EL CASO AVIÓN DE LOS CADETES....DESAPARECIDO SIN DEJAR RASTROS
Cuándo a alguien se lo deja de ver de un día para el otro y esa ausencia se extiende en el tiempo, suele decirse un popular dicho : "Desapareció como si se lo hubiera tragado la tierra". Con ésto, se establece que no hay el más mínimo rastro, ni pruebas de su desaparición, aunque, por supuesto se tejen conjeturas de todo tipo para explicar lo inexplicable. La introducción anterior sirve como elemento para poner en contexto sobre una situación desgraciada ocurrida hace casi 50 años con un avión de las Fuerzas Armadas, con 68 personas a bordo, conocida como la "desaparición del avión de los cadetes". Nos situamos en el año 1965 y, un grupo de jóvenes cadetes se preparaba para el acto de su asunción de alféreces, ceremonia que se llevaría a cabo en California (EEUU). La travesía se haría en 2 aviones Douglas DC 4 de las Fuerzas Armadas, haciendo escalas técnicas en varias partes. Las aeronaves (dos Douglas DC 4, matrículas TC-43 y TC-48) partieron el 31 de octubre desde el aeropuerto de "El Palomar", hacia la Escuela de Aviación Militar de Córdoba. Ese mismo día, vuelan al aeropuerto mendocino "El Plumerillo", dónde estaba el presidente Arturo Illia, quién los despidió (como era costumbre). Los pilotos del TC-48 notaron que los motores 3 y 4, situados en el ala derecha, hacían ruidos extraños (después se supo que esos ruidos ya estaban cuándo salieron desde "El Palomar"). Luego, regresaron a Córdoba. Esa medianoche despegaron en dirección a la base Cerro Moreno, en Chile, dónde hicieron escala técnica en Antofagasta. Estuvieron más de 2 horas de lo previsto, ya que los mecánicos debieron ocuparse de reparar los motores afectados del TC-48 y, también revisaron el otro avión. Desde Chile, siguieron rumbo a la base Las Palmas (Lima, Perú), dónde pasaron la noche. Allí, incorporaron a 2 cadetes de la Fuerza Aérea Peruana (distribuídos uno en cada avión). Desde Lima se dirigieron hacia Panamá (hicieron escala técnica en Guayaquil, Ecuador) para pasar la noche allí y, al otro día, partir desde la base aérea "Howard", hacia el aeropuerto de San Salvador (El Salvador). Éste trayecto comprendía 1150 kms. a realizarlo en 3 horas 45 minutos de vuelo. El miércoles 3 de noviembre, ambas naves partieron (a las 5:43 el TC-43 y a las 5:49 el TC-48). Realizarían la misma ruta a una altura crucero de 6500 pies. El tiempo era malo, y era temporada de lluvias. El TC-48 empezó a fallar y, el piloto de la nave se comunicó con el aeropuerto de Honduras :"Tegucigalpa, Tegucigalpa, TC-48, fuego motor 3, aterrizaje inmediato". La comunicación también fue captada por el piloto Álvaro Protti, al comando de un Curtiss C-46, que también sobrevolaba la zona. Le sugirió, por comunicación, que por la altura que volaban, se dirigieran al aeropuerto de Puerto Limón (Costa Rica). Éste contacto ocurrió a las 7:05 hs., mientras sobrevolaban por la zona de Bocas del Toro (cerca de Puerto Limón). En esa zona, advertidos de la situación, declararon la emergencia y, movilizaron bomberos y ambulancias, esperando el avión. No hubo más contactos, se perdió toda comunicación con la aeronave. En tanto, el otro avión, el TC-43, llegó a Tegucigalpa y, a los cadetes que iban en ésta nave les ocultaron lo que estaba pasando (pues los pilotos también escucharon la emergencia, aunque extrañamente, no volvieron para acompañarlos). Las familias, en Argentina fueron avisadas de la situación, sin explicaciones ni detalles. Varios familiares reaccionaron dirigiéndose a la I Brigada Aérea, pero nadie los atendió. Debido a la tormenta desatada en el Caribe, el operativo de búsqueda se desplegó al día siguiente, finalizando el 7 de noviembre (3 días después). No pudo encontrarse ninguna parte del avión, ni restos humanos. Las autoridades argentinas, en un insólito, desagradable y, hasta fantasioso comunicado digno de un film de Hollywood, informaron a los familiares que daban por desaparecido el avión en el mar y que sus ocupantes habían sido devorados por los tiburones... ! Una barbaridad por dónde se lo mire. "Fue muy cruel", era la escueta pero real sensación que sintió uno de los familiares de los cadetes. No les cerraba para nada lo que había pasado, puesto que, finalizada la búsqueda, les informaron que se recuperaron bolsas salvavidas verdes, chalecos salvavidas y algunas gorras. Cuándo tuvieron acceso a ello, los familiares comprobaron que los salvavidas correspondían a la Prefectura, no coincidían los colores y, mucho de lo rescatado tenía un fuerte olor a naftalina. Otro dato sospechoso fue que, al TC-43, que había llegado, lo desarmaron totalmente y vuelto a armar antes de permitirle el regreso. Los familiares se negaron a recibir el pésame de las autoridades de las Fuerzas Armadas, quiénes siempre sostuvieron que el avión cayó al mar. Todo muy extraño, teniendo en cuenta que, no había manchas de aceite, vestigios de la máquina o algún cuerpo. En el fondo, los familiares sentían que les estaban mintiendo u ocultando algo. Otra maniobra de engaño muy bizarra, quedó al descubierto : antes de partir, el cadete Oscar Vuistaz, que viajaría en el TC-48, le dió a un compañero del otro avión (TC-43) una bolsita con su cédula de identidad, un par de gemelos y 100 dólares. Le pidió que se las guardara porque ellos llevaban la ropa y el equipaje colgado y tenía miedo de perderla. Cuándo pasó la tragedia, el cadete del TC-43 le entregó la bolsa a su superior. En el colmo del cinismo, la autoridades informaron que encontraron en el mar la cédula de uno de los cadetes y no la podían entregar porque decía que estaba mordida por los tiburones. Pero... la cédula estaba intacta y se comprobó que nunca estuvo en contacto con el agua salada...Era la de Vuistaz. Debido a todas éstas contradicciones y sucesos insólitos, entre 1966 y 1968, los familiares armaron su propia búsqueda. El gobierno argentino, con el dictador Onganía en el poder (había derrocado a Illia) se mostró reacio y hostil y, presionó al gobierno costarricense para que les retuvieran los pasaportes a los familiares que fueran a la búsqueda. A pesar de todos los obstáculos, el Capitán Juan Tomilchenko (padre del cadete Juan Bernardino Tomilchenko) y el suboficial Rubén Bravino (padre del cadete Orlando Pedro Bravino), viajaron al Caribe. Ellos abonaban la hipótesis de que el avión había caído en algún lugar de la tupida selva costarricense e, íntimamente guardaban la esperanza de que hubiera sobrevivientes allí. Consultaron a los lugareños, quiénes les dijeron que vieron pasar un avión a baja altura y que se dirigió. al interior de la selva. Otro dato relevante fue el testimonio de un pequeño indígena llamado Rafael, que estaba internado de urgencia en el hospital local al momento del accidente. Él aseguró haber visto mucha gente igual, con pelo corto, En su idioma, dió a entender que conocía la ubicación del avión y, que de un rancho, construído con hojas de banano, estaba a una o dos jornadas de caminata. Pero, Rafael murió de peritonitis dos días después. Se tejieron muchas versiones e, incluso hubo falsos videntes y adivinos que se aprovecharon de la ansiedad de los familiares, estafándolos con información falsa, que cobraban. En 1968, el presidente de facto, Juan Carlos Onganía, relevó a la cúpula de las 3 Fuerzas Armadas y, el nuevo comandante en jefe, Jorge Martínez Zuviría, no estaba conforme ni de acuerdo con las investigaciones hechas hasta el momento sobre el suceso y, decidió abrir otra investigación. Por ello, entre 1968 y 1971, tres oficiales se ocuparon del caso, viajando en 1970 a Panamá. Sin embargo, seguía habiendo pocas pruebas y la escasa documentación del posible accidente, se terminó de perder el 5 de diciembre de 1980 cuándo se derrumbó un ala del Edificio "Cóndor" (dónde funcionaba el Departamento de Prevención de Accidentes). El tiempo pasó y, los padres de los cadetes fallecieron y, la posta fue tomada por sus hijos y hermanos. En ese contexto, Cecilia, la hija del 2° piloto del TC-48, Esteban Viberti, en 2001 hizo el 1° viaje a Costa Rica (en total hizo 3, recorriendo la selva en 2 de ellos). Cada búsqueda era un desembolso de 1000 dólares, dónde debían plastificar los mapas, armar botiquines con suero y secar carne para llevarla como alimento. Constaba de 3 días de caminata por lugares "dónde no se vé el cielo", pues la selva era muy tupida. A pesar de aprovechar los lechos de los riachos para avanzar, demoraban 8 horas en recorrer 1 km., cuyo ambiente cargado de misticismo, hacía que los guías contratados antes de entrar, le pidieran permiso a la montaña. Además estaba prohibida la caza de animales. Los períodos de búsqueda se resumían a la Semana Santa (porque no llovía) y a un par de semanas en octubre. Sin rendirse, las familias enviaron cartas a todos los gobiernos, para que se retomase una investigación previa (le escribieron a Illia, Onganía, Lanusse, Alfonsín, Menem y Kirchner). Lograron la puesta en marcha del "Operativo Esperanza", en la que entre 2008 y 2013, las Fuerzas Armadas en cada expedición enviaban 2 integrantes de sus fuerzas especiales con el propósito de localizar el avión. Incluso, en una de esas misiones, hallaron vestigios de una civilización precolombina. Éste operativo era comandado por el Comodoro Guillermo Alonso Sarquiz, a cargo del Grupo de Operaciones Especiales de las Fuerzas Armadas (creada durante el conflicto por el Canal de Beagle y que participó también en la Guerra de Malvinas), consistente en una unidad de comandos capacitada para realizar incursiones furtivas en territorio enemigo, brindar apoyo operativo a las operaciones aéreas y prestar asistencia de búsqueda y salvamento. Además, Sarquiz investigó los aviones, que habían llegado un año antes de la tragedia y, descubrió que ya poseían una falla de origen relacionada con la cañería que llevaba combustible a los motores. La fábrica recomendó reemplazar las piezas (algunas de plástico) tendientes a quebrarse y provocar un incendio. Las modificaciones se hicieron en casi todas las máquinas, menos en una... el TC-48 que, era utilizado permanentemente y al máximo ( con viajes previos a la Antártida y República Dominicana). En febrero de 1966 lo iban a "parar", llevándolo a los talleres para service general... pero no llegó a esa fecha. Se supo también que ambos aviones no eran "gemelos", pues el TC-43 contaba con presurización, que le servía para cruzar los Andes. El TC-48 carecía de ella y, por eso, debía volar por debajo de los 3500 mts. Así fue que tuvieron que pasar a Chile por Malargüe, ya que ahí la montaña es más baja. En ese trayecto, no se les permitió dormir a los cadetes, pues eran observados por médicos debido a posibles consecuencias de falta de oxígeno (en el cruce de Los Andes). Por ello, los cadetes sacaron las guitarras y comenzaron a cantar. Estaban felices... sin saber que era su último viaje. El Comodoro Sarquiz, a ésta altura tomo el caso como un desafío y algo personal. Entrevistó a pilotos de la época para recabar más información y, luego de muchos pedidos de acceso a información pública, consiguió algunos datos importantes, como un documento del Ministerio de Relaciones Exteriores del país, con instrucciones a la embajada en Costa Rica para que ese gobierno no prestase apoyo a los familiares que encaraban su propia búsqueda. De tanto recopilar datos, terminó escribiendo un libro : "TC - 48. El viaje final de los cadetes". También después se supo que Aerolíneas Argentinas había puesto a disposición dos de sus aviones para hacer el viaje, pero las Fuerzas Armadas no los aceptaron. Quizás, ésto podría haber evitado la tragedia. Pronto se cumplirán 50 años de éste enigmático y desgraciado hecho... del cuál no se sabe qué pasó. Los familiares, que gastaron todos sus ahorros, organizaron rifas, kermesses y colectas para financiar la búsqueda, aún no tienen respuesta. Muchas dudas quedan debido a la intención de las Fuerzas Armadas de engañar a los familiares y al pedido de no colaboración al gobierno de Costa Rica a ellos. El TC - 48, que llevaba 68 personas (54 cadetes, 5 oficiales y 9 miembros de la tripulación) desapareció sin dejar rastros, tragados por la tierra... o el mar... llevando su secreto con ellos...
Foto 1 : El Douglas DC 4, matrícula TC - 48, desaparecido antes de partir, con los cadetes formados.
Foto 2 : El presidente Illia, despidiendo a la tripulación en "El Plumerillo" (Mendoza).
Foto 3 : El recorrido que debía hacer la aeronave ese día y el lugar dónde probablemente cayó.
Foto 4: La cédula de identidad del cadete Viustaz, con la que se quiso engañar a los familiares (dijeron que estaba mordida por tiburones).
Foto 5 : Los integrantes que viajaban en el TC - 48.





Comentarios
Publicar un comentario