"JARDÍN FLORIDO"... CUÁNDO EL PIROPO ERA UN HALAGO A LA MUJER...

Los piropos callejeros pasaron a ser historia. El galanteo o coqueteo de un hombre hacia una mujer que transita por el espacio público, con una frase o verso romántico (y hasta "cursi" para algunos) dejó de ser inofensivo (y de arrancarle una sonrisa a la dama en cuestión) para ser considerado un acoso sexual callejero leve. Los tiempos cambiaron, el feminismo como movimiento no lo avala y a ciertos "piropeadores" se les iba la mano con vocabularios soeces e indebidos. Muchos factores que dejaron atrás una práctica común, cotidiana y callejera. En Córdoba existió tal vez el máximo y más cabal representante de los piropeadores argentinos : "Jardín Florido". Hablamos de Ferdinando Albiero Bertapelle, nacido en Bassano de Grappa, región de Véneto, en Italia, el 9 de abril de 1888. Llegó al país con sus padres escapando de la miseria y, la familia se instaló temporalmente en el Hotel de los Inmigrantes, en Buenos Aires. Luego partieron a una colonia agrícola, al sur de Santa Fe. Sin embargo, no prosperaron económicamente, por lo que los Bertapelle recalaron en Córdoba, buscando mejores oportunidades y trabajo estable. El joven Ferdinando, de modos refinados y cautivante léxico, comienza a trabajar como mozo en restaurantes y cafés de alta categoría (confiterías), entre ellos el exclusivo bar "Richmond", frente a la Plaza San Martín. Logra así vincularse con lo más granado de la sociedad. Aprovechaba las oportunidades al máximo para aprender. En cierta ocasión, un cliente muy rico quiso darle una suculenta propina y, el piropeador se negó a recibirla. Amablemente, le dijo : "No me dé dinero, compártame un poco de su conocimiento". En 1936, comienza a llamar la atención de la gente. Ese año, traba amistad con el político y abogado José Aguirre Cámara, quién, usando su influencia, consigue que le den el puesto de camarero en el prestigioso y exclusivo Jockey Club Córdoba. Cuándo salía de trabajar, lo hacía vistiendo a imitación (al borde de la parodia) de los antiguos personajes de "abolengo" : frac, galera (sombrero de copa) y un bastón rematado con una bola de billar de marfil a modo de empuñadura, en un claro y notable estilo parisino. Además, le agregaba un ramillete de flores que prendía de las solapas. Tenía un recorrido cotidiano, casi ritual, que hizo durante décadas por la calle 9 de julio (en ese tiempo la más concurrida y comercial de la ciudad). Cuándo se encontraba con una mujer atractiva o no (sin hacer distinción), Bertapelle, sacándose generalmente la galera, le decía (según crónicas de la época) "barrocos piropos, casi gongorinos, genuinos florilegios llenos de curiosa inventiva". En una ocasión sufrió un percance con su bastón, ya que se desprendió la bola de marfil de la empuñadura. La esfera rodó hasta caer en una alcantarilla. Desesperado, durante 3 o 4 horas, de bruces y, con un gancho de alambre la pudo sacar de allí. Nadie daba crédito a lo que veía. Luego, con los años, dejó su trabajo de mozo y, entre otros oficios en los que se desempeñó, ingresó a una conocida inmobiliaria, dónde hizo suficiente dinero para comprar un auto de lujo. Era un "Packard" descapotable (había visto en una foto que Gardel, su ídolo, tenía uno), que adornó con un par de floreros a los costados. Ahora piropeaba también desde el vehículo. Tenía un alto nivel de vida, prueba de ello era que el gobierno de Perón, había adquirido un auto similar para visitas oficiales. Pero ésta práctica, negligente en varias ocasiones, lo involucró en 1954, en lo que pudo ser una tragedia, ya que atropelló a 3 estudiantes al distraerse con una hermosa mujer que transitaba por la vía pública. Con la intención de arrojarle una flor mientras se levantaba la galera, soltó el volante y terminó en la vereda lesionando a los estudiantes. En un proceso judicial en su contra perdió el auto y otros bienes en concepto de indemnización y demás gastos del citado juicio. Quedó en bancarrota, pero no mermó su espíritu y, seguía haciendo sus viajes en tranvía, desde su casa ubicada en Alta Córdoba (Antonio del Viso 738) hasta el centro de la ciudad. Su apodo surge a partir de la iniciativa de un periodista que le puso "Ventanita Florida", en alusión al título de un tango - canción de la época. Después el apodo mutó en "Jardín Florido". Bertapelle murió el 9 de julio de 1968, a los 80 años. Los pasajeros del tranvía y sus vecinos extrañaron su particular ausencia ese día. El galán cerró sus ojos esa noche, para no despertar y con él se llevó todo su romanticismo y galantería. Sumido en la pobreza, su única posesión y tesoro era su atuendo, los vecinos organizaron una rifa para poder pagar los costos del sepelio. Mantuvo esas actitudes "galantes" con la mujeres hasta el final de sus días. En su honor, el cantautor Raúl Montachini, escribió el tema "Caballero de ley". En 1971, el grupo folklórico "Los del Suquía" graban ese tema en su disco "Canción para una mentira", ubicado en el lado A, corte 6). Las estrofas de "Caballero de Ley" comienzan así : "Calle 9 de Julio esquina Rivera Indarte, corazón elegante de mi docta ciudad... con su paso altanero se acerca un viejecito que guarda 20 abriles dentro del corazón ¿ quién no lo conoce ? Ahí va Jardín Florido, en el ojal prendido su infaltable clavel. El piropo elegante que el caballero brinda a la cordobesita que acaba de pasar, la niña se da vuelta, esboza una sonrisa, es como una caricia para el galán de ley". Bertapelle tiene modestos monumentos dispersos por el centro de Córdoba. Hubo controversias para sus homenajes. En 2017 se impulsó desde el Concejo Deliberante de Córdoba un proyecto con la idea de realizarle un monumento, pero el mismo fue descartado para evitar promover el acoso callejero a las mujeres. La principal opositora fue la edila del Movimiento ADN, María Eugenia Reales, con éste planteamiento : "Una cosa es si regalaba flores. Pero... ¿ que mensaje estamos dando como Concejo Deliberante si a la vez tratamos proyectos en contra del acoso sexual callejero, distinguimos a un hombre que por ser hombre se sentía con derecho a decirle algo a una mujer, y que ella no había pedido ?". No obstante, como se dijo, posee pequeños monumentos erigidos en diversos puntos de la cuidad, sin intervención de la Legislatura provincial. Sin dudas, si "Jardín Florido" viviera en éstos tiempos, su conducta sería vista como acoso callejero. Los tiempos han cambiado y todos los argumentos al respecto son válidos y atendibles. En su defensa se puede decir que en su apogeo, décadas del ´50 y ´60, sus modos exageradamente refinados y corteses no eran mal vistos. Luego vendría un cambio de paradigma, los logros del feminismo y el respeto que toda mujer merece y debe tener. Como muestra, aquí citamos algunos de sus caballerescos y respetuosos piropos : "En el mar de las veredas, con ojos como los suyos nadie se podría salvar", "Nada mejor podría suceder en ésta esquina, la lluvia y usted", "Usted puede ser la rueda de auxilio para cualquier corazón en llanta". Pero ¿ Porqué Jardín Florido hacía ésto ? Hay una explicación (algunos dicen que es un mito) sobre ello. Ésta versión dice que Bertapelle, al venir al país, dejó en su amada tierra a sus dos grandes amores : su madre Clementina y su novia Ema. Finalizada la 1° Guerra Mundial volvió a su tierra en busca de ellas y, al llegar a su pueblo lo encontró destruído, arrasado por los bombardeos y, la peor noticia, ambas habían sido víctimas de los mismos. Sin nada que ganar ni perder, volvió a Argentina con el alma vacía y el corazón destrozado. En el vapor que lo traía de vuelta, mirando la inmensidad del mar desde la cubierta del barco, se juramentó : "Amada madre, a partir de ahora prometo verte en todas las flores, en cada una de ellas. Ema, dulce amada mía, a ti te veré en todas las mujeres y, en tu honor prometo reverenciarte ante cada una de ellas". El inmenso mar fue mudo y único testigo de semejante promesa. Ésta versión, como se dijo, tiene algo de mito, pues la historia  considerada "oficial" menciona que vino con su familia. Como sea, la que habla de la promesa encaja mejor con su personalidad. Ferdinando Albiero Bertapelle, "Jardín Florido" fue un ícono de la identidad de la cultura cordobesa durante mediados del Siglo XX y, tal vez no haya sido casualidad su deceso un 9 de julio. Ese día, el más frío de ese año, como toda flor de un jardín, su vida se marchitó...

 

 


 Foto 1 : Su más icónica imagen, "piropeando"


Foto 2 : su atuendo, con frac, galera, bastón en bola de marfil en la empuñadura y el infaltable clavel en su ojal.


Foto 3 : en un día de lluvia, con su paraguas.


Foto 4 : su partida de nacimiento cita que nació el 9 de abril de 1888 (no en 1875, como citan otros textos). El nombre Valentino que aparece abajo del apellido es de su padre (su nombre está al lado de BERTAPELLE).


Foto 5 : El Packard Phaeton que compró para piropear en vehículo.


Foto 6 : recreación visual del Packard "remodelado" por Bertapelle.


Foto 7 : Primer plano de Ferdinando Albiero Bertapelle, "Jardín Florido".

 



 

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