrido había sido perjudicial y, los fríos de junio habían contribuído para acelerar el desenlace. No sólo eran problemas respiratorios, ahora también eran digestivos, producto del encierro en la isla. A eso se le sumaban las acusaciones del gobierno que lo detuvo y encerró. Eso lo irritaba y contrariaba. A tal punto llegaba la desesperación, que la familia acudió al curanderismo : un cura capuchino golpeaba las partes del cuerpo enfermo con... trozos de queso y un japonés que decía que aspiraba el mal del enfermo con solo apoyar su cabeza en el pecho, fueron a tratar de mejorarlo. Ese día, 2 de julio, todos se quedaron hasta la 1 de la madrugada, acompañándolo. Por la mañana lo visitó su viejo amigo, el fray Álvaro Álvarez y Sánchez, quién lo confesó. Con voz apenas audible le dijo que "no tenía males de que arrepentirse", pues lo alentaba "la certeza de haber hecho todo el bien posible a la Patria, a sus conciudadanos y a sus amigos". Luego hubo una misa y al finalizar la misma, monseñor D´andrea le dió la bendición papal. A las 9 le dieron la extremaunción. Estaba rodeado de sus hijos Elena, Sara y Eduardo, los dos últimos fruto de su relación con Dominga Campos. Cuándo al mediodía llegaron más allegados y conocidos, Yrigoyen estaba a solas con Eduardo, con quién estuvo distanciado durante 20 años. Habló unos pocos minutos con él. Tenía 39° de fiebre y eso lo debilitó más. Entró en agonía y, ya no podía reconocer a las personas que estaban a su alrededor. La casa se había llenado de gente, pero muy pocos estaban autorizados a entrar a la habitación. En un último intento, los médicos quisieron reanimarlo y, para ello le proporcionaron suero por la boca, le inyectaron un enérgico reactivo, morfina y más oxígeno. Pero su corazón latía cada vez más débil. Inesperadamente, a las 17 horas, reaccionó y se incorporó un poco en la cama. Le hicieron preguntas a las que respondió con leves movimientos de sus manos. Enseguida volvió a caer en sopor y, los médicos llamaron al resto de los familiares para que permanecieran en la habitación. Monseñor D´andrea le puso un rosario alrededor de su cuello. Luego, se encendieron 5 cirios ante una imagen de Santa Teresita del Niño Jesús y otro ante la Virgen de Luján. A las 6 de la tarde, los médicos confirman que ya no había más que hacer. Una hora después, a las 19:15 horas, hizo un movimiento con la cabeza, respiró intensamente con mucha dificultad, abrió los ojos, levantó los párpados con gran esfuerzo, dirigiendo una larga mirada a su alrededor y luego dobló lentamente la cabeza hacia la izquierda. Falleció a las 19:21 horas. El doctor Izzo se acercó, lo tomó de las manos, las soltó, se arrodilló y, compungido, al borde del llanto lo llamaba por su nombre. Un familiar le cerró los ojos. Era el fin. Todos salían llorando de la pieza. Una apasionada crónica de la época lo narró así : "Son las 7 de la tarde de aquel frío y gris 3 de julio. Ya ha anochecido. Frente a la casa asiste a la agonía del "Padre del Pueblo" una apretada multitud... Llovizna por momentos y los ojos de la multitud están en el piso alto de la casa. Pasan 20 minutos de honda, de dolorosa expectativa. Ahora la llovizna arrecia, pero nadie deja su lugar. Olas humanas aumentan aquella multitud emocionada. Son ahora las 7 y 20 de la tarde. Se abren los balcones. La multitud comprende. Miles de ojos se han puesto a llorar. Y entonces 3 o 4 hombres aparecen a lo largo del balcón. Y, uno de ellos, en medio del silencio, insta a la multitud a descubrirse. Todos se quitan los sombreros. Algunos se arrodillan. Y dice : en éste momento acaba de morir el defensor más grande que haya tenido la Democracia en América. Y agregó : Pero no ha muerto. ¡ Vive ciudadanos ! ¡ Vivirá siempre ! ¡ Viva el doctor Hipólito Yrigoyen !... La muchedumbre contesta ¡ Viva ! en forma unánime y, espontáneamente entonan el Himno Nacional : oíd mortales el grito sagrado, libertad, libertad, libertad". Oscar López Serrot, testigo del momento del deceso, lo narra así : "Vicente Scarlato y su secretaria Isabel Menéndez estaban a su lado. De vez en cuándo entraba un médico y le tomaba el pulso. Le miraban la pupila. Afuera, los amigos, angustiados. Salió el Doctor Izzo y dijo : se termina, es cuestión de minutos. Alrededor del cuello tenía un rosario de cuentas de oro y un enorme echarpe. Cuándo murió, la cruz del rosario cayó sobre su pecho. Estaba recostado sobre almohadones". A las 20 horas, el doctor Izzo firmó el certificado de defunción. Los diarios anunciaron la noticia en sus pizarras y, muchísimas personas se fueron congregando en la puerta. Los agentes de Caballería e Infantería que habían llegado trataban, en vano, mantener el orden. Inmediatamente, monseñor D´andrea y el dirigente radical Walter Perkins fueron a Casa Rosada para ver al ministro del interior Leopoldo Melo (opositor a Yrigoyen, uno de los promotores de la UCR antipersonalista) y, le plantearon el deseo familiar de que fuera velado en el pórtico de la Catedral Metropolitana o, en su defecto, en el Convento Santo Domingo. Melo les respondió que debía consultarlo con el presidente Justo (quién ya se había retirado) al día siguiente a las 10:30 horas. No conforme con eso, Perkins regresó a las 21 horas a la Casa Rosada, ahora acompañado por el dirigente Albino Pugnalín. Llevaba otra propuesta : pidieron permiso para velarlo en Plaza Once de Septiembre o Plaza San Martín, pues se habían dado cuenta que el atrio de la Catedral quedaría chico. Recibieron la misma respuesta : "tengo que consultar", mientras que la Juventud Radical pedía que lo velaran en Plaza de Mayo. Esa noche, a las 22 horas, el cuerpo fue embalsamado por el doctor Ángel Roffo (ayudado por otros médicos) y, el escultor Pedro Zonza Briano le hizo la mascarilla mortuoria. El cadáver fue vestido con el hábito de los dominicos y, en su pecho colocaron una bandera argentina de guerra, con un crespón negro. Sus manos, entrelazadas, tenían un escapulario blanco con una pequeña cruz de plata. Su cabeza había sido acomodada, levemente levantada. El 4 de julio el gobierno respondió que no autorizaba a usar un espacio público, aunque permitiría que el féretro fuese exhibido unas 4 o 5 horas antes en la Plazoleta, frente al Cementerio de la Recoleta. Allí podrían levantar una tribuna, desde donde los oradores lo despedirían. En su propuesta, Melo aclaró que en el gobierno no había "egoísmo ni mezquindad". Además, informó que no suspendería los festejos del 9 de julio, pero que decretaba 10 días de duelo con la bandera a media asta en los edificios públicos. También amenazaron con despedir a los empleados públicos que querían faltar para asistir a las exequias. Indignada, su hija Elena expresó : "Habiendo negado el gobierno que los restos de mi ilustre padre fueran velados en un lugar público para acceso del pueblo que él tanto amó, no puedo aceptar otros honores oficiales en su reemplazo". Por ello, el velorio se hizo en la casa de su sobrino (donde se hospedaba y murió) y la capilla ardiente se levantó en una de las antesalas. En la entrada colocaron un libro donde la gente escribía sus condolencias. El cuerpo estaba en un ataúd de ébano platinado, con manijas de plata. En la puerta, la orquesta del "Profesorado Orquestal" tocó música fúnebre durante el velatorio, que duró dos días y medio. El ministro Melo se acercó al mismo para dar el pésame, pero no le permitieron entrar. Se retiró entre insultos y abucheos. A las 10 de la mañana del 6 de julio se cerró la puerta de la casa. Miles de personas se agolparon para despedir a su líder. El cortejo fúnebre partió al mediodía desde Sarmiento 944 hacia Recoleta, en un recorrido de 25 cuadras. El gobierno mandó un escuadrón de Granaderos para escoltar al coche fúnebre y los dos vehículos de acompañamiento, pero debieron retirarse por la hostilidad de la gente hacia el presidente Justo y los militares. Alvear, desde un balcón trataba, sin éxito de calmarlos. Finalmente, debieron prescindir del uso de una carroza fúnebre ante la marea humana presente, por lo que el féretro fue trasladado a pulso. Ante ello, el caos era total y, el Escuadrón de Seguridad no pudo mantener el orden, pues la gente pinchaba los caballos y les tiraba fósforos encendidos a los policías (incluso cuándo pasaron por Callao y Corrientes los que acompañaban el cortejo le cerraron el paso a los soldados a caballo que pretendían acompañar y los echaron al grito de ¡ Fuera ! ¡ Fuera !). En el trayecto, la gente salía a los balcones a despedir, entre llantos, gritos y vivas, a su líder fallecido, arrojando flores, agitando pañuelos, mostrando su retrato o entonando el himno. Los más osados se treparon a los techos de los tranvías para ver pasar el cortejo, encabezado por Alvear. En todo momento el ataúd se bamboleaba, mientras pasaba de mano en mano o de hombro en hombro, hasta que pasó lo inevitable : cayó al piso. Tras 4 horas el cortejo llegó al cementerio, dónde fue saludado con 21 salvas de cañón del Regimiento 1 de Artillería. El cálculo aproximado de los acompañantes durante las 25 cuadras del cortejo, era la friolera de... medio millón de personas. Lo depositaron, tal como fue su voluntad, en el Panteón de los Caídos de la Revolución de 1890. Era tal la cantidad de gente que muchos se subieron a los techos de las bóvedas aledañas para poder observar. Cuatro de ellos cayeron al piso, resultando dos fracturados. Las crónicas señalan que en el cementerio esperaban casi 50.000 personas. Entre los oradores de los discursos de despedida (desde 2 tribunas armadas), estaban Marcelo T. de Alvear, Honorio Pueyrredón, Horacio Oyhanarte, Amadeo Sabattini y Ricardo Rojas, entre otros. No hubo pronunciamientos en el Congreso acerca de su muerte ( a excepción del diputado socialista Alfredo Palacios). Un diario opositor tituló socarronamente : "Murió el ex comisario de Balvanera", en alusión a la Seccional 14° de Policía de la que se hizo cargo cuándo sólo tenía 20 años. Tampoco hubo asueto (solo los 10 días de duelo) por parte del gobierno nacional. En cambio, las provincias decretaron y realizaron honores oficiales. Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen falleció a 9 días de cumplir 81 años... dos veces presidente y uno de los más notables líderes políticos de la historia. Las divisiones en bandos, estar de uno u otro lado, los extremos irreconciliables. Pasó siempre, desde 1810 hasta nuestros días... Amor y odio en la misma proporción, pero los protagonistas de éstas historias, Yrigoyen en éste caso, dejan un legado perdurable. Quedó demostrado en su multitudinaria y sentida despedida...
Foto 1 : Hipólito Yrigoyen fue dos veces presidente de la Nación por la UCR.
Foto 2 : Yrigoyen falleció el 3 de julio de 1933. La prensa accedió a ese momento.
Foto 3 : El ataúd fue llevado "a pulso" por la multitud al cementerio.
Foto 4 : Desde los balcones, la multitud despedía al caudillo al paso del cortejo.
Foto 5 : Los diarios informaban de la multitudinaria despedida.
Foto 6 : El velatorio duró 2 días y medio.
Foto 7 : Desde el balcón anuncian su muerte a los manifestantes que esperaban en la puerta de su casa.
Foto 8 : La multitud acompaña el cortejo hacia el Cementerio de Recoleta.
Foto 9 : Aquí descansan los restos de Yrigoyen (Panteón de los Caídos en la Revolución de 1890).









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