CHRISTINA ONASSIS... EL DINERO NUNCA HIZO SU FELICIDAD

El dinero no es todo, pero como ayuda. El dinero no hace la felicidad, pero da comodidad... Podemos mencionar un montón de refranes o dichos sobre el dinero y todos (o casi todos) llegarían a la misma conclusión. Además, una teoría dice que la felicidad completa no existe, sino que existen momentos felices. Y, en éstas cuestiones... el dinero ayuda. También ocurre que él/la millonario/a tiene supuestos "amigos" o "allegados" que lo adulan y siguen por esa razón, aunque la realidad indica que, en el fondo más íntimo esté solo/a, pues los sentimientos demostrados no son verdaderos, son "interesados". Dicha introducción nos pone en contexto sobre éstas situaciones y quiénes la vivieron. Hay muchísimos ejemplos de ésto y, una de ellas tuvo como protagonista a la entonces mujer más rica del mundo, quién tuvo su prematuro final en nuestro país : Christina Onassis. La hija del magnate multimillonario griego Aristóteles Onassis, dueño de la mayor fortuna del planeta en las décadas del ´50, ´60 y ´70. Christina nació en el Sanatorio "Le Roy" de Nueva York el 11 de diciembre de 1950. Su madre era hija del fundador del imperio naviero "Livanos", Stavros Livanos. Puede decirse sin márgen de error que nació en "cuna de oro". Junto a su hermano Alexander se educaron en los colegios más prestigiosos de Europa : Christina en la escuela Headington de Oxford y Alex en el Queen´s College de Londres. Ella era la obsesión de su padre que, por supuesto, la colmaba de regalos fastuosos y excéntricos, como lo fue el yate/crucero de 134 metros de eslora al cuál bautizó con el nombre de ella, en su cumpleaños número 4...!! Sin embargo Aristóteles era un mujeriego empedernido y, luego de un promocionado romance con la cantante de ópera María Callas, sepultó su matrimonio en 1960. ¿ Y, cómo llega Christina a nuestro país ? ... Su padre comenzó desde muy abajo en Argentina haciendo de todo hasta que amasó su fortuna (debido a conflictos territoriales su familia emigró a Buenos Aires). Trabajó como telefonista multilingüe, lo que le permitió acceder a información de la bolsa de comercio que usó en su beneficio para obtener ganancias sin esfuerzo. Antes había limpiado vidrios y vendió tabaco. Luego, prosperaría a límites inimaginables. Pero, volvamos a Christina. Ella solía veranear en Punta del Este, en la casa de su tía Meropi Konialidis (media hermana de su padre), quién en 1966, le presentó a una chica de la comunidad greco-argentina, para que tuviera vínculo con alguien de su edad, Marina Tchomlekdoglou (quién luego usaría su apellido de casada, más fácil de pronunciar, Dodero). Se hicieron amigas a primera vista y fueron literalmente como hermanas inseparables durante 20 años, en el que juntas recorrieron el mundo. En 1968, su padre contrajo enlace con Jacqueline Bouvier Kennedy, viuda del ex presidente de EEUU, John Kennedy. Christina y Alexander nunca aprobaron esa unión y "ningunearon" siempre a la pobre Jackie. Sin embargo, la tragedia empezó a rondar a la familia, ya que su hermano mayor Alexander falleció en un accidente aeronáutico al estrellarse su avión en el Aeropuerto Internacional Hellinikon de Atenas en 1973. Tenía sólo 23 años. Su madre Athina Livanos Niarchos (éste último apellido de su segundo esposo) murió en 1974 por  una aparente sobredosis de barbitúricos. Debido a ésto Christina heredó 77 millones de dólares en inmuebles. Finalmente, Aristóteles, su padre, pereció en marzo de 1975 en el Hospital Americano de París, diagnosticado con miastenia gravis, que derivó en una neumonía que lo llevó a la muerte. Fue decisivo para éste desenlace la adicción que el magnate tenía con los habanos puros. En un lapso de 29 meses Christina perdió a toda su familia sanguínea. Sola en el mundo, solo tenía el apoyo y sustento de su amiga Marina. Ante éste episodio, saldó cuentas con su madrastra Jackie, dándole 26 millones de dólares de la herencia que le correspondía a la ex primera dama yanqui. Decidió renunciar a su ciudadanía americana (había nacido en Nueva York) y conservó la griega y la argentina. A pesar de todo, su padre, "viejo zorro" de los negocios la había entrenado para dirigir su imperio naviero para cuándo él no estuviera. Lo hizo de manera notable y eficiente. De Aristóteles heredó el imperio naviero Onassis, la empresa de aviación "Olympic Airlines", el consorcio de departamentos "Olympic Towers" de Nueva York, casi la mitad del principado de Mónaco (a raíz de un "acuerdo comercial" entre su padre y el Príncipe Rainiero), centenas de propiedades, miles de obras de arte pictóricas y, por supuesto, el crucero "Christina". Pero la eficiencia en los negocios no se correspondía con su vida personal. Siempre tuvo problemas de ansiedad y trastornos alimenticios. Se la pasaba haciendo dietas para perder grandes cantidades de peso, pero cuándo volvía a recuperarlos entraba en depresiones. Le prescribieron barbitúricos, anfetaminas y pastillas para dormir. Se convirtió en adicta y fue hospitalizada por sobredosis de somníferos en la década del ´70. Nada cambiaría y, en 1980, a los 30 años, le diagnosticaron depresión clínica, por lo que fue hospitalizada. Para colmo su obsesión por el peso era "alimentada" por la prensa gráfica, quién no perdía oportunidad de martirizarla por el exceso de peso. Su vida personal nunca pudo reencauzarse, ya que en 1970, a los 20 años, se casó con el desarrollador inmobiliario Joseph Bolker, de 47 años, divorciado, 4 hijos y sin un peso. Fue un escándalo y, su padre la presionó para que se divorciara, consiguiéndolo 9 meses después del casamiento. En 1975 contrajo enlace con su compatriota Alexander Andreadis, heredero de una fortuna naviera como ella. Aristóteles ya había fallecido y el matrimonio duró un poco más que el primero... 14 meses. En 1978 se casó con el agente marítimo ruso Sergei Kuazov, quién la convenció de ir a vivir a la URSS. Su vida austera en la cuna del socialismo fue un calvario. Vivían en un departamento de medio ambiente dónde una cortina separaba la habitación del matrimonio del de su suegra. Antes de cumplir el año de casados, Christina huyó espantada. Su último matrimonio fue el más escandaloso, el 19 de marzo de 1984, con el francés Thierry Roussel. Su amiga Marina Dodero intentó frenar el casamiento. "Le rogué que hiciera separación de bienes. Ella lo amaba. Cuándo me confesó que se casaba sin hacer ningún tipo de papel previo, casi me desmayo. Era una locura y todos pensábamos igual", contó ella. Sin embargo, de ésta unión nació su hija Athina (le puso el nombre de su madre), en 1985. El matrimonio se terminó cuándo ella descubrió que él tenía una relación paralela con la modelo sueca Marianne "Gaby" Landhage (con quién tuvo una hija con dos meses de diferencia a Athina).  Liberada de su última relación se dedicó a disfrutar de sus millones. Llevaba una vida excéntrica y lujosa : compraba polleras "Saint Laurent", valuadas en miles de dólares, era asidua cliente de la casa central de "Dior", dónde pedía que le diseñaran modelos de 20 colores. Gastaba 4 millones de dólares anualmente en vestuario. En una ocasión alquiló un helicóptero de Austria a Suiza porque se había olvidado en un hotel un cassette de David Bowie. Otro capricho : gastó miles de dólares para enviar un avión a EEUU para abastecerse de su bebida preferida : Coca Cola Light (había faltante en Argentina y tomaba 24 botellas por día... !!!). Es decir, consumía una por hora diariamente. La cafeína que contenía la gaseosa no la dejaba dormir y debía recurrir a pastillas para conciliar el sueño, promoviendo otra adicción. Venía muy seguido a nuestro país a visitar a su amiga Marina y comenzó a hacer "buenas migas" con Jorge, hermano de ella. A tal punto llegó la relación que había planes de casamiento y... las íntimas amigas serían cuñadas... todo parecía encauzarse, al menos en lo sentimental. Marina Dodero cuenta como fue la última noche de Christina, el 18 de noviembre de 1988 : "Cada vez que venía se hospedaba en el hotel "Alvear Palace", pero se la pasaba en casa. Fue a hablar por teléfono con su hija (que vivía en Suiza) y luego me dijo al llegar que quería hacerse las uñas, de color rojo (nunca se las había hecho de ese color). Mirábamos revistas, siempre quería estar al día con lo que pasaba en Argentina, ya que sentía gran cariño por el país (como se dijo, su padre inició su fortuna aquí). Esa noche pactamos comer en Tortuguitas. Salí a comprar cosas para el asado del día siguiente, ya que la idea era pasar el fin de semana ahí. Fuimos con mi marido y las chicas. Jorge y Christina irían directo a la cena. Llegaron muy demorados. Parece que ella se había quedado dormida toda la tarde en el sofá de la oficina de mi hermano. Los apuré. Llegaron perfecto, pero me llamó la atención que ella estaba destemplada. Me dijo que tenía frío y hacía un calor bárbaro. Esa noche comimos rico y recordamos mucho a su padre y a su hermano Alex, también muerto. Estaba melancólica, pero feliz. La cosa es que esa noche no dormimos juntas como sucedía otras veces. Ella me lo pedía, necesitaba compañía. Pero en aquella ocasión se quedó charlando con "Oro", como lo llamaba a mi hermano. Es más, le pidió ir a rezar a la capilla. Cuándo volvieron yo ya estaba en la cama, sin camisón. Me lo había olvidado y tuve que dormir desnuda...! Ella, jugando, me destapó porque quería charlar conmigo. Cuándo me vió sin ropa soltó una carcajada. Y como yo estaba en condiciones y, además muy cansada, le dije que seguíamos al otro día. Me tiró un beso al aire y dijo buenas noches en griego. Fue la última vez que la ví. Me levanté pasadas las 10 y le pregunté a Eleni, su mano derecha, dónde estaba Christina. Me dijo que dormía. Me acerqué a la puerta de la habitación y ví luz. Abrí la puerta y me sorprendí al ver que la cama estaba tendida, con ropa encima. Y se escuchaba ruido de agua en el baño. Entré y ví su cuerpo de espaldas, sentado y erguido, con la cabeza apenas caída. La llamé a Eleni diciendo que se había quedado dormida de esa forma, pero no... al instante empezó a gritar que estaba muerta", concluyó. La primera hipótesis era suicidio. Como se dijo, había sufrido trastornos de conducta alimentaria toda su vida y una depresión asociada que la hacía depender de medicación fuerte para la ansiedad, mezclada con anoréxigenos de todo tipo y otra dosis de ansiolíticos para aplacar el efecto de las anfetaminas y la cafeína de las 24 botellitas diarias de Coca Cola. Sin embargo, la autopsia determinó que la causa de la muerte fue un edema agudo pulmonar. Su organismo estaba minado, muy afectado por los diferentes cócteles de pastillas que debía ingerir. Su amiga Marina comenta que "a su adicción a la Coca Cola, le sumaban los problemas de ansiedad y sus trastornos alimenticios. Subía y bajaba de peso. De pronto se internaba en una clínica en Italia y bajaba unos cuántos kilos... pero hacía lo que quería. Tomaba pastillas para dormir a raíz de tanta cafeína que ingería". Decidieron enterrarla tras un funeral privado de rito ortodoxo griego, el 20 de noviembre (al día siguiente de su deceso) en una capilla de Skorpios, una isla privada, propiedad de la familia. Sus restos descansan en el cementerio de la isla, junto a su padre y su hermano. Marina Dodero viajó en el avión que llevó el cuerpo de Christina a Grecia, después de urgentes y múltiples trámites burocráticos. Compartió el viaje con el último marido de ella y fue lapidaria : "Fue incómodo. No hablamos. No la lloró nunca, ni en el viaje, ni en la ceremonia. A su hija no le dijeron que su madre había muerto". Athina heredó una fortuna estimada en 2500 millones de dólares. Fue criada por su padre y su esposa. Obtuvo la mitad del control del patrimonio al cumplir 18 años. A los 20 años, en 2005, se casó con el jinete brasileño Álvaro Alfonso de Miranda Nieto ("Doda"), 13 años mayor que ella. La fastuosa boda tuvo lugar en San Pablo, con 5000 invitados y 1000 botellas de champagne. Se divorciaron en 2016, pero "Doda" no pudo cobrar lo arreglado (1 millón de dólares por año pactado por convivencia), ya que Athina descubrió, con la ayuda de investigadores (a través de tarjetas de embarque, facturas de hotel, entrada a torneos hípicos), que su marido tenía una doble vida con una ciudadana belga. Sufrió el mismo engaño que su madre, pero fue más inteligente y sagaz. De ésta forma salvó el honor de la familia. Triste final para Christina Onassis, de sólo 37 años. La mujer más rica del mundo en su momento, heredó el 55 % de la fortuna Onassis (500 millones de dólares) y decidió donar el 45 %  restante para financiar una fundación establecida en la memoria de su hermano Alexander. Le fascinaba ir a la montaña rusa, los autitos chocadores y la vuelta al mundo en el "Italpark", como cualquier niña, cuenta su amiga Marina. Pero... en su caso quedó demostrado que todo el dinero del mundo (que ella poseía) no pudo vencer la soledad que la acompañó siempre (no quería dormir sola y no pudo criar a su única hija), ni tampoco alcanzar el amor deseado y correspondido, aquel que no la traicionara... al contrario cuándo lo había encontrado, la sorprendió la muerte...



Foto 1 : El matrimonio Onassis y sus hijos.


Foto 2 : La pequeña Christina y el yate que lleva su nombre (regalo de cumpleaños N° 4).


Foto 3 : Su primer marido (Joseph Bolker), era 27 años mayor (presionada por su padre se divorció a los 9 meses).


Foto 4 : En el sepelio de su padre acompañada de sus tías. Detrás su madrastra, Jackie Kennedy.


Foto 5 : Con su íntima amiga, Marina Dodero, de vacaciones en Suiza.


Foto 6 : Con su hija Athina y su ahijada.


Foto 7 : Con el hermano de Marina, con quién planeaba casarse. Su muerte lo impidió.


Foto 8 : Athina Rousell Onassis, única heredera de la fortuna (aquí con su ex marido).



Foto 9 : El country de Tortuguitas. Aquí murió Christina Onassis.


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