INGENIERO SANTOS... "EL JUSTICIERO"
La inseguridad... ese flagelo que nos invade y ha cambiado nuestra forma de vivir. Se vive pendiente de lo que pueda pasar en cualquier momento. Más que nunca hay que tener los sentidos bien despiertos y la alerta permanente para defendernos de los amigos de lo ajeno o los que matan sin escrúpulos. Y sucede que los damnificados (víctimas), pueden llegar a reaccionar ante una agresión... es decir aparece la figura de la legítima defensa, y es allí donde se plantea el dilema jurídico o penal : cuándo es legítima y cuándo se excede la misma. Si lo analizamos, está bastante claro, pero ¿ hasta que punto una víctima no reaccionará luego de un ataque ilegítimo ? . Es otro tema a discutir y del que, seguramente, difícilmente haya acuerdo. El hecho que narraremos hoy dividió en dos a la opinión pública nacional : unos a favor y otros en contra. Vamos a los hechos : día sábado 16 de junio de 1990, a las 11:30 horas, el ingeniero Horacio Aníbal Santos se encuentra en una zapatería, dentro de una galería comercial de Villa Devoto, junto a su esposa, la arquitecta Norma Luisa López, realizando compras. Estacionó su vehículo frente a dicha galería, sobre la calle Nueva York. En un instante comenzó a sonar la alarma de su vehículo Coupé Renault Fuego. La misma se había accionado cuando dos ladrones, Osvaldo "Topo" Aguirre, de 29 años y Carlos "Pollo" González, de 31 años, destrozaron el vidrio del auto y sustrajeron su pasacassete. Al salir del local los vió corriendo y riéndose con el botín, antes de subir a un Chevy modelo 74 y escapar raudamente. A Santos le hervía la sangre y la indignación lo desbordaba y, había una razón para ello : ya le habían robado 12 veces y ésta la tocó presenciarla y no se pudo contener. Con su esposa subió a su auto y comenzó a perseguirlos, hasta que, transcurridas 20 cuadras los alcanzó y les cruzó el rodado para obligarlos a frenar (en la esquina de Pedro Morán y Campana). Ante la tensa situación y, creyendo observar que uno de los ladrones buscaba algo en el interior del auto, la mujer de Santos gritó : "¡ Nos van a matar !" . Rápido de reflejos, el ingeniero extrajo un revólver "Dos Leones", calibre largo, que llevaba en la guantera y les efectuó dos disparos a quemarropa, por lo que ambos ladrones murieron en al acto con sendos balazos en la cabeza. Al llegar la policía, se encontró con un cuadro tremendo : ambos ladrones muertos en sus asientos con sus cabezas inclinadas al costado. En el piso del Chevy, entre las piernas de González (que iba del lado del acompañante), estaba el pasacassete. El doble homicidio generó en los medios un debate inmediato sobre el uso de armas de fuego ("gatillo fácil"), la justicia por mano propia y la legítima defensa. Las autopsias determinaron que los disparos de efectuaron desde una distancia superior a los 50 centímetros. La gente y los medios de comunicación comenzaron a referirse al ingeniero Santos como "el justiciero". Después se supo que era un experto tirador, ya que practicaba asiduamente en el Tiro Federal y que los delincuentes estaban desarmados. Estuvo detenido una semana en la cárcel de Caseros, para luego internarlo en el Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA) por sus antecedentes cardíacos, quedándose 3 semanas allí. Lo liberaron el 26 de julio, esperando su juicio. El juez Luis Cevasco fundamentó la libertad del ingeniero diciendo que "no encontró mérito suficiente para tener por acreditado, siquiera "prima facie", la existencia de un hecho delictivo del cuál fuera en principio autor penalmente responsable". Para el juez no era un delito. El ingeniero dijo que no recordaba nada de lo que pasó". Para su abogado tuvo un "estado de amnesia inmediatamente después de iniciar el seguimiento de los ladrones (luego, en su casa, recuperaría la lucidez)". En 2° instancia, la justicia señaló que "el estado emocional del acusado que obviamente sufrió, no lo privó de la conciencia de sus actos, aunque pudo haber estado perturbado". Se barajaban 3 posibles opciones : Absolución por legítima defensa, condena por homicidio doloso si no había justificación por su acción o condena por exceso de legítima defensa si su acción excedía los límites impuestos por la ley. En el juicio, en 1994 fue condenado a 12 años por homicidio simple reiterado, pero en 1995 la Sala I de la Cámara del Crimen (conformada por los jueces Carlos Tozzani, Guillermo Rivarola y Edgardo Donna) revocó el fallo al entender que se trataba de un caso de exceso en legítima defensa. Finalmente, en un nuevo juicio, fue condenado a 3 años de prisión en suspenso por homicidio con exceso de legítima defensa. Santos nunca más regresó a la cárcel, no volvió a tocar un arma y jamás dió una nota a la prensa. A raíz de esa postura, su vocero fue su abogado Eduardo Gerome, quién manifestó : "Hubo un exceso, la defensa fue legítima, pero no proporcional. El punto es hasta dónde tiene alguien la posibilidad de defenderse, no solo la vida sino sus bienes". También agregó :"Santos estaba harto de que lo afanen, y reaccionó de una forma que no era su manera de ser. Le habían robado 12 veces en ese tiempo y se habían metido en su casa. Al ver como le robaban impunemente una vez más y riéndose en su cara, le generó un shock y sus frenos inhibitorios explotaron". Asegura que una vez le preguntó a Santos porque seguía usando pasacassete si siempre se lo terminaban robando y éste le contestó que él tenía el derecho a tener". El ingeniero Santos no pudo trabajar por 5 años, ya que no estaba en condiciones anímicas ni físicas de hacerlo. Se tuvo que mudar del barrio, por un tiempo, a Nordelta. Las familias de los fallecidos le iniciaron un juicio civil, reclamando indemnización. Con los familiares de González arregló entregándoles un departamento y, en la demanda de los allegados de Aguirre, hubo en 2001 una sentencia a pagar de $ 101.425. El ingeniero apeló el fallo y logró que se declarara la existencia de culpa concurrente (hay responsabilidad también de la víctima) y su culpabilidad se redujo al 20 %, aunque antes de que se fijara la suma definitiva a pagar, las partes llegaron a un acuerdo en diciembre de 2004. Santos tenía una pequeña empresa, pero los gastos a afrontar por las indemnizaciones lo dejaron "en la lona". Sin embargo, con la ayuda de sus hijos, dedicados al mismo rubro (tratamientos de superficies y corrosiones) pudo sobreponerse. El ya mencionado abogado Eduardo Gerome, quién luego de representarlo se convirtió en su amigo, aseguró que "el caso Santos fue una bisagra, porque la gente creía que si le robaban no tenía derecho a defenderse". Así fue que la vida del ingeniero Santos cambió para siempre, víctima de la inseguridad y harto de que nadie lo defienda, lo hizo por su propia cuenta, con las consecuencias ya mencionadas. En los ´90, "el justiciero" ganó más adeptos que detractores y, como en un film de bajo presupuesto de Hollywood, se convirtió en una especie de héroe, del cuál muchos se sintieron identificados. ¿ Qué dice el Código Penal acerca de éste caso ? El artículo 34 inciso 6 establece que "para que se configure la legítima defensa debió haber una agresión ilegítima, la necesidad de usar un medio racional para impedirla o repelerla y la falta de provocación por parte del que se defiende". Hablando "en criollo", una vez consumado el robo y, con los ladrones huyendo, la vida de Santos no corría peligro y, al perseguirlos y matarlos se excedió en su legítima defensa. El juez de instrucción que liberó a Santos, Luis Cevasco explicó que su decisión se basó en una pericia psiquiátrica según la cuál el ingeniero había tenido una "alteración morbosa de las facultades" en el momento del robo. "Era técnicamente lo que correspondía, pero no era esa mi convicción", aseguró. Existe también la tendencia de considerar al delincuente "como un producto de la sociedad, entonces hay que ser benévolo con él". Hoy, Horacio Santos tiene 74 años (contaba con 42 al momento del hecho), volvió a su barrio y quedó en el inconsciente colectivo como "el justiciero", cuándo se cansó de ser víctima serial de robos. Tal vez los dichos de su abogado y amigo Eduardo Gerome defina con certeza la situación : "El delincuente elige a la víctima. La víctima no elige serlo"...
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