LUIS FEDERICO LELOIR, GENIO Y FIGURA DE UNO SE LOS PREMIOS NOBEL ARGENTINOS
Hay personas que son catalogadas de sabios, mentes prodigias o brillantes y, también en un lenguaje más coloquial, genios. Tantas veces se tilda con éste adjetivo a alguien que tiene "buena onda" o realizó una buena acción, pero... el mote de genio va mucho más allá de lo antes expuesto. Podría definírselo como alguien "especial, fuera de lo común, con un talento o una habilidad que no puede ser imitada". A eso debe agregarse otro atributo fundamental : la sabiduría. Ésta suma de aptitudes las tuvo sobremanera nuestro protagonista de hoy... uno de los 5 premios Nobel que tiene nuestro país. Dos de ellos (Carlos Saavedra Lamas y Adolfo Pérez Esquivel), de la Paz, dos de Fisiología y Medicina (Bernardo Houssay y César Milstein) y uno de Química, que recibió Luis Federico Leloir en 1970. Aquí su particular y notable historia. Por casualidad nació en París (Francia), el 6 de diciembre de 1906, debido a que sus padres (Federico Leloir y Hortensia Aguirre), viajaron desde Buenos Aires a la capital francesa por una intervención quirúrgica que debía hacerse allí don Federico. El avanzado embarazo de Hortensia hizo el resto : el pequeño Luis Federico nace en una vieja casa en la Avenida Víctor Hugo 81(cerca del Arco de Triunfo). Sin embargo, la deteriorada salud de su padre dijo basta y murió en 1908. En ese año regresa con su madre al país, dónde vivió con sus 8 hermanos en la región pampeana, en unos terrenos que habían comprado tras su inmigración desde España años atrás. Las tierras, llamadas "El Tuyú", tenían la impresionante extensión de 40.000 hectáreas, extendiéndose desde San Clemente del Tuyú hasta Mar de Ajó (en la zona costera de Buenos Aires). A los 4 años, aprendió a leer solo, ayudado por los diarios que compraban sus familiares para estar al tanto de los temas agropecuarios. Además, su curiosidad y ganas de aprender eran notorias, a tal punto que observaba todos los fenómenos naturales con mucho interés y leía bastante sobre ciencias naturales y biológicas. Cursó sus estudios en la Escuela "General San Martín", dónde luego haría libre 1° año. También estudió en el Colegio "Lacordaire", el Colegio del Salvador y el "Beaumont College", en Inglaterra, en un breve periplo europeo. Al finalizar la secundaria se anotó en el Instituto Politécnico de París para estudiar Arquitectura, pero abandonaría al poco tiempo. Decide volver al país y en su juventud es protagonista de la creación de un aderezo. Resulta que, en 1925, con 19 años solía vacacionar en Mar del Plata y, un mediodía, cansado de acompañar los mariscos de su almuerzo con una simple mayonesa, decidió mezclarla con ketchup, la revolvió, le agregó un chorro de coñac y salsa tabasco (para darle picor). Había nacido la Salsa golf (el nombre fue en honor al Mar del Plata Golf Club, donde era habitué). Desde ese momento, se popularizó éste aderezo para acompañar gambas, langostinos, camarones, cangrejos y todo tipo de mariscos. Al poco tiempo ingresó en la Facultad de Medicina de la UBA (Universidad de Buenos Aires) y la materia Anatomía fue una calvario (la rindió 4 veces). Finalmente se acomodó y pudo recibirse en 1932, a los 26 años. Hizo su residencia en el Hospital de Clínicas "José de San Martín" y luego fue médico interno en el Hospital "Ramos Mejía" y el Hospital de la Universidad durante 2 años. Pero no se sentía cómodo atendiendo pacientes, por lo que decidió dedicarse a la investigación. Así explicaba los motivos : "Nunca estuve satisfecho con lo que hacía por los pacientes. Volviendo la mirada sobre aquellos tiempos, me doy cuenta cuán profundamente ha cambiado la medicina desde entonces. El tratamiento médico en esos días solo era un poco mejor que aquel ejemplificado en el cuento francés en el cuál el doctor ordenaba : Hoy vamos a sangrar a todos los que se encuentran del lado izquierdo de la sala y vamos a dar un purgante a todos los que se encuentran del lado derecho. Cuándo practicaba la medicina, podíamos hacer muy poco por nuestros pacientes, a excepción de la cirugía, digital y otros pocos remedios activos. Los antibióticos, drogas psicoactivas y todos los agentes terapéuticos nuevos eran desconocidos. No era por lo tanto extraño que, en 1932, un joven médico como yo, tratara de unir esfuerzos con aquellos que querían adelantar el conocimiento médico. El laboratorio de investigaciones más activo en la ciudad era el Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, dirigido por el doctor Bernardo A. Houssay, profesor de fisiología". En 1933 conoce a Houssay (quién había dirigido su tesis doctoral acerca de las glándulas suprarrenales y el metabolismo de los hidratos de carbono). El encuentro fue casual, ya que Leloir vivía a media cuadra de su prima, la escritora Victoria Ocampo, cuñada del gastroenterólogo Carlos Bonorino Udaondo, quién era muy amigo de Houssay. La tesis antes mencionada, hecha en 2 años, recibió el premio de la Facultad al mejor trabajo doctoral. Sin embargo, se dió cuenta que su formación en física, matemática, química y biología, era escasa. Por ello comenzó a asistir a clases de dichas especialidades en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, en calidad de oyente. En 1936, parte a Inglaterra para dar comienzo a sus estudios avanzados en la Universidad de Cambridge, supervisado por Frederick Gowland Hopkins (Premio Nobel 1929) por sus estudios en fisiología y medicina tras descubrir que ciertas sustancias (las vitaminas) eran fundamentales para mantener la buena salud. Sus estudios, en el Laboratorio Bioquímico de Cambridge, se centraron en la enzimología (el efecto del cianuro y pirofosato sobre la succínico deshidrogenso). A partir de allí, se especializó en el metabolismo de los carbohidratos. El año 1943 es una bisagra en la vida política nacional, ya que desde el 4 de junio asume la presidencia el General Pedro Pablo Ramírez, un militar miembro del G.O.U. (Grupo de Oficiales Unidos), una logia masónica admiradora del nazismo (el entonces Coronel Perón formaba parte de la misma). Ante ésta realidad, un grupo de ciudadanos "notables", entre los que se encontraba Bernardo Houssay, firmaron una carta pública dónde expresaban su oposición al régimen nazi. La misiva pedía, entre otras cosas, "normalización institucional, democracia efectiva y solidaridad americana". El gobierno pro nazi de Ramírez (donde Edelmiro Farrell, más tarde presidente, era Ministro de Guerra) intentaba una alianza con la Alemania de Hitler para crear una gran nación americana capaz de disputar el liderazgo a EEUU y su socio de Sudamérica, Brasil. Sin dudas, delirios que no llegaron a concretarse. Por ello, el gobierno militar decretó el despido de todos los firmantes de la carta que ocuparan puestos en el Estado. Houssay fue expulsado de la Facultad de Medicina de la UBA y, Leloir dejó el cargo de investigador que tenía en esa casa de altos estudios en solidaridad con su maestro y mentor. Se marchó a EEUU, dónde ocupó el cargo de investigador asociado en el Departamento de Farmacología de la Universidad de Washington, que estaba a cargo del matrimonio de Carl y Gerty Cori (quiénes compartirían el Premio Nobel con Houssay en 1947). Antes de partir se casó con Cecilia Zuberbulher, con quién tendría 4 hijos. En 1945 regresa al país para trabajar en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de la Fundación Campomar, dirigido por Houssay. Leloir asume la dirección en 1947 (propuesto por el propio Houssay) y, allí comienza a experimentar para revelar cuáles eran las rutas químicas en la síntesis de azúcares en levaduras. Antes se creía que para estudiar una célula no se la podía disgregar del organismo que la albergaba. Su trabajo demostró que esa teoría (cuyo autor era Pasteur) era inexacta. Trabajaba con equipos de muy bajo costo, debido a que carecía de recursos socio - económicos (estaba instalado en el sótano de la Facultad de Medicina). Ese mismo año formó un grupo de trabajo con Ranwell Caputo, Enrico Cabilo, Raúl Trucco, Alejandro Paladini, Carlos Cardín y José Luis Reissig, con quiénes investigó y descubrió porque el riñón impulsa la hipertensión arterial cuando está enfermo, Ese mismo año, Caputo le planteó un problema que tenía en sus investigaciones biológicas de la glándula mamaria. Paladini, por su parte, logró que una cromatografía pudiera evitar la sustancia nucleótido - azúcar (llamada uridina difosfato glucosa, (UPDG) y, por ende, entender el proceso de almacenamiento de los carbohidratos y su transformación en energía de reserva. En 1948, su equipo identificó los azúcares carnucleótidos compuestos, que desempeñan un papel fundamental en el metabolismo y la ruta metabólica de los hidratos de carbono, lo que convirtió al Instituto en un centro de investigación mundialmente conocido. Por ello, recibió el Premio de la Sociedad Científica Argentina. Sin embargo, otro golpe bajo del gobierno hace tambalear el trabajo científico nacional, pues Houssay es removido de su cargo de profesor y director del Instituto de Fisiología, argumentando un disparate : su edad. Justamente al Premio Nobel argento. Un despropósito de burócratas de turno sentados en un escritorio disponiendo como si fueran expertos en la temática. Todos los científicos, conmovidos por la situación, abandonan sus cargos estatales. Siguen en la Fundación Campomar y, años después, en 1957, muere el ideólogo y mecenas de la institución (Jaime Campomar, quién donaba $ 100.000 por mes), por lo que el instituto se quedó sin fondos para seguir funcionando. Conocida la situación, Leloir y Houssay son tentados por el Instituto Rockefeller y por el Massachusetts General Hospital, pero ambos decidieron quedarse a trabajar en su tierra. Conocida la capacidad de los científicos argentinos, entidades extranjeras como el National Institutes of Hearth (NIH) y la Fundación Radif, deciden financiar las investigaciones de Leloir, pues el gobierno nacional no había demostrado demasiado interés en hacerlo. No obstante, no todas eran pálidas, pues la ayuda del Estado vendría de otra forma : la creación del Consejo Nacional de Investigación Científica y Técnica (CONICET) en 1958. Leloir fue parte de su directorio y Houssay su presidente hasta su muerte en 1971. Éste hecho marcó un hito en la ciencia nacional, pues como dijo Houssay : "Gracias en gran parte a la obra del Consejo y el empuje de muchos jóvenes, la investigación bioquímica ha tenido un considerable progreso en el país. Sin embargo, es pequeño, si se lo compara con lo ocurrido en los países más avanzados". En 1959, Leloir firmó un acuerdo con el Decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, Rolando García, por el cuál se creó el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de dicha facultad, nombrando profesores titulares a Cardini y Cabib (del equipo de Leloir, además de él mismo). Fue un impacto e incentivo para los jóvenes del país, que se volcaron al estudio de las ciencias. Además llegaron becarios de EEUU, Japón, Inglaterra, Francia, España y varios países de América Latina. En tanto, Leloir siguió sus investigaciones, estudiando el proceso interno por el cuál el hígado recibe glucosa y produce glucógeno (el material de reserva energético del organismo). Con su colega Mauricio Muñoz logró oxidar ácidos grasos con extractos de células hepáticas. El año 1968 está plagado de distinciones, ya que gana el Premio "Benito Juárez", entregado por el gobierno mexicano, es nombrado Doctor "Honoris Causa" por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y recibe la maestría de la Pontificia Academia de las Ciencias del Vaticano. La frutilla del postre ocurre el 27 de octubre de 1970, cuándo gana el Premio Nobel de Química a raíz de su investigación sobre nucleótidos de azúcar y el rol que cumplen en la fabricación de hidratos de carbono.Tras su hallazgo, se lograron entender los pormenores de la enfermedad congénita galactosemia (una grave enfermedad por intolerancia a la leche). La transformaciones bioquímicas de la lactosa en sus propios componentes son conocidos como "La Ruta de Leloir". El premio en efectivo de 400.000 coronas suecas (equivalente a 80.000 dólares) lo donó al Instituto (que luego de su muerte, tomaría su nombre). Éste gesto de desprendimiento lo pinta en cuerpo entero, pues tenía un modesto Fiat 600 celeste que, a veces había que empujarlo para que arranque. En su modesto laboratorio, trabajaba sentado en su icónica silla de patas de palo, aseguradas con alambre e hilo sisal y, el asiento relleno de paja brava del Delta. Recién en 1982, la Municipalidad de Buenos Aires y aportantes privados le erigieron un centro de investigación de 6500 m2 y 5 plantas en calle Antonio Machado 151, en Parque Centenario. Allí cambió su noble silla por una alta, cómoda y de metal. En sus experimentos prefería usar cubetas y frascos de perfume en lugar de tubos de ensayo (simplemente porque prefería los anteriores). En cierta ocasión le preguntaron para que servía su investigación y, humildemente contestó : "Es muy difícil de explicar. Tiene que ver con el metabolismo, con el comportamiento de las células con complejos estudios químicos. No es nada definitivo". Ante la pregunta si curaba algo, dijo . "Evita la locura, ceguera y muerte prematura de los galactosemicos, incapaces de asimilar el azúcar de la leche". Leloir hacía un culto a la humildad y, como muestra, él se definía así, crudamente y sin filtro : "Entre las habilidades negativas podría mencionar que mi oído musical es muy pobre y por lo tanto no podría ser un compositor ni un músico. En la mayoría de los deportes era mediocre, por lo tanto esa actividad no me atraía demasiado. Mi falta de habilidad para la oratoria me cerró las puertas a la política y el derecho. Creo que no podría ser un buen médico porque nunca estaba seguro del diagnóstico o del tratamiento. Éstas condiciones negativas estaban acompañadas presumiblemente de otras no tan negativas : gran curiosidad por entender los fenómenos naturales, capacidad de trabajo normal o ligeramente subnormal, una inteligencia corriente y una excelente capacidad para trabajar en equipo. Lo más importante fue la oportunidad de pasar mis días en el laboratorio y efectuar muchos experimentos. La mayoría fracasaron, pero algunos tuvieron éxito debido solo a la buena suerte o al hecho de haber cometido el error adecuado". Leloir presidió 40 años el Instituto Campomar hasta su muerte, el 2 de diciembre de 2007, a los 81 años, de un ataque al corazón después de llegar del laboratorio a su casa, como siempre, a las 15:30 horas. Desde ese año, el Instituto lleva, merecidamente, su nombre. Fue enterrado en el Cementerio de La Recoleta. El gobierno decretó duelo nacional por 3 días. Luis Federico Leloir, genio y figura, con la humildad y la austeridad como bandera. Lo demostró en el discurso que brindó al recibir el Premio Nobel de manos del rey Gustavo de Suecia : " El honor que he recibido excede, de lejos, mi expectativa más optimista. El prestigio del Premio Nobel es tal que uno de repente es promovido a un nuevo status. En éste nuevo status me siento incómodo al considerar que mi nombre se unirá a la lista de gigantes de la química como Van Hoff, Fischer, Arrhenuis, Ramsay y Von Baeyer, por nombrar solo a algunos. También me siento incómodo cuando pienso en químicos contemporáneos que han hecho grandes contribuciones y cuando también pienso en mis colaboradores que llevaron a cabo una gran parte del trabajo"... Leloir es un héroe al que el país debería reconocer como se merece... por su contribución y legado a la ciencia nacional...
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