MARTINA SILVA DE GURRUCHAGA, HEROÍNA DE LA INDEPENDENCIA
En las guerras por la independencia nacional no sólo los hombres pelearon en las diferentes batallas para liberarnos del yugo español. Gracias al revisionismo histórico, podemos conocer la innegable, valiosa e importante colaboración de las mujeres en éstas gestas, todas ellas con nombre y apellido e injustamente olvidadas por la "enseñanza oficial" de antaño que, prácticamente las invisibilizó. Una de éstas heroínas argentas, salteña de pura cepa, es la protagonista de la entrega de hoy. Martina Silva y Fernández de Córdoba nació en Salta el 3 de noviembre de 1790. Hija de Marcelino Miguel de Silva, funcionario público bonaerense, radicado en Salta, que ejerció como Secretario del Tribunal de la Real Hacienda, para luego desempeñarse como Secretario Escribano del Cabildo de Salta. Su madre, María Isidora Fernández de Córdoba, salteña, descendiente de nobles españoles. Muy joven contrajo enlace con el comerciante José Fructuoso de Gurruchaga y Fernández Pedroso, con quién tendría 6 hijos. El matrimonio adhirió desde el primer instante a la causa independentista. A pesar de la Revolución de Mayo de 1810, la corona española no quería perder semejante "joya", como lo era el ex Virreinato del Río de la Plata (ahora Provincias Unidas del Río de La Plata) y, bajando desde el norte del continente, dónde todavía mantenían el Virreinato del Alto Perú, sitiaron la provincia de Salta en 1812. En tanto, el General Manuel Belgrano había vencido a los realistas en la Batalla de Tucumán e, inexplicablemente, el Triunvirato reunido en los escritorios porteños, le ordena que se retire con su ejército hacia Córdoba. Sin encontrar lógica a tal orden, Belgrano "desobedece" al alto mando y comienza a hacer alianzas con las provincias del Norte para dar batalla al avance realista. Primero consigue que todo Jujuy lo acompañe, dejando la provincia como tierra arrasada, en el épico "Éxodo Jujeño" y, desde allí partieron a Salta. Todos los habitantes querían ayudar a Belgrano y salir del sitio realista. Por su parte, Martín Güemes, con sus gauchos, mantenía a raya en la frontera al resto de las fuerzas españolas que querían invadir suelo patrio. Las mujeres, comandadas por Martina Silva de Gurruchaga, organizaron una poderosa red de espionaje a los realistas. Llevaban mensajes secretos para los patriotas, escondiéndolos en los dobladillos de sus polleras, en huecos de troncos de árboles o en canastas de lavanderas. Había algunas osadas que se relacionaban y hasta tenían amoríos con los realistas, con el objeto de hacerlos hablar "largando información" secreta. Otras damas con recursos que ayudaban a Martina Silva eran : Gertrudis Medeiros, María Loreto Sánchez Peón, Celedonia Pacheco de Melo, Juana Torino, Magdalena "Macacha" Güemes, María Petrona Arias, Andrea Zenarrusa y Juana Moro ("La emparedada" condenada a morir tapiada en su propia casa. Finalmente, sobrevivió). Todas ellas recibieron el mote de "bomberas". En la casa de doña Martina, se reunían abogados formados en la Universidad de Chuquisaca (hoy, territorio boliviano) para discutir sobre los ideales de la Revolución Francesa y las nuevas teorías políticas. También hospedó y encubrió en su casa de Cerrillos a varios próceres de la talla de Juan Martín de Pueyrredón, José Rondeau, Vicente López y el propio Manuel Belgrano, quién recién llegado de Tucumán debía moverse con cautela debido al sitio realista. Sin embargo, su acción más notable fue producto de su coraje y determinación, ya que ella misma se ocupó de armar, equipar y vestir una partida numerosa de peones y gauchos y se los llevó a Belgrano el día que ocurriría la Batalla de Salta. Para ello, el 20 de febrero de 1813, bajó por las Lomas de Medeiros y llegó al campo de Castañares, dónde acampaba Belgrano para entrar en combate. Al frente de sus hombres, se presentó ante el General, cediéndole su tropa, vestida con uniforme color azul añil (confeccionados con paños donados por su marido) y, además le entregó una bandera bordada por ella misma. Así cuenta el historiador Bernardo Frías, en el libro "Historias del General Martín Güemes y de Salta" éste hecho: "Aparecía también en aquellos momentos, coronando las Lomas de Medeiros, gran porción de paisanos a caballo, que al verlos así a lo lejos, como en Suipacha, produciría acaso en el ánimo de las tropas la idea asustadiza de que un nuevo ejército los seguía por la espalda, y acabaría por decidirlos a la fuga. La tal aparición se debía a la combinación de algunas decididas señoras patriotas de la ciudad, que aquella mañana montaron a caballo y que, apoyándose en la pequeña fuerza que había preparado una de ellas, doña Martina Silva, recorrieron la tierra que quedaba a espaldas de aquellas lomas, que era muy poblada de campesinos agricultores los recogieron a todos y los arrearon a la batalla". Conmovido, Belgrano la premió con el grado de Capitana del Ejército y le dijo :"Señora, si en todos loa corazones americanos existe la misma decisión que en el vuestro, el triunfo de la causa por la que luchamos será fácil". Luego de la batalla le obsequió un manto de seda con la leyenda :"A la benemérita patriota Capitana del Ejército, doña Martina Silva de Gurruchaga". Pero no todo quedó en eso, el matrimonio Gurruchaga sostuvo económicamente la causa revolucionaria con importantes donaciones, inclusive hay constancia de un aporte de $ 20.000 fuertes (toda una fortuna para la época). Doña Martina llegó a su ancianidad sin un peso, a tal punto que hacía y vendía dulces y empanadas para sobrevivir. Tenía una tradición familiar, reunirse por las tardes con sus hijas para rezar el rosario y, en esas reuniones pedía : "Que Dios nos libre de la opería (tontería, estupidez), que es el peor mal", haciendo referencia a las conductas imprudentes y sin sentido que no podían admitirse en tiempos de crisis. Se quedó sin fortuna por gastar todo apoyando la causa patriótica, pero conservó el respeto de todo el pueblo salteño, ya que al pasar por el Cabildo de la ciudad, la guardia presentaba armas, reconociendo su grado de Capitana. Falleció, rodeada del afecto de su familia, el 19 de marzo de 1874, a los 84 años. Sus restos descansan en el Panteón de las Glorias del Norte, en la Catedral de Salta, desde 1954, por iniciativa del 1° arzobispo de esa ciudad, Roberto Tavella, siendo, junto a Carmen Puch de Güemes, las únicas mujeres que allí están. El 5 de junio de 1993, reunidas un grupo de damas salteñas en el Pasaje Cabildo, quedó constutiído el Fortín de Mujeres "Martina Silva de Gurruchaga". Ésta mujer y muchas más, también desde su lugar y acción, hicieron grande a nuestra Patria... Mujeres que hicieron historia...
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