CASO DOCTORA GIUBILEO, SIN RASTROS DE SU PARADERO

Misterio : aquello que no se puede explicar, comprender o descubrir. Es un secreto, enigma, interrogante, incógnita. Éstas definiciones vienen a poner blanco sobre negro acerca del significado de ésta palabra. Y, efectivamente, es un misterio lo que le ocurrió a la Dra. Cecilia Giubileo en el Hospital Neuropsiquiátrico donde trabajaba... desapareció una noche y nunca más se supo de ella... Pero ¿ qué fue lo que pasó ? En ésta entrega, toda la trama de éste enigmático caso, que fue noticia nacional allá por 1985, cuándo sucedió. La protagonista, Cecilia Enriqueta Giubileo nació en General Pinto (Buenos Aires), en 1946, en el seno de una familia de excelente posición económica. Su padre falleció en 1979 y, su madre María Lanzetti tuvo 3 hijos varones más (Raúl, Rubén y Jorge). Estudió medicina en la Universidad Nacional de Córdoba, etapa en la que militó en la izquierda, formando parte de la Juventud Católica Argentina. En 1972, a los 26 años, contrajo enlace con Pablo Chabrol. El matrimonio se radicó en Gijón (España), pero la convivencia duró poco. Separada, volvió al país, dónde retomó sus estudios, recibiéndose de médica en 1973. Al año siguiente, en 1974, ingresó al Hospital Interzonal Especializado Neuropsiquiátrico "Colonia Domingo Cabred", también conocida como "Open Door", en Montes de Oca. Se radicó en Luján (a 80 kms. de Buenos Aires), dónde alquiló una casa en calle Humberto Primo y puso un consultorio en Torres. La historia que nos compete comenzó la noche del 16 de junio de 1985. La Dra. Giubileo llegó cerca de las 21:30 hs. en su Renault 6 blanco, para cumplir la guardia que le tocaba esa jornada. Se dirigió al edificio de la Dirección y Administración, dónde firmó el libro de entrada y añadió su matrícula (eran las 21:38 hs.). Siempre los médicos de guardia permanecían en uno de los edificios del predio (llamado Casa Médica), hasta que eran requeridos desde alguno de los pabellones de la Colonia. Otros 2 médicos que compartían la guardia con ella, extrañamente no se presentaron a trabajar. Su actividad fue normal y rutinaria, por así decirlo. Esa noche recetó un antifebril a un paciente con bronquitis y fiebre alta. Luego, firmó un acta de defunción para los familiares de Patricia Villalba, de 23 años, quién había fallecido a la tarde. Sus parientes se presentaron para retirar el cuerpo. Poco después, el paciente Miguel "Loco" Cano llegó desde el Pabellón N° 7 requiriendo su presencia, debido a que el conmutador telefónico no funcionaba, por lo tanto la Colonia estaba incomunicada. Junto a Cano, la Dra. Giubileo recorrió 500 metros a pie (la distancia entre la Casa Médica y el Pabellón N° 7) por un sendero iluminado con luces de mercurio. Tenía que atender a un paciente que tenía una urticaria gigante. Al finalizar, Cano la acompañó de vuelta. En ese trayecto, se encontró con el enfermero Novello, quién la interrogó : "¿ Alguna novedad Doctora ?"... Giubileo respondió : "Vengo del Pabellón N° 7, atendí una urticaria gigante". Al llegar a la Casa Médica la detuvo la Supervisora Nélida Ojuez, quién la increpó, visiblemente molesta :"Cuándo vaya a un Pabellón me lo comunica a mí enseguida. No se corte sola. Usted me tiene que comunicar de inmediato. Por ésta vez, no la voy a apercibir". Giubileo retrucó : "Eso es injusto. Tenía que atender a un paciente, no puedo andar buscándola a usted para avisarle". La tensión entre ambas era máxima e, incluso subía más. "Por favor, Giubileo, ocúpese de sus deberes como corresponde", le ordenó Ojuez. Al borde de la indignación, la Dra. contestó firmemente : "Me ocupo mucho más que usted" y, siguió de largo, sin mirarla. La relación entre ellas no era la mejor. Al llegar, se despidió del "Loco" Cano, diciéndole : "Andá tranquilo... yo voy a descansar un rato". Luego, Giubileo pidió 3 cigarrillos para pasar su guardia leyendo y, se marchó a su pieza. Fue la última vez que la vieron (vestía jogging azul con vivos claros, campera celeste y zapatillas blancas). A la mañana siguiente (lunes 17 de junio) seguía la neblina de la noche anterior. A las 8 de la mañana fueron a buscarla para una consulta a la Casa Médica, golpearon la puerta, pero nadie atendió. Decidieron entrar y... el dormitorio estaba vacío con la cama sin tender. En la mesa de luz vieron sus zapatos marrones con punta beige. No encontraron su cartera ni el bolso que siempre llevaba. En el estacionamiento aún estaba su auto. Recién 2 días después, su amiga Beatriz Ehlinger hizo la denuncia por averiguación de paradero. Por el contrario, el director de la Colonia, Florencio Eliseo Sánchez no denunció la desaparición, sino que le inició a Giubileo un sumario administrativo por abandono de guardia. Ese día la Colonia era una romería, pues se llenó de periodistas, policías, perros, abogados y fotógrafos. Los sabuesos, entrenados para ello, buscaron en las 270 hectáreas del predio, se internaron en túneles, sótanos y altillos abandonados. Abrieron 2 pabellones clausurados y... no encontraron nada. El Doctor Marcelo Parrilli, contratado por la familia Giubileo, propuso que se drenara la inmensa ciénaga que había en el predio. No fue aceptado, por la simple razón de que no había fondos ni presupuesto para hacerlo. La totalidad del personal de la Colonia fue interrogado minuciosamente, incluso los pacientes con cierto atisbo de lucidez. Nadie sabía ni vió nada extraño. Un testigo clave era Miguel "el Loco" Cano, quién como se dijo, había buscado a la doctora para atender un paciente con urticaria y la acompañó de vuelta a la Casa Médica. Dijo haber visto, al regresar al Pabellón, el furgón funerario que se llevaba el cuerpo de la paciente Patricia Villalba, fallecida esa tarde. También declaró haber visto un auto negro, con todas las ventanillas cerradas yendo a la Casa Médica. La agencia funeraria informó que no sabía nada de ese auto negro. Días después una interna fue encontrada desnuda en una casilla rural, con signos de haber sido violada y abandonada. Aseguró haber visto a la Dra. Giubileo atada y golpeada. Sin embargo, no se encontró ninguna prueba que respaldara lo dicho por ésta mujer. Otro hecho que llamó la atención fue el Renault 6 de la doctora, sin una gota de nafta, cuándo Giubileo había llenado el tanque el día anterior. Todo se hizo mal en la escena del hecho. El juez Carlos Gallaso (el 1° investigador) no había ordenado precintar la zona ni dictó medida alguna para preservar las pruebas. En forma increíble (incluso adrede y malintencionada), su habitación fue íntegramente modificada, ya que un grupo de albañiles pintaron las paredes, cambiaron los muebles de lugar y las pertenencias de la doctora fueron retiradas. Cuándo Beatriz Ehlinger denunció la desaparición de su amiga fue demasiado tarde : varias evidencias se borraron para siempre, producto de la obra de remodelación de la habitación. Semanas después, el departamento de Giubileo, que estaba bajo custodia policial, fue encontrado revuelto y, varios allegados a su entorno recibieron amenazas anónimas. Cinco meses después, en noviembre, una cinta de grabación de mala calidad llegó a la Comisaría de Luján (quiénes tenían jurisdicción del caso). En la misma, alguien que decía ser Cecilia Giubileo pedía que no la buscaran más, que se hallaba en un hermoso lugar dónde había encontrado la paz que tanto había buscado. Se aseguró que se había exiliado en un pueblo limítrofe entre Ecuador y Colombia, que había ingresado en un monasterio, que se había unido a una secta religiosa, que practicaba ciencias esotéricas... en fin un montón de conjeturas, muchas de ellas delirantes, bizarras y fantasiosas. La cinta fue peritada, con el objeto de certificar su autenticidad. Hasta los parapsicólogos tuvieron su minuto de fama y, una de ellos decía ver un cuerpo en el fondo de un tanque de agua, idéntico al de la Colonia. Decidieron revisarlo y... encontraron un gato muerto. Se tejieron varias hipótesis sobre el caso : que fue atacada por un paciente y la hizo desparecer, que fue secuestrada para pedir un rescate (su familia tenía excelente pasar económico y, en su casa guardaba en una caja de "Maizena", 3000 dólares, sus ahorros), que fue un homicidio (no se hallaron pruebas) y una hipótesis política (por su pasado militante de izquierda, además de que los hermanos de su ex marido eran integrantes del ERP y figuraban en la lista de desaparecidos de la CONADEP). Todas fueron descartadas por falta de pruebas. Veinticinco años después, Francisco Merino, quién fue su novio durante 8 años, declaró que ella le contó que "en la colonia habían empezado a perseguirla porque quería denunciar algunas irregularidades. Me dió a entender que a los internos les sacaban las córneas y luego los mataban en una caldera. También hablaba de órganos. Estaba muy asustada. Veníamos de la dictadura y yo le dije que no se involucrara en líos, que vivamos tranquilos, porque hay organizaciones con las que es muy difícil meterse y al que jode, lo matan". Merino, quién ahora es camarista de la localidad de San Francisco, se arrepiente de no haber declarado en aquel momento por miedo.  Mabel Tenca, otra amiga de Giubileo, contó que la doctora le dijo que la amenazaron diciendo : "Dejate de joder con la Colonia o vas a ser boleta". Según Tenca, ella quería denunciar tráfico de órganos (córneas y venta de sangre extraída compulsivamente a los enfermos). Además los utilizaban a ellos como cobayos para experimentos. Prueba de ésto es que muchos de ellos desparecieron inexplicablemente, sin que nadie los reclame. Otras fuentes declararon que la Colonia no tenía capacidad quirúrgica, médica, farmacológica ni higiénica para extraer córneas, para avalar la hipótesis del tráfico de órganos. Extrañamente (o no), la hoja correspondiente al libro de entradas y salidas del día 16 de junio había sido arrancada...    En 1992, siete años después, la Colonia fue intervenida y su director, Florencio Eliseo Sánchez, fue detenido y procesado, junto a la plana mayor, por corrupción. No pudo aportar mucho sobre el "Caso Giubileo", ya que murió en la cárcel, meses después de su detención. La carátula de la causa N° 67.735 (que constaba de 700 fojas) "Búsqueda de paradero, con presunta privación ilegal de la libertad", prescribió en el 2000 y fue archivada definitivamente por el Juzgado de Transición N° 2 de Mercedes. El caso de la desaparición de la doctora Cecilia Giubileo constituye uno de los enigmas más trascendentales de la historia policial argentina. Las posibles causas, hipótesis, versiones y dichos sobre la misma, quedaron flotando en la misteriosa Colonia "Open Door" de Montes de Oca... Una vez más, ganó la impunidad... 








Foto 1 : Cecilia Giubileo, a los 26 años.

Foto 2 : Frente de la Colonia "Open Door", de Montes de Oca.

Foto 3 : La Casa Médica, dónde estaba la doctora Guibileo en la Colonia.

Foto 4 : Cecilia Giubileo y su marido, Pablo Chabrol.

Foto 5 : Los diarios de la época y sus hipótesis del caso.

Foto 6 : Afiche del cortometraje "Manicomio del horror"

Foto 7 : La Dra. Giubileo, en 1985, a los 39 años, cuándo desapareció.

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