LOS "NIÑOS DEL LLULLAILLACO"... MOMIAS QUE PARECEN DORMIDAS

La naturaleza encierra muchísimos secretos, muchos de ellos sorprendentes, que nos dejan boquiabiertos. Sin embargo, no debería sorprendernos, pues la naturaleza es sabia y clara. El ser humano, en sus antepasados, tenía una conexión fuerte con ella, la respetaba, cuidaba... incluso la adoraba, era una deidad más. Pero, el tiempo pasó, el progreso y la civilización fueron devorando culturas y rituales, todo ello conectado con lo sagrado. Hoy, no se respeta a la naturaleza, ni se la adora... menos aún la cuidan. La intervención humana sobre ella genera polémica, aunque todo se permite... o casi todo en nombre del progreso y otras cuestiones más. En la entrega de hoy abordaremos el descubrimiento de los llamados "Niños de Llullaillaco", menores de edad de origen inca que fueron ofrecidos en sacrificio, según las tradiciones y rituales incaicos, quiénes fueron descubiertos 500 años después, en un estado de conservación increíble en ese volcán. El Llullaillaco es la 6° montaña más elevada de América (6.739 metros), ubicada en el límite entre Argentina (a la altura de Salta) y Chile (en la región de Antofagasta), perteneciente a la Cordillera de los Andes. Fueron integrantes de una expedición del Club Andino de Chile quiénes, en 1952, realizaron la 1° ascención al volcán, dónde dieron a conocer la existencia de ruinas arqueológicas en ese lugar. Luego, entre 1953 y 1954, el militar alemán Hans - Ulrich Rudel, hace 3 ascensiones con fines deportivos y exploratorios. El volcán era un desafío para los andinistas y, cada vez había más ascensos. Entre 1958 y 1961, el austríaco Matías Rubisch, hace cumbre 4 veces y es quién realiza las primeras excavaciones a 6.500 metros sobre el nivel del mar (21.325 pies). Recién en 1971, un argentino ascendió : el tucumano Orlando Bravo, junto al baqueano Celestino Alegre Rojas (quiénes años antes habían descubierto un cementerio ubicado en la base del volcán), realizaron exploraciones y excavaciones en la cima. En 1983 y 1985, el antropólogo estadounidense Johan Reinhard se dedicó a estudiar todos los sitios arqueológicos descubiertos en el Llullaillaco. El científico, que era explorador de "National Geographic Society", sugirió a ésta entidad, en 1998, la necesidad de realizar "una misión allí". Le hicieron caso y decidieron organizar y financiar una expedición con el fin de localizar el emplazamiento funerario y los restos del mismo. Su coequiper fue la salteña Constanza Cerutti, integrante de la Universidad Católica local. Hacia allá partieron junto a los andinistas Christian Vitry, Alejandro Lewis, Mario Lazarovich, Adriana Escobar y Antonio Mercado (todos argentinos) y los peruanos Ruddy Perea, Orlando Jaén, Jimmy Bouroncle y los hermanos Arcadio, Edgar e Ignacio Mamaní. También formaron parte de la misión el fotógrafo de National Geography, Gordon Wiltsie, junto a personal y vehículos del Ejército Argentino. El 15 de marzo de 1999, a 6.700 metros de altura, casi en la cima, aparecieron 3 figurillas de llamas, 2 de concha marina (del molusco Spondylus, presuntamente traído de la costa) y una figura de plata. Estaban muy cerca, pues medio metro más abajo estaba el primer cuerpo. El 17 de marzo encontraron la primera momia, a quién llamarían "El Niño". Tenía alrededor de 7 años, estaba sentado con las piernas cruzadas por delante del torso, vestía una túnica gris teñida de color rojo (probablemente de llama), una vincha de lana sobre la frente de color natural enrollada varias veces y un penacho de plumas blancas en su cabeza inclinada hacia adelante. El pelo estaba cortado a la altura del cuello. En los pies calzaba mocasines de cuero. Los dos brazos le colgaban a los lados del cuerpo (en el antebrazo derecho tenía un brazalete de plata). Está sentado sobre una túnica doblada o "uncu" (prenda que llega hasta la rodilla). Unos metros más al norte encontraron a "La Doncella", una joven de 15 años (la mejor conservada, al punto que "parece dormida"). Se supone que pudo haber sido una de las "doncellas elegidas" (acllakuna) que debían crecer recluídas y virginales hasta ser sacrificadas al dios del sol, Inti. Estaba en posición reclinada con la cabeza hundida sobre el pecho. El tocado de plumas que llevaba yacía en la tumba a su lado. Había pigmentos rojizos en los pómulos y alrededor de los labios y pequeños trozos de hojas de coca bajo la nariz. Su cabello largo estaba recogido en finas trenzas. Los brazos y las manos descansaban sobre su estómago. Tenía un vestido envolvente (acsu) color marrón y un fajín multicolor anudado a la cintura. Sobre sus hombros había un manto grisáceo sujetado con una aguja (tupu). En el hombro derecho, encima del vestido, tenía una serie de colgantes de hueso y metal a modo de joyas. La envolvía una tela de color arena con ribeteado de colores, complementada con una tela similar que envolvía la cabeza y el torso. Calzaba mocasines. Dos días después encontraron a "La Niña del Rayo". Lleva ese nombre porque fue alcanzada por un rayo que penetró más de un metro en la tierra, carbonizando las telas exteriores que rodeaban el fardo funerario y quemando partes del cuerpo y rostro. Los párpados estaban semicerrados y se podía observar los dientes en su boca, ligeramente abierta. Estaba peinada con trenzas y, en su frente lucía un tocado de metal plateado. La piernas estaban dobladas y cruzadas, mientras que las manos descansaban sobre los muslos. Tenía un vestido envolvente (acsu) sujeto a la cintura por una faja multicolor y una capa (lliclla) prendida con una gran aguja (tupu). Estaba calzada con mocasines de cuero hechos de un camélido andino. Cada una de las momias tenía un ajuar que las acompañaba en sus tumbas, según el género, pues las niñas llevaban objetos de cerámica (platos, jarros, bolsas y elementos de costura), mientras que el niño portaba estatuillas de plata y oro, pequeñas llamas y estatuillas de objetos vinculados a las actividades productivas. Lo que más llamó la atención fue su excepcional estado de conservación, explicado de ésta forma : "son niños que se han momificado naturalmente porque el frío y la presencia de la ceniza volcánica garantizaron su conservación y absoluta preservación. Para nosotros éstos no son cuerpos, sino niños mensajeros de otros tiempos con un enorme potencial simbólico y científico", asegura la antropóloga Gabriela Recagno Browing. Pero, ¿ porqué estaban en la cima ? Como se dijo, fueron ofrendados a la montaña como parte de un ritual sagrado conocido como "capacocha", hace 500 años atrás. En esa ceremonia, los incas llevaban a los niños en una extensa procesión que partía desde Cuzco hasta la montaña, con el objetivo de "entregarlos" a los dioses. Para los incas, en la "capacocha" los niños no morían, sino que era un tránsito para encontrarse con los ancestros y convertirse en dioses protectores de las comunidades asociadas a esas montañas, que para ellos eran sagradas. "El Llullaillaco es el sitio arqueológico más alto del mundo, es una plataforma ceremonial y, cada niño se encontraba en una pequeña tumba individual a 1,80 metros de profundidad, enterrado y rodeado de una serie de objetos que constituían su ajuar ", explica nuevamente Recagno Browing. Pero algo llamó la atención en los estudios posteriores realizados a las momias : en los análisis bioquímicos del cabello de "La Doncella" se detectó que la niña experimentó cambios en su alimentación un tiempo antes del sacrificio, ya que el último año, su dieta varió de alimentos simples a productos más nutritivos, lo que indica el ascenso a un status más alto. En los últimos 6 meses habría consumido grandes cantidades de coca y alcohol, utilizados para inducir estados alterados de conciencia asociados con lo sagrado, "aunque es probable que éstas sustancias intentaran desorientar y sedar a los niños en la alta montaña antes de enfrentar su destino final y cruel", según deducen en National Geographic. Además, la coca y el alcohol los aletargó y docilizó (demostrado ésto en la posición relajada en que se encontraron los cuerpos, había también rastros de hojas de coca mascadas en la boca de "La Doncella"), además de los objetos del ajuar intactos. Podría decirse que murieron pacíficamente. Luego de su exhumación vino la parte más delicada y compleja : como conservarlas. Las momias estuvieron 3 semanas en 2 congeladores de la dependencia militar "Fragata Libertad", de Barrio Ciudad del Milagro. Pero, debido a la falta de espacio en los congeladores (eran 2 para 3 cuerpos) y la falta de estructura para  investigación, el gobierno salteño autorizó su traslado en un vehículo de la Gendarmería. Luego de estar un tiempo en un congelador común fueron trasladadas a la Universidad Católica de Salta, la cuál estaba mejor equipada, con 3 salas para trabajo de laboratorio y varios congeladores disponibles. Estuvieron allí durante 5 años, cuándo es inaugurado el Museo Arqueológico de Alta Montaña (MAAM), cuyo objetivo es albergar y exhibir los restos arqueológicos del volcán Llullaillaco. El mismo cuenta con 21 laboratorios   ( uno de ellos para la conservación de los niños y otro para los elementos del ajuar). Serían colocados en cápsulas con baja presión atmosférica, bajo nivel de oxígeno y sin incidencia de luz solar para evitar su deterioro (la idea era reproducir condiciones iguales de temperatura que la cima de la montaña). Sin embargo, la exhibición de los cuerpos se demoraría más de la cuenta porque la empresa rionegrina INVAP (encargada de la construcción de las cápsulas) tuvo inconvenientes para hacerlas, ya que el acrílico a usar debía soportar considerables presiones, permitir buena visibilidad y filtrar la radiación ultravioleta (UV). Por ello, debió recurrirse a un acrílico de 12 mm, llamado metacrilato y, además no podía ser de una pieza, sino que debían ensamblarlo en varias partes. El sistema se denomina de "criopreservación" ya que las cápsulas se mantienen a 20 grados bajo cero, a una humedad del 40 % e iluminación filtrada. Tras más de 2 años de demora, por diversos motivos, "La Doncella" fue presentada al público en septiembre de 2007. Los turistas pueden visitar el Museo (pagando entrada e ingresando en tandas) y admirar las momias, aunque solo pueden observar una por vez, ya que son exhibidas en forma rotativa (las otras dos quedan guardadas), cada 6 meses, para evitar la exposición prolongada a la luz. El Museo está ubicado frente a la plaza principal de Salta y abre de martes a domingo de 11 a 19 horas (lunes cerrado). Tiene, además, otras muestras referentes a la cultura andina y solo pueden ingresar 80 personas por hora. Cuándo ingresan a las cámaras para la rotación, los cuidadores científicos usan delantales blancos y guantes, la temperatura es baja y la sala tiene presión negativa, es decir, que la puerta se cierra y se abre con un sistema de fuerzas que evita que las partículas contaminadas puedan entrar (no deben superar los 20 minutos su estadía adentro). El trabajo realizado para su preservación es impactante y de alta calidad... pero una pregunta ha quedado flotando en el aire con respecto a ellas. Para los pueblos originarios, el volcán Llullaillaco ("agua caliente" en aymará y "agua engañosa" en quechua) es una montaña sagrada, que atesora y guarda celosamente los secretos culturales y religiosos de una civilización ya extinguida y consideran la exhumación de los cuerpos y su traslado para exhibición como una profanación y una afrenta y, es por ello, que exigen la restitución de los cuerpos a su tumba mortuoria. Además, el Estado salteño lucra con ello, sin pasarle un solo peso a los pueblos originarios que exigen su parte. El dilema está planteado y el debate también. Los "Niños del Llullaillaco", según la creencia inca no fueron "sacrificados" (por lo menos de manera violenta), sino que habían sido elegidos como ofrenda para convertirse en dioses, encontrarse con sus ancestros y proteger los territorios que iba anexando. Por ello se los enterró con ajuar, agua y comida y les dieron coca y alcohol de maíz (chicha) para que estuvieran adormecidos (lo denota también las posiciones en que los encontraron). Luego de la caminata a la cima del volcán, murieron congelados en su tumba (aunque se cree que "El Niño" murió antes de llegar a la cima porque lo encontraron enterrado ya atado). Misterios de la naturaleza, creencias de antiguos pueblos que la respetaban y progreso que se "lleva todo puesto"... perdiendo todo el respeto... un cóctel perfecto... La mesa está servida, cada cuál con su opinión o interpretación... "Los Niños del Llullaillaco" constituyen una prueba real y presente de las costumbres de las antiguas civilizaciones... de las cuáles América desciende. Cosas de la sabia naturaleza...


Foto 1 : "La Doncella"


Foto 2 : "La Niña del Rayo"


Foto 3 : "El Niño"


Foto 4 : Volcán Llullaillaco


Foto 5 : Reinhard con la "Niña del Rayo".


Foto 6 : "El Niño" en su cápsula.


Foto 7 : Ubicación geográfica del Volcán.


Foto 8 : El cabello de "La Doncella" en excelente estado de conservación.



Foto 9 : Estatuillas, pertenecientes al ajuar.


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