CASO SCHOKLENDER... UNA HISTORIA ESPELUZNANTE
La historia criminal argentina es profusa y abundante en hechos que, según el tenor de lo que pasó, serán recordados por siempre por diversos motivos : alevosía, frialdad, métodos, coartadas y las características de sus protagonistas. Sin dudas, uno de los que está en la cima del ránking por lo escalofriante es el "Caso Schoklender". Cubierto de punta a punta por la prensa nacional, el hecho conmocionó al país (y aún lo hace) : el asesinato a sangre fría de los hijos a sus padres. Todo tiene tinte de escandaloso, turbio y hasta bizarro. Aquí la macabra historia : Mauricio Schoklender y Cristina Silva se casaron el 7 de julio de 1955. Eran una familia de clase media acomodada.Vivieron en Tandil, dónde nacieron sus 3 hijos : Sergio Mauricio (el mayor, llegó a la vida el 30 de mayo de 1958), Ana Valeria y Pablo Guillermo. El padre de la familia, Mauricio era ingeniero y, al recibir una oferta de la firma alemana Pittsburg, se mudó con todos los integrantes a Buenos Aires. A Cristina le gustaba leer y les inculcó ese hábito a sus hijos. Había estudiado danza y teatro y era afecta a organizar reuniones sociales. Tenía una pasado tumultuoso detrás. Luego de la separación de sus padres (presenciaba todas las discusiones entre ellos), su madre inició una nueva relación con otro "novio" que la visitaba. Cristina le hizo la vida imposible con su comportamiento al hombre y su madre, por lo que ésta decidió internarla como pupila. Pero, todo empeoró y a los 14 años fue expulsada al ser descubierta manteniendo relaciones sexuales con otra compañera. Volvió a su hogar y, las peleas seguían, por lo que para vengarse de su madre, comenzó a seducir a su padrastro. El final fue pésimo: terminó violada y expulsada nuevamente, pero ésta vez de su casa. Independizada ya, se las arregló como pudo (además de comenzar a beber y consumir anfetaminas) para sobrevivir con trabajos menores, hasta que conoció a Mauricio en una boite (otra versión afirma que fue en la parada de colectivo al que ella siempre iba). El flechazo fue fulminante y decidieron casarse. La familia de él estaba en total desacuerdo con el enlace, debido a las adicciones de ella. Pero a él no le importó y siguieron adelante. Sus comportamientos no eran los de una "señora" precisamente (por ejemplo recibía en baby doll a los proveedores y les hacía comentarios subidos de tono), con sus hijos ya crecidos. El consumo de alcohol había aumentado notoriamente, al punto de estar borracha diariamente y... no tenía escrúpulos en engañar a su marido llevando a sus amantes a su propia casa. Los hijos de Schoklender le decían a su padre que no se dejara humillar de esa manera, pero él les comentaba que debían comprenderla porque su madre era "una persona enferma". Además, la empresa dónde trabajaba era señalada como intermediaria de la empresa alemana Tyssem-Hanschel en la venta de un submarino nuclear y 10 aviones a la dictadura chilena de Augusto Pinochet. Y, sobre él, se decía que era la conexión entre uno de los artífices de la dictadura, Emilio Massera y esa firma (había pedido 5 fragatas misilísticas). El descaro de Cristina no tenía límites, simulaba intentos de suicidio para que la atendieran. Les presentaba los amantes a sus hijos. "Él es mi nuevo amor", les decía mientras tomaba de la mano a su galán de turno y lo llevaba a la habitación. Ellos le recriminaban la humillación a su padre y ella respondía : "¡ A mí que mierda me importa ! Me da asco". Los hermanos estaban hartos del comportamiento de su madre. En su libro "Ésta es mi verdad", Sergio Schoklender escribió : "...mi madre tomaba anfetaminas, se emborrachaba y acosaba a Pablo, además de tener amantes, mientras que mi padre salía con su secretario. Eso llevó a que más de una vez mi padre llorara porque mi madre, alcoholizada, lo humillaba y le gritaba homosexual". A Sergio lo que más le molestaba era cuándo su madre se insinuaba con Pablo y trataba de seducirlo a toda costa. Ella lo manoseaba, quería masturbarlo, hacerle de todo... "Se desvestía delante de él, le mostraba sus pechos, sus genitales", contaba. Estando en la cama con su esposo, usando cualquier excusa, Cristina llamaba siempre a su hijo menor. La situación no daba para más y, Pablo, que siempre tuvo problemas de conducta en la escuela, por su impulsividad, dió el primer aviso a principios de mayo de 1981 : entró con 2 bolsas con nafta a la habitación de sus padres, roció la alfombra y encendió fuego. El matrimonio se despertó justo y salieron de allí. Pablo huyó a Uruguay y, su padre no quiso hacer la denuncia pues cobraría $ 600.000 por el seguro del incendio. Luego, Pablo regresó al país y se instaló en el Hotel "Normandie". A pesar de sus actos, Mauricio no le hizo faltar dinero a su hijo. Sergio le sugirió a su padre que le costeara un tratamiento psicológico para su hermano, pero Schoklender padre se negó. El 29 de junio, los hermanos planificaron el crimen. Sergio le dijo a Pablo que si no se animaba, lo haría solo. Esa noche iban a cenar todos para esperar el cumpleaños de Sergio en un restaurante de la Costanera. El plan era que Pablo esperara escondido en un placard de la pieza de Sergio cuando ellos volvieran. Sergio adujo sentirse mal y se volvió al departamento para encontrarse con su hermano y esperar el momento oportuno. A Ana Valeria la pasó a buscar su novio. Cuando el matrimonio llegó a las 3 de la mañana, Mauricio se acostó. El periodista especializado en crímenes, Ricardo Canaletti, relata en detalle los crimenes en un artículo: "Cristina se puso un pijama floreado y se dirigió al comedor a servirse un whisky. Ya venía borracha de la cena y se acomodó en un sillón a disfrutar de su trago. Sergio apareció frente a su madre, quién decía incoherencias producto de su ebriedad. Sigilosamente, por atrás, apareció Pablo, quién tenía una barra de hierro de 30 cms. en su mano derecha. La golpeó ferozmente de costado en su cabeza. La mujer cayó hacia adelante y quedó en cuclillas gimiendo de dolor. Luego, Sergio se ubicó detrás de ella y hacia un costado. Con su propia barra le dió 2 golpes más en la parte posterior del cuello, debajo de la nuca. Salió y regresó veloz con una camisa que estaba con la ropa para lavar y se la anudó al cuello. Su madre aún vivía. Apretó y apretó con fuerza y la sangre dejó de salir. Todo se detuvo. Rápidamente, Pablo fue a buscar una sábana con la que envolvió el cuerpo de su madre. También le puso una bolsa de plástico en la cabeza. Descartaron usar cuchillos. Deliberaron casi 2 horas para decidir qué hacer después... que le dirían a la justicia. Decidieron matar al padre que dormía en la habitación matrimonial. Les costó la decisión, pero debían ser pragmáticos para no dejar rastros ni testigos. Se detuvieron en la puerta del dormitorio, eran las 5 de la mañana. Sergio tenía una barra de hierro y Pablo una cuerda. Estaban más calmados. Sergio le dijo a su hermano que no lo estrangulara de entrada. Su padre estaba en el lado derecho de la cama y Sergio lo golpeó en el costado izquierdo de la cabeza. Se escuchó una respiración dificultosa, como un ronquido. Le pidió la cuerda a Pablo y la pasó por el cuello del padre. Hizo un torniquete con la barra y comenzó a retorcer, dándole 3 vueltas. Al rato, lo envolvieron con la sábana de abajo y le cubrieron la cabeza con toallas y una bolsa de polietileno, igual que a su madre. Por lo tanto, el matrimonio Schoklender murió por estrangulamiento, ya que los golpes con la barra le quitaron posibilidades de defensa. Había que deshacerse de los cuerpos, por lo que Pablo bajó con las llaves del Dodge Polara de la familia hasta el garage ubicado en el subsuelo del edificio (hasta allí no llegaba el ascensor). Sergio llegó a planta baja y descendió por las escaleras al subsuelo, trayendo el cuerpo inerte de su madre. Lo metió al baúl. Al cuerpo del padre lo bajaron entre los dos (sujetándolo y de ambos extremos) y también lo pusieron en el Polara. Luego subieron a buscar ropa de viaje y la ubicaron en un bolso marrón, en el baúl, al lado de los cuerpos. Pergreñaron un discurso unificado : si les preguntaban dirían que sus padres se habían ido de viaje. En ese instante llegó Jorge Tejada, el portero, para lavar los autos. Sergio estuvo a punto de gritarle, pero se contuvo. Calmado, le dijo que no hacía falta, pues debía usarlo. Zafado de esa situación, condujo hasta Coronel Díaz y Las Heras. Estacionó y bajó sin mirar a los costados. Luego de cerrar, pensó en volver a la noche para quemarlo. Llegó a su casa y, su hermana estaba despierta (ya la había traído su novio). A ella le contó que sus padres habían salido temprano y que no le dijeron adónde iban. Le pidió que se cambiara para llevarla nuevamente a lo de su novio. Después de cancelar todas las citas de su padre, arregló con su hermana en verse a la noche para festejar su cumpleaños. El doble crimen fue descubierto a la mañana siguiente por unos niños que jugaban a la pelota en calle Coronel Díaz (entre Pacheco de Melo y Peña), frente al Parque Las Heras, cuándo vieron que, del baúl de un Dodge Polara azul metalizado oscuro. salía un hilo de sangre. Asustados, fueron a decirles a sus padres, quiénes llamaron a la Comisaría 21. Poco después llegaron 5 patrulleros, 3 grúas y 2 camiones de bomberos. El lugar fue cercado para evitar el acceso de periodistas y fotógrafos (aunque, algunos con astucia, pasaron sin ser descubiertos). Eran las 17 horas del 31 de mayo y el encargado del operativo exclamó : " ¿ Y ésto ?". Ante la posibilidad de que hubiera una bomba adentro, rompieron la cerradura con un pequeño explosivo. Al abrir el baúl... el horror : allí, envueltos en sábanas y sus cabezas cubiertas con toallas y bolsas de residuos, estaban los cuerpos de Cristina Silva y Mauricio Schoklender. El juez de la causa, Juan Carlos Fontenla, admitió que en un principio no se sospechó de los hermanos. Reconocido por su documentación, la policía llamó por teléfono a la casa del ingeniero. Atendió Sergio y, para no conmoverlo, le dijeron que sus padres habían sufrido un accidente. Dijo que enseguida partía para el lugar, pero obviamente, nunca apareció. Despertó a Pablo, se afeitaron y le dijo que lo espere en el Hotel "Normandie". En el otro auto de la familia, un Dodge Coronado, Sergio volvió al lugar dónde había dejado el otro auto, pero ya no estaba. Se reunieron en el hotel para planear la fuga, con $ 700.000 que habían podido sacar de la casa. Llamaron a Andrés Horvath, amigo personal de Sergio, quién les prestó dinero suficiente. La Policía llegó al edificio y, al golpear atendió Ana Valeria, quién al ser interrogada les contestó que habían salido temprano y que no le dijeron adónde iban. Inspeccionaron y, en el dormitorio matrimonial observaron dos manchas de sangre en el colchón y salpicaduras en el placard. Estaban secas. Tirada en el piso, una soga de 50 cms. El caso estaba casi resuelto. Con el correr de las horas las caras de Sergio, de 23 años y Pablo, de 20, estaban en las portadas de todos los diarios y revistas. Luego del interrogatorio policial, Ana Valeria quedó fuera de sospecha. En tanto, sus hermanos dieron vueltas por la ciudad y fueron a cenar a un restaurante de la calle Montevideo. A la madrugada decidieron alquilar un taxi para ir a Mar del Plata. Al llegar fueron al "Gran Hotel Dorá" y, allí Pablo pidió una habitación doble, presentando identidades falsas : Claudio y Pablo Fogel. En tanto, Sergio fue al aeroclub e intentó alquilar una avioneta bimotor, pero no encontró al dueño del lugar. Al volver al hotel, Pablo le mostró los titulares de los diarios : "Hallaron asesinados a un industrial y a su esposa en el baúl de un auto", rezaba la tapa. Sergio volvió al aeroclub y descartó huir en la avioneta porque el dueño le dijo que obligatoriamente debían pasar por la aduana. Ante ésto, se les ocurrió un plan delirante : citaron al publicista Abraham Vininsky al hotel y le comentaron que eran representantes de la industria náutica "Vogel" y que querían lanzar al mercado una nueva línea de lanchas. Pedían 4 modelos, 2 hombres y 2 mujeres, pues iban a organizar una cena para 300 personas con el fin de exhibir las lanchas y ejecutar el plan publicitario. Al día siguiente,Vininsky llegó al hotel con los modelos pedidos, pero los hermanos ya no estaban. Debían moverse con celeridad y separarse, pues sus fotos ya circulaban por todo el país. ¿ Cuál era el objetivo del plan ? Conseguir la documentación de los modelos para escapar del país. Cada uno salió por su lado y, a la tarde, la casualidad los reencontró en la peatonal marplatense. Nadie los reconoció. Volvieron a separarse y, Sergio pasó la noche en el hotel alojamiento "Somos dos", ubicado en la ruta, en las afueras de Mar del Plata, con una prostituta que le consiguió un taxista (una versión dice que tuvo sexo toda la noche y otra que la usó para pasar la noche en un lugar alejado. Cansado de tanto trajín, se durmió). Al día siguiente compró ropa de gaucho, botas de montar y un caballo, el cuál lo pagó $ 1.300.000. Cabalgó desde Camet hasta la localidad de Cobo durante 30 kilómetros, como un auténtico cowboy. Al llegar, entró a un lugar llamado "El Viejo Almacén". Allí estaba el dueño, Daniel Columba y un empleado, con su mujer y su hijo. Sergio pidió whisky y tomó demasiado mientras charlaba con ellos. Primero habló de un raid a caballo desde Mar del Plata a EEUU. No le creyeron. Cuándo el alcohol hizo efecto en su organismo, dijo que estaba en problemas. El dueño, ex policía, le preguntó que le pasaba para darle una mano. Entonces, confesó el doble crimen. Columba le apuntó con un arma contra la pared y, exaltado, exclamó : "Vea la alhajita que tenemos aquí. Es el hijo de puta que asesinó a los padres en Buenos Aires". Lo golpearon, amordazaron y maniataron. Luego lo encerraron en un galpón, cada tanto le sacaban la mordaza y lo interrogaban : "Carajo pibe, ¿ porqué mataste a tus padres ?" . Se turnaban para cuidarlo y cada tanto iban a la Ruta 2 a ver si pasaba un patrullero. En un instante los "captores" discutían si matarlo o no. Sergio aprovechó ese descuido y... salió corriendo. Ante la sorpresa mayúscula, Columba exclamó : " ¡Cosa ´e mandinga. Éste es Houdini !". Maniatado, corrió 1 kilómetro sin parar y, exhausto, se echó a dormir debajo de un puente, al costado del arroyo "Vivoratá". Al levantarse, ya no tenía fuerzas. Rendido, caminó hasta la Ruta 2 para hacer dedo. Deambulaba por la banquina, quería entregarse. Al rato, el único auto que paró era un patrullero que, inmediatamente lo detuvo. Su aspecto sucio, harapiento y, además demacrado, provocó la reacción de uno de los policías : "Es como una criatura atormentada, podría ser mi hijo". Dos día después, Pablo fue detenido en Tucumán. Aunque no se había puesto de acuerdo con su hermano, había comprado un caballo para huir a Bolivia. Luego lo vendió en Ranchillos (a 30 kms. de San Miguel de Tucumán). Había cambiado el plan de viaje, pues con dinero compraría un pasaje en tren. Mientras deambulaba por la ruta (igual que su hermano), en un control de rutina le pidieron su documento y, entregó el que decía Claudio Vogel. La foto no coincidía para nada (la persona tenía rulos y pelo largo). Al llevarlo a la Comisaría tampoco coincidían las huellas digitales. El subcomisario Mario Pacheco se dió cuenta y le sentenció : "A vos te buscan por matar a tus padres". Pablo bajó la cabeza y asintió. Así cayeron los parricidas. La opinión pública manejó varias hipótesis. La Revista "Gente" publicó el 11 de junio de 1981 : "Una de las sospechas es que Cristina Silva mantenía relaciones incestuosas con Pablo y su alcoholismo afectaba a toda la familia. Por ello, los hermanos habrían decidido poner fin a esa situación asesinando a sus padres. El doble crimen se planeó por lo menos 2 años antes. También Sergio culpaba a su padre de negocios turbios como tráfico de armas". El 12 de marzo de 1985, la jueza Marta Lopardo condenó a Sergio Schoklender a prisión perpetua, pero absolvió a Pablo por las reiteradas veces que su hermano pidió declarar para ir cambiando o modificando su versión y atribuirse toda la culpa. Lopardo tuvo dudas con relación a Pablo y lo desligó del doble crimen. Por supuesto que la sentencia fue apelada por la Cámara del Crimen, pues consideraban al hermano menor también responsable. No había dudas de la participación de Pablo y todo era una maniobra de su hermano para salvarlo. El 7 de abril de 1986, la Cámara del Crimen modificó el fallo y declaró a los dos hermanos responsables de matar a sus padres. Sergio ya estaba preso, pero Pablo, por aquella absolución que había recibido en primera instancia, se había escapado. Pudieron capturarlo recién el 14 de mayo de 1994 en Bolivia. Tenía una nueva identidad : Jorge Velázquez, comerciante argentino radicado en Santa Cruz de la Sierra. Se había casado y, aunque en ese momento estaba separado, tenía una hija. La pista para su detención llegó porque había emitido un cheque sin fondos y estaba preso. Apenas lo liberaron, Interpol lo detuvo, nuevamente era Pablo Schoklender. En 1995 autorizaron a Sergio a hacer salidas laborales (desde las 7:30 a las 18:30 horas). ¿ Con quién y adónde ? Con Hebe de Bonafini en la Asociación "Madres de Plaza de Mayo" (lo conoció cuándo las madres visitaban presos políticos en la cárcel de Devoto). Su trabajo era dirigir el Centro de Cómputos y Archivo Informático de la institución. Pablo comenzó a tener salidas laborales en 2001, también con las "Madres". Ana Valeria como se dijo, no fue acusada. Su vida es un misterio, se cambió el apellido y cada tanto aparece por el tema de la herencia. Sergio se casó con Viviana Sala, psiquiatra que conoció en la cárcel (luego se divorció) y ascendió meteóricamente su nivel de vida gracias a los negocios con la fundación de las Madres (muchos de ellos poco claros). En 2011, los hermanos se pelearon definitivamente por asuntos relacionados con el manejo del dinero de la fundación (ambos eran apoderados). En 2013 los dos volvieron a la cárcel acusados de liderar una asociación ilícita que desvió millones de pesos girados por el Estado a la Fundación "Madres de Plaza de Mayo". Se echaron culpas mutuamente. Fueron excarcelados en julio de 2013. Todo se había roto. En 2014 declararon a Sergio penalmente responsable del delito de incumplimiento de los deberes de asistencia familiar en perjuicio de su hija (Madeleine, fruto de su relación con María Belén Schneer, a quién conoció en 1995, cuándo presentó su libro "Infierno y resurrección", en Tucumán). Ana Valeria quedó como única heredera familiar, ya que sus hermanos fueron declarados indignos por haber asesinado a sus padres. Cambió su apellido por Lender, no quiere saber nada con su "maldito" apellido original. Hoy sus hermanos tienen 66 y 63 años y siguen procesados por la causa "Sueños compartidos" por defraudación al Estado. No tienen relación. Pablo vive en Paraguay y usa su apellido materno, Silva. Sergio vivió un tiempo en Pérez (Santa Fe) y trabaja en el rubro de la construcción (es maestro mayor de obras). Hace poco volvió a Buenos Aires. El caso pasó a la posteridad por lo espeluznante y horroroso... y no llegaron a cumplir su condena. Ahora, hasta que la justicia se expida definitivamente (por otras causas), los hermanos Schoklender, asesinos de sus padres, están en libertad...
Foto 1 : Los Schoklender a pleno.
Foto 2 : En el baúl del Dodge Polara ocultaron los cuerpos de sus padres.
Foto 3 : el horrendo doble crimen tuvo cobertura nacional.
Foto 4 : Momento de la detención de Sergio.
Foto 5 : Pablo es detenido en Tucumán.
Foto 6 : Su hermana Ana Valeria, totalmente ajena al doble crimen.






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