VIDELA... EL FINAL BIZARRO DE UN DICTADOR
Suele decirse que todo en la vida vuelve, refiriéndose a que todo lo malo que podamos hacer tendrá su reciprocidad más adelante, en algún momento. En nuestro país se vivieron épocas infames, dónde la democracia brillaba por su ausencia y la suma del poder público quedaba en manos de un dictador acompañado por otros personajes no menos siniestros. Desde 1976 hasta 1983, las Juntas Militares gobernaron el país con mano dura, para "restablecer el orden y luchar contra la subversión", como rezaba su consigna. El dictador que más se mantuvo en el poder fue Jorge Rafael Videla, durante 5 años, hasta 1981. Luego del retorno a la democracia en 1983, el gobierno de Raúl Alfonsín decide realizar el denominado "Juicio a las Juntas", dónde fueron juzgados 9 de los 10 integrantes de las mismas por violaciones masivas de Derechos Humanos. En esa instancia, el 9 de diciembre de 1985, fueron condenados 5 de los acusados y 4 resultaron absueltos. En el caso particular de Videla, recibió reclusión perpetua, inhabilitación absoluta perpetua y destitución del grado militar por los delitos de privación ilegal de la libertad, aplicación de tormentos y asesinatos cometidos en el marco de un sistema represivo ilegal. Además fue encontrado penalmente responsable de robos agravados, usurpaciones, reducciones a la servidumbre, extorsión, supresión de documentos y sustracción de menores, entre otros. Sin embargo, al cumplir 5 años de prisión efectiva, en 1990 fue indultado (junto a los demás represores) por el presidente Carlos Menem, quién emitió decretos de perdón a civiles subversivos y militares represores por crímenes cometidos durante la dictadura, argumentando una polémica "pacificación nacional". Luego, ocho años después, en 1998, regresó a la cárcel por el delito de sustracción de menores, por orden del juez Roberto Marquevich. Pero sólo permaneció 38 días detenido en prisión, ya que debido a su edad (73 años) la Cámara Federal de San Martín, integrada por los jueces Hugo Fossatti y Francisco Lugones, le concedió el beneficio del arresto domiciliario. Permaneció por ello en un lujoso departamento ubicado en Barrio Belgrano, sobre Avenida Cabildo. Durante su estadía allí sufrió numerosos escraches (los primeros que se recuerden de la historia) convocados por la agrupación H.I.J.O.S. Diez años más tarde, en 2008, el juez Norberto Oyarbide dispuso su traslado nuevamente a la cárcel por considerar que la gravedad de los hechos cometidos eran elementos insuperables para concederle ese beneficio. El 22 de diciembre de 2010 fue condenado a reclusión perpetua por la "Causa UP1", hecho en el que fueron fusilados activistas de izquierda en la Unidad Penitenciaria N° 1 de Barrio San Martín (Córdoba). Y, para seguir con el rosario de reveses judiciales, el 5 de julio de 2012, los jueces María del Carmen Roqueta, José Luis Panelo y Domingo Luis Altieri, lo condenaron a 50 años de prisión por el plan sistemático de robo de bebés (sustracción, retención y ocultamiento de decenas de menores de 10 años). Al recibir éste fallo, dijo con la más absoluta frialdad que si cumpliría una condena lo haría como " un acto más de servicio a Dios y a la Patria". Ese mismo año, la Cámara de Casación Penal Nacional confirmó su condena a reclusión perpetua por los fusilamientos en la "Causa Alsina". En marcha seguía el juicio por el "Plan Cóndor", referente a privación ilegítima de la libertad y la conformación de una asociación ilícita para llevar adelante la coordinación represiva entre los regímenes de la región (En todo Sudamérica). Sus días en prisión los transcurría en el Módulo 4 del Centro Penitenciario N° 2 de Marcos Paz. En ese penal había otros 25 presos que ostentaban delitos similares. Adentro conservaba su orgullo y altivez y, a pesar de tener fuertes dolores por una escoleosis (curvatura lateral de la columna vertebral) que padecía, no admitía que nadie osara tratarlo como un débil anciano. Hacía sus tareas sin aceptar ayuda, encorvado y, utilizando algunas veces un andador y un arnés para desplazarse. Iba a misa todos los domingos y... comulgaba. Recibía visitas de familiares y allegados. Pero, su salud mermaba día a día y tenía fuertes dolores estomacales producto del consumo de analgésicos para calmar los dolores. Le costaba ingerir bocados y frecuentemente sufría caídas que le provocaban pequeñas fracturas. Justamente, por un fuerte golpe producto de una caída en la ducha, el viernes 10 de mayo (los compañeros lo ayudaron a levantarse y trasladarlo a la celda), le impidió ir a declarar por la causa que estaba imputado. Recién fue el lunes 13 y, sólo se presentó en el tribunal para descansar en el banquillo, pues se negó a declarar. El martes 14, un recluso le preguntó como se sentía , respondiéndole que estaba bien, pero le señaló que "le dolía acá", señalándose la zona pélvica. Lo llevaron al centro médico del penal y, luego de sacarle una radiografía, le informaron "que estaba bien". La noche del 16 de marzo no se sentía bien, el médico lo revisó no constatando nada raro, pero el militar decidió no cenar. A la mañana siguiente, se hace el habitual recuento de presos y... faltaba Videla. El guardia, a las 6:40 horas informa que el militar estaba en el baño (las cámaras de seguridad revelan su ingreso al sanitario a las 6:30). A las 8:00 horas, tras una nueva pasada, se constata que no había vuelto a su celda. Con esa información y panorama, llaman al médico del penal para hacerse cargo de la situación. Recién a las 8:05 horas lo encuentran muerto en el baño. En una imagen propia de un bizarro film, el dictador yacía sentado en el inodoro, levemente inclinado. Al revisarlo, el facultativo constató que estaba sin pulso y sin reacción pupilar. Por seguridad y protocolo le hicieron un electrocardiograma en dicho lugar. Como señal del destino, el cadáver fue retirado a las 16 horas de su celda (que permaneció cerrada y precintada. Sus compañeros detenidos colocaron un crespón negro y una pequeña bandera en la puerta). El hombre más poderoso del país y, quién decidía (según lo había expresado en una entrevista que le hicieron en la cárcel) sobre la vida de las personas, tenía una muerte vil, cargada de señales y, tratado en forma indiferente. A las 8:25 horas el médico certifica el deceso. El juez federal de Morón, Juan Pablo Salas, ordenó una pericia forense para despejar todo tipo de dudas. Califica a la causa como "Averiguación de causales de muerte" y solicita una autopsia. La misma determinó que, debido a las fracturas (varias en la pelvis) y hemorragias internas provocadas por su caída en el baño, sumado a un problema cardíaco de base, provocó un paro cardiorrespiratorio. Padecía, además, cáncer de próstata, por cuyo tratamiento recibía anticoagulantes. Permaneció en la morgue de la Policía Forense, pues su familia esperaba un segundo informe que determinó que las fracturas internas derivaron en hemorragias, seguida de una embolia pulmonar y, finalmente en un paro cardíaco. Su historia clínica mostró que padeció diarreas desde el 12 de mayo hasta su muerte, el 17 de mayo, en el inodoro del penal. Además... no fue atendido de sus fracturas, por lo que los dolores eran intensos y persistentes. Cuándo lo llevaban a declarar era levantado y trasladado a la madrugada con un breve desayuno, en camiones celulares helados y devuelto a la noche. De alguna forma, el Servicio Penitenciario Federal le estaba haciendo pagar todas las atrocidades cometidas antes. Sin embargo, no pudo ser enterrado en su ciudad natal, Mercedes, ya que fue declarado en 1998 , por una iniciativa de vecinos y activistas de Derechos Humanos, por unanimidad, persona no grata. En rechazo a ello, colocaron carteles, en el acceso al cementerio, con los nombres de los más de 20 desaparecidos del pueblo durante la dictadura. Por ello, en el más absoluto secreto, fue sepultado en el cementerio privado Memorial de Pilar, el 23 de mayo, el mismo día que la morgue entregó el cuerpo a la familia. No recibió honores militares en su funeral, pues había sido destituído de su grado y, además, existía una resolución del año 2009 que inhabilitaba tal práctica para integrantes de las Fuerzas Armadas involucrados en violaciones a los Derechos Humanos. Videla jamás se arrepintió de lo actuado durante su gestión, al contrario, lo reivindicó. Es autor de una de las declaraciones mas espeluznantes que se recuerden respecto al Proceso de Reorganización Nacional, refiriéndose a los desaparecidos : " Frente al desaparecido en tanto esté como tal, es una incógnita. El desaparecido, si el hombre apareciera, tendría un tratamiento X, si la aparición se convirtiera en certeza de su fallecimiento, tiene un tratamiento Z, pero mientras sea desaparecido no puede tener un tratamiento especial, es un desaparecido, no tiene entidad, no está muerto ni vivo, está desaparecido, frente a eso no podemos hacer nada". También justificó el accionar ante las embarazadas : "Las parturientas eran militantes activas de la maquinaria del terror. Muchas usaron a sus hijos como escudos humanos". En una entrevista que, en prisión, le realizó el periodista Ceferino Reato, sostuvo que el peor momento para los militares fue la llegada de Carlos Kirchner al poder (reabrió los juicios por delitos de lesa humanidad e impulsó la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final), pues lo consideraba una revancha. Se refería a ellos como "los enemigos derrotados de ayer que cumplieron su propósito y hoy gobiernan el país". Por último expresó que el objetivo de la dictadura había sido logrado al conseguir restablecer el orden. Admitió haber matado a 7000 u 8000 personas y que sus cuerpos se hicieron desaparecer "para no provocar protestas dentro y fuera del país. Cada desaparición puede ser entendida ciertamente como el enmascaramiento de una muerte. No había otra solución. Estábamos de acuerdo en que ese era el precio a pagar para ganar la guerra contra la subversión y necesitábamos que no fuera evidente para que la sociedad no se diera cuenta. Pongamos que eran siete mil u ocho mil las personas que debían morir para ganar la guerra contra la subversión; no podíamos fusilarlas. Tampoco llevarlas ante la justicia. Había un consenso básico : tenían que matar a todas las personas que ellos consideraban irrecuperables. No era una situación aguantable, los políticos incitaban, los empresarios también y, los diarios predecían el golpe. La Presidente no estaba en condiciones de gobernar, había un enjambre de intereses privados y corporativos que no la dejaban. El gobierno estaba muerto". Escalofriante por dónde se lo mire y escuche. Jamás develó el paradero de los bebés apropiados ni el destino de los desaparecidos... toda la información se la llevó a la tumba... igual que los otros represores, en un macabro pacto de silencio. Debía responder por 469 crímenes de lesa humanidad (66 homicidios, 306 secuestros, 97 torturas y 26 robos, aunque era responsable de 1256 víctimas en total). Videla no murió linchado como Mussolini (símbolo del fascismo), ni ejecutado como Ceacescu (presidente represor rumano), ni exiliado como Idi Amin (dictador ugandés), sino que terminó sus días encarcelado y su último estertor ocurrió, según el dicho popular, sentado en el "trono" dónde deshechamos todo : el inodoro... y ante la indiferencia total por sus dolencias. Al final, todo volvió...
Foto 1 : Videla es llevado a declarar desde la prisión de Marcos Paz.
Foto 2 : en una entrevista estando detenido.
Foto 3 : Contrasentido : a pesar de todas las atrocidades cometidas y declaradas, era un católico a ultranza.
Foto 4 : Portada sarcástica de un diario sobre la muerte del dictador.
Foto 5 : Ésta Junta Militar gobernó con mano dura entre 1976 y 1981.
Foto 6 : Tuvo que ser enterrado en secreto en Pilar, debido a que su ciudad natal lo declaró persona no grata...
Foto 7 : Los desaparecidos encontrados estaban en fosas comunes.
Foto 8 : El Mundial le sirvió a la dictadura como fachada de las situaciones vividas en esos momentos.








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