SAN MARTÍN... LOS ÚLTIMOS AÑOS DEL PRÓCER, LEJOS DE SU PATRIA
Tanto honor y tanta gloria desplegada por América y en cada liberación, un grito de esperanza, emoción y libertad... ésta podría ser una estrofa inicial que exponga en una canción lo hecho por José de San Martín, "Libertador de América". Pero el tiempo es tirano y veloz, la dinámica de lo presente se impone y, aquello que alguna vez fue una proeza, queda en el recuerdo... igual que sus protagonistas, que terminan sus días olvidados, exiliados y enfermos. Esa salud no cuidada en favor de la causa nacional y patriota, se cobra una enorme factura, un altísimo precio. San Martín es, sin discusión, el "Padre de la Patria", sin embargo su final no fue acorde a su contribución por su amada Patria. En ésta entrega conoceremos los últimos días de nuestro máximo prócer. Correntino de pura cepa (nacido en Yapeyú en 1778), se forjó militarmente en España (con un precoz debut bélico a los 13 años en la Batalla de Bailén, contra los moros). Vuelto a su país, se hizo cargo de las guerras independentistas, aunque sólo combatió en la famosa Batalla de San Lorenzo, que en realidad fue una reyerta de 15 minutos, dónde el soldado Cabral (ascendido a sargento post - mortem) ofrendó su vida por él. No fue en vano. Nunca más peleó en suelo patrio, pues luego del épico Cruce de los Andes combatió en Chile (Chacabuco, Maipú y Cancha Rayada, dónde lo derrotaron al sorprender su campamento de noche). Consumada la liberación chilena y peruana (objetivos de su campaña libertadora), se marchó de su Patria, que se desangraba en un cruento enfrentamiento entre compatriotas. Quiso volver (luego de 5 años de ausencia) el 21 de noviembre de 1828, junto a su fiel criado, el peruano Eusebio Soto y, se embarcó en el buque "Countess of Chichester". Al hacer escala en Río de Janeiro, el 15 de enero de 1829, se enteró de una noticia que, además de indignarlo, lo destrozó anímicamente, pues su antiguo oficial de Granaderos, Juan Lavalle, había derrocado, perseguido y hecho fusilar al Coronel Manuel Dorrego. La guerra civil nacional volvía a comenzar. Decidió no desembarcar, pasar por Montevideo (estuvo 3 meses) y, luego volver al Viejo Continente : "Mi sable no se desenvainará jamás en guerras civiles", dijo entre compungido y resignado. Regresó a Bruselas, capital de Bélgica, dónde vivió hasta 1830. La Revolución de ese año determinó la caída del borbón Carlos X y el ascenso al trono de Luis Felipe I de Orleans. Debido a ésta situación y, por insistencia de su amigo Alejandro María Aguado, se mudó a París y alquiló una casa en la calle Neuve Saint Georges. En 1833 (con 55 años), ya padecía dolencias (como el reuma) que intentó calmar con baños en Aix - les - Bains y, comentaba al respecto : "Lejos de hacerme el bien que experimenté el año pasado y que me prometí al presente, me produjeron violentos ataques de nervios y, me debilitaron al extremo de haber tenido que cumplir más de un mes en el regreso". Para poder estar cerca de su amigo Aguado, compró una casa en Evry sur Seine, una comuna de 700 habitantes, a 40 kms. del sur de París. Decidió llamarla "Grand Bourg". Era una construcción de 3 plantas, en un terreno de 1 hectárea. Allí permanecía desde Semana Santa hasta el día de los difuntos. Ya entrado en años, le gustaba caminar por los jardines, pasear con sus nietas (Mercedes y Josefa) y cuidar de sus flores preferidas, las dalias. Por las tarde tenía la costumbre de tomar mate con Aguado. El poeta Fernando Balcarce (hermano de su yerno) se quedaba en la casa largas temporadas. ¿ Otro pasatiempo ? limpiar sus pistolas y escopetas y hacer pequeños trabajos de carpintería. En una ocasión lo visitó Juan Bautista Alberdi, quién luego contaría : "Lo esperaba más alto, lo creía un indio como tantas veces me lo habían pintado y, no es más que un hombre de color moreno. Al ver el modo cómo se considera él mismo, se diría que éste hombre no hubiera hecho nada notable en el mundo, porque parece que él es el primero en creerlo así". Al producirse la Revolución de 1848 (insurrección popular que obligó al rey Luis Felipe I de Orleans a abdicar, dando paso a la Segunda República Francesa), se mudó a Boulogne Sur Mer (ciudad de 30.000 habitantes), cuyo número aumentaba en los veranos por los 12.000 ingleses que venían a tomar baños de mar. Explicaba así su mudanza : "Para evitar el que mi familia volviese a presenciar las trágicas escenas que desde la Revolución en febrero se han sucedido en París, resolví transportarla a éste punto". Testimonios de la época afirman que en ese tiempo su hija Mercedes lo había convencido para que le tomasen un daguerrotipo (primer método de fotografía creado en Francia por Luis Daguerre). Ésto constituye la única foto existente de San Martín. Una de las características de Boulogne Sur Mer (ciudad ubicada sobre el Canal de la Mancha, en el departamento de Calais) fue la habilitación de un natatorio de agua de mar caliente. En la antigüedad, la ciudad fue un puerto natural y puerto de entrada de potencias invasoras a lo largo de la historia francesa. Aquí alquiló un 2° piso con 5 habitaciones, en la Gran Rue 105 (propiedad del abogado, periodista y bibliotecario de la ciudad, Adolphe Gerard). Se mudó con su hija Mercedes, el esposo de ésta, Mariano Balcarce y sus nietas Mercedes y Josefa. En la planta baja, Gerard tenía su estudio jurídico y, en el 3° piso, éste vivía con sus 3 hijos y su esposa. Las cataratas que padecía lo habían dejado casi ciego, por lo que debían leerle los periódicos y libros y, además le costaba mucho dictar su correspondencia, pues nunca se acostumbró a hacerlo. Gerard hablaba 5 idiomas (francés, inglés, italiano, griego y latín), por lo que las charlas con San Martín eran interminables. En junio de 1850 viajó a las termas de Enghien Jes - Bains, para tomar baños allí para el tratamiento reumal. Félix Frías lo encontró allí de casualidad y contó que lo vió "totalmente lúcido, aunque no tanto aunque no tanto melancólico y encerrado en sí mismo". El 6 de agosto realizó su último paseo y, entre dos personas debieron bajarlo del carruaje. Los días subsiguientes pasaron con molestias que le provocaban arranques de mal humor. El 16 de agosto amaneció de buen ánimo. Charló con su hija acerca del tema del día : el número elevado de turistas que se habían ahogado, debido a la cantidad de gente concurrente y los escasos bañeros para controlarlos. A raíz de ésta situación, un lord inglés millonario habitué del lugar, anunció que regalaría un bote hélice para ayudar en los rescates de los veraneantes. El alcalde ordenó adornar y engalanar la ciudad, ya que al otro día llegaría la embarcación. El sábado 17 de agosto, San Martín se levantó sereno y fue a la habitación de su hija (como lo hacía siempre) para que le leyera los diarios, debido a su casi nula visión. No tenía fiebre, pero sí dolor, aunque a éste lo disimulaba sonriéndole a Mercedes para no preocuparla. Estaba algo débil y "achacado" de dolores de estómago (a los que calmaba con elevadas dosis de opio) desde hacía 4 días. Eso le había producido algunos ataques febriles con anterioridad. Su médico le insistió que una Hermana de la Caridad lo cuidase y aliviar un poco la carga de Mercedes, pero recibió el rotundo no de ésta. Esa mañana, su yerno partió a hacer un trámite. Don José fue ayudado a vestirse por su sirviente Eusebio Soto y, almorzó. A las 14 horas comenzaron a agudizarse los dolores de estómago, pero el Dr. Jordan no le dió tanta importancia, pues los mismos eran frecuentes. Estaba descansando en la cama de su hija y cerca de las 15 horas comenzó a desmejorar. San Martín presintió su final, sintió una convulsión y, con gestos le pidió a su yerno (que ya había regresado) que alejase a su hija. En ese instante, falleció. El mito escolar dice que su reloj de bolsillo y el de pared, se detuvieron en el momento de su muerte (3 de la tarde). Al día siguiente fue velado y se redactó su acta de defunción, dónde constaba su deceso "a los 72 años, 5 meses y 23 días, el 17 de agosto de 1850, a las 15 horas". La firmaron Adolphe Gerard (dueño de la casa) y Francisco Rosales (encargado de negocios en Chile). Le colocaron un crucifijo en su pecho, otro en una mesa entre dos velas, mientras dos Hermanas de la Caridad rezaban. El 19 de agosto fue colocado en un féretro y, al día siguiente (a las 6 de la mañana) el cortejo partió hacia la iglesia de San Nicolás. El carruaje con sus restos (con 4 faroles encendidos y tapados con crespones negros), fue acompañado solamente por su yerno, Mariano Balcarce, Adolphe Gerard, su amigo Darthez, Francisc Rosales y un vecino de la zona de apellido Seguier. Al llegar a la iglesia, hubo un rezo y partieron hacia la Catedral. Lo despositaron en una bóveda provisoria, por indicación del abate Haffreingue. En 1861 lo trasladaron al sepulcro de los Balcarce, en Bruney. Quién le alquilaba la casa, Gerard, quedó muy consternado : "Su pérdida deja en ella un vacío que se reproduce en nuestras almas y que no se llenará pronto". En 1864, una ley elaborada por Adolfo Alsina y Martín Ruiz Moreno, autorizaba al gobernador a iniciar las gestiones para repatriar los restos del General. El 28 de mayo de 1880 (durante la presidencia de Avellaneda), dieciseis años después de la gestión, el vapor "Villarino" llegó al Muelle de las Catalinas, trayendo al "Padre de la Patria" (en un féretro de 2 metros de largo por 60 cms. de altura). Domingo Faustino Sarmiento, quién lo había visitado en 1846 en Grand Bourg, encabezó la comisión de repatriación. Su cuerpo estaba embalsamado y protegido por 4 ataúdes (2 de plomo y 2 de madera). En la nave central de la Catedral de Buenos Aires, se hizo un oficio religioso y, el féretro fue depositado en la Cripta de los Canónigos, hasta que estuviera listo el sepulcro, que se estaba construyendo dónde estaba el altar de Nuestra Señora de La Paz. El ataúd fue acomodado en forma inclinada, de forma que su cabeza está a la altura de los visitantes, por lo que no descansa en la parte superior del monumento compuesto por una urna negra, como se preveía. ¿ El motivo ? Muy simple, el tamaño del ataúd es grande para el espacio asignado en el mausoleo. Una guardia de dos Granaderos lo custodia durante todo el año. En Francia, dónde vivió mucho tiempo, dejó un gran recuerdo, a tal punto que, el 24 de octubre de 1909, en el Boulevard Saint Beauve, se inauguró (en Boulogne Sur Mer) una estatua ecuestre en su homenaje (la 1° en Europa). Un hecho impresionante agrandó aún más el mito : el 15 de junio de 1944, la ciudad fue bombardeada por los aliados (en la 2° Guerra Mundial), ya que los alemanes habían instalado allí una base de submarinos. Se arrojaron 1200 toneladas de bombas, provocando la desaparición de barrios enteros... pero el monumento (salvo algunas marcas de esquirlas) no sufrió daño alguno. Los historiadores llaman el momento como "El milagro de la estatua del General". Es increíble notar que, de sus 72 años de vida, San Martín sólo vivió 20 años en su país (de 1778 a 1786 y de 1811 a 1823) y, que permaneció con su esposa un par de años (cuando era gobernador de Cuyo, antes de partir a las campañas libertadoras). "El Padre de la Patria", "El Libertador de América", "El Protector del Perú", tantos motes y adjetivos para nuestro héroe nacional, que murió lejos de su Patria, por decisión propia, antes que derramar sangre de hermanos compatriotas... Motivos suficientes para que esté en el bronce eternamente...




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