LAS HERAS... LA LEYENDA DEL GENERAL INVICTO
En los negocios y en la vida se puede ganar, perder o "salir hecho", en una competencia deportiva podés ganar, perder o empatar (salvo en algunas disciplinas dónde no existe la igualdad). En la guerra, no hay opción : hay vencedores y vencidos y, ésto hace que la historia sea escrita por los que salen airosos, entendiendo por ello que hay "otra versión" sobre los hechos. La victoria y la imbatibilidad de algunos les da la categoría de invictos (del latín "invictus", nunca vencido, siempre victorioso) y, muchos de los que aquí están incluídos (aunque invictos hay muy pocos) se convierten en LEYENDAS. Es el caso del protagonista de la narración de hoy : Juan Gualberto Gregorio de Las Heras. Nació el 11 de julio de 1780 en Buenos Aires, hijo del militar y comerciante español Bernardo Gregorio de Las Heras y de Rosalía Ventura de la Gacha y Rojas. Aquí surge un dato curioso sobre su apellido compuesto, ya que es nieto de Francisco Plácido Gregorio y de Catalina García de Las Heras, por lo que decide unir el apellido de su abuelo con el segundo apellido de su abuela (tal como lo hizo su padre), conformando así su apellido completo. Estudió en el Real Colegio San Carlos y, siguiendo la tradición familiar, se dedicó al comercio. Su padre ocupó importantes cargos en la Buenos Aires colonial : Receptor de Penas de Cámara, Defensor de Menores, Tesorero de Propios del Cabildo, llegando incluso a obtener el grado de capitán de milicias urbanas, llamadas Compañía del Comercio (formada por vecinos). De ésa forma, en su juventud, Las Heras, alistado, debuta en combate, junto a su padre, en ambas invasiones inglesas (1806 y 1807). Después de la Primera Invasión es promovido a sargento por el Escuadrón de Húsares de Pueyrredón. Su dedicación al comercio lo hace viajar bastante y, cuándo comienza la gesta que da lugar a la Revolución de Mayo de 1810, se encuentra en Córdoba, precisamente en viaje de negocios. En ésta provincia estaba el centro de reacción y resistencia de los realistas, encabezados por Santiago de Liniers, héroe en la victoria sobre los ingleses, pero fiel a España. Sin dudarlo, a pesar de estar en territorio hostil, se une a la causa revolucionaria recibiendo el mando del ejército patricio (división Córdoba) recién constituído, con 400 hombres a cargo. Luego de la victoria de Mayo, la Primera Junta de Gobierno, el 24 de octubre de 1810, le otorga el grado de Sargento Mayor en reconocimiento a su actuación (había sido recomendado también por Juan José Castelli). En 1813, el titular del Virreynato del Alto Perú envió una expedición al mando del brigadier Antonio Pareja para combatir a los patriotas y ocupó las poblaciones de Talcahuano y Concepción, en territorio chileno, por lo que los trasandinos piden ayuda a Buenos Aires. Ante ello, la Primera Junta dispone la creación de los "Auxiliares Argentinos", compuesto por un grupo de soldados reclutados en Córdoba y Mendoza, comandados por Las Heras y, que marchó para apoyar a los chilenos. En ese trayecto combate en las batallas de Quechereguas, Membrillar (aquí asciende a teniente coronel), Cucha Cucha, El Roble (bajo las órdenes del general chileno Vicuña Mackenna) y Chillán. En ésta última es herido en una pierna por una metralla. Sin embargo, no pidió relevo, aguantó y siguió combatiendo. En todas las contiendas salió victorioso. Pero, entre los chilenos no se entendían, pues la notoria "batalla de egos" entre los generales José María Carreras y Bernardo de O´Higgins, provoca una contienda interna entre las fuerzas chilenas. En ese cuadro de situación, Las Heras regresa a Mendoza. En esa provincia se reúne por primera vez con José de San Martín (gobernador de Cuyo en ese momento). "El Padre de la Patria" rearma la estrategia y lo envía a la frontera con Chile (allí llega con lo justo para proteger la retirada de las fuerzas chilenas derrotadas en Rancagua hacia Mendoza). Para ello le encarga la creación del 11° Regimiento de Infantería, que defendería la frontera occidental de Mendoza, pues Chile finalmente había caído en manos de los realistas. Las Heras se convierte así en hombre de extrema confianza de San Martín para la concreción del "Plan Continental de Liberación de Chile y Perú" de la corona española. Su plan consistía en cruzar la Cordillera de los Andes (nadie imaginaría que iría por la montaña), combatir en Chile y, desde allí, emprender la campaña al Perú, enviando tropas a través de las costas del Océano Pacífico. En enero de 1817, la expedición libertadora inicia el mítico Cruce de los Andes y, Las Heras tuvo a su cargo la travesía por el Paso de Uspallata, escoltando toda la artillería y otros equipos que no pudieron acompañar al cuerpo principal del ejército, que lo hizo por el Paso de los Patos. Luego del cruce, los efectivos a su mando combatieron con éxito contra las fuerzas realistas que se encontraban en Los Potrerillos, Guardia Vieja, Picheuta y Achupallas. Esas victorias le permitieron tomar, el 8 de febrero, la cuidad de Santa Rosa de Los Andes, como estaba planeado por San Martín. El 12 de febrero se libra la batalla de Chacabuco, dónde Las Heras actúa como integrante de la división del General Estanislao Soler. Luego de esa victoria le fue asignado el comando del ejército destinado a completar la liberación del sur de Chile, dónde vence al general español José Ordóñez en las batallas de Curapaligüé y Cerro Gavilán, lo que le permite tomar la ciudad de Concepción. De allí, se suma a las fuerzas del general O´Higgins, quién intenta tomar la Plaza de Talcahuano. Pero el militar chileno equivoca la estrategia, proponiendo un ataque frontal (idea del general Miguel Brayer), del cuál Las Heras no estaba de acuerdo, pues habían llegado nuevas tropas realistas provenientes de Perú. El resultado es lapidario : O´Higgins perdió la mitad de los hombres. Solamente la sección de Las Heras pudo conquistar su posición y se retiró del lugar, ante el desastre del resto, casi sin bajas (pero no alcanzó). Las tropas de O´Higgins se repliegan hacia Santiago. Los soldados descansan cerca de la llanura de Cancha Rayada (un terreno cortado por barrancas, pantanos, esteros y arroyos) y, el enemigo ataca de noche, por sorpresa. Ni San Martín ni O´Higgins lo esperaban, incluso estuvieron distendidos celebrando por el día de San Bernardo. En cambio, Las Heras hacía guardia, mate en mano, cerca de la fogata, alerta a todo, como intuyendo algo. El ataque, a cargo de los generales Ordóñez y Baeza, provoca el caos. No se distinguían amigos de enemigos, todos corrían en diferentes direcciones, los caballos se dispersaron al no tener los frenos puestos. San Martín ordena el retiro con cambio de posición, pero la situación es muy adversa, pues los realistas se apoderan de la artillería (cañones, municiones, incluso el hospital) En esa confusión cae muerto de un tiro al corazón, Juan de Larraín, ayudante de 19 años de San Martín, salvando éste último milagrosamente su vida. El general O´Higgins es herido en un brazo y su caballo cae muerto. Hubo 120 bajas y varios cayeron prisioneros. Como se dijo, la sangre fría, agudeza mental y destreza militar de Las Heras permite cubrir el desastre, ya que de manera intacta prácticamente salva a la totalidad de su unidad (alrededor de 3500 hombres), junto a 22 cañones y pertrechos. ¿ Cómo lo hizo ? Los batallones dispersos fueron reunidos por él, quién comandó la retirada en el mayor de los sigilos, seguido por la artillería comandada por el teniente coronel Blanco Cicerón. Vestido con su uniforme azul, hecho jirones, pasó a 200 metros del enemigo sin ser detectado. Marchó dos días sin que la tropa probase bocado alguno. Hasta mandó a fusilar a dos hombres por robarse una gallina, quiénes habían puesto en peligro a toda la tropa. El orden mantenido por Las Heras permitió rescatar a un ejército que sería la base del que combatiría en la Batalla de Maipú. San Martín le manifestó su agradecimiento : "Si usted no hubiera estado... todo habría terminado". Literal, concreto y contundente fue el comentario del prócer. La Batalla de Maipú se llevó a cabo el 5 de abril se 1818 y, allí comanda el ala derecha, dónde vence a la sección realista comandada por el realista Ordóñez, obteniendo por ello el grado de general. Durante los dos años siguientes colaboró con San Martín en la preparación del Ejército Libertador del Perú, asumiendo el cargo de Jefe de Estado Mayor. Desde Valparaíso partieron hacia Perú el 20 de agosto de 1820. Las Heras condujo las primeras fuerzas ya en territorio peruano, acampando en Pisco (cerca de la bahía de Paracas). Organizó operaciones desde Huaura y sitió Callao por 40 días. Desde allí, contribuyó para la liberación de Perú y recibe el rango de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, luego de que San Martín aceptara el cargo de Protector Supremo del Perú. En julio de 1822, el Libertador parte del Perú debido a su entrevista con Simón Bolívar en Guayaquil, para que éste continúe con la campaña libertadora. A fin de ese año, en diciembre, Las Heras renunció al ejército y volvió a Buenos Aires. Ya en nuestro país, el 8 de agosto de 1823, el gobernador Martín Rodríguez lo nombra Ministro Plenipotenciario para negociar con las autoridades españolas en el Alto Perú (hoy Bolivia), pero el alzamiento de Pedro Olañeta (español que "se dió vuelta" contra la corona) contra el virrey Jerónimo Valdés, le impiden concretar esa misión. Dada su capacidad, la Cámara de Representantes de Buenos Aires lo nombra gobernador de la provincia, dándole plena responsabilidad para ocuparse de los asuntos exteriores de todas las provincias. Para su misión, nombra como Ministro de Gobierno a Manuel José García y al general Francisco Fernández de la Cruz a cargo del Ministerio de Guerra y Marina. Durante sus dos años de mandato realizó una gran gestión, como la finalización de las Guerras de la Independencia, en la batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824 (éste combate es considerado así, pues supuso la desaparición del contingente militar realista más importante que seguía en pie), la convocatoria al Congreso Nacional Constituyente, que celebró su primera reunión 7 días después. Además, firmó el primer tratado con España y el 2 de febrero de 1825, suscribió con sus ministros un tratado de amistad, comercio y navegación con Inglaterra. En tanto, en otro orden de cosas, el 19 de abril de 1825, el general Juan Antonio Lavalleja, comandó la expedición a Uruguay llamada "Los 33 Orientales" en contra de la ocupación brasileña. Ese mismo año, el Congreso declaró que la Banda Oriental de Uruguay formaba parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Ésto trajo aparejada la declaración de guerra por parte de Pedro I, emperador de Brasil. Ante ésto, el Congreso había resuelto otorgar a Las Heras el gobierno nacional en carácter provisorio. Inmediatamente, el 11 de mayo se crea el Ejército de Observación sobre el Uruguay, al mando del general Martín Rodríguez. Las Heras ejerció su cargo hasta que el Congreso dispuso la creación de un Poder Ejecutivo permanente mediante la Ley Presidencial, promulgada el 6 de febrero de 1826. Al día siguiente fue elegido presidente Bernardino Rivadavia (quién asume el 8 de febrero). Al dejar la función pública, Las Heras viaja a Chile, dónde le confieren el grado de General, en reconocimiento a su actuación durante la campaña libertadora. En el país vecino entabla amistad con Sarmiento (exiliado allí por su oposición a Rosas), a quién le ofrece asilo en su casa al ser perseguido por el gobierno del General Prieto. En Chile era una institución y se queda a vivir. Allí asume como Jefe e Inspector General del Ejército, cargo que ejerció hasta 1830, pero siguió ligado de una u otra forma al mismo. Contrae enlace con María del Carmen Larraín, con quién tuvo 5 hijos (Juan Martín, Bernardo, Emilio del Carmen, Simón y Carmen) En 1863, con 83 años, pide su retiro del arma, pero el presidente José Joaquín Pérez Mascayano rechazó su solicitud, por lo que concurre personalmente a hablar con él para solicitarle que continuara ejerciendo sus funciones. Logra convencerlo y, a pesar de su edad, acepta. "El ejército de Chile no puede prescindir de un general en actividad como usted", le expuso el mandatario para "persuadirlo". Sabiendo de su cercano final, redacta su testamento. Éstos son algunos de sus párrafos : "... Hijo mío, el momento supremo ha llegado para mí... pero la muerte del cristiano es ya el principio de la vida... Cuándo yo haya dejado de existir enviará una sentida nota al Ministro de Guerra de la República Argentina, agradeciéndole las últimas distinciones con que he sido honrado, y cuándo sea posible, procuren mis hijos que cubra mis restos la misma tierra que me vió nacer...". No se olvidó del personal de su casa en su última voluntad, dejando instrucciones para su sepelio también : "... Que se pague la cantidad que dispone la ley en razón de mandos forzosos, que el entierro de su cadáver se haga sin pompas ni aparatos, disponiendo sin embargo, a todas las personas que quieran acompañarlo las atenciones de costumbre. Que se den $ 206 al mayordomo José Orrego, la suma de $ 100 a Martín Flores, que le sirve a la mano, y el sueldo de un mes a la cocinera Elena Salinas, a la lavandera Carmen Cerda y al cochero José Flores. Falleció a los 86 años, el 6 de febrero de 1866. Su cuerpo fue trasladado a la Catedral de Santiago de Chile, al día siguiente a las 19 horas, celebrando misa en su honor. Fue repatriado 40 años después (a pesar que la autorización para su traslado fue dada el 5 de mayo de 1897 al Dr. Norberto Piñero, representante argentino en Chile) y llega al Puerto de Buenos Aires en el crucero de la Armada Argentina "25 de Mayo", el cuál trae una urna conteniendo sus despojos mortales. En el muelle, miles de personas agrupadas en 5 plataformas cercanas al desembarco (Dársena Norte, Viamonte, Maipú, Puerto San Martín y Florida) aguardan al héroe nacional. La ciudad fue preparada especialmente para recibirlo. Sus restos descansan en la catedral metropolitana de la ciudad de Buenos Aires, junto a sus compañeros de combate, José de San Martín y Tomás Guido. Un descendiente suyo, Antonio Las Heras, escribió un libro que describe su vida : "Las Heras. El militar. El hombre. Semblanza del Héroe Invicto de las Guerras de la Independencia". Las Heras es aquel prócer olvidado (no por su nombre, si no por su notable accionar militar en beneficio de la libertad). Héroe nacional en Chile y Perú (igual que San Martín), su último deseo fue descansar en su tierra natal. Aquí se lo recuerda en nombres de calles, paseos, plazas, incluso clubes de fútbol (Huracán Las Heras de Mendoza). La leyenda del General Invicto nace en "Cancha Rayada", ya que, ante la huida masiva debido el desastre, él se quedó y salvó, con su talento estratégico, la mayoría del ejército que después volvería a vencer...
Foto 1 : Retrato del General Las Heras.
Foto 2 : Su esposa María del Carmen Larraín y Aguirre.
Foto 3 : En Cancha Rayada (Chile) nace la leyenda del "General Invicto".
Foto 4 : Los restos de Las Heras descansan en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires.
Foto 5 : Medalla conmemorativa de su repatriación en 1906.
Foto 6 : Retrato de Las Heras en su juventud.
Foto 7 : Óleo sobre la Batalla de Maipú.
Foto 8 : Anverso de la medalla conmemorativa de su repatriación.
Foto 9 : Efigie del General Las Heras en Perú (en al año de su independencia).









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