HUNDIMIENTO DEL "GENERAL BELGRANO"... LA HERIDA SIGUE ABIERTA...

 Por éstos días se cumple un nuevo aniversario del hundimiento del buque ARA "General Belgrano", en el marco del conflicto bélico por las Islas Malvinas. En ese artero ataque perdieron la vida 323 tripulantes del barco (casi la mitad del total de bajas en la guerra, que fueron 649). Las gélidas aguas del Océano Atlántico fueron escenario de la tragedia naval y, a la vez la tumba de los héroes que allí cayeron. El "General Belgrano" era un gigante de más de 180 metros de largo y 13.500 toneladas de peso, una verdadera insignia de la Armada Argentina. Fue construido en 1938 en Estados Unidos y fue botado con el nombre "SS Phoenix". En la 2° Guerra Mundial sobrevivió al bombardeo japonés a la isla de Pearl Harbour en 1941, amarrado al muelle de la isla (éste hecho significó el ingreso de los yanquis a esa contienda mundial).  La Armada Argentina lo adquiere en 1951, durante la presidencia de Juan Domingo Perón, quién lo bautiza "ARA 17 de Octubre", en referencia a la emblemática fecha justicialista. Sin embargo, el caudillo es derrocado por la "Revolución Libertadora" y su nombre vuelve a cambiar. El vicealmirante Isaac Rojas elige "General Belgrano" como identificación final (en el buque se negociaron las condiciones de la entrega del poder a la flamante dictadura, en septiembre de 1955). Una vez por año el barco entraba en mantenimiento y, en 1978 fue parte de la "Operación Soberanía", que estuvo a minutos de invadir islas chilenas en el conflicto por el Canal de Beagle. Cuándo en 1982 las tropas argentinas desembarcan en Malvinas, el buque es incorporado para la guerra. El mismo contaba con 5 torres de 3 cañones de 152 mm/47 calibres cada uno, artillería antiaérea y 8 cañones de 127 mm en sus bandas. Sin embargo carecía de un sonar para detectar objetos submarinos, algo que resultaría determinante para su futuro. El "General Belgrano" zarpó el 16 de abril desde la Base Naval de Puerto Belgrano, junto a los buques ARA "Piedrabuena" y "Bouchard", además del buque petrolero de YPF "Puerto Rosales", conformando el Grupo de Tareas GT 79.3 , rumbo a la isla De los Estados. Su misión era vigilar accesos desde el sur a la zona de las islas, defender la línea de la costa e interceptar la flota enemiga en caso de ser requerida. El 22 de abril llegaron a Ushuaia, quedándose 2 días para "una puesta a punto" de los buques. Dada la cantidad de tripulantes (1093) diagramaron 3 turnos rotativos para que el barco estuviera operativo las 24 horas al máximo para su misión. Luego partieron al destino asignado y esperaron instrucciones precisas que, llegarían el 1° de mayo : primero fueron ofensivas, de avance y, luego al ver la disminución de movimientos de portaaviones ingleses, cambiaron por una condición de espera y custodia, por lo cuál estaba redireccionando su rumbo. Por su parte, el Reino Unido (que había enviado 108 buques) iba por todo. Ese día, el submarino HMS "Conqueror" había divisado por el periscopio al "General Belgrano", cerca de la Cuenca de los Yaganes (un espacio oceánico contiguo a Tierra del Fuego) y comenzó a seguirlo. Previamente, el 12 de abril, el Reino Unido había trazado una zona de exclusión marítima de 200 millas náuticas alrededor de las islas. Sin embargo, a pesar de ésto, los ingleses argumentaron que "responderían a cualquier nave que apareciera como una amenaza para las fuerzas británicas en el Atlántico Sur". Al día siguiente, 2 de mayo, el "Conqueror" tenía en la mira al "General Belgrano" y, al estar fuera de la zona de exclusión, el Comandante del submarino, Christopher Wreforfd-Brown dudaba en atacar. Mientras tanto, en la residencia campestre de Chequers, a 65 kms. de Londres, la 1° ministro Margaret Thatcher, reunida junto a su gabinete, decidió dar la orden de abrir fuego contra las embarcaciones argentinas. "¡ Disparen a hundir !", fue la escueta y lapidaria consigna. A 5 kilómetros de distancia, el "Conqueror" lanzó un torpedo "Mark 8" (usado en la 2° Guerra Mundial, de alto poder de destrucción), a las 15 horas 56 minutos 45 segundos (según los registros del torpedero Jonathan Powis), que explotó a las 16:02 horas en la sala de máquinas, a babor. El fuego subió al comedor y llegó hasta la cubierta principal del crucero. En ese primer impacto murieron 274 tripulantes y, la energía eléctrica se cortó inmediatamente. El humo reinante en la zona afectada impedía ver más allá de 30 cms. (a pesar de poseer linternas). Segundos después explotó el 2° torpedo, quién le arrancó la proa, de 15 metros, al crucero, afectando también los equipos de generación eléctrica de emergencia. El 3° torpedo impacta en el ARA "Bouchard" (que venía más atrás), pero afortunadamente no llegó a detonar y, el último pasó a muchos metros de distancia del ARA "Piedrabuena". Por el lugar del 2° impacto, el "General Belgrano" comenzó a inclinarse, a babor. A los 3 minutos del ataque, se declaró el estado de emergencia y, se ordenó abrir las puertas que permitían acceder a la cubierta porque esa era la forma de evacuar la nave lo más rápido posible. El fuego y el humo reinaban a bordo. Las instrucciones para evacuar se dieron a los gritos o con megáfonos individuales (al no haber energía, los parlantes no servían). Corrían los minutos y, por enfermería se atendía a los tripulantes que habían sufrido quemaduras por el impacto de los torpedos. Luego, recibían un abrigo extra, ya que pasarían a ocupar balsas en un mar helado. A las 16:10 horas el casco comienza a hundirse y el agua ingresa por toneladas. La inclinación llega a 20°, la situación es irreversible, hay mucho petróleo y fuego en la cubierta. A las 16:23 horas (21 minutos después del ataque), el Comandante Héctor Bonzo ordenó a la tripulación abandonar el buque.  Había 72 balsas con capacidad para 20 personas (las cuáles alcanzaban para toda la tripulación), que fueron lanzadas al mar, con víveres. Algunos heridos eran cargados por sus compañeros, se aplicó morfina a los que estaban más graves para que resistan  (marcaban con la sangre de los heridos una M en la frente para saber quiénes la habían recibido). Algunas balsas iban recargadas y otras semivacías (por el fallecimiento de varios). Había un protocolo de abandono del barco en caso de emergencia si eran atacados y, cada uno tenía su lugar asignado. Ésto fue practicado muchas veces (igual que el simulacro de combate), por lo que la tarea de abandono del barco podría decirse que fue "ordenada". No hubo escenas de pánico. La tarea no era sencilla, pues había que "acertarle" a la balsa (que se movía en el mar) saltando desde el buque que estaba inclinándose (y tratar de no golpearse en la estructura exterior). Ya en el mar, ataron las balsas (que tenían techo color naranja y "ventanitas") en dos grupos, para mantenerse unidos y ser más visibles a la espera del rescate. El Comandante Bonzo fue el último en abandonar el barco 39 minutos después del primer impacto (como lo marcan las reglas), luego de prometerle al suboficial Ramón Barrionuevo que se tiraría después de él (porque éste se negaba a hacerlo primero). Como un intento de sobrevivir, a las 5 de la tarde, el "General Belgrano" parece escapar de su destino y se eleva, pero es solo un instante. El mar se lo traga para siempre, pero mantuvo su "nobleza", ya que al hundirse, generalmente un barco "se acomoda a 90°, hace un embudo, chupa lo que tiene alrededor y se lo lleva al fondo del mar". No lo hizo, se hundió solo sin arrastrar ninguna balsa al fondo. Al momento del hundimiento (58 minutos después de la 1° explosión), el viento era de 50 kilómetros por hora, la temperatura del agua era de 3 grados bajo cero, aunque la sensación térmica era de 12° bajo cero. El frío calaba los huesos, estaban todos mojados y, (según testimonios de sobrevivientes) se orinaban encima para tener un poco de calor. Los ARA "Bouchard" y "Piedrabuena" habían comunicado al Comando Mayor lo ocurrido. Recién a las 13 horas del 3 de mayo se logró contacto visual con las balsas (21 horas después del ataque). El avión naval "Neptune", a cargo del piloto Ernesto Proni Leston había volado 9 horas el día del hundimiento, buscándolos sin éxito. Al otro día, la misma nave, ésta vez pilotada por Julio Pérez Roca, pudo divisarlas a 80 kms. del naufragio y les hizo señales con luces. Entre el 2 y 3 de mayo, hubo una tormenta que provocaba olas de 15 metros y vientos de 170 kms. por hora. El clima fue un adversario más. El buque aviso "Gurruchaga" fue el primero en llegar y socorrió las primeras 3 balsas con 40 sobrevivientes (en total rescató a 360 hombres). El ARA "Piedrabuena" ayudó en principio a 5 balsas con 42 personas (totalizando al final 270 rescates) y el ARA "Bouchard" auxilió, al llegar, 2 balsas con 41 tripulantes. Al mediodía del 4 de mayo, el buque "Bahía Paraíso", que se sumó a la tarea y fue acondicionado como buque hospital, rescató las últimas 4 balsas. Horas después fueron avistadas  algunas más, ya con cuerpos sin vida. Se estima que murieron 23 tripulantes por hipotermia en las balsas. Habían pasado 43 horas de la tragedia. Los sobrevivientes llegaron el 5 de mayo a Ushuaia. De allí fueron trasladados a Bahía Blanca, dónde los esperaban sus familiares. Finalmente un vuelo charter los depositó en Buenos Aires. El operativo de rescate se extendió hasta el 9 de mayo para asegurarse de que nadie quedara abandonado a su suerte. Circulan 2 versiones sobre la cantidad de rescatados : 770 (la más aceptada) y 793. Los fallecidos, por hipotermia y heridas propias del hundimiento, sumaron 323. Años más tarde, documentación secreta sobre el hecho fue desclasificada y, la misma decía : "... el objetivo era, no sólo demostrar que estaban dispuestos a golpear en un punto sensible, sino también lograr una superioridad naval a través de un ataque contundente. El hundimiento fue un golpe irreversible para las fuerzas argentinas (43 días después se rindió). La operación británica se produjo fuera de la zona de exclusión total (ZET), área imaginaria de 200 millas náuticas a la redonda, teniendo como punto de partida el centro de las Islas Malvinas". Por sanción de la ley N° 25.246, el lugar del hundimiento fue declarado "Tumba de Guerra y Sitio Histórico Nacional". Si bien hay consenso en calificar el hecho como un crimen de guerra (el buque navegaba en Latitud 55°24´ Sur y Longitud 61°32´ Oeste, fuera de la zona de guerra establecida), nunca hubo una denuncia formal al respecto del gobierno argentino. En 2003 la Armada Argentina y National Geographic (quién quería hacer un documental sobre el navío) trataron de ubicarlo. Luego de varios intentos, no tuvieron éxito. Lo buscaron por 2 semanas, pero las adversas condiciones climáticas registradas al momento de la búsqueda lo impidieron (olas de 9 metros y vientos de más de 110 kms.). El "General Belgrano" se hundió en un área que alcanza los 4200 metros de profundidad y, yace oxidado en el fondo del Océano Atlántico. Sin dudas lo ocurrido con el buque cambió, en cierta forma, el rumbo de la guerra, ya que Argentina replegó a puerto su flota de superficie por el resto del conflicto. El Reino Unido estableció superioridad naval y demostró su determinación por la victoria. También se derrumbó la chance de una posible solución al conflicto, a través de una negociación impulsada por Perú. Al contrario, los combates se intensificaron con un contraataque nacional, ya que aviones argentinos bombardearon y hundieron al destructor HMS "Sheffield" (hubo 20 bajas inglesas en ese bombardeo). El resto de la historia es conocida, el 14 de junio, las tropas argentinas se rindieron. Quedaron muchas historias para contar respecto al buque. Quiero nombrar dos de ellas. De los 1093 tripulantes del barco, solo había 2 civiles, los hermanos Heriberto y Leopoldo Ávila, oriundos de Santiago del Estero, encargados de la cantina del buque. Antes de partir les informaron que no estaban obligados a ir en misión de guerra, por su condición de civiles, por lo que el Comandante Héctor Bonzo los invitó a desembarcar. Heriberto, el mayor de ellos, contestó tajantemente : "De ninguna manera señor, somos parte del crucero y vamos con la gente del crucero hasta las últimas consecuencias". Al momento del hundimiento, cuándo todos en cubierta buscaban tirarse a las balsas asignadas, Heriberto notó la ausencia de su hermano y, volvió de inmediato a buscarlo. Bajó hasta la cantina y encontró a Leopoldo malherido, con graves quemaduras. Lo levantó como pudo e intentó llevarlo a cubierta. En ese instante, hubo más explosiones internas  y, las puertas estancas se  cerraron, dejando atrapados a los dos hermanos que, se hundieron con el barco. La otra historia es de una de las víctimas, oriunda de Cruz del Eje, el Marinero Primero Roque Antonio Paredes, a quién hasta la Marina parece haber olvidado, pues en la lista oficial de las 323 bajas del hundimiento, con nombres, foto y grado militar, hay 19 víctimas que no tienen dicha foto (aparece una figura negra de un militar haciendo la venia), entre ellos Paredes. Pero yo sí lo recuerdo, fuimos compañeros en la primaria (nos llevaba algunos años al resto), en la Escuela Nacional N° 362 (hoy Ernesto Bavio). Era delgado, alto, morocho, callado y respetuoso, con buen pie para jugar al fútbol (en los recreos jugábamos picados tremendos con una pelota hecha con una media). Lo dejaban salir más temprano para que pudiera tomar el colectivo que lo dejaba cerca de su casa, en Barrio La Feria. Alguna vez dijo que seguiría la Marina. Después me cambié de escuela y no lo vi más. Muchos años después supe que era una de las víctimas del "General Belgrano" (habría muerto en la primera explosión), ya que la escuela colocó una placa en su homenaje al lado de las escaleras de ingreso. La calle dónde vivía, en Barrio La Feria, lleva su nombre. Dentro de lo que fue la Guerra de Malvinas, el hundimiento del "General Belgrano" fue un golpe letal y una herida que nunca cicatrizará. El buque, de 13.500 toneladas, descansa en el fondo del mar, con sus víctimas como custodia y tal vez, las palabras del Comandante Héctor Bonzo, en un video homenaje, los define claramente : "La motivación para ellos, para nosotros en el buque, que era un reducto cerrado, era un pueblo navegando, era la defensa de la Patria en el mar"... Honor y gloria para todos ellos...


Foto 1 : El buque ARA "General Belgrano".


Foto 2 : El primer impacto, en la sala de máquinas, dejó 274 muertos.


Foto 3 : El buque se hunde y, pueden verse las balsas (techo color naranja) y la información de su capacidad.


Foto 4 : Los últimos en abandonar el barco (en círculo rojo), el Comandante Bonzo y el suboficial Barrionuevo.


Foto 5 : Detalle de las 72 balsas que tenía el buque (capacidad 20 personas).


Foto 6 : A punto de zarpar desde Puerto Belgrano, el 16 de abril de 1982.


Foto 7 : Última foto antes del naufragio.


Foto 8 : El "General Belgrano", minutos antes de hundirse para siempre...


Foto 9 : La foto más icónica de su adiós.

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