EL HOMBRE ELEFANTE... ÚNICO CASO EN EL MUNDO
La naturaleza es sabia y fascinante. Puede mostrar lo mejor de un relieve geográfico, como un paisaje único e imperdible. También presentar ejemplares bellos y memorables, tanto en flora como en fauna. Pero también puede ser cruel e implacable, por ejemplo en los diferentes desastres naturales y... en lo que respecta a la humanidad (las personas en particular), con las enfermedades. Pero no las comunes que conocemos, sino aquellas desconocidas, con nombres raros (generalmente un nombre propio), anteponiendo la acepción "síndrome" (un conjunto de signos y síntomas médicos correlacionados entre sí y a menudo asociados con una enfermedad o trastorno específico), que provocan malformaciones o patologías severas. Cuándo alguien padece alguna de éstas situaciones puede llegar a convertirse en un "fenómeno". Una de las historias más sorprendentes, dramáticas y trágicas fue la protagonizada por el inglés Joseph Carey Merrick, conocido por su patología como "El hombre elefante". Nació en Leicester (Inglaterra) el 5 de agosto de 1862, siendo el mayor de los 3 hijos de Joseph Rockley Merrick y Mary Jane Merrick. El destino trágico se ensañó con el matrimonio, pues William Arthur (nacido en 1865) murió a los 5 años, víctima de la escarlatina y, la menor Marion Eliza (nacida en 1867), presentó una salud frágil, marcada por la mielitis y convulsiones reiteradas, falleciendo en 1891, a los 24 años. En cuánto a Joseph, presentó los primeros síntomas de su enfermedad a los 18 meses, cuándo su madre notó algunas verrugas en la piel después de bañarlo. Al cumplir 4 años, en su cuerpo empezaron a formarse bultos y los huesos de sus extremidades y su cráneo comenzaron a desarrollarse en forma anormal. Todo se agravó por una tremenda caída que le afectó la cadera, dejándolo rengo. Según él mismo expresó, de niño no podía jugar con sus compañeros de colegio, ya que sus piernas y caderas deformadas se lo impedían. Su altura durante su juventud no superaba el 1,57 metro. Tales situaciones forjaron su carácter a puro coraje y valentía para sobrellevar su enfermedad. Su madre puso como objetivo principal que asistiera a la escuela para que se educara como corresponde. Ella, a pesar de su procedencia campestre y humilde, sabía leer y escribir y era asidua concurrente a la iglesia bautista de la ciudad, dónde colaboraba dando clases los domingos a los niños que no podían acudir a la escuela durante la semana, debido a que tenían que trabajar. Joseph la acompañaba en esa tarea. La enfermedad avanzaba sin control y, las deformaciones tomaban enormes tamaños y, debido a ello, las personas se amontonaban en las calles para observarlo. Ante ésto, su madre lo llevaba y traía en persona del colegio. Por ello, Joseph desarrolló una gran dependencia hacia su madre. En tanto, su padre había trabajado como cochero y, luego, en 1870 abrió una pequeña mercería, que manejó junto a su esposa. Lamentablemente, la tragedia seguía persiguiendo a la familia y, en 1873, producto de una bronconeumonía, Mary Jane Merrick dejó de existir a los 36 años. Fue el golpe de gracia para Joseph, quién con sólo 11 años, perdía a la única persona que le brindaba amor verdadero, además de cuidado y atención. A partir de ese momento comenzarían sus padecimientos y calvario, que durarían hasta el fin de sus días. ¿ Por qué sucedería ello ? Su padre volvió a casarse con Emma Wood Antill, viuda con 2 hijos. Su madrastra y hermanastros no lo aceptaron de ninguna manera, vejándolo y humillándolo constantemente por su aspecto. Le exigían que trabajase para ganar dinero y, de esa forma, contribuir al sustento familiar, pues le reprochaban que se valiera de sus deformaciones para no trabajar. Su madrastra le quitaba el plato de comida cuándo aún no había terminado, con el argumento de que, con lo poco que aportaba al hogar, lo que se había comido era mucho más de lo que merecía. Sin dudas, fue una de las etapas más infelices de su vida. Enterado de la situación, su tío Charles Merrick (quién lo apreciaba) le consiguió empleo en una fábrica de cigarros, en la cuál trabajó durante 2 años. Pero, su destino estaba marcado por esa cruel enfermedad y, debido a que su mano izquierda se agigantaba y deformaba cada vez más, no podía seguir atando hojas para el armado de cigarros. Resultado : fue despedido. Las penurias volvían y, sin trabajo, las humillaciones eran diarias, por lo que en varias oportunidades escapó de su casa. Ante ello, su padre iba a buscarlo y, él sólo accedía a regresar bajo la promesa de su padre de que, en adelante, lo tratarían mejor. Pero, su salud empeoraba, conforme iba creciendo, porque, además de que su cadera se deformaba cada vez más, sufría escoliosis, lo que le requería un tremendo esfuerzo para mantenerse en pie. Tuvo otra oportunidad para trabajar (en forma independiente) cuándo su padre le consiguió una licencia como vendedor ambulante. Así, con un carro, recorría las calles de su ciudad vendiendo artículos de mercería de su padre. Sin embargo, adolescente y en plena etapa de crecimiento, sus deformaciones eran más pronunciadas y causaban mucha impresión e impacto, ya que la mandíbula se había deformado y, un gran tumor le iba creciendo justo encima de la boca, por lo que su habla era ininteligible. La gente que transitaba (niños incluídos), lo rodeaban y le gritaban insultos de la peor calaña. Así las cosas, su tarea como vendedor era un fracaso, pues no podía vender nada y, por temor a ser regañado, cuándo volvía a su casa, le entregaba a su padre el dinero que le daban para el almuerzo haciéndolo pasar como si fuera dinero obtenido por las ventas. Joseph prefería no comer durante el día antes que soportar las reprimendas de su madrastra. Pero, ni aún así lo dejaban en paz y, finalmente, cansado de presiones, amenazas, humillaciones y castigos permanentes, se fue de su casa para siempre. Se llevó unas pocas pertenencias que tenía en su carro, procurando vender los productos de mercería de su padre durante el día y, por la noche, dormía en la calle. Tenía sólo 15 años. Otra vez el alma caritativa de su tío Charles acudió en su ayuda y, lo rescató de la penosa situación, llevándolo a vivir a su casa, durante 2 años, aunque continuaba su malogrado oficio de vendedor. En 1879, el gremio local de vendedores ambulantes denunció a Joseph por dar "mala imagen" al sector, pidiendo que no se le renovara la licencia para vender. Obviamente, sin conocer la situación, Joseph concurrió a la oficina de comercio y, le fue negada la licencia. En tanto, su tío Charles y su esposa esperaban su primer hijo y, Joseph pensó que su presencia sería una molestia y una carga en una casa tan pequeña. Tal era su nobleza que argumentó que no quería abusar de la amabilidad de su tío, quién lo quiso retener a toda costa. Pero Joseph estaba decidido y, se marchó a fines de 1879 para ingresar en la Leicester Union Workhouse, una especie de "casas de trabajo" cuyas condiciones de vida eran sumamente duras. Los que se alojaban allí (quiénes no podían mantenerse a sí mismas), eran obligadas a trabajar a cambio de comida y techo. El trabajo era variado y dependía de las habilidades de cada individuo, incluyendo tareas como cortar leña, moler maíz, trabajar en la cocina o la lavandería o fabricar sacos. Eran jornadas largas y agotadoras y un régimen alimenticio limitado (avena con agua o leche, pan y queso, con sopa o carne con papas, ésta última una vez a la semana). Resistió 12 semanas allí y se fue, pero estuvo sólo 2 días fuera y, al darse cuenta que jamás encontraría trabajo como una persona normal, regresó permaneciendo 4 años allí. Según él mismo contó un tiempo después, su estadía en ese lugar fue de miedo y horror. En el último tiempo allí, la protuberancia en la cara le había crecido de tal forma que le impedía comer y, por ello, los responsables de Work House lo llevaron al sanatorio "Leicester Infirmary" para que lo operasen y, de paso, se quedaran con él, ya que Work House no daba asilo a aquellos que no podían ganarse el alimento diario trabajando. En ese lugar lo operaron de la protuberancia en forma de trompa de elefante que dió origen a su apodo. La cirugía fue dolorosa, pero pudieron extirparle casi medio kilo de tejido y, de esa forma, pudo volver a comer mejor y hablar claramente. Durante su prolongada convalecencia tuvo tiempo de pensar y, ya tenía decidido que no quería volver a Work House. Se le ocurrió una idea poco feliz, pero era lo único que le quedaba por intentar : exhibirse en ferias ambulantes de la época como un "fenómeno" de la naturaleza. Leyendo un periódico se enteró que Sam Torr, promotor de ferias, estaba en Leicester y, decidió escribirle contándole su situación, además de manifestar su interés de trabajar para él. Cuándo Torr lo vió supo que tenía una veta para generar dinero y lo incorporó a su feria. Estuvo de gira por casi toda Inglaterra dónde lo presentaban como "fenómeno", hasta agosto de 1884 (tenía 22 años). Luego pasó a la tienda de curiosidades del empresario Tim Norman, dónde pudo hacer amistad con otros "compañeros de trabajo" (enanos, la mujer barbuda, entre otros). Llegó a Londres a fines de 1884. Allí Norman, lo exhibió en un local que tenía frente al "Royal London Hospital" durante algunas semanas. En ese interín descubrió que, debido al tamaño de su cabeza, Joseph debía dormir sentado por el riesgo de despertar con el cuello roto. Por eso, Norman le encargó a un carpintero que hiciera una cama especial para él. Fue en esas semanas que el doctor Fredercik Treves lo conoció gracias a una recomendación de unos estudiantes de medicina que conocían su interés por todo lo relacionado a las enfermedades deformantes. Treves quedó sumamente impresionado al verlo y, le pidió a Norman que le dejase hacer un estudio médico. En el mismo, pudo observar la cicatriz de la cirugía en la cara y el queloide que se le había formado sobre el labio superior. Treves entregó a Norman una tarjeta de visita que le permitía poder ingresar al hospital sin cita previa y sin preguntas. Gracias a ello pudieron entrar discretamente al hospital y Treves lo tuvo varios días haciéndole reconocimientos médicos, además de exponerlo a la comunidad científica londinense, buscando segundas opiniones al respecto. Quedó ratificado que la enfermedad era incurable y, por lo tanto, no podía quedarse en el hospital. Tal exposición no le cayó nada bien a Joseph, quién no quería volver porque según él mismo dijo "me sentí como un animal en un mercado de ganado". Debido a su timidez y miedo, además de no poder expresarse bien por la deformidad de su boca, prácticamente no había tenido conversaciones con Treves, quién por ello creía que era retrasado mental. Estaba equivocado... y mucho. Las exhibiciones continuaron hasta la primavera de 1885 cuando fue clausurada por las autoridades por considerarla "indecente" por el aspecto de Joseph (ya había sido cerrada otras veces) y ésto se replicó en todo Inglaterra. Ante ésta adversidad, de no poder trabajar, Norman le confió a Joseph a un empresario italiano de apellido Ferrari, quién lo llevó a trabajar por el continente europeo. Además le entregó, para su custodia, las 50 libras que Joseph había ganado en sus "presentaciones". Sería un grave error... Marcharon hacia Bélgica en junio de 1886, pero allí las leyes eran aún más severas que en Inglaterra con respecto a ese tipo de exhibiciones. Las cerraban a los pocos días y... los perseguían. Cuándo llegaron a Bruselas, Ferrari abandonó a Joseph a su suerte, llevándose consigo sus 50 libras. Sólo y confundido, empeñó las pocas pertenencias que tenía que le permitieron llegar a Ostende y comprar un pasaje para volver a Inglaterra. Como siempre, tuvo innumerables problemas, ya que el capitán de un barco no le dejó subir y otro se lo permitió, con la condición de que no se mezclara con el resto de los pasajeros. Para sumar más infortunio, hubo viento y lluvia durante el viaje, por lo que tuvo que viajar más de 10 horas a la intemperie (principalmente de noche), en la cubierta, que le provocó una bronquitis. Al desembarcar en Dover tomó un tren hacia Londres, dónde tuvo que viajar en un vagón vacío, escondido en un rincón para no ser descubierto. Llegó a las 7 de la mañana del 24 de junio de 1886 y, al bajar lo increparon al descubrirlo, lo rodearon y le sacaron el gorro con velo que escondía su rostro. Quiso escapar, pero no pudo. Estaba al borde de la locura cuándo llegó la policía. No podía hacerse entender ni conocía a nadie (pues nunca salió de la caravana ambulante). En un rapto de lucidez le mostró a los agentes del orden una tarjeta que le había entregado el Dr. Treves hacía 2 años. El médico fue localizado y raudamente concurrió a la estación a buscarlo, llevándoselo luego al London Hospital. Entró de manera irregular y eso le trajo problemas a Treves, pues el nosocomio no aceptaba enfermos crónicos. Quisieron ubicarlo en algún asilo, pero todos lo rechazaron. Él propuso destinos "alocados" como un faro marítimo alejado de todo o a un asilo para ciegos, así nadie podría verlo. Lo único que tenía claro era que no quería volver a Work House. Sin embargo, al director del hospital se le ocurrió una brillante idea : publicar un anuncio en la prensa solicitando ayuda económica para poder hacer un fondo para Joseph Merrick y así justificar el poder tenerlo alojado de por vida. La respuesta de la "alta sociedad" inglesa fue un verdadero éxito, pues se recibieron importantes sumas de dinero. Fue así que se habilitaron y acondicionaron habitaciones que sería "su último hogar". Ya alojado, adquirió confianza y seguridad y, de vez en cuándo se alejaba de su pieza para "explorar" y conocer el hospital. Las enfermeras, al descubrir su ausencia, lo regresaban (no por su seguridad, sino para que no asuste a los demás pacientes). Una vez le comentó al Dr. Treves que quería conocer "el mundo real", quería ver un hogar. El médico cumplió su deseo y, lo llevó a su propia casa para tomar el té con su esposa. La suerte de Joseph parecía cambiar. La mismísima princesa Alejandra de Gales y el duque de Cambridge se interesaron en su caso. La paz deseada por fin llegaba. Pudo dedicarse a sus dos grandes pasiones : la lectura de novelas románticas y la escritura. Treves lo alentó a que venciera sus miedos y le sugirió que comenzara a recibir visitas, a las cuáles luego sorprendería, por su gran sensibilidad y educación. La princesa Alejandra lo visitó en mayo de 1887. Trabaron amistad y, ella le mandaba tarjetas navideñas para esa fecha, además de obsequiarle una foto suya (que guardaba como un tesoro, junto con la de su madre). También se hizo amigo por carta de una actriz de apellido Kendall y, en una de esas misivas, le comentó que le hubiera encantado ser cestero. De inmediato, la sra. Kendall contrató uno que le enseñó el oficio. Joseph aprendió rápido y, a pesar de poder utilizar una sola mano, elaboró cestas y utensilios de mimbre, que luego regalaba. Era su manera de agradecer y sentirse útil. Siguió demostrando su habilidad cuándo, con paciencia y dedicación, construyó una iglesia de cartón, igual a la que veía desde su ventana del hospital. Se la regaló a su amiga, quién como agradecimiento le reservó un palco en el teatro "Drury Leane", para que el doctor Treves y varias personas lo acompañaran a ver "El gato con botas". Joseph, quedó fascinado, la felicidad lo desbordaba. Esa noche, la sra. Kendall (que había viajado especialmente) lo presentó al público como su amigo, le dedicó la función y lo invitó a pararse para que lo vean desde su palco. La ovación fue estruendosa. Treves quería darle todos los gustos y, una tarde lo llevó al campo para que, por primera vez, disfrutara de la naturaleza, instalándolo unas semanas en una casa, propiedad de una de las ricas damas que solían visitarlo. Tanta felicidad era impensada. Joseph no pudo escapar a su destino, pero al menos, al final de sus días... fue feliz. En la mañana del 11 de abril de 1890, lo encontraron muerto en su cama. La causa fue asfixia al quedarse dormido. Como se dijo, su cabeza era enorme y con mucho esfuerzo podía mantenerla erguida. Su desmesurado peso y tamaño le impedían dormir "tumbado", obligándolo siempre a que lo hiciese sentado y en una posición especial. De otra forma las deformidades le comprimían la tráquea y, le dificultaban gravemente la respiración. Se estima que la causa de la muerte fue que, repentinamente su cabeza se inclinó debido al enorme peso y se lesionó la nuca. Joseph murió a los 27 años, luego de una existencia de infortunios, humillaciones, maltratos y crueldad. Sólo al final de sus días encontró la paz y felicidad tan ansiada. El doctor Treves hizo la autopsia y preparó el esqueleto para exhibición (solo se conservan unas partes en el Royal London Hospital). Tuvo la precaución de guardar en formol unas muestras del tejido de Joseph, pero lamentablemente se perdieron para siempre en un bombardeo en la Segunda Guerra Mundial. Hizo ésto con la esperanza de que los avances de la medicina pudieran descubrir en el futuro que enfermedad se había ensañado con él. Gracias a la excelente conservación de partes de su esqueleto, se le han podido hacer pruebas radiológicas que señalan que el mal que sufría Joseph era el síndrome de Proteus (enfermedad congénita que causa un crecimiento excesivo de la piel y un desarrollo anormal de los huesos, normalmente acompañados de tumores en la mitad superior del cuerpo. El nombre de la afección hace alusión al dios griego Proteo, que podía cambiar de forma. De ésta manera se descartaba el punto de vista científico que afirmaba que tenía filariasis (elefantiasis) y su causa un gusano que actúa como parásito. Sin embargo, ésta enfermedad era tropical y no estaba presente en las islas británicas, además de no producir las deformaciones que padecía Merrick. Un segundo punto de vista diagnosticó neurofibromatosis (enfermedad del hombre elefante), también descartada por contradicciones detectadas en muestras de su esqueleto. La ciencia considera que Joseph Merrick fue el único caso en la historia de síndrome de Proteus. Aún se conserva el informe clínico del "Royal London Hospital" sobre su extraño caso : " ... una enorme y deformada cabeza, la extremidad superior derecha y ambas inferiores muy torcidas, acentuado alargamiento e hipertrofia de la mayor parte de los dedos de la mano derecha, escoliosis y una pronunciada cojera en la cadera izquierda. Presentaba innumerables nódulos y masas papilares, a modo de coliflor, ampliamente diseminadas en la piel y tejidos blandos del cuero cabelludo, parte derecha de la cara, espalda, posaderas y extremidades. Del maxilar superior sobresalía una masa de hueso, creando una apariencia peculiar a modo de probóscide, ésta masa había recidivado después de su resección a la edad de 20 años". Impresionante e impactante descripción. Por su parte, Joseph se describía, crudamente y con su particular vocablo, a sí mismo : "Mi cráneo tiene una circunferencia de 91,44 cms. con una gran protuberancia carnosa en la parte posterior del tamaño de una taza de desayuno. La otra parte, por describirlo de alguna manera, una colección de colinas y valles, como si la hubiesen amasado, mientras que mi rostro es una visión que ninguna persona podría imaginar. La mano derecha tiene casi el tamaño y la forma de la pata delantera de un elefante, midiendo más de 30 centímetros en la muñeca y 12 en uno de los dedos. El otro brazo, con su mano no son más grandes que los de una niña de 10 años de edad, aunque bien proporcionados. Mis piernas y pies , al igual que mi cuerpo están cubiertos por una piel gruesa y con aspecto de masilla muy parecida a la de un elefante y casi del mismo color. De hecho, nadie que me haya visto creería que una cosa así pueda existir". Sin lugar a dudas, Joseph Merrick fue un ejemplo de resiliencia y superación, además de una sensibilidad sorprendente. En una ocasión, en una de sus visitas, una mujer le dió por primera vez la mano y él rompió en llanto por la inmensa emoción que sintió, pues no se sentía rechazado. Fue también un ser humano íntegro, ya que a pesar de todas las humillaciones sufridas, las palizas recibidas y el ostracismo obligado, jamás tuvo rencor con nadie. Quisieron mostrarlo como un monstruo por su aspecto, pero tenía un vocabulario rico y extenso, leía y escribía notablemente, pues al analizar sus escritos, pudo observarse un estilo delicado en los mismos, con una mirada maravillada y simplificadora. Incluso tenía una teoría (errónea) sobre su enfermedad, pues creía que era producto del ataque, durante una feria, de un elefante a su madre, estando embarazada (antes se creía que las vivencias o emociones de las embarazadas influían en la formación del feto). Así lo explicaba Joseph : "Ví la luz por primera vez el 5 de agosto de 1862. Nací en Lee Street, en la ciudad de Leicester. La deformidad que exhibo ahora se debe a que un elefante asustó a mi madre, ella caminaba por la calle mientras desfilaba una procesión de animales. Se juntó una enorme multitud para verlos y, desafortunadamente empujaron a mi madre bajo las patas de un elefante. Ella se asustó mucho. Estaba embarazada de mí y éste infortunio fue la causa de mi enfermedad". Actualmente, en el "Royal London Hospital" se exhiben pertenencias suyas, como su sofá con ruedas, cartas manuscritas, el libro de admisiones con su entrada, el gorro con el trapo cosido que le cubría la cara y cabeza (fabricado por Norman) y el vaciador de yeso que le realizaron una vez fallecido. Se sabía de memoria el Salmo 23 (su favorito) y aprendió a escribir y firmar claramente con la mano izquierda, al no poder usar la diestra. En el año 1923, Treves publicó "The Elephant Man and Other Reminiscenses", dónde se revelan algunas inexactitudes al respecto, empezando por su niñez (algo que Joseph nunca le contó a Treves) y el cambio de nombre de Joseph por John. En ese libro describe a Tom Norman como un borracho cruel que explotaba a Joseph. El empresario negaría todo en una carta en el periódico. Sus restos no óseos descansan en el cementerio de la City de Londres. El 5 de mayo de 2019, la autora Jo-Vigor Mungouin, descubrió la tumba sin marcar de Joseph, dónde había restos de su tejido blando. Sin dudas, es una terrible historia de una persona que padeció un calvario que no buscó. Su tío Charles murió en 1925 y dejó testimonio del maltrato que recibió de su madrastra y el total abandono de su padre, quién se lo quería sacar de encima a toda costa. Su tío, junto a su amada madre, Mary Jane, fueron los únicos que lo trataron como un ser humano, sin olvidar por supuesto, al doctor Treves. Una excelente y recomendable película de 1980, dirigida por David Lynch y protagonizada por John Hurt (como Joseph) y un joven Anthony Hopkins (en el papel del doctor Treves) ilustran con notable calidad ésta triste historia. Hollywood no fue justa con éste film ("El Hombre elefante") que fue nominada para 8 premios Oscar (mejor película, mejor actor, mejor dirección artística, mejor diseño de vestuario, mejor dirección, mejor montaje, mejor banda sonora y mejor guión adaptado). Como una maldición que cargaba Joseph, el film no ganó ninguna estatuilla. En su corta vida, Joseph sufrió en forma terrible por su enfermedad de la cuál no pudo escapar. Tal vez la escena más dramática que nos permite comprender su situación, fue cuándo lo increpaban e insultaban al volver a Inglaterra... y él contestó... ¡ no soy un monstruo... no soy un animal... soy un ser humano ! . Un poema encontrado al lado de su lecho de muerte, rescata su sensibilidad y cómo se sentía... : "Es cierto que mi forma es muy extraña, pero culparme por ello es culpar a Dios. Si yo pudiese crearme a mí mismo de nuevo, procuraría no fallar en complacerte. Si yo pudiese alcanzar de polo a polo o abarcar el océano con mis manos, pediría que se me midiese por mi alma. La mente es la medida del hombre". Pero nadie lo comprendió...
Foto 1 : Gorro con velo que usaba Merrick para cubrirse el rostro.
Foto 2 : Una imagen de Joseph Merrick y las secuelas de su enfermedad.
Foto 3 : Joseph Merrick, "El Hombre Elefante", padecía síndrome de Proteus.
Foto 4 : Dr. Frederick Treves, ayudó a Joseph a salir de sus penurias.
Foto 5 : Afiche publicitario del film "El hombre elefante", estrenado en 1980.
Foto 6 : Cartas de Joseph Merrick con su amiga, la señora Kendall.
Foto 7 : John Hurt, interpretó a Joseph Merrick, "Hombre elefante". Aquí una escena del film.
Foto 8 : Foto en su adolescencia, dónde ya comenzaba a crecerle la protuberancia de su cabeza y la deformación de su boca era notoria.
Foto 9 : Merrick, de traje, antes de concurrir al teatro.
Foto 10 : Fotograma de la película "El Hombre Elefante".
Foto 11: Así era el esqueleto de Merrick (con sus deformaciones).











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