LEVANTAMIENTO CARAPINTADA EN SEMANA SANTA.... "LA CASA ESTÁ EN ORDEN"

En la actualidad la democracia lleva más de 40 años de forma ininterrumpida en nuestro país. Desde 1930 en adelante hubo interrupciones en las formas de gobierno elegidas por el pueblo argentino a manos de los militares. Pero hubo un caso particular durante el gobierno de Raúl Alfonsín, en 1987 : el levantamiento carapintada. Si bien no culminó en un golpe de estado, los militares no estaban de acuerdo con los juicios llevados a cabo por los delitos de lesa humanidad ocurridos entre 1976 y 1983, cuyo resultado fue responsabilizar a cuadros medios de las Fuerzas Armadas por el terrorismo de Estado. Por ello, muchos se sublevaron y exigían al presidente radical que "frenara" ese proceso, reclamando una solución política (y no judicial) por las violaciones a los derechos humanos sucedidos en esa época. Habían pasado sólo 4 años de la vuelta de la democracia y, las "heridas seguían abiertas". Todo comenzó el miércoles 15 de abril de 1987, en vísperas de Semana Santa, cuándo el Mayor Ernesto "Nabo" Barreiro estaba citado a declarar en la Justicia Federal de Córdoba por su participación en el campo de concentración de "La Perla", con cargos de torturas y asesinatos. Barreiro no sólo se negó a declarar sino que se acuarteló con otros 130 militares en el Regimiento de Infantería Aerotransportada 14 de Córdoba, dónde prestaba servicio. Un par de horas después, otro grupo tomaba el mando  de la Escuela de Infantería de Campo de Mayo. El motín allí estaba liderado por el Teniente Coronel Aldo Rico y un grupo de oficiales intermedios como Enrique Venturino, Gustavo Breide Obeid y Juan José Gómez Centurión. Se enfrentaban a los llamados "generales de escritorio" a quiénes culpaban por la derrota en Malvinas. Rico, alias "El Ñato" había participado en el conflicto austral de 1982 y, al regresar fue condecorado por su "mérito militar". El plan consistía en el mencionado acuartelamiento de Barreiro en el Regimiento 14 (situado en Córdoba), al mando del Teniente Coronel Luis Polo, en lugar de concurrir a Tribunales.Vencido el plazo de presentación, la Cámara Federal de Córdoba lo declaró en rebeldía y, por la noche, el Ejército dispuso su baja del servicio activo. La posibilidad de una amenaza al orden institucional hizo que los partidos políticos mayoritarios (radicales en el gobierno y peronistas en la oposición) cerraran filas y se mostraran juntos en defensa de la continuidad democrática. A pesar de la incertidumbre, Alfonsín, como tenía programado, viajó esa noche a Chascomús a pasar Semana Santa junto a su familia. Ante el grave cuadro de situación regresó en helicóptero a las pocas horas, dirigiéndose directamente a Casa Rosada. Hubo un enorme respaldo popular, político, sindical, empresarial y de la Iglesia. En la noche del jueves Alfonsín convocó a una Asamblea Legislativa, mientras que afuera, en Plaza de los 2 Congresos y Plaza de Mayo, alrededor de 300.000 personas acompañaba al Presidente. La vigilia fue histórica, pues hubo recitales en apoyo al gobierno con artistas de la talla de Joan Manuel Serrat, Alberto Cortés, Piero, Nito Mestre, Mercedes Sosa, Antonio Tarragó Ross, Jairo y Osvaldo Pugliese, entre otros. También hubo movilizaciones espontáneas en diferentes puntos del país. Desde el exterior, otros mandatarios enviaban su apoyo y solidaridad al presidente radical : Giulio Andreotti (1° ministro de Italia), Francoise Mitterrand (presidente de Francia), Ronald Reagan (presidente de EEUU), Felipe González (1° ministro de España), Alan García (presidente de Perú), Andreas Papandreu (1° ministro de Grecia), Julio Sanguinetti (presidente de Uruguay), José Sarney (presidente de Brasil), e incluso Fidel Castro. En la Asamblea, Alfonsín sostuvo que "la democracia no se negocia" y llamó a "doblegar el brazo a los golpistas". En su discurso expresó : "Se pretende por ésta vía imponer al poder constitucional una legislación que consagre la impunidad de quiénes se hallan condenados o procesados en conexión con violaciones de Derechos Humanos cometidas durante la pasada dictadura. No podemos en modo alguno aceptar un intento extorsivo de ésta naturaleza. Nos lo impide la ética, nos lo impide nuestra conciencia democrática, las normas constitucionales, así como las que rigen a las Fuerzas Armadas basadas en la la disciplina. También nos lo impide la historia de la que los argentinos hemos extraído una clara enseñanza, no ceder a ningún planteamiento semejante sobre lo que significaría poner en juego el destino de la Nación. Entonces, aquí no hay nada que negociar. La democracia de los argentinos no se negocia. Se termina para siempre el tiempo de los golpes, pero también se termina el tiempo de las presiones, los pronunciamientos y los planteos". Inmediatamente, se conformó un Comité de Crisis que funcionó en la Casa Rosada. En él participaban el ministro de Defensa, Horacio Jaunarena, el jefe de la bancada de la UCR, César Jaroslavsky y algunos dirigentes de la "Coordinadora Radical" : Federico Storani, Marcelo Stubrin, Leopoldo Moreau, Enrique "Coti" Nosiglia y Jesús Rodríguez, entre otros. Mientras tanto, en el Regimiento dónde estaba Barreiro, los amotinados se pintaron la cara con betún y desplegaron los armamentos en los patios. Ante ésto, los medios de prensa calificaron la sublevación como el "levantamiento carapintada". Había un error de enfoque de Alfonsín respecto al conflicto, ya que circunscribía la crisis en Córdoba, creyendo que, al resolver esa asonada, se irían cayendo en todas partes dónde había una de ellas. Pero la tensión era extrema y, fueron un Viernes Santo y Sábado de Gloria diferentes, pues la resolución se demoraba y el ánimo en la sociedad estaba a punto de explotar. La orden del Gobierno Nacional, enviada al General Ernesto Alais, era intervenir con su tropa y tanques desde el comando de Rosario hasta que los sublevados depusieran su actitud. Pero se dió un efecto adverso, ya que a medida que las tropas avanzaban y la gente los vivaba, esos vítores solo alentaban a los soldados, mientras que denotaban hostilidad en oficiales y suboficiales. Resultado : la columna nunca llegó a destino. El domingo de Pascuas, Alfonsín viaja a Campo de Mayo para exigir la rendición de los sublevados luego de haber firmado entre casi todos los dirigentes de los partidos políticos un Acta de Compromiso Histórica en Defensa de la Democracia (redactado por radicales y peronistas). El mismo, en uno de sus párrafos rezaba : "... La reconciliación de los argentinos solo será posible en el marco de la Justicia, del pleno acatamiento de la ley y del debido reconocimiento de los niveles de responsabilidad de las conductas y hechos del pasado...". Sin embargo, los partidos de izquierda, como el PO (Partido Obrero) y MAS (Movimiento al Socialismo) y Madres de Plaza de Mayo (Línea Fundadora) se negaron a firmarlo. El foco central del conflicto se trasladó de Córdoba a Campo de Mayo. En ese contexto, Aldo Rico hace su presentación formal ante la prensa como uno de los líderes de la revuelta y, da a conocer el comunicado N° 1 : "Extinguidas las esperanzas de que la actual conducción de la Fuerza ponga fin a las injusticias y humillaciones que pesan sobre las Fuerzas Armadas y el feroz e interminable ataque que ha generado el grado de desconfianza, indisciplina y oprobio en que se encuentran las Fuerzas Armadas es tal que, su existencia se ve comprometida si sus hombres no levantan la frente y dicen ¡ Basta !... Exigimos una solución política que corresponde a un hecho político como lo es la guerra contra la subversión". Antes de éste comunicado, habían aparecido unos volantes algo misteriosos que aclaraban : "No se dejen engañar, ésto no es un golpe de estado, es un problema interno de las Fuerzas Armadas. No somos nazis ni fundamentalistas. Los juicios son anticonstitucionales (Artículo 18 de la Constitución Nacional). La guerra es un hecho político. La solución debe ser política, no jurídica. Su seguridad nos costó mucha sangre. No negociaremos con los testaferros de la guerrilla". Rico se trasladó al Edificio Libertador para reunirse con el Teniente General Ríos Ereñú, Jefe de las Fuerzas Armadas, a quién pretendía destituir y, luego con el Ministro de Defensa, Horacio Jaunarena. Llevaba consigo las demandas de los "carapintadas", que después fueron presentadas al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Antonio Cafiero y al sindicalista Armando Cavalieri (representante del peronismo). La misma constaba de 5 puntos : 1) el pase a retiro del General Ríos Ereñú y el nombramiento como Jefe del Ejército de otro general elegido entre de una lista que ellos presentarían, 2) una solución política a la revisión de lo actuado por las Fuerzas Armadas durante la lucha contra la subversión, 3) El cese de la campaña de los medios de comunicación en contra de las Fuerzas Armadas, 4) Retrotraer la situación de los oficiales involucrados en la revuelta el miércoles previo a Semana Santa , dejando sin efecto sanciones disciplinarias y 5) aumento del presupuesto destinado a las Fuerzas Armadas. Pero, las negociaciones se paralizaron, pues no había puntos de encuentro y las partes no querían ceder en sus posturas. Fue así que el propio Alfonsín se dirigió al "bunker" de los carapintadas en Campo de Mayo para negociar la rendición de los amotinados. Ya era Domingo de Pascuas. Los rebeldes expusieron sus razones al presidente y porqué habían tomado esa decisión. Argumentaron la frustración de Malvinas y el desacuerdo con una cúpula del Ejército a la que consideraban "continuadora del proceso". Alfonsín, por su parte, les expuso cuáles habían sido los objetivos de su política militar y de juzgamiento. También les mencionó un proyecto de ley que iba a enviar al Congreso y el pedido de retiro de Ríos Ereñú. El edecán presidencial coronel Julio Hang explicó que lo que se había configurado durante los hechos de Semana Santa podría ser encuadrado como un "motín", una falta disciplinaria y no como un intento de sedición, un delito penal de modo que las penas recayeran sobre los líderes (sólo habría sanciones disciplinarias para subordinados implicados). El más locuaz de los rebeldes fue el Capitán Gustavo Breide Obeid, quién se acercó a Alfonsín y le hizo un relato emocionado sobre los padecimientos que habían sufrido en Malvinas por la decisión e inoperancia de sus superiores, el desprecio que sintieron cuándo regresaron al país y como ahora debían afrontar las citaciones de la Justicia mientras que a los generales que habían dado las órdenes nadie los molestaba. Años más tarde, Alfonsín dió a conocer dicho relato : "Señor presidente, comprenda usted nuestra situación. Nos llevaron a la guerra contra la subversión, convenciéndonos de que defendíamos a la sociedad contra una agresión. Tuvimos que librar así una lucha para lo que no estábamos preparados, nos hicieron hacer cosas que nunca habíamos imaginado como militares, argumentando que defendíamos a nuestras familias. Nos llevaron a la Guerra de Malvinas en pésimas condiciones materiales y sin planeamiento adecuado. Después de aguantar el frío, los bombardeos y la prisión inglesa, fuimos traídos de vuelta y escondidos como si fuéramos delincuentes. Después de eso noo defendieron la dignidad del Ejército ni hicieron las reformas que pedíamos". Finalmente, los "carapintadas" se rindieron y, a las 18:07 horas de ese domingo, el Jefe de Estado habló a la multitud desde el balcón de la Casa Rosada (rodeado de dirigentes de la oposición como el gobernador Cafiero y el diputado Vicente Saadi) y esgrimió su ya emblemática frase : "Compatriotas, Felices Pascuas. Hoy podemos todos dar gracias a Dios porque la casa está en orden y no hay sangre en la Argentina". A casi 40 años del alzamiento carapintada en Semana Santa puede inferirse que fue un hecho que buscaba la impunidad militar de "los años de plomo".  Fue el precedente para la aprobación de las polémicas leyes de "Punto Final" y "Obediencia Debida", promulgadas en 1987. que impidieron el juzgamiento o la ejecución de las condenas contra autores de crímenes de lesa humanidad. El gobierno, en parte cedió ante algunas en exigencias en beneficio a la paz social, asumiendo ciertos costos políticos. En 2003, el Congreso derogó ambas leyes, volviendo a poner las cosas en su lugar, aunque después del primer levantamiento aquí narrado, hubo 3 sublevaciones más entre 1987 y 1990, lo que derivó en los famosos y tristes "indultos de Menem" a los amotinados de los 4 levantamientos o sublevaciones. Finalmente, en 2006 la Cámara de Casación Penal, máximo tribunal de penas de Argentina consideró que los indultos concedidos en delitos de lesa humanidad eran inconstitucionales, por lo que las condenas que anularon los indultos debían ser cumplidas. La conclusión más acertada sobre todos éstos sucesos es sin dudas... "La democracia no se negocia"...


Foto 1 : Mayor Ernesto Barreiro, quién se niega a declarar en la justicia. Su actitud provoca el levantamiento


Foto 2 : Teniente coronel Aldo Rico, líder de la revuelta carapintada.




Foto 3 : Al pintarse la cara con betún recibieron el mote de "carapintadas".


Foto 4 : Alfonsín desde la Casa Rosada : "Felices Pascuas. La casa está en orden".


Foto 5 : La Juventud Radical (y otros partidos) apoyaron al presidente y la democracia.

Foto 6 : La prensa gráfica se hizo eco de la histórica jornada.


Foto 7 : Alfonsín pide calma antes de anunciar la rendición de los sublevados.
 


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