EL PACTO DE OLIVOS... O COMO NEGOCIAR PARA CONTROLAR EL PODER

 La Constitución Nacional, denominada "Carta Magna", es la ley fundamental que nos rige a todos, aquella que garantiza nuestros derechos y libertades, en definitiva marca el pulso de nuestra vida, nuestra cotidianeidad en la sociedad a la cuál pertenecemos y vivimos. Su carácter supremo hace que ninguna ley coexistente la sobrepase, es decir debe respetar sus lineamientos. Sin embargo, aquellos que detentan el poder de turno, se ven tentados a modificar algunas de esas normativas (ya que todas no se puede) en "beneficio propio" para lograr ciertos objetivos, más que nada personales. Obviamente no es una tarea sencilla, pues se requiere de un mecanismo institucional determinado para realizarlo. El gobernante de ese momento puede utilizar éstas herramientas, con el apoyo de los otros poderes (el legislativo, sobre todo), para llevar a cabo lo antes mencionado. En la entrega de hoy nos referiremos a la Convención Constituyente de 1994, que cambió sustancialmente muchos aspectos de nuestro accionar diario y, sobre todo y principalmente, la forma de gobierno. Pero no era la primera vez que las autoridades quisieron modificar la "Carta Magna" que fuera promulgada en 1853. El pionero en éstas cuestiones (como en varias otras), fue Juan Domingo Perón, quién en 1949 (siendo presidente desde 1946) había convocado a una Convención Constituyente con solo dos tercios de los presentes en el Congreso y no la totalidad de diputados y senadores. El caudillo buscaba su reelección, algo que la Constitución no le permitía y... pudo lograrlo, pues le aprobaron ese recurso en la Constituyente (que su partido manejaba) y a fines de 1951 se presentó en las elecciones venciendo a Ricardo Balbín, líder de la UCR. La particularidad fue que por primera vez pudo votar toda la ciudadanía, pues la reforma permitió el voto directo y las mujeres debutaron como sufragantes. Perón sería derrocado 3 años más tarde por la denominada "Revolución Libertadora" y debió huir del país. Al año siguiente, en 1956, el presidente de facto, General Pedro Eugenio Aramburu la derogó y decidió llamar a otra. Sin embargo, la misma careció de representatividad y, por supuesto legitimidad (al ser una dictadura), ya que debido a la proscripción de su líder exiliado, el Partido Justicialista forzó a sus adeptos a votar en blanco y, terminó venciendo éste tipo de voto en la contienda. El dictador dejó sin efecto el derecho a reunión, los derechos del trabajador, la igualdad jurídica del hombre y mujer en el matrimonio, el voto directo, la autonomía universitaria, la educación primaria obligatoria y gratuita, entre otras cosas. Un verdadero despropósito. Y así llegamos a la última, en 1994, que es la que tiene la legitimidad que le faltó a las anteriores, puesto que los dos partidos mayoritarios, Partido Justicialista (PJ) y Unión Cívica Radical (UCR) estaban de acuerdo. Carlos Menem, actual presidente, tenía como objetivo fijo ser reelegido y, a ello contribuyó Raúl Alfonsín, anterior presidente. Los dos hombres más importantes e influyentes políticamente del país llegaron a un trascendental acuerdo que pasó a la historia como el "Pacto de Olivos". Vale aclarar que Alfonsín, durante su mandato, había querido reformarla con ítems importantes a incluír, como la reelección y el curioso proyecto de trasladar la capital del país a Viedma. Para ello le había pedido al Consejo de Consolidación Democrática la tarea de hacerla. Con humildad, el caudillo radical se autoexcluía de la posibilidad de ser reelecto. La crisis económica, que derivó en su anticipada salida, impidió realizarla. Por su parte, Menem, el 22 de octubre de 1993, sanciona el decreto N° 2181, que llamaba a una consulta popular "voluntaria" a realizarse 30 días después. El riojano tenía "espalda" para sostener su decisión, ya que había bajado la inflación del 3000 % en 1989 y 2000 % en 1990. Al año siguiente, en 1991, con la ley de convertibilidad ideada por el Ministro de Economía Domingo Cavallo, de paridad 1 a 1 entre el dólar y el peso logró que bajaran los precios y, por ende, la inflación : 84 % en 1991, 17,5 % en 1992 y 7,4 % en 1993. Además, en las elecciones legislativas obtuvo un amplio triunfo con el 42,5 % de los votos. Detrás, el radicalismo llegó al 30 % . Los radicales estaban divididos por la afirmativa o negativa a la reelección, pero ante la derrota buscaron negociar, aunque Alfonsín se oponía a la consulta promovida por Menem, tildándola de oportunista. Sin embargo, las reuniones negociadoras comenzaron el 4 de noviembre de 1993 en la casa del ex canciller radical Dante Caputo, quién se encontraba ausente (estaba de misión diplomática de la ONU en Chipre), por lo que la anfitriona fue su esposa Anne Morel. Acompañaron al líder radical, Mario Losada (Presidente de la Convención Nacional de la UCR) y el operador político Enrique "Coti" Nosiglia. Con el riojano llegaron el Secretario General de la Presidencia, Eduardo Bauzá, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Eduardo Duhalde y el líder del sindicato gastronómico, Luis Barrionuevo. Alfonsín sabía que el pacto favorecía a Menem, incluso había cambiado de opinión respecto a la consulta a sugerencia de Raúl Baglini (jefe del bloque de la UCR). Esa tarde merendaron y quedaron en verse antes de fin de mes. La reunión tenía carácter de secreta, pero terminó filtrándose en lo medios, pues el lunes 8, el diario "Ámbito Financiero", de Julio Ramos, dió a conocer la noticia como una "bomba periodística". Al final del mes surgió en forma consensuada el "Núcleo de Coincidencias Básicas" para llevar a cabo la reforma. El domingo 14 ya era "vox populi" el acuerdo entre los dos partidos mayoritarios para modificar la Constitución. Ese día se publica la famosa foto que muestra a ambos políticos de espaldas, caminando y conversando por los jardines de la Quinta de Olivos. El acuerdo estaba sellado y se confirmó ese día. Por los votos que juntaban entre ambos la Convención Constituyente estaba garantizada. La elección de quiénes formarían parte de ella fue convocada para el domingo 10 de abril de 1994. Cada provincia y la Capital Federal elegirían un número de representantes igual al total de legisladores que tenían en el Congreso de la Nación, totalizando 305 convencionales constituyentes. La noticia era tapa de los diarios más importantes del país con titulares en forma de pregunta : ¿ El peronismo tendrá mayoría propia ?  ¿ Hasta dónde caerá el radicalismo ? ¿ El Frente Grande ganará en la Capital ? ¿ Cuál será el apoyo que tendrá el pacto Alfonsín - Menem ? ¿ Crecerá el voto en blanco ? . El escrutinio determinó 15.772.343 votos válidos, de los cuáles 782.477 fueron en blanco y 224.163 nulos. Hubo una holgada victoria del justicialismo pero no le alcanzó para lograr mayoría propia. Así, el PJ obtuvo 137 constituyentes, seguido de la UCR con 74 y el Frente Grande con 31. Más atrás quedaron el MO.DI.N. (Movimiento por la Dignidad Nacional), de Aldo Rico, con 21, Fuerza Republicana, de Antonio Bussi, con 7, la Ucedé (Unión de Centro Democrático) de Álvaro Alsogaray, con 4, el Partido Demócrata Progresista con 3, mientras que la suma de los partidos provinciales pudo instalar 28 constituyentes. Se registraron algunas sorpresas a lo largo del país en esa elección, ya que el PJ perdió en Córdoba, Capital Federal y Tucumán, el bastión de "Palito" Ortega. En Neuquén ganó un obispo, Jaime De Nevares. Entre los constituyentes más reconocidos estaban Elisa Carrió, Oscar Aguad, Cristina Fernández de Kirchner, Gildo Insfrán, Eduardo Barcesat, Adolfo Rodríguez Saá, Rodolfo Barra, Eugenio Zaffaroni, Horacio Rossatti, Juan Carlos Maqueda, Eduardo Valdés y Adriana Puiggrós, entre otros. El obispo De Nevares desistió de participar al estar en desacuerdo con los puntos del Pacto de Olivos. La Convención comenzó a sesionar en Paraná, el 25 de mayo de 1994, a las 16:30 horas. Fueron 35 maratónicas sesiones, siendo la última el 22 de agosto. Ese día quedó aprobado el texto de la nueva Constitución Nacional, que fue jurada dos días después en el Palacio San José (la casa de Urquiza, en Entre Ríos). Se tomaron muchas medidas muy importantes en esa reforma, siendo, por supuesto, la más importante la posibilidad de la reelección presidencial por un solo período (estableciendo el mandato en curso como primer mandato). Además, el período presidencial se acortaba de 6 a 4 años. Otro cambio importante resultó el sistema de voto directo (antes se votaba a electores que designaban al presidente, sistema llamado "colegio electoral"), con la incorporación del balotaje (segunda vuelta electoral donde compiten los dos candidatos más votados). Si el candidato ganador obtiene el 45 % de los votos afirmativos (sin contar los votos en blanco) o más del 40 % con una diferencia de 10 puntos porcentuales sobre el segundo, no hace falta balotaje, de lo contrario, sí. Fue ampliada la autonomía de la Capital Federal, pasando a llamarse Ciudad Autónoma de Buenos Aires (C.A.B.A.) que contaría con su propio sistema de gobierno (leyes propias, designación de jueces, administración de recursos e iguales atribuciones que el resto de las provincias). En el ámbito gubernamental se creó la Jefatura de Gabinete (que controla y coordina las actividades de los ministerios), el Consejo de la Magistratura (quiénes designarán a los jueces federales) y la Auditoría General de la Nación (AGN) cuya misión es controlar en materia económica la gestión del gobierno. Por su parte, se extendieron las sesiones ordinarias del Congreso a 9 meses (desde el 1° de marzo al 30 de noviembre). Antes era entre el 1° de mayo y el 30 de septiembre. Parece que trabajaban poco las chicas y muchachos legisladores de la Nación... En el mismo sentido, se acortó el mandato de los senadores de 9 a 6 años y se otorga la elección de un tercer senador por la minoría (antes eran dos). En el ámbito presidencial, se regularon los D.N.U. (Decretos de Necesidad y Urgencia) y la legislación delegada al Poder Ejecutivo (entre otras cosas, puede dictarlos solamente en circunstancias excepcionales cuándo no se pueda seguir el trámite ordinario para la sanción de las leyes y que se trate de un estado de necesidad y urgencia, como por ejemplo el A.S.PR.O. (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio en pandemia). Las provincias, por su parte, ahora podrían hacer tratados internacionales, crear regiones y les otorgaban la propiedad de los recursos naturales existentes en su territorio. En ésta nueva normativa fue clave el trabajo de los gobernadores Eduardo Duhalde (Buenos Aires), Néstor Kirchner (Santa Cruz), Rubén Marín (La Pampa), Horacio Massaccessi (Santa Fe) y Adolfo Rodríguez Saá (San Luis). También hubo agregados en el régimen de coparticipación federal de impuestos (la Nación le gira dinero a las provincias por éste concepto). Además, adquirieron autonomía los municipios para sus tareas de gobierno. En cuánto a la población, se puso énfasis en los derechos de los consumidores y usuarios, a los cuáles debían suministrarle información adecuada y veraz, obligando al Estado a defender la competencia, controlar los monopolios y aprobar la constitución de asociaciones de consumidores y usuarios, además de la figura del Defensor del Pueblo. En cuánto a derechos humanos, reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Pasaron 30 años de aquella Convención Constituyente, cuyo contenido es más adecuado a los tiempos que corren. Menem logró su ansiada reelección. Muchas cosas fueron positivas, otras ni se cumplieron, pero lo que fue moneda corriente fue el aprovechamiento en beneficio propio de ciertas prerrogativas, tanto en lo municipal, provincial y nacional, gracias a las benditas autonomías (positivas, pero muchas veces erróneamente usadas, con mandatarios en el poder por décadas por ello). Nuestra Constitución Nacional, carta madre y fundacional, muchas veces vapuleada, goza de buena salud, aunque muchos habitantes se empeñen (sobre todo los gobernantes) en violarla...


Foto 1 : la icónica imagen de Alfonsín y Menem en la Quinta Presidencial. El Pacto de Olivos estaba sellado.

Foto 2 : Cara conocidas en la Constituyente : Yoma, Duhalde, Cristina Fernández, entre otros.



 Foto 3 : Los convencionales votando la reforma.


Foto 4 : Alfonsín y Menem, rivales y socios para controlar el poder.


         

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