MALVINAS... LOS PERROS DE LA GUERRA
La Guerra de Malvinas se cobró la vida de 649 hombres (323 de ellos en el buque ARA "General Belgrano") , entre soldados conscriptos y militares de carrera. Muchos más murieron después de la contienda por otras circunstancias, sobre todo psicológicas. También hubo 14 mujeres veteranas de guerra, cumpliendo tareas médicas en el continente (dónde llegaban todos los heridos en combate). Algunas de ellas aún siguen otra pelea : que se las reconozca como tales, con los beneficios que ello conlleva. Pero a ésta historia bélica le falta una tercera pata : aquella protagonizada por seres de cuatro patas, quiénes se destacaron por su heroísmo, lealtad y patriotismo. Estamos hablando de los perros que fueron a la guerra y... éstas son sus historias. Quiénes más canes aportaron a la contienda fue la "Agrupación Perros de Guerra" dependiente del Batallón de Seguridad de la Base Naval de Puerto Belgrano, quiénes designaron a sus mejores 18 perros para la misión isleña. ¿ Cómo comenzó todo ? El 5 de abril de 1982 (tres días después del desembarco) el Comandante de la base recibió la orden de alistar una sección de Perros de Guerra en 48 horas para partir a las islas. Ese mismo día arribaban a Puerto Belgrano parte de los buques de la Flota de Mar que habían participado en la recuperación de las islas. La misión encomendada a la sección de canes era brindar seguridad en Puerto Argentino, realizar un reconocimiento en detalle, detectar infiltraciones del enemigo, alertar sobre posibles sabotajes e impartir las órdenes en consecuencia. Para tal fin fueron convocados el Guardamarina Médico Veterinario Jorge Víctor Robles y el Suboficial Ernesto Franco (encargado de la Agrupación). Además de los 18 perros, designaron a los 21 mejores soldados conscriptos de tal agrupación, quiénes serían los guías de los perros (iban 3 como reserva y ayudantes de enfermería). Los canes (todos ovejeros alemanes) elegidos fueron : Volf, Nando, Vogel, Warner, You, Falu, Keni, Negro, Franky, Nick, Duque, Ñaro, Ranquel, Ñancul, London, Onix, Olaf y Xuavia (la única hembra). El 8 de abril el personal y los perros fueron embarcados en el ARA "Bahía Buen Suceso", al mando del Teniente de Fragata Infante de Marina Miguel Alberto Paz. Los canes fueron alojados en la bodega junto a abastecimientos de todo tipo. El movimiento marítimo del barco afectó a perros y soldados. Arribaron a las islas el 11 de abril (Domingo de Pascuas). El jefe de la Sección había arribado el 7 de abril, a bordo de un Hércules C-130. Ya en tierra, fueron agregados a los Servicios de Apoyo para Combate (SPAC) de la Armada. Hubo cambio de planes (debido a la improvisación) y, quisieron disgregarlos a guías y perros en diferentes lugares de Puerto Argentino. Pero su inclusión en los Servicios de Apoyo les permitió mantener la conducción centralizada y tener el control sobre todos los perros, pues debían asegurarles comida, controles veterinarios y medicamentos. Les asignaron una tarea peligrosa : debían brindar seguridad en diversos galpones dónde estaba la logística de la Armada, ayudar en la descarga de los buques que arribaban a Puerto Argentino, recoger en el aeropuerto los abastecimientos que traían los aviones... ¿ por qué era peligroso ésto ? Entre 5 y 10 minutos después de la partida del avión, se venía un bombardeo aéreo inglés. Los perros mostraron un comportamiento ejemplar (mérito también de sus guías), con sólo una nutritiva comida por día. El 12 de junio le ordenaron al Jefe de la Sección Perros enviar a 5 guías con sus canes a una determinada posición de retaguardia del Batallón de Infantería Mecanizada 5 (BIM 5), a los efectos de detectar posibles infiltraciones en una determinada zona. Se ubicaron detrás de la montaña Sapper, pues en la misma se encontraban una fracción de la Compañía de Mar y efectivos del Grupo de Artillería Aerotransportado 4 del Ejército Argentino. Los guías designados fueron los soldados Carlos del Greco, con Ñaro; Raúl Andicochea, con Negro; Luis Giuliani, con Warner; Carlos Silvas, con Xuavia y José Cruz con Vogel. Permanecieron allí la noche de la máxima resistencia argentina (entre el 13 y 14 de junio). En la madrugada del 14, los guías y sus perros se replegaron a Puerto Argentino, bajo el intenso fuego de la artillería inglesa. Debido al estruendo, los perros Ñaro y Negro (eran los más bravos), aturdidos, se distanciaron de sus guías y... no se supo más de ellos. En tanto,Vogel y Warner se replegaron con sus guías y Xuavia (celosa y excelente guardiana) se alejó del suyo, de forma repentina y se perdió en la noche. Horas después, casi al amanecer, una patrulla de rescate oyó sus ladridos. Estaba echada al lado de un soldado herido y a punto de congelarse. Ella, con el calor de su cuerpo, lo mantuvo vivo, hasta que llegaron los camilleros. Los acompañó hasta el hospital y, luego regresó a su base. Luego de la rendición, el 15 de junio, todos estuvieron prisioneros en el aeropuerto. Fueron ubicados en carpas para dos personas y, en las más grandes guarecieron a los perros. Cada tanto los sacaban a caminar por lugares dónde estaba permitido. Ese día llegaron 2 camiones con alimentos al aeropuerto, que fueron custodiados por los perros. Recién el 20 de junio, por la tarde, la Sección en su totalidad partió hacia Puerto Argentino y luego embarcados en el ARA "Yehuin" (que había sido tomado por los ingleses) y, finalmente al ARA Rompehielos "Almirante Irizar", designado como buque hospital en la contienda bélica. A pesar del ambiente desconocido y hostil, los perros, gracias a sus guías, se mantuvieron calmos y no se resistieron para subir. Partieron a Ushuaia, llegando el 22 de junio. Permanecieron allí, en el barco, todos los perros y dos conscriptos designados para su cuidado : Carlos del Greco y Ceferino Cáceres. El resto de los soldados salió en avión hasta Río Grande, luego arribaron a la Base Aeronaval "Comandante Espora", en Bahía Blanca y, finalmente, el largo periplo finalizó en "su casa", el Batallón de Seguridad. Así como estaban, con la misma ropa con barro que traían desde varios días, con sus rostros y cuerpos cansados, los soldados desfilaron ante el respetuoso silencio de sus camaradas. Al finalizar, todos se fundieron en un único abrazo fraternal. El 27 de junio, el ARA "Almirante Irizar" llegó a la Base Naval de Puerto Belgrano, con los 16 perros y los 2 conscriptos. Otro veterano de 4 patas fue "Tom", un perro callejero, sin entrenamiento, que fue de polizón a las islas y allí mostró todo su coraje y compañerismo. Ésta es su historia, contada por su "dueño", el cabo 1° del Ejército Omar Liborio, integrante del Grupo de Artillería 101 : "El camión me esperaba afuera, junto a mis soldados y los equipos. Tomé un gran manojo de camperas y me dirigí a la carrera, pero se me cruzó un perro de la base, que habíamos criado desde cachorro y me hizo caer. Me levanté maldiciendo, tomé otra vez las camperas y retomé mi camino, pero a los pocos metros otra vez el perro me hizo caer. De la bronca, lo tomé y le dije : te venís con nosotros a Malvinas y, lo subí al camión. Al ver al perro, el soldado Cepeda me preguntó asombrado : ¿ Y eso mi cabo primero ? ¿ Cómo se llama el perro ? Entre risas contesté : desde ahora se llama Tom, porque vamos al Teatro de Operaciones de Malvinas (TOM)". No tardó en ganarse el cariño y simpatía de la tropa, siendo el más mimado. Pero había que ocultarlo de los superiores. El ingenio hizo que, en las inspecciones estuviera dentro de un bolso, campera o saco, dónde sólo asomaba su hocico para respirar. Liborio sigue con su relato : "Luego de varios días de espera en Santa Cruz, partimos en un Hércules hacia las Islas Malvinas, transportando a nuestro personal, 2 cañones "Sofma", un camión"Unimog" y, por supuesto a Tom, que a esa altura ya era un soldado más". El fino oído de los perros, entre 4 y 5 veces superior al del ser humano, los convirtió en fundamentales alarmas preventivas, pues advertían un bombardeo segundos antes que se produjeran. Gracias a eso y sus ladridos indicando el inminente peligro, podían guarecerse a tiempo y... salvar sus vidas. Liborio recuerda con precisión lo ocurrido en las islas : "Tom era el primero en salir del refugio para buscar a los más alejados y el último en entrar a cubrirse". Era, como se dijo, uno más, ya que compartía la comida con la tropa. Debido a su pelaje corto, en las noches frías temblaba mucho. Por ello, sus "camaradas" le fabricaron un abrigo (una especie de pasamontañas, tipo pullover) con gorros de lana y bufandas de ellos y, con una lata, le hicieron un casco. Su labor no sólo era táctica, pues en su puesto de artillero siempre estaba ladrando sobre una roca al lado del cañón, ya que los ruidos ensordecedores no lo asustaban. También su tarea era psicológica, ya que advertía cuando un soldado estaba decaído y, se acercaba para levantarle el ánimo. La muerte siempre rondó sobre él, pero no tuvo miedo. Liborio cuenta con nostalgia el fatídico día : "El 11 de junio, cerca de las 11:15 horas, un avión pirata lanzó un feroz ataque contra nuestra posición, haciendo estallar nuestro cañón. Todos, incluído Tom, pudimos cubrirnos rápidamente gracias a sus ladridos de alerta. La segunda pasada del avión fue más feroz, muchos resultaron heridos, incluyéndome. En medio del humo, el olor a pólvora y, heridos como estábamos, salimos a buscar a Tom. Lo encontramos tendido en una roca, herido de muerte. Las esquirlas del "Sea Harrier" lo habían alcanzado. Se quedó mirándonos, inmóvil, con sus grandes ojos negros despidiéndose lentamente de nosotros, "sus camaradas". Debieron sacrificarlo para calmar su dolorosa agonía. Allí quedó para siempre nuestro cañón y, el mejor testigo de ésta gesta, nuestro querido "Tom". Allá, él es otro bastión que, junto a los héroes que dieron su vida por la Patria, significan soberanía y un especial estilo de vida. Cuando volví al continente, cada perro que tuve se llamó "Tom", en honor a él, quién en la fría turba malvinense fue mi mejor amigo y los amigos jamás se olvidan". También estuvo en las islas el perro "Mortero", del Regimiento de Infantería Mecanizada 8 (RIM 8), cuyo guía era el cabo primero Víctor Alberto Funes. Hicieron base en la Bahía Fox. El can acompañaba a la tropa en cada una de las salidas de las unidades "Gato" y "Mancha" para reconocimiento. Cruzaba el campo minado y las primeras líneas hasta llegar a una tranquera. Allí se detenía y se quedaba observándolos hasta perderlos de vista. Al regresar la tropa, tres o cinco días después, allí estaba "Mortero" firme, y sus saltos y movimientos de cola resaltaban la alegría del reencuentro. Fue el primer perro prisionero de la historia. Cuándo eran trasladados al continente en el buque "Norland", les orinó la alfombra. Los soldados ingleses, enfurecidos, quisieron arrojarlo al mar, pero los soldados argentinos lo impidieron formando una barrera humana en torno a él. Así "Mortero", pudo volver al continente. Otros perros de la guerra fueron "Laika", una perra de mediano porte, quién era mascota del barco "Yehuin". Volvió al continente en el Rompehielos "Almirante Irizar" y "Malvino", un cachorro dogo que, con el Regimiento de Infantería 5, de Paso de los Libres, estuvo en la posición del faro en el Cabo San Felipe hasta el fin del conflicto. Cuándo fueron tomados prisioneros, lo separaron de sus compañeros y, se perdió, no se supo más de él. ¿ Y qué pasó con los otros protagonistas de éstas historias ? Los cuerpos y collares de los bravos "Ñaro" y "Negro" nunca fueron encontrados y se los cree muertos (la denominación exacta es "desaparecidos en acción"). El estruendo de las bombas los aturdió y desorientó. Una versión, nunca confirmada, dice que un oficial británico se quedó con uno de ellos. Por su parte, de los 16 que volvieron, "Xuavia", que había ido preñada a la guerra, dió a luz a 9 hermosos cachorros (su camarada "Duque" fue el padre). "Vogel", quién estuvo, como se dijo, con otros 4 perros custodiando la retaguardia del BIM 5, compañía que no se rindió, entró el 14 de junio desfilando junto a la tropa en Puerto Argentino. Ya en el continente, estuvo presente en todas las ceremonias con los veteranos de guerra, desfilando con ellos y, portando con orgullo su medalla y distinción de Veterano de Guerra. Fue el primer animal condecorado por el Congreso de la Nación. Y también el más longevo de todos, ya que falleció el 1° de diciembre de 1991, a los 13 años. Lo sepultaron en la Agrupación Perros de Guerra y, su tumba mira hacia las islas. La gran mayoría murieron de viejos y algunos en accidentes de servicio. "Mortero" falleció años después en su regimiento, de muerte natural. En cuánto a "Tom", verdadera leyenda canina, posee un monumento inaugurado el 1° de junio de 2014, en Ascensión, partido de General Arenales (Buenos Aires). El mismo es un perro negro, sentado sobre una piedra (actitud que adoptaba diariamente en las islas), con la mirada al frente. A su lado hay un casco, como símbolo de los caídos y, una cruz, que representa la muerte de éste héroe canino. Los ingleses tomaron nota de la actuación canina argentina en la guerra y, desde 2013 poseen un asilo para 22 perros tácticos (ya poseían uno más pequeño varios años antes) e, igual que nuestro Ejército, ahora utilizan perros para patrullajes de campo, detección de explosivos y búsqueda y rescate de personas en las islas. Ésta es la historia de nuestros veteranos de guerra de 4 patas, relato que por su valor e importancia debe ser conocido... ahora su batalla continúa cruzando el arco iris que va al cielo de los perros...
Foto 1 : Los perros y sus guías a bordo de un Hércules, rumbo a las islas.Foto 2 : Tom, artillero. Negro y Ñaro, tácticos, dieron su vida en la guerra.
Foto 3 : Xuavia dió a luz a 9 cachorritos al volver al continente.
Foto 4 : Vogel con su guía. Fue el 1° animal condecorado por el Congreso.
Foto 5 : Mortero y su guía. Estando prisionero le orinó la alfombra a los ingleses.
Foto 6 : Patrullaje de reconocimiento en Puerto Argentino.
Foto 7 : Volviendo al continente en el Rompehielos "Almirante Irizar".
Foto 8 : Monumento a Tom, en Ascención (Buenos Aires)








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