CASO JAVIER "PANTRISTE" ROMERO... LA TRAGEDIA QUE VISIBILIZÓ EL BULLYING

La temática del bullying está instalada definitivamente en nuestra sociedad. El acoso físico o psicológico que los compañeros de escuela hacen a otro alumno/a determinado/a en forma reiterada y prolongada a lo largo del tiempo (siempre es el mismo, "lo tienen de punto") existe desde siempre, pero no se había visibilizado con ese nombre hace dos décadas atrás. Hubo un trágico hecho en nuestro país que instaló definitivamente el debate y la temática y, se lo identificó con el nombre que ahora lleva. La situación ocurrió en el año 2000 y fue un antes y un después del tratamiento del bullying en nuestro país. Tal vez el nombre de Javier Ignacio Romero no diga o no signifique nada para usted amiga/o lector/a, aunque si le agregamos la problemática del bullying o el apodo "Pantriste", la cuestión comienza a aclararse. Vamos a conocer su historia. Javier era el menor de los 4 hijos de los correntinos Bernardino Romero y Luisa Gómez. Vinieron al conurbano bonaerense, y se asentaron en el Barrio San José (una zona baja, surcada por varios arroyos y poblada de asentamientos marginales) en busca de mejores oportunidades a finales de los ´60. La vida les dió un duro golpe al fallecer Bernardino en julio de 1983, víctima de una afección hepática severa. Tal situación afectó considerablemente al pequeño Javier. Éste, luego de terminar la escuela primaria y, de algunos años de discontinuidad, cursaba el 1° año en la Escuela de Enseñanza Media N° 9 de Rafael Calzada, del partido bonaerense de Almirante Brown, con 19 años de edad (tenía entre 3 y 4 años más que sus compañeros). No la pasaba bien allí, pues la diferencia de edad y su personalidad, algo retraída, lo hacían objeto de burlas por parte de sus compañeros que, además, le hacían pasar situaciones desagradables. Evitaba salir al recreo por ello. A solo 3 semanas de ingresar, le pusieron el apodo de "Pantriste", debido a su parecido al protagonista de una película animada llamada "Corazón, las alegrías de Pantriste", creada por el notable Manuel García Ferré y estrenada el 6 de julio del 2000. Fue un verdadero éxito, ya que la vieron más de un millón de espectadores. Javier Romero contó las agresiones que sufría en una entrevista televisiva posterior al hecho que vamos a narrar luego, en 2008, desde el penal : "Llegaba al colegio y me pedían plata para la cerveza, el porrito y si no les daba, me sacaban la campera, las zapatillas". En la misma nota, contó una situación límite : "... salí del colegio y un compañero se me abalanzó y me dijo que era un gil. Nos agarramos a las trompadas hasta que cinco salieron en su defensa y me golpearon en el piso. Yo no podía contra siete patoteros. Tuve que aislarme después... lloraba de bronca... nunca se lo conté a nadie...". Al día siguiente me encerraron en el baño, me amenazaron con un arma blanca y me apuntaron con un revólver. Trascartón, lo sentenciaron : "Mañana vas a ser boleta". Dijo sentir impotencia y bronca, ya que su ilusión de estudiar en esa escuela para tener un oficio y un futuro habían caído en saco roto, pues nadie lo ayudaba : "Los profesores se daban cuenta, pero no hacían nada o a lo sumo llevaban a dirección a los agresores". Trató de "buscar una salida" a esa angustia que lo devoraba. Un compañero, al verlo así, le dijo : "Mirá, loco. Te puedo conseguir un "fierro". Asustalos aunque sea para que no te jodan más. No podés seguir así". Todos los dichos antes mencionados, provienen de esa nota, su propia versión. El 4 de agosto de 2000, al mediodía, la jornada había finalizado y los estudiantes, a todo bullicio, salían de la escuela. Javier caminó hacia la salida en medio de todo el alboroto... ¡ Ey, Pantriste ! le gritaron desde atrás. Se detuvo junto al portón de entrada del colegio, se dió vuelta y, de su mochila sacó un revólver calibre 22. Lo tomó con sus manos y comenzó a disparar. A pesar de que no haya certeza absoluta de ello, varios testigos aseguran que, antes de apretar el gatillo, Javier en una especie de alarido les habría gritado : "¡ Ahora me van a respetar ! ¡ Los voy a hacer mierda !"... Las balas alcanzaron a Mauricio Salvador, de 16 años, quién recibió un impacto que le perforó el cráneo y terminó desplomado junto a uno de los pilares que sostenían la reja. Mejor suerte corrió Gabriel Alfredo Ferrari, de 18 años, ya que un proyectil le raspó el cuero cabelludo sobre la oreja derecha. Tanto Javier, como Salvador y Ferrari eran compañeros de curso. Todo se convirtió en un caos y, entre gritos, estudiantes y docentes salieron disparados en distintas direcciones, buscando guarecerse. Javier, también salió corriendo. Un alumno lo persiguió 5 cuadras, pero logró zafarse, tirándolo al piso. Se dirigió al departamento de Ramona, su hermana mayor, dónde él vivía de lunes a viernes, pues la vivienda era cercana al colegio. Una vez allí, sin inmutarse, almorzó sin mencionar lo que había pasado y durmió una siesta. Horas después, su madre Luisa Gómez llegó junto a una comitiva policial. Lo detuvieron y fue trasladado a la Comisaría 5°, dónde quedó incomunicado. Los vecinos de la zona, al reconocerlo, quisieron lincharlo. Luego del ataque, los heridos fueron llevados al Hospital "Arturo Oñativia", dónde Mauricio Salvador llegó insconsciente. Debido a la gravedad del cuadro, lo trasladaron al Hospital Fiorito, de Avellaneda, dónde falleció 3 días más tarde. Ese mismo día, Gabriel Ferrari fue dado de alta. La policía secuestró el arma usada por Javier, que estaba escondida en un colchón en la casa dónde había sido detenido. La misma había sido adquirida por la madre como elemento de defensa personal ante el panorama de inseguridad reinante y estaba legalmente registrada a su nombre (contradiciendo la supuesta versión de que había sido suministrada por un amigo del colegio). La causa por el homicidio quedó bajo la órbita de la jueza de Lomas de Zamora, Marisa Salvo y los fiscales Domingo Ferrari y Walter Distéfano. La abogada Graciela Noemí Caldini, a cargo de la Unidad de Defensa Penal N° 9, representó a Javier Romero. Transcurridos 3 días del hecho, la psiquiatra Adriana Fourgeaux, entrevistó a Javier en la Comisaría y, en su informe y evaluación, concluyó : "... se lo encontró ubicado en tiempo y espacio" y agregó que "poseía una personalidad pobremente estructurada, de carácter esquizoparanoide, aunque sin signos de alienación". Lo indicado por la profesional lo declaraba imputable, pero decidieron hacerle estudios más exhaustivos. Por ello, meses después, las especialistas Mónica Santamaría y Laura Secondi, le realizaron una serie de entrevistas y, elevaron un informe, dónde sostienen que "en el momento del hecho, el joven presentó posiblemente un episodio psicótico breve", y concluyeron la pericia diciendo que "dicho episodio le impidió comprender la criminalidad de sus actos y medir la trascendencia de sus acciones". Éstas conclusiones daban un giro a la causa. A principios de 2001, la jueza Salvo confirmó la prisión preventiva de Javier, que aún estaba detenido en la Comisaría. No sabían dónde alojarlo y, terminó por breves períodos en los penales de Sierra Chica, Mercedes, Magdalena y Dolores, respectivamente. El 12 de marzo, los fiscales solicitaron la elevación a juicio y acusaron a Javier Romero de homicidio simple por la muerte de Mauricio Salvador y tentativa de homicidio simple por las lesiones recibidas por Gabriel Ferrari. Por su parte, la defensa pidió la inimputabilidad del acusado. A fines de abril, la jueza Salvo elevó el caso a juicio. Las audiencias recién comenzaron el 27 de marzo de 2003, a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal N° 6 de Lomas de Zamora, integrado por los jueces Daniel Obligado, Rodolfo Goerner y Claudio Fernández. También participaron la fiscal Graciela Caldini (defensora de Javier), el fiscal del juicio, Osvaldo Correa y Alejandro Zimmermann (representante de la familia Salvador). En el momento del juicio, sus compañeros reconocieron en su declaración que "las cargadas eran moneda corriente dentro del curso, especialmente entre los varones". Sin embargo, surgía del expediente que, el apodo de "Pantriste" se lo habían puesto las mujeres, inspiradas en ciertos rasgos del protagonista de la película "Corazón, las alegrías de Pantriste", estrenada en el receso invernal anterior. Javier Romero era flaco, alto, desgarbado, retraído y solitario, como el personaje de García Ferré. En el mismo juicio, varios estudiantes señalaron a un pequeño grupo de 6 y 7 alumnos como los originarios de los entredichos que derivaron en la tragedia posterior. No lo dejaban integrarse al grupo y el conflicto por ello era permanente. Varios testigos aseguran que "las horas previas  al fatal desenlace estuvieron cargadas de tensión y agresiones". Finalmente, el 8 de abril de 2003 y, por unanimidad, los jueces lo absolvieron por inimputabilidad, aunque lo consideraron "peligroso para sí o para terceros". Ordenaron una inmediata "seguridad curativa" que debería cumplir en la Unidad N° 10 de "Melchor Romero", un centro de rehabilitación abierto para tratamientos neuropsiquiátricos, dependiente del Servicio Penitenciario Bonaerense, ubicado en La Plata. El argumento se basó en las ya mencionadas pericias psicológicas y psiquiátricas, dónde concluyen que Romero "tenía una personalidad esquizoide y, que en el momento de la matanza había sufrido un episodio psicótico lleno de ira". Una vez instalado allí, fue destinado a realizar tareas en la huerta, mantenimiento del edificio y atención en el casino de oficiales. El 3 de mayo de 2007, el Tribunal de Casación Penal confirmó el fallo y desestimó los pedidos de la defensa para que recuperara la libertad. No obstante, el 31 de marzo de 2009, el titular de la Junta de Ejecución N° 2 de Lomas de Zamora, Federico Valiutto, basado en evaluaciones del Servicio Penitenciario Bonaerense que indicaban una "atenuación de los causales de peligrosidad", decidió incluír a Javier Romero en el "Programa de Alta a Prueba", con salidas de 24 horas. Con el tiempo, estudió y se graduó de bachiller, gracias al Plan "Fines" y se capacitó como electricista, herrero y soldador en el Centro de Formación Profesional de Florencio Varela. El 20 de diciembre de 2018, el mencionado juez Valiutto hizo lugar al pedido de la Secretaría de Inimputables de la Defensoría General de Lomas de Zamora y le concedió el alta definitiva. A los 37 años, 18 años después del trágico suceso, volvía a ser libre. Mucha tela para cortar quedó sobre el hecho. Anteriormente, como se dijo, en julio de 2008, en el programa "Un tiempo después", emitido por Telefé y conducido por Soledad Silveyra, pudo verse escucharse a Javier, en una nota que le hicieron en el penal. Allí dió su particular versión, dónde solo recuerda hasta instantes previos al hecho : "A ese momento no lo recuerdo mucho. El momento que pasa y disparo el arma no me acuerdo. Ni me acuerdo de la sangre de mis compañeros. No puedo contar lo que hice, supongo que porque estaba en un ataque de nervios. Si me preguntan cuántos tiros disparé y a quiénes les tiré, no tengo ni idea. Pienso que no dije nada, que esa frase la armaron". Y continuó diciendo : "Nunca pensé en conseguir un arma y matarlos a todos. No fue un plan. Pero sentí que debía resolverlo, solo quería asustarlos para que me dejaran de molestar. El día que pasó todo no quería entrar al aula, tenía miedo, temblaba, ya llevaba el arma. Le dije al preceptor que me iban a pegar o matar, pero me dijo que no pasaba nada". Por último una reflexión final de él : "Al entregarme, mi mamá tomó una buena decisión. Estoy arrepentido. Arruiné mi vida y la de los padres de las víctimas. Les pediría perdón, pero van a desear que me pudra en la cárcel o que me muera. Eso es lo que siente cualquier padre o madre al que le matan un hijo. Estoy pagando por lo que hice, pero sé que voy a llevar esa mochila para siempre". En cuánto al resto de los protagonistas, nada fue como antes. Sus compañeros, luego, se cambiaron de curso o escuela, incluso varios abandonaron. Nunca hubo una reunión de egresados. Gabriel Ferrari, sobreviviente del hecho, ese año abandonó el colegio, aunque dos años después retomó para egresar en el Centro Especializado de Bachiller para Adultos, con orientación en Salud (funciona en el Hospital Gandulfo). Con su familia tiene una academia de manejo. Cada tanto le surge cierta molestia en la herida recibida, como una señal de que lo recordará siempre. Norberto Martínez, compañero de banco de Javier, se cambió de turno y luego abandonó el colegio para trabajar : "lo que nos tocó vivir fue algo muy terrible. Los de ese grupo quedamos muy dolidos, golpeados por lo que pasó y cada uno siguió su camino. No nos volvimos a ver"; sentenció. Por su parte, María Inés Martínez y Rubén Darío Salvador, padres de Mauricio, única víctima del hecho, nunca pudieron superar la pérdida de su hijo. Javier Ignacio Romero hoy sobrevive haciendo changas gracias a los oficios que aprendió en el penal y de una pensión que recibe debido a su afección. Su caso fue el que visibilizó por primera vez el "bullying" en nuestro país, término desconocido para esa época. El acoso escolar está más vigente que nunca y, aunque la mayoría de las veces no haya víctimas fatales, como el caso narrado hoy, contiene otras víctimas a las que hay que ayudar y, que tal vez, callan por su silencio temeroso o su personalidad. El caso de "Pantriste" distó mucho de ser una alegría, como menciona el título del film...


Foto 1 : Javier Romero, en su estadía en el penal.

Foto 2 : La Escuela de Educación Media N° 9, lugar de la tragedia.


Foto 3 : Nota televisiva a Javier Romero, desde el penal.


Foto 4 : El hecho fue noticia en los diarios.



Foto 5 : Javier, escoltado por la policía, llega a la sala de juicio, en 2003.

Foto 6 : Afiche del film, de García Ferré.


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