FENDRICH... EL ROBO PERFECTO DEL EMPLEADO EJEMPLAR

 Hacerse rico es el sueño de muchas personas. La mejora en la calidad de vida puede lograrse, casi siempre, a través del dinero. Hay muchas formas de lograr ese sueño : en forma heredada (debido al esfuerzo familiar anterior), por mérito propio (construyendo el propio capital, en base a esfuerzo, sacrificio, capacidad y, porque no, una cuota de suerte) y, de manera ilegal, mal habida, recurriendo al delito para lograrlo. ¿ Razones para hacerlo de ésta última forma ? Las hay múltiples y variadas : ambición, necesidad, resentimiento, falta de ética... y sigue la lista. La entrega de hoy se refiere al denominado "robo del siglo" (en realidad hubo muchos con ésta calificación) realizado por una sola persona, planeado meticulosamente, realizado en forma perfecta y, lo más importante, el botín nunca fue encontrado. Señoras y señores, con ustedes Mario César Fendrich, subtesorero del Banco Nación Argentina, sucursal Santa Fe. "Marito", como lo conocían en el Barrio Sur, dónde vivía, nació en la ciudad de Reconquista e ingresó muy joven a trabajar en el banco. Hincha fanático de Colón, se casó con Mirtha y, de esa unión nacieron Iván y Federico. En el trabajo se caracterizaba por su meticulosidad y prolijidad (que lo llevaría al cargo que ostentaba) y, en sus ratos libres disfrutaba de la pesca. Fendrich conocía al dedillo el funcionamiento de la entidad bancaria y, ello, además del hastío que ya tenía por su trabajo, fue fundamental para el desarrollo de los hechos. La mañana del viernes 23 de septiembre de 1994, como todos los días, se levantó para cumplir con su jornada laboral. Le dijo a Mirtha que, a la salida del banco se iría a pescar y que no lo esperara. Le dió un beso, subió a su Fiat Duna Weekend rojo y, antes de llegar a destino, compró una juguera. Arribó temprano, siempre era el primero en presentarse a trabajar. Se dirigió al tesoro con su llave y una copia que tenía de la de Juan Villalba (gerente del Banco Rápido), desconectó las alarmas (sabía bien como hacerlo, pues fue su tarea diaria durante años), separó los fajos de billetes en pesos y dólares y los repartió en la caja de la juguera que había comprado y en otra de madera que había llevado aparte. Programó el reloj trigonométrico para el martes 27 (de ésta forma tendría tiempo para la fuga). Con su lapicera "Parker" azul, en una hoja A4, le escribió una nota con letra cursiva al tesorero del banco, Juan José Sagardía, que decía : "Gallego, me llevé 3 millones de pesos del tesoro y 180.000 dólares de la caja. Te va a faltar plata". El lunes 26, Sagardía llegó al edificio ubicado en la esquina de San Martín y Tucumán, pleno centro de la ciudad y, se topó con un par de cosas extrañas : Fendrich, obsesivamente puntual (o llegando siempre antes que nadie) no estaba y había problemas con el tesoro, ya que no lo podían abrir. En una primera instancia se creyó que habría un error en la programación de la apertura de la puerta de la bóveda. Debido a la tardanza, llamaron a su casa. Mirtha respondió : "Estoy por hacer la denuncia porque todavía no volvió de pescar". El martes pudo develarse el enigma, ya que al acceder al tesoro, descubrieron que Fendrich, como se dijo, había desconectado las alarmas y programado el reloj trigonométrico de la puerta de la bóveda para que recién se pudiera abrir 4 días después. Tal vez porque no podía llevar todas las cosas, dejó 2 sacas con 2 millones de pesos. Al subtesorero se lo "tragó la tierra", se esfumó, nada se supo de él. La opinión pública quedó dividida entre los que lo veían como un personaje simpático y aquellos que lo tildaban de un vulgar ladrón (eran mayoría). Una encuesta del diario "Página 12" le daba un 20 % de "personaje simpático" y otra de la revista "Noticias" fue más contundente (32,5 % ídolo y 56 % ladrón). Para el inconsciente colectivo era un "ídolo" y los políticos se subieron al tren de su "fama", por ejemplo Menem bromeó que lo llevaría de compañero de fórmula en las elecciones presidenciales y Carlos Reutemann (ex piloto de Fórmula 1) y candidato a gobernador de Santa Fe, dijo en el mismo tono : "Mide bien, no me gustaría competir con él por la Gobernación de Santa Fe". Estuvo desaparecido durante 109 días, hasta que sorpresivamente apareció el 9 de enero de 1995 y se entregó. Hasta en ello fue meticuloso y calculador, pues el día anterior (8 de enero) Santa Fe estaba conmocionada por el accidente automovilístico que le costó la vida al ex campeón mundial de boxeo Carlos Monzón cuándo regresaba al penal de Flores luego de una salida transitoria. Había cambiado su aspecto: estaba más gordo, teñido de pelirrojo, con barba, perfumado y un llamativo bronceado (acorde a la estación del año). Vestía camisa sport y calzaba sandalias franciscanas. A primera vista podría decirse que no la había pasado mal, todo lo contrario. Jamás dijo dónde había estado, dónde estaba el dinero y si lo gastó o no. Hubo muchas especulaciones al respecto, como que había comprado campos a nombre de testaferros, que compartió minivavaciones con una amante en Brasil o que lo habría perdido todo en un casino paraguayo. La más aceptada (y, tal vez razonable y realista de todas) era que gran parte tuvo que gastarla para pagar la estadía y el silencio de quiénes lo habrían escondido ese tiempo. Otra hipótesis casi termina en un papelón : estuvieron a punto de abrir la tumba de uno de sus mejores amigos, Rogelio Picazi, creyendo que el botín estaba allí enterrado. En el barrio dónde vivía no lo podían creer, estaban consternados, había un muy buen concepto de él : "Es un pingazo. Cuándo íbamos a pescar no quería que habláramos de política y de trabajo". El juicio comenzó 2 años después del robo ante el Tribunal Oral Federal de Santa Fe. Las autoridades del banco pidieron una condena ejemplar para el "empleado infiel" para que sirviera de escarmiento y para que a nadie se le ocurriera imitarlo. El tesorero Juan Sagardía exigió lo mismo, pues terminó perdiendo su empleo, junto a otros 4 empleados, por negligencia debido al robo. Durante las audiencias esgrimió argumentos poco creíbles : dijo que lo habían secuestrado y que los delincuentes se habían llevado todo el dinero. Otra, tan inverosímil como la anterior, expresaba que marchó hacia Rosario y, durante el viaje hacía paradas para ir entregando el dinero a personas que le habían indicado dónde hacerlo. Declararon 33 testigos. Sagardía, uno de los más damnificados, expresó : "Mario era honesto, era el primero en llegar y el último en irse. Lo respetábamos y confiábamos en él, pero nos mató en vida, porque nos echaron, algunos compañeros terminaron trabajando de otra cosa. Se convirtió en delincuente con todas las letras. Hizo lo peor que una persona puede hacer, manchó su apellido para siempre". El 12 de noviembre de 1996 fue condenado a 8 años, 2 meses y 15 días de prisión, por peculado (figura legal para robo de caudales públicos por quién los custodia o administra) y fue inhabilitado de por vida para ejercer cargos públicos. Sus abogados defensores habían solicitado 2 años por hurto simple. No pudieron condenarlo más severamente, como se pedía, porque no había ejercido violencia para hacerse del dinero. Debido a su conducta ejemplar, estuvo 4 años, 9 meses y 20 días en la cárcel santafesina de Flores, obteniendo la libertad condicional en agosto de 1999. En su estadía en el penal se desempeñó en varios rubros : como bibliotecario, en la cocina e incluso como camarero en el casino de oficiales. Para darle dicha libertad, le impusieron algunas condiciones : establecer un domicilio fijo, trabajar, no tomar alcohol y, la más insólita y bizarra de todas : si sabía dónde estaba el dinero, tenía que presentarse... para devolverlo. Además debía completar un curso especializado en "MOV Computación", una academia ubicada en 9 de julio al 2300. Reinsertado en la sociedad, se las rebuscó para sobrevivir, montando una pequeña fábrica de placas de yeso para cielorrasos y de fibra de vidrio para lanchas. Luego fue parrillero, puso un bazar y, finalmente un local de lotería y quiniela. En sus ratos libres... iba a pescar. Años después, en una nota periodística, dio otra versión : dijo que le  mintió al tribunal y que planificó el robo con amigos en una charla de café y que, después éstos lo habían estafado. " Fuí presionado para hacer lo que hice, luego manejé hasta Rosario, repartiendo el dinero en distintas casas de amigos y no amigos. Me dijeron que me escondiera y que me iban a avisar cuándo podía entregarme. Que iba a estar poco tiempo preso por hurto simple. Fuí engañado. No me quedé con nada. Necesito sincerarme. Dañé a mi familia", contó. Terminó siendo amigo de uno de sus abogados defensores, Antonio Ciaurro (el otro era Iván Raimundi), a quién le confesó : "Ni muerto vuelvo a hacer lo que hice. Sufrí mucho e hice mal a mi familia". Tanto en la cárcel como en libertad, siempre le preguntaban dónde estaba el dinero... pero la reacción era siempre la misma, primero hacía como que no escuchaba y, luego esbozaba una leve sonrisa, contestando ¡ Quién sabe !... En una ocasión la fiscal Griselada Tessio recibió una llamada telefónica desde la prisión, era "Marito" :  "Doctora, soy Mario Fendrich. Necesito  verla. Le voy a decir dónde está la plata". La funcionaria creyó que por fin se develaba el misterio... pero el subtesorero se arrepintió. En 2004, en ocasión de una entrevista, comentó sobre su actualidad : "Los amigos venían a verme poco cuándo estuve preso. Me levanto a las 7, tomo unos mates amargos con unas galletitas y ya salgo con mi camioneta (una vieja Chevrolet Cheyenne) para hacer compras para el trabajo. Después me vengo para acá y me quedo hasta la noche". A pesar que Sagardía fue perjudicado por el accionar de Fendrich, aquel contó que una vez se encontraron en un hospital (tenían familiares enfermos en el mismo nosocomio) y se saludaron sin rencor. "Lo que hizo éste hombre fue destrozar la confianza, y lo que vino después fue directamente un terremoto. Nos dejaron cesantes y, encima el banco nos hizo juicio". En diciembre de 2018, un amigo lo invitó a vacacionar en Cuba y, estando allá sufrió un ACV, que lo dejó sin habla primero e inconsciente después. Lo internaron y sus hijos llegaron a tiempo a La Habana para despedirlo, ya que su cuadro de situación no era alentador. Falleció el 19 de diciembre, a los 77 años. Su nombre quedará grabado para siempre como el hombre que cometió el robo individual más grande de la historia (registrado en el Libro Guinness). Muchos lo catalogaron como símbolo de la derrota del sistema ante la habilidad y sagacidad humana... Pero, ¿ Qué llevó a éste hombre meticuloso, ordenado y bien conceptuado en su barrio y su trabajo a hacer lo que hizo ? En una nota que le realizaron, respondió : "No me siento símbolo de nada... ¿ porqué robé ? Es un trabajo poco grato. La rutina a uno lo absorbe, lo atrapa y lo lleva. Nunca debí haber trabajado en un banco. Ahora soy más libre", fue el ensayo de una posible explicación de su accionar. El sueldo de Fendrich era de $ 1.200 por mes y, según cálculos, debería haber trabajado 222 años para ganar la suma que robó (exactamente $ 3.187.000 y u$d 187.000, por ley de convertibilidad 1 a 1, eran 3 millones y medio de dólares). Se llevó su secreto a la tumba, pues nunca dijo dónde estuvo escondido, ni como lo hizo, sino que el dinero sustraído jamás apareció. Su abogado y amigo Antonio Ciaurro siempre sostuvo que actuó obligado por amenazas y la fiscal Griselda Tessio afirma que el robo fue voluntario y... no actuó solo. "Tuvo socios que nunca aparecieron, y no lo pudimos probar. Quizá repartió el dinero, lo invirtió o lo gastó en la clandestinidad o en sus abogados", argumentó la funcionaria. La historia del robo fue llevada al cine en el año 2000 a través del film "Tesoro mío", con guión de Daniel Guebel y dirección de Sergio Belloti. Fue personificado por Gabriel "Puma" Goity, completando el elenco Edda Bustamante, Deborah Warren y Victoria Onetto. La película se hizo sin su autorización, por lo que la versión es bastante libre. Su fama por lo hecho trascendió lo imaginable, pues en el 2009, una revista de Buenos Aires lo eligió entre los 200 personajes de la historia argentina. Él estuvo en completo desacuerdo y, hasta le dio vergüenza al enterarse : "¿ Es una broma ? ¿ Voy a estar entre San Martín, Gardel, Perón, Favaloro y Maradona ? No quiero aparecer ni en una tapita de gaseosa. Hasta me cambiaría el apellido. Quiero olvidar todo. Mi vida no tiene nada de interesante, soy un pobre jubilado que ama pescar en el río". El pasado lo atormentó, le ofrecieron escribir un libro sobre el hecho e incluso Marcelo Tinelli (a través de Miguel Del Sel) le ofreció su productora para hacer una serie del robo. Se negó rotundamente : "Ni por todo el oro del mundo lo hago. La vida de mi familia es lo más importante". No quería hablar más del tema... pero quedó atrapado para siempre en el laberinto de la historia que él mismo protagonizó. Una frase alusiva de Bertold Brecht, tal vez, defina todo : "Robar un banco es un delito, pero es más delito crear el robo"...


Foto 1 : Tras 109 días prófugo, Fendrich se entrega. Estaba distinto : teñido, barbado, más gordo y de sport.


Foto 2 : Fendrich llega a Tribunales para el juicio en su contra.


Foto 3 : Fachada del Banco Nación, sucursal Santa Fe. Aquí sucedió el "robo del siglo".


Foto 4 : Salida del tribunal tras conocerse la condena.


Foto 5 : Primera salida transitoria de Fendrich.


Foto 6 : Trabajando en el banco, mucho antes del robo.


Foto 7  : Durante el juicio. Nunca develó el paradero del dinero y dió versiones inverosímiles sobre el robo.


Foto 8 : En sus últimos años. Falleció a los 77 años, producto de un ACV, mientras veraneaba en Cuba, en 2018.


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