ROSAS... DEL PODER TOTAL A LA MISERIA Y EL OLVIDO


El poder... capacidad que tiene un individuo para dirigir o influír en el comportamiento de las personas. El mismo puede obtenerse de manera legítima o por la fuerza. El poder proporciona autoridad sobre el resto. Sin embargo, suele obnubilar a quiénes lo detentan, sin importar las consecuencias que deparen su uso o abuso. Suele decirse que "si realmente quieres conocer a alguien, dale poder. Allí conocerás su verdadera naturaleza". En política, existe el término "suma del poder público", referente a la representación y ejercicio de los tres poderes del Estado en una sola persona, sin necesidad de rendir cuentas de sus actos. Quién ejerce el gobierno de ésta manera es considerado un tirano, o también un déspota o dictador. La "suma del poder público" fue la condición que puso Juan Manuel de Rosas para hacerse cargo de un país (aún llamado Provincias Unidas del Río de la Plata) que se desangraba en luchas intestinas entre propios compatriotas, divididos en unitarios y federales. La anarquía reinante entre 1820 y 1830 sólo podía ser evacuada con mano firme, de hierro, sin contemplaciones de ninguna índole y, el indicado para eso era Rosas, ya que nadie tenía las agallas y capacidad para realizarlo. Quería hacerlo de manera legal, siendo nombrado por las autoridades de ese entonces. Lo consiguió y, eso le sirvió como paraguas protector ante la justicia. Manejó los destinos de Buenos Aires (y gran parte del país) en 2 períodos (1829 - 1832 y 1835 -.1852). Pero así como llegó a la cima del poder, su caída fue estrepitosa y, sus enemigos (que bien ganados se los tenía) le querían pasar factura. Así fue que el 3 de febrero de 1852 es vencido por Justo José de Urquiza, en la Batalla de Caseros.  La noche de la derrota se refugió en la casa del encargado de negocios inglés, Robert Gore e inmediatamente mandó a llamar a su hija Manuela (que estaba en la quinta familiar de Palermo), para huir. Tenía el dedo pulgar de la mano derecha herido. Eso no fue impedimento para quitarse el poncho de su asistente (que había traído) y cambiarse de camisa, pantalón y chaqueta negra. Al filo de la medianoche embarcó junto a su hija Manuela en la fragata de guerra "Centaur", rumbo a Brasil. El 7 de febrero, siempre con su hija, subió al vapor "Conflict" y zarparon hacia Europa. La travesía por el Océano Atlántico se vió retardada por la explosión de una caldera  al salir del Puerto de Santos. Debido a ello, el novio de Manuela, Máximo Terrero se adelantó en otro buque y, los esperó en Plymouth (Inglaterra). El barco llegó a fines de abril y fue recibido con sones militares y saludos oficiales, propios de un Jefe de Estado. Por ésta situación se suscitaron quejas en la Cámara de los Lores por la jubilosa recepción. No obstante, el asunto fue zanjado por los buenos oficios del duque de Northumberland, quién avaló la política exterior de Rosas con Inglaterra, siendo ello motivo suficiente para la solución. El 1° de mayo, en diligencia, partieron a Southampton, dónde se alojaron en el hotel "Dolphin" primero y el "Windsor" después. Trece días después de la fuga, el 16 de febrero, el gobernador de Buenos Aires, Vicente López y Planes, ordenó la confiscación de sus bienes para "resarcir al Estado de las malversaciones en que había incurrido". Por ello, su apoderado (y futuro consuegro), José Nepomuceno Terrero protestó la medida y, el 7 de agosto, gracias a la intervención del recién ungido Director de la Confederación, Justo José de Urquiza, el decreto fue anulado. Para su viaje, sólo había llevado consigo $ 900 fuertes (que habían sido recogidas, a las apuradas, por Manuela, de las gavetas de la casa de Palermo). No le duró mucho, porque gran parte lo gastó durante el viaje y los 2 primeros meses de estadía en el hotel. El 11 de septiembre, Terrero consiguió vender la Estancia "San Martín", en La Matanza por 100.000 patacones, el cuál fue girado a Inglaterra. Al mismo tiempo, en Buenos Aires estalló una protesta separatista contra el gobierno hegemónico de Urquiza y, la Nueva Legislatura porteña declaró que no iba a reconocer ningún acto de la Confederación Nacional... Buenos Aires se "había cortado sola" del resto de las provincias. Ésta situación provocó que no pudiera vender el resto de sus posesiones : la Finca "La Blanqueada", ubicada en Belgrano y los predios de Palermo. Con el escaso dinero que le mandaron por la venta, pudo arrendar la granja de Willis Fleming y...comenzó de nuevo. También, luego del primer invierno europeo, abandonó el hotel y alquiló una casa en Rockstone Place. La misma no estaba en las mejores condiciones y, con el dinero que le enviaron techó la casa nuevamente y levantó 3 ranchos a su alrededor, ya que el casco de la estancia estaba muy deteriorado. Construyó corrales, galpones y bebederos, plantó robles y castaños, compró vacas, gallinas, caballos y cerdos. En las 50 hectáreas de su campo sembró hortalizas. Conocía el paño, pues siempre fue hacendado. Era feliz en su terreno y, así se lo expresaba en una carta enviada a su amigo Carlos Ibarguren : " Hay en éste condado una floresta completamente desierta. Tiene como 10 leguas de longitud y como 8 de ancho. Abundan en ella los ciervos, liebres, pájaros y toda clase de caza. Sus arroyos, pastos y árboles son deliciosos. Allí, en esas inalterables soledades y en ese no interrumpido silencio, encuentro mis únicas distracciones, como que mi vida es completamente privada". Un hecho lo marcó, entristeció y defraudó : el casamiento sin su consentimiento de su hija Manuela con Máximo Terrero y su radicación en Londres. Rosas lo tomó como una traición y, ni siquiera fue a la boda. "Me ha dejado abandonado", fue su triste expresión. Sin embargo la producción ranchera no era la esperada y, la miseria comenzó a aparecer en su cotidianeidad, algo inusual en su no tan lejana calidad de vida. En 1857, desde Buenos Aires, lo declararon "reo de lesa patria, por la tiranía sangrienta que ejerció sobre el pueblo y por haber hecho traición a la independencia de su patria". Para 1862 su fortuna ya no existía, su hija estaba lejos, él se negaba a visitarla y decidió, como entregarse, según sus palabras a "la prisión de los pensamientos". Agobiado económicamente, en 1864, decidió escribirle a Urquiza, casi al borde de la humillación : " Me encuentro ya precisamente obligado a salir de ésta casa (Rockstone Place), a dejarlo todo, pagar algo de lo que debo y reducirme a vivir en la miseria. Y en tal estado, su Vuestra Excelencia puede hacer algo en mi favor, es llegado el tiempo de admitir generosas ofertas de Vuestra Excelencia para sacarme o aliviarme en tan amarga y difícil situación. No poco me cuesta molestar a Vuestra Excelencia con pedido de tal naturaleza, pero mi caso, tan claro y notorio, me impone llamar en mi auxilio por asistencia, pues creo que debo, hasta mi patria, no perdonar medio alguno permitido a un hombre de mi clase para no parecer ante el extranjero en estado de indigencia, quién nada hizo para merecerla". Conmovido, Urquiza, en abril, le envía 1.000 libras esterlinas y, a fin de año, su hija lo auxilia con 250 libras. El entrerriano le seguirá enviando dinero regularmente, hasta su asesinato, en 1870. Luego seguiría enviando su viuda. Pero los gastos son muchos, excesivos, por lo que debe despedir a la mitad de sus peones y ponerse él mismo a trabajar duro. En épocas de siembra (entre 1867 y 1869) duerme de 3 a 4 horas por día solamente. En nuestro país le embargan los bienes para remate. El gobernador Alsina ordena la división y venta de lotes de la Estancia "La Blanqueada", en Belgrano y los campos de Palermo son convertidos en paseos públicos. Indignado, Rosas escribe en una carta : "En 20 años que la prensa del mundo sirvió a mis enemigos, a nadie se le ocurrió imputarme el cargo de robador del tesoro público, porque nadie podía ni puede comprobarme éste cargo sin ser desmentido por los documentos fehacientes que acreditan lo contrario.. ¿ Debería comparecer en juicio para defenderme ? ¿ Podría hacerlo ante los que, arrogándose además una competencia que nadie les ha atribuído. daban muestras del espíritu que los animaba ? Me limité a suplicar, aún a reclamar por la restitución de mis bienes. Pero ésta petición no mereció resolución alguna. En tal situación, no me queda otro arbitrio que el que las leyes acuerdan al que, en mi caso, no puede defenderse, ni tiene jueces competentes ante quién deba ventilar sus derechos". Enterado de la grave situación, Urquiza (quién ya no puede interceder por él), le escribe, con el objeto de animarlo : "Creo que usted no debe perder la esperanza de que sus conciudadanos vuelvan sobre esos actos que son la expresión de la venganza y de los odios mezquinos". Su economía empeoraba cada vez más, vivía al día y se alimentaba de lo que producía en sus tierras. Trabajaba desde las 8 hasta el mediodía, cuándo paraba para almorzar. Luego, continuaba hasta las 5 de la tarde y, se ponía a escribir (con un lápiz). En un carretón, sin toldo, iba al pueblo a buscar las provisiones. Salvo en ocasiones especiales, se cubría la cabeza con un viejo sombrero de paja de ala ancha. A pesar de su edad, seguía subiendo a su caballo "oscuro" sin tocar los estribos. Él mismo sintetizaba su vida sencilla y llena de privaciones de ésta forma : "No fumo, no tomo rapé, ni vino ni licor alguno, no hago visitas, no asisto a comidas ni diversiones... Me afeito cada 7 u 8 días para economizar. Mi ropa es la de un hombre común. Mis manos y mi cara son bien quemadas y bien acreditan cuál y cómo es mi trabajo diario incesante. Mi comida es un pedazo de carne asada y mi mate. Nada más". Cuándo la pobreza llegó al extremo, debió comer sus últimas gallinas y vender las dos únicas vacas que le quedaban. Con tristeza, se lo contaba a Manuela, en una misiva : "Mi muy querida hija, triste siento decirte que las vacas ya no están en ésta "farm" (granja). Dios sabe lo que dispone y el placer que sentía al verlos en el campo, llamarme, ir a mi carruaje a recibir alguna ración cariñosa de mis manos, y en enviar a ustedes la manteca. Las he vendido por 27 libras y, si más hubiese esperado, menos me hubieran ofrecido". Su vejez acentuó su terquedad y misantropía (aversión a relacionarse con personas) y le pidió a su yerno que ya no lo visitaran. Ni siquiera mantenía contacto con su hermano Prudencio, que vivía pomposamente en Sevilla y, que podría haberlo ayudado. También dejó de visitarlo Lord Palmerston, primer ministro de la Corona, con quién solía mantener largas y jugosas charlas. Y abandonó las cacerías de zorro. En una carta escrita en 1866 a su amiga Josefa Gómez, sin filtro, describía su situación y aspecto : "Estoy más derecho, mucho más delgado y ágil que cuándo usted me vió la última vez. No me cambio por el hombre más fuerte por el trabajo que hago aquí, sobre el caballo, lo que no pueden hacer ni aún los mozos. No estoy completamente calvo, ni aún calvo. Me falta un poco de pelo en la frente. Las patillas, del todo blancas, son las mismas casi con que vine en el ´52. Nunca uso zapatos, uso botas como siempre. Mi comida es la más pobre en todo". El 10 de marzo de 1877, al atardecer salió de la casa para vigilar el encierro de un par de ovejas. Cuándo volvió, quiso acostarse, pero un ataque de tos lo tuvo a maltraer durante media hora. Al llegar la medianoche, "volaba" de fiebre e hizo llamar a su vecino, el Doctor John Wibbin, quién ya lo había asistido anteriormente. El diagnóstico fue congestión pulmonar, provocado por un enfriamiento que le produjo un resfrío por trabajar a la intemperie, lo que derivó en una neumonía. Ante éste cuadro, el doctor le mandó un telegrama urgente a Manuela, pidiéndole viajar inmediatamente. Llegó el 13, acompañada de sus hijos (Máximo y Rodrigo). La temperatura ascendía a 41° y la tos frecuente se convirtió en vómitos de sangre. A la tarde experimentó una leve mejoría y, Manuela decidió dormir a su lado, sin soltarle las manos. Al despertar, en la madrugada del 14 de marzo, Rosas tenía los ojos vueltos hacia la luz, por dónde entraba el azul oscuro del cielo a través de la ventana. Ella le preguntó, como lo hacía desde pequeña : " ¿ Cómo sigue Tatita ?"... Con la voz ronca y apagada le contestó : "No sé niña"... y expiró. El hombre que durante dos décadas manejó con mano firme, de hierro los destinos del país, fallecía lejos, con la compañía inseparable de su hija, a poco de cumplir 84 años. Fue colocado en un sencillo féretro de roble, cubierto por una bandera argentina y encima, el famoso sable corvo que le regaló San Martín. Luego del responso, que duró 12 minutos, el cortejo fúnebre salió de la iglesia católica de Saint Joseph, en Burgess Street, luego se desvió hasta la catedral normanda de Saint Michel, alcanzó la Calle Mayor y enfiló al norte. Detrás del ataúd venía su hija Manuela, su amigo Augusto Gordon y Elizabeth Adams (ama de llaves de Manuela desde su casamiento). Los escoltaban 15 jinetes, con las monturas tocadas por crespones, entre ellos sus dos nietos : Máximo Manuel y Rodrigo Thomas Terrero, de 20 y 19 años respectivamente. Los cocheros aceleraron la marcha, tomaron la carretera a Londres y se dirigieron al cementerio. Allí los esperaba una fosa cavada desde la mañana. El capellán tomó la bandera del féretro, la roció con agua bendita y se la dió a Manuela. Ese día, el alcalde estaba en los muelles (a pesar de la neblina) del río Test apadrinando la botadura de una fragata y, en otro lugar, unos peones, paradójicamente, demolían el primer piso del hotel "Windsor" (dónde se había alojado Rosas apenas llegó). Cosas del destino. Al día siguiente, 15 de marzo, el diario "Southampton Times & Hampshire Express" le dedicaba una semblanza de 32 líneas. En nuestro país, el gobierno prohibió a sus familiares realizar una misa por él. El tiempo pasó, pero las heridas no se cerraron. El 2 de febrero de 1899, por la noche, el intendente de la Ciudad de Buenos Aires, Adolfo Bullrich, ordenó que dinamitaran el caserón de Palermo que perteneció a Juan Manuel de Rosas. ¿ Porqué lo hicieron de noche ? No querían que en el aniversario de la Batalla de Caseros, la mañana del 3 de febrero, quedara algo en pie alusivo a Rosas. Odio y resentimiento a full. En 1973 hubo un intento de repatriar sus restos. Lo primero que hicieron fue retirarles los cargos en su contra (de más de 100 años atrás). En 1974, bajo la presidencia de María Estela Martínez de Perón, se promulga una ley para poder traer sus restos al país. Recién pudo realizarse en la presidencia de Carlos Menem. El 21 de septiembre de 1989, a las 15 horas, su cadáver fue exhumado, ante la presencia de sus tataranietos Martín Silva Garretón y Manuel de Anchorena. El féretro estaba en un nicho de mampostería. Debajo de él también descansa su hija Manuela y su yerno. Usaron una pala mecánica que demoró horas en realizar el trabajo. La tapa del ataúd estaba deteriorada y algunas impericias en la excavación destruyeron algunos huesos. Lo ubicaron en otro féretro y lo llevaron a la funeraria "Mallum". El viernes 22 de septiembre, por la tarde, un Boeing 707 de la Fuerza Aérea, que traía sus restos, aterrizó en el aeropuerto francés de Orly, en el sector reservado a los Jefes de Estado. Habían colocado una alfombra roja y banderas argentinas y francesas a media asta. El nuevo féretro, de madera clara, que contenía a otro, estaba cubierto por dos banderas, una azul y blanca, federal y otra celeste y blanca(la misma que había flameado hasta el 2 de abril de 1982 en la entrada de la embajada argentina en Londres). Acompañó a la comitiva, Julio Mera Figueroa, presidente de la Comisión Nacional de Repatriación. A modo de sentido homenaje, colocaron también un poncho color punzó sobre el ataúd. El 27 de septiembre se abrió el féretro en presencia de sus descendientes. Los huesos  estaban desarticulados, de color castaño, muchos de ellos destruídos. El cráneo estaba volcado hacia la derecha y la mandíbula aún atrapaba una dentadura postiza. Había  a su lado un crucifijo de madera y un plato de porcelana, seguramente utilizado para colocar agua bendita en el velatorio. Desde Francia, el avión que traía sus restos hizo escala en las Islas Canarias primero y en Recife, después. El 30 de septiembre llegó a Rosario, dónde se hizo un acto en el Monumento a la Bandera, celebrando una misa con la presencia de los descendientes directos. Allí, Menem pronunció su primer discurso como presidente y apeló a la unión nacional : "Al darle la bienvenida al Brigadier General don Juan Manuel de Rosas, también estamos despidiendo a un país viejo, malgastado, anacrónico, absurdo. En la unión nacional nadie está obligado a renunciar a sus ideas ni  a su juicio histórico, en la unidad nacional nadie está obligado a claudicar en sus opiniones sobre nuestro pasado". En el buque de la  Armada "Muratore" el ataúd fue llevado a través del río Paraná hacia Buenos Aires, haciendo una parada de rigor (e histórica) en la Vuelta de Obligado (combate contra la armada francesa e inglesa. El 1° de octubre llegó al Puerto de Buenos Aires y un multitudinario cortejo de jinetes vestidos a la usanza federal, acompañó el féretro hasta su última morada : la bóveda de los Ortiz de Rozas (así se escribe correctamente, con z) en el Cementerio de La Recoleta. No pudo cumplirse el deseo del poeta José Mármol, quién había dicho :" ni el polvo de sus huesos ésta tierra tendrá". En noviembre se inauguró un monumento con su figura, que mira fijo al busto de su enemigo , Sarmiento. No hay calles en el país con su nombre, salvo la Costanera de Bariloche, algunas plazas y la estación Línea B de subte y trayectos de algunas rutas. Finalmente , en 1991, el Correo Argentino emitió una estampilla a A 4000 (color rojo) y, en 1992 se imprimió por primera vez un billete , a valor de 10000, con la cara de Rosas. ¿ Porqué ésta situación de aversión contra Rosas se alimentó a lo largo de los años, por varias razones : ejerció el poder en forma autoritaria, ganándose el odio visceral de sus enemigos, se opuso a la organización nacional y la sanción de una constitución (lo que hubiera significado el reparto de fondos igual para todas las provincias), hubo riguroso control de la prensa y represión a la oposición a través de "La Mazorca". A su favor, el reordenamiento del país en varios aspectos y la gran defensa soberana en la Vuelta de Obligado... Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rozas y López de Osornio... santo y demonio,,, por el poder que detentaba y su aura que nunca terminó de cerrar...


Foto 1 : Retrato de Juan Manuel de Rosas.


Foto 2 : Casa donde vivió en Inglaterra.


Foto 3 : Manuelita Rosas.


Foto 4 : Mausoleo de Rosas en Southampton.


Foto 5 : Repatriación de sus restos en 1989.


Foto 6 : Casa natal de Rosas.


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