"LA PATAGONIA REBELDE"... HISTORIA DE LUCHA Y TRAICIÓN
Argentina siempre ha poseído recursos naturales de diversa índole en gran cantidad. Tierra generosa que siempre tuvo materia prima para la posterior elaboración de productos. Sin embargo, la riqueza nacional siempre estuvo concentrada en pocas manos (generalmente extranjeras), quiénes explotaban literalmente a los trabajadores, además de padecer situaciones inhumanas en sus tareas y abonarles miserias en forma de vales para comprar comida (que luego recuperaban, pues ellos mismos se las vendían). Éste perverso y leonino círculo laboral se mantuvo por mucho tiempo, pero hubo ocasiones en que los obreros se rebelaron y llegaron conflictos, torturas, matanzas por parte de los patrones (en connivencia con el poder de turno y las fuerzas del orden)... Ésta introducción pone en contexto lo ocurrido en la Patagonia, en la década del ´20, en el marco de una lucha protagonizada por los trabajadores laneros en huelga, conducidos por líderes locales y militantes de la corriente anarcosindicalista en el entonces Territorio Nacional de Santa Cruz, entre 1920 y 1922. La situación económica del sector era crítica, ya que al finalizar la 1° Guerra Mundial bajó el precio de la lana (de $ 9,74 a $ 3,08), afectando severamente a las estancias ovejeras de la Patagonia. En ese marco, los estancieros despidieron obreros y redujeron las condiciones laborales (jornadas de 12 horas para los obreros y 16 horas para esquiladores y arrieros), siendo el único día de descanso el domingo. Los salarios bajaron y se pagaban en bonos o moneda extranjera (al cambiarlas en los comercios, que eran de los patrones eran tomadas por un valor menor). Por ello, en la provincia hubo una serie de huelgas independientes distribuidas en la región. Las mismas eran realizadas por organizaciones sindicales anarquistas como la Sociedad Obrera de Río Gallegos y la influyente F.O.R.A. (Federación Obrera Regional Argentina), quiénes incitaban a los obreros por medio de campañas de propaganda y un empuje a la sindicalización de los obreros. También participaron fuerzas paramilitares reaccionarias como la Liga Patriótica. Ante éste panorama, el presidente Hipólito Yrigoyen envió, en enero de 1921, tropas del Ejército bajo el mando del Teniente Coronel Héctor Benigno Varela, con órdenes de "normalizar la situación". En tanto, la F.O.R.A. organiza la Sociedad Obrera de Río Gallegos bajo el mando del anarquista español Antonio Soto, quién propició la 1° huelga en septiembre de 1920 contra las arbitrariedades de la autoridad policial (hubo incidentes, detenciones y agresiones). Los obreros, congregados en la Sociedad Obrera, presentaron un pliego de reivindicaciones exigiendo un mejoramiento de las condiciones laborales. Entre las demandas, se destacaban : que en los recintos de 16 metros cuadrados no durmieran más de 3 hombres, que se entregase un paquete de velas a cada obrero por mes, que no se trabajase los sábados, un mejoramiento en las raciones de alimentos, un sueldo mínimo mensual de $ 100 y el reconocimiento de la Sociedad Obrera como único representante legítimo de los trabajadores, aceptando el nombramiento de un delegado como intermediario entre las partes en conflicto. Como se esperaba, la misma fue rechazada por la organización que agrupaba a los estancieros y la Sociedad Rural. La respuesta de los trabajadores fue declarar una huelga general en todo Santa Cruz. El 3 de noviembre quisieron asesinar a Soto, pero logró escapar. El conflicto recrudeció y a la huelga se plegaron los ferroviarios y los empleados de "La Anónima" (cadena de almacenes de ramos generales). Lo más grave fue el asesinato del huelguista Domingo Olmedo por parte de la policía. Los obreros en conflicto endurecieron su posición y comenzaron a tomar como rehenes a policías, estancieros y al personal administrativo de los establecimientos rurales. Sin embargo, había una fracción huelguista, liderada por Alfredo Fonte, "El Toscano", que se excedía, asaltando estancias. En la región del Lago Argentino, los obreros se organizaron en columnas y marcharon por las estancias levantando a la peonada, movilizándose de un lugar a otro para evitar represalias policiales y dirigirse a Río Gallegos. El 4 de enero de 1921, la policía cae en una emboscada en El Cerrito, con un saldo de 3 muertos (un sargento y 2 gendarmes). El 21 de enero toman 2 estancias ("La Anita" y "La Primavera"). Ante la gravedad de los hechos, el presidente Yrigoyen decide reemplazar al gobernador Correa Falcón por alguien de su confianza, el capitán Ángel Ignacio Yza, de tinte más conciliador, buscando arreglos pacíficos entre las partes. A su vez, las tropas del Ejército a cargo del Teniente Coronel Varela, llegaron a Puerto Santa Cruz el 2 de febrero y, se trasladaron a Río Gallegos. La llegada del Ejército nacional no calmó al gobierno británico, que demandó protección inmediata de sus ciudadanos en la Patagonia (todos estancieros). El gobernador Yza acordó con el Teniente Coronel Varela no recurrir a la represión y, por ello mantuvieron una entrevista con los huelguistas en la estancia "El Tero", el 15 de febrero. Les propusieron como condición deponer las armas y la liberación de los rehenes. A cambio de ello se reconocerían gran parte de las demandas de los trabajadores, aceptándose un convenio que los patrones habían propuesto a los obreros el 30 de enero. Por ello, al día siguiente, se levantó la huelga mientras se vivía un clima de triunfo en la Sociedad Obrera. Pero la piedra en el zapato seguía siendo "El Toscano", quién no aceptó la mediación y se ocultó en el interior de la provincia, llevándose armas. Los buenos oficios del gobernador Yza hizo que el conflicto llegara a una posible solución a través de un laudo de aquel, que fue aceptado por las partes y homologado por el Departamento de Trabajo de la Nación, el 22 de febrero de 1921. Luego del acuerdo, las tropas de Varela regresaron a Buenos Aires el 21 de mayo. Sin embargo, lejos de cumplir con el acuerdo pactado, la patronal comenzó una serie de represalias contra los participantes de las huelgas en las estancias y los puertos de Santa Cruz. Allí comenzaron también a actuar las fuerzas policiales con refuerzos parapoliciales integrados por miembros de la Liga Patriótica del nacionalista Manuel Carlés. El 21 de mayo, ante la ofensiva de la patronal, comenzó a debilitarse la lucha (los telegrafistas rompieron con la Sociedad Obrera y dejaron la huelga). Yza reconoció solo como interlocutor válido a la F.O.R.A. sindicalista. Sin embargo, la Sociedad Rural movió sus influencias y propició una campaña con los diarios "La Razón","La Nación" y "La Prensa" para denunciar el peligro anarquista y la posibilidad de que los chilenos invadieran Santa Cruz. Además, alentaron y facilitaron la llegada de trabajadores inmigrantes libres (principalmente de España) para romper las huelgas. El grupo de "El Toscano", llamado "Consejo Rojo", insistía con los asaltos, saqueos y toma de rehenes en las estancias, mientras que Soto solo hacía huelgas o boicots (sin violencia) a los estancieros que no cumplieron lo pactado. Finalmente, denunciado por los propios obreros, "El Toscano" Fonte fue capturado el 8 de octubre. Pero el gobierno nacional estaba decidido a cortar de raíz un conflicto que se dilataba demasiado y afectaba intereses comerciales internacionales. Así, el 24 de octubre se allanaron y clausuraron locales de las Federaciones Obreras de Río Gallegos, Puerto Deseado, Puerto San Julián y Puerto Santa Cruz, arrestando a dirigentes y obreros. Antonio París, secretario general de la Sociedad Obrera fue torturado y deportado. Éste hecho derivó en un cambio de actitud de Soto, quién instó nuevamente a una huelga general, acompañada ahora de toma de estancias. La policía siguió deteniendo, torturando y deportando dirigentes anarquistas. Los huelguistas endurecieron su posición aún más con la aparición de Ramón Outerello, más combativo que Soto (quién no quería enfrentarse al Gobierno nacional y el Ejército). Pero, como se dijo,Yrigoyen cansado de la duración del conflicto, envió nuevamente a Varela y su segundo, el capitán Elbio Anaya, a cargo del Regimiento 10° de Caballería "Húsares de Pueyrredón". La orden era tajante y daba facultades implícitas a Varela en su accionar : "Vaya, vea bien lo que ocurre y cumpla con su deber". No había órdenes por escrito, por lo que el militar actuó según su criterio. El 10 de noviembre pisaron tierras patagónicas para "limpiar y terminar con el conflicto". Ya no había punto de retorno y, a pesar de la desventaja numérica, el Ejército estaba muy bien pertrechado, a diferencia de los huelguistas, que solo tenían armas largas. Varela fue por todo y, ordenó la pena de fusilamiento contra peones y obreros en huelga. Contó con el inestimable apoyo de los chilenos, quiénes cerraron la frontera para impedir el paso de los huelguistas hacia ese país. Al día siguiente en el paraje El Cifre ocurre el 1° fusilamiento, siendo la víctima el prisionero chileno Triviño Cárcamo. El 14 de noviembre, en Punta Alta, el Ejército ataca a un centenar de huelguistas y, el saldo son 5 muertos y 80 prisioneros (después fusilarían a 40 de ellos). El líder huelguista Outurello, luego de resistir un nuevo ataque policial con muchas bajas , solicita hablar con Varela pidiéndole la libertad de los presos y el cumplimiento de lo pactado. El militar pidió su rendición, pero luego de deliberar en una asamblea, los huelguistas se negaron. Varela fue con todo y los atacó en Río Chico y, luego de vencerlos los mandó a fusilar. El 1° de diciembre emboscaron a Outurello, quién resultó muerto junto a 10 huelguistas más. Siguiendo con el "barrido", el 2 de diciembre, el Capitán Viñas Ibarra cruzó el río Santa Cruz en bote junto a 20 hombres y sorprendieron a los huelguistas, eliminando a 20 de ellos. Al llegar al Cerro Negro, encontraron más obreros, a los que fusilaron. Acorralados, 100 huelguistas se rinden, mientras que otros 80 liderados por Soto se refugian en la estancia "La Anita". El Ejército los alcanza y, nuevamente les piden la rendición incondicional. Tras una asamblea se deciden por rendirse, aunque la mayoría de los anarquistas no confiaba en el ejército. Por ello envían 2 delegados para negociar las condiciones de la rendición. La respuesta fue fusilarlos en el acto. Terminaron entregándose más de 100 huelguistas y, Soto huyó a Chile a caballo junto a 12 compañeros más. El 9 de diciembre cruzó la frontera y nunca fue atrapado. Entre el 12 y 20 de diciembre capturaron a los últimos que resistían en esa zona y...los fusilaron. Las ejecuciones sumarias, sin juicio previo, eran moneda corriente. Sólo resistía la fracción apostada en el Ferrocarril Patagónico al mando de José Font, alias "Facón Grande". Era cuestión de tiempo el final y, el Ejército llegó el 20 de diciembre a la estación de trenes. Al atacar sufren 2 bajas, mientras que cayeron 3 huelguistas. Al ver que no tenían chance contra el Ejército, deciden entregarse y, mandan una comitiva integrada por 3 huelguistas, 2 rehenes y el gerente de "La Anónima", Mario Mesa para negociar la rendición. Varela les promete respetar sus vidas y a acceder a sus demandas a cambio de la rendición y la entrega de las armas. Realizan una nueva asamblea y el 22 de diciembre deciden entregarse. Lejos de cumplir lo pactado y, faltando a su palabra, Varela hace fusilar a "Facón Grande" y 50 huelguistas más. Los pocos que pudieron escapar fueron perseguidos sin cuartel y, fusilados uno por uno. La campaña finalizó el 10 de enero de 1922 y se calcula que fueron asesinados entre 1000 y 1500 huelguistas. Al regresar a Buenos Aires, Varela fue homenajeado en el Hotel Argentino por la Sociedad Rural. Los periódicos anarquistas "La Antorcha" y "La Protesta" denunciaron la masacre y fusilamientos sumarios de los obreros (muchos de ellos en simultáneo). El resto de la sociedad, para no enfrentarse con Yrigoyen hicieron tibios reclamos. El gobierno no homenajeó a los vencedores, no avaló las acciones de las tropas y todo quedó en el olvido. En otras palabras, "se lavó las manos". También el Congreso hizo oídos sordos a los reclamos de la bancada de diputados socialistas. Pero "la justicia" por sus actos le tocaría a Varela el 27 de enero de 1923. Ese día el anarquista alemán Kurt Wilckens lo esperó escondido cerca de su casa (ya había tenido dos intentos fallidos) ubicada en Fitz Roy 2461, de Palermo, detrás de un árbol. Al salir (estaba solo) le arrojó una bomba a los pies, hiriéndolo. Luego, le tiró 4 balazos (era la cifra con que Varela ordenaba asesinar a sus víctimas) con un Colt. Wilckens intentó huir, pero no pudo, ya que una esquirla de la bomba le rompió el peroné. Al ser detenido, exclamó : "He vengado a mis hermanos". Al funeral de Varela asistieron Agustín P. Justo (Ministro de Guerra), el presidente Marcelo T. de Alvear e Hipólito Yrigoyen, entre otros. Wilckens fue condenado a 17 años de prisión. En la cárcel pudo recuperarse y se ganó la estima de todos. Sin embargo, el 15 de junio, Luis Pérez Millán Temperley, ex policía e integrante de la Liga Patriótica, le disparó en su celda mientras dormía. El balazo le atravesó el pulmón izquierdo y murió al otro día. El asesino declaró : "Yo he sido subalterno y pariente del Comandante Varela. Acabo de vengar su muerte". Por la cobertura del asesinato, el diario "Crítica" vendió medio millón de ejemplares. La indignación era general y, la F.O.R.A. convocó a un paro general en protesta y una manifestación en Plaza Once (hubo 2 muertos, 17 heridos y 163 detenidos, además de 2 policías caídos). Pérez Millán Temperley fue declarado demente y, gracias a sus influencias, fue internado en el Hospital Vieytes. Lo asesinaron de un disparo, el 9 de noviembre de 1925. El autor : Esteban Lucich, un preso con antecedentes homicidas. Cuándo el General José Félix Uriburu derrocó a Yrigoyen el 6 de septiembre de 1930, cerró todas las prensas anarquistas y comunistas e hizo deportaciones masivas de trabajadores españoles e italianos que tenían relación con los anarquistas. Así terminó todo. El escritor Osvaldo Bayer se refirió a los hechos en su libro "Los vengadores de la Patagonia trágica". De aquí salió el guión de la exitosa película "La Patagonia rebelde", rodada en 1974 y, censurada en un par de ocasiones (por Perón primero e Isabel Perón después). Finalmente fue exhibida en 1984 con el retorno de la democracia. En los lugares de las matanzas, se construyeron cenotafios que recuerdan a los obreros anarquistas que lucharon y fueron asesinados. Ellos defendieron su ideología, lucharon por el respeto a sus derechos y libertad, dando la vida por todo ello. El gobierno manchó con sangre sus manos con el objetivo de tener el control de la Patagonia... y acabar con la prédica anarquista... un principio del terrorismo de estado, en democracia...
Foto 1 : Los huelguistas en la Sociedad Obrera de Río Gallegos.
Foto 2 : El implacable Teniente Coronel Héctor Benigno Varela, líder del Ejército que fusiló a los huelguistas.
Foto 3 : El Ejército desembarca en Puerto Deseado para reprimir a los huelguistas.
Foto 4 : Los obreros son detenidos en Río Gallegos. Luego, serán fusilados.
Foto 5 : Marcha de los obreros durante el día del trabajador.
Foto 6 : El anarquista alemán Kurt Wilckens asesinó a Varela cerca de su casa en 1923.
Foto 7 : Reconstrucción del asesinato de Varela.
Foto 8 : Los huelguistas fusilados fueron enterrados en fosas comunes (muchos años después descubiertas)








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