LA CAÍDA DE YRIGOYEN... POCAS LEALTADES Y MUCHA CONSPIRACIÓN
La democracia... estado y forma de gobierno que supimos conseguir, después de siglos de peleas intestinas, miles de vidas sacrificadas y gran cantidad de sueños truncos. Nuestro país sigue aprendiendo a vivir democráticamente y, en ese aprendizaje, hubo un sinfín de errores, que nos llevaron al caos. También existieron (y existen) los que no respetan la voluntad popular, realizando para ello una de las prácticas más nefastas : un golpe de estado. Traducido en términos más coloquiales, acceder al poder por la fuerza (a veces mal llamada revolución) para gobernar dictatorialmente, sin oposición, es decir, un gobierno de facto. Han pasado más de 90 años del primer golpe de estado en nuestro país. Su víctima, uno de los más importantes caudillos radicales de la historia : Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen. El "Peludo" fue el 1° presidente radical argentino y también quién hizo punta con vencer en las elecciones con el sistema del voto universal, secreto y obligatorio (con excepción de las mujeres, a quiénes se les negaba el derecho a votar), en 1916. Finalizó su mandato en 1922. Luego, Marcelo Torcuato de Alvear, radical también, gobernó entre 1922 y 1928. El caudillo, a los 76 años se presentó para un 2° mandato, frente a una escisión de la U.C.R., que llevaba el mote de "Antipersonalista", con Leopoldo Melo como candidato. El triunfo de Yrigoyen fue aplastante y fue recibido con vítores por la multitud al asumir, en contrapartida al presidente saliente Alvear, quién era despedido con una silbatina en Plaza de Mayo. Además de "El Peludo", le pusieron el mote de "El Apóstol". Fue letal para su gobierno el "crack de Wall Street", en 1929, lo que produjo un fuerte descenso en los precios internacionales de las materias primas. Ésto significó un duro golpe para la economía argentina y su modelo agroexportador. A partir de la crisis económica y la dificultad para salir de ella, su autoridad comenzó a ser cuestionada por sectores que creían que el Ejército debía hacerse cargo del poder. Uno de los sectores más virulentos en contra de su figura y mandato, fue la prensa, comandada por el excéntrico director del diario "Crítica", Natalio Botana, quién urdió una campaña mediática de desprestigio contra el gobierno y la figura del caudillo. Difundieron el llamado "Diario de Yrigoyen", una mentira periodística (lo que hoy sería una "fake news"), en dónde se mostraba al presidente como un hombre confundido y senil (Treinta años después, otro presidente radical, Arturo Illia, sufriría igual acoso periodístico, con el mismo fin : derrocarlo). Junto a los opositores (conservadores, radicales antipersonalistas y socialistas), conspiraron en 1930 para su derrocamiento. Sin embargo, todo comenzó a develarse en la previa a la Nochebuena de 1929, cuándo el italiano Gualterio Marinelli disparó contra el auto en que viajaba, a un par de cuadras de su casa. En agosto de 1930, los rumores de golpe de estado eran cada vez más fuertes y, el clima social estaba tenso. El día 21 hubo una marcha multitudinaria de militantes radicales, que culminó en Plaza Once. De allí, partieron a la casa de Yrigoyen, dónde vivía con su hija Elena (fruto de su relación con Antonia Pavón, en su época de joven comisario de Balvanera). El 23 de agosto, la agrupación fascista "Legión de Mayo" difundió frases golpistas como "La patria está en peligro" ...¿ le suena ?...y otra muy desestabilizadora como : "El Congreso no existe, la autonomía provincial no existe, el Presidente de la República... tampoco existe". El 29 de agosto, redoblaron la apuesta, ya que aparecieron afiches en las paredes, los cuáles rezaban : "Advertencia perentoria : la Renuncia Presidencial o la Guerra Necesaria". En una solicitada aparecida en un diario, el influyente dirigente nacionalista, Manuel Carlés, así se expresó : "Renuncie señor, sea honrado como Rivadavia, que resignó el mando cuándo le faltó, como a usted, la confianza de la República". Por contrapartida, como muestra de apoyo, esa noche, militantes radicales respondieron con una acto y marcha de antorchas. Hubo incidentes (un breve tiroteo) cuándo la columna pasó por el Círculo de Armas, en calle Corrientes (entre Florida y Maipú). El 30 de agosto, corrió el rumor de la renuncia del Ministro de Guerra, Teniente Coronel Dellepiane, uno de los hombres de mayor confianza de Yrigoyen, quién tenía información que se estaba gestando una Revolución en contra del presidente. Dellepiane hizo arrestar a algunos jefes militares, tildados de conspiradores. Sin embargo, no convencido de tales rumores, Yrigoyen los liberó. Fue un grave error, que pagó con la renuncia de Dellepiane y dejó vivo el germen conspirador. Tampoco pudieron convencerlo de que reorganizara su gabinete, para reforzarlo con gente más decidida y de confianza. El 31 de agosto, una fortísima gripe impidió al presidente ir a la Casa Rosada y, tuvo que quedarse en su casa (dónde los ministros iban y venían). El clima era cada vez más espeso. Enfermo Yrigoyen, la apertura de la Exposición Rural de Palermo quedó a cargo del Ministro de Agricultura Juan Fleitas, quién fue insultado y abucheado por la multitud concurrente. Por otro lado, el Ministro del Interior, Elpidio González, se reunió en su casa con los generales José Félix Uriburu y Agustín Pedro Justo, dos de los militares acusados de conspiradores por el renunciante Dellepiane. En tal reunión, González les aclaró que Yrigoyen sabía todo lo del complot en su contra, pero que privilegiaba al país y a las fuerzas armadas, por lo que no detendría a nadie. Pero ellos, conscientes de la debilidad del gobierno, se hicieron los desentendidos. Íntimamente, un ambicioso Uriburu, pretendía el poder total y que le obedecieran, mientras que Justo, más cauteloso y diplomático, quería que el mando lo tomara el vicepresidente radical y llamase en 3 meses a elecciones, abriendo el juego al resto de los partidos políticos. Al respecto, Uriburi con su opinión, blanqueaba la situación : "Ésto no es una Revolución, es una operación de guerra". El 1° de septiembre, la autodenominada "Juventud Universitaria", denunció el "desquicio administrativo y la bancarrota moral y económica del gobierno". La conspiración seguía su marcha y, pudo observarse, por la noche, movimiento de tropas, por lo que se decidió reforzar la custodia de la Casa Rosada. En tanto, los diarios, que antes apoyaban al gobierno, no se hicieron eco de la situación, salvo "La Razón", que describía la situación con definiciones tajantes : "Cerca del presidente hay pocas lealtades y muchos intereses" o "La Revolución está como tema en todos los labios". Como se dijo, el diario "Crítica", principal conspirador de la prensa expresaba : "La situación del país es una bomba que no tardará en estallar". Pero Yrigoyen seguía haciendo oídos sordos, incluso después que el intendente porteño José Luis Cantilo le contó detalles de la conspiración, que le habían llegado a sus oídos. Con Dellepiane afuera, el 3 de septiembre, Elpidio González se hizo cargo del Ministerio de Guerra. Esa noche, como si no pasara nada, el gobierno convocó a Asamblea Legislativa para el día 11 (ese día se aceptarían diplomas y se constituirían los cuerpos legislativos). Incluso, se mandó un paquete de leyes para aprobar.. Pero todo ya estaba "cocinado". El jueves 4, el Ministro de Justicia e Instrucción Pública, Juan de la Campa, para descomprimir la situación, le solicitó a Yrigoyen que delegara el mando en su vice. Obviamente, don Hipólito se negó, aunque por respeto a su amigo, pidió un par de días para pensarlo. Algunos hechos pretendían combatir la conspiración, como una marcha de 5000 estudiantes (que finalizó en Plaza de Mayo). Pero terminó mal, ya que en un confuso episodio, murieron un policía y Juvencio Aguilar, un empleado del Banco Nación, a quién velaron en la Facultad de Medicina, haciéndolo pasar por un estudiante, para cargarle "la mochila" a los infiltrados. El viernes 5, la gripe de Yrigoyen no cedía y, desde su casa firmó varios decretos, entre ellos nombró a José Figueroa Alcorta como Presidente de la Corte Suprema de Justicia (del cuál era miembro desde 1915). Ante la incertidumbre y su precario estado de salud, sus asesores le aconsejaron que decretara el estado de sitio o, en su defecto, que delegara el mando. En cama, abatido y enfermo, aceptó la segunda opción, Esa misma tarde, le informaron al vice Enrique Martínez (que estaba en su despacho en el Senado) que era el presidente en ejercicio (había llegado a ese lugar en reemplazo de Francisco Beiró, fallecido en 1928). Con Yrigoyen afuera se había logrado la exigencia de los conspiradores y, ya el golpe de estado carecía de sentido. Sin embargo, Martínez igual decretó el estado de sitio en la ciudad de Buenos Aires. A pesar de ello, la conspiración no era tan consistente en apoyo, pues la formaban el diario "Crítica", la Marina, parte de la Aviación militar, pero casi nada del Ejército. El sábado 6, Uriburu se dirigió al Círculo Militar para delinear detalles del golpe. Pero, sólo su director, Francisco Reynolds, lo apoyaba, ya que la mayoría de los capitanes se oponía, pues Yrigoyen ya no estaba al mando del país. Más tarde, aviones sobrevolaron la ciudad arrojando panfletos. Desde "Crítica" se informaba que Uriburu marchaba al frente de 600 cadetes del Círculo Militar y 900 efectivos de la Escuela de Comunicación hacia el centro de la ciudad. En el camino se le unieron muchos civiles armados. No eran gran cantidad. Sin embargo, ante el cuadro de situación, Martínez decidió extender el estado de sitio a todo el país, lo que provocó la suspensión de las elecciones en Mendoza y San Juan. Al mediodía, el Dr. Osvaldo Meabe, le acercó al gabinete un mensaje de Yrigoyen, dónde les pedía resistir, defenderse y que el radicalismo ocupara la calle. Pero, una hora después, llegó el telegrama de Uriburu exigiendo la renuncia de todo el gabinete, responsabilizando a Martínez del derramamiento de sangre" si no acataba el pedido. Como se dijo, no se sabía la composición real de las fuerzas rebeldes (además de que ningún jefe había abandonado su unidad). Por ello, cuándo pensaron en imponer la rendición de los sediciosos, no podían creer que Martínez había hecho izar en los techos de la Casa Rosada la bandera blanca de parlamento, hecha con un mantel...! En tanto, un puñado de militares leales, encabezados por el edecán presidencial Teniente Coronel Gregorio Pomar, fueron a la Casa Rosada a proponerle a Martínez resistir. Pero éste no estaba en su despacho y todo el piso también estaba desierto. Corrieron escaleras abajo y lo sorprendieron a punto de subirse a un auto y escapar. Lo convencieron de que se quedara y, casi a los empujones, lo llevaron de nuevo a su despacho. Al mismo tiempo, la columna golpista pasaba por el Congreso. Sonaron disparos, hubo confusión y la gente abrió a ciegas fuego frente al Palacio. En esa acción murieron los cadetes Güemes y Larguía y hubo varios heridos. Después se dirigieron y lograron entrar directamente al Comité Nacional de la Unión Cívica Radical, en Avenida de Mayo 1288, pero solo encontraron el retrato de Yrigoyen, que fue baleado. Luego marcharon al Hotel "España", dónde solían reunirse dirigentes del partido, pero no estaban. Cebados de ira, irrumpieron en las sedes de los diarios "La Calle" y "La Época", causando destrozos. Su ruta siguió en la casa del dirigente Horacio Oyhanarte, en calle Florida, quién estaba ausente, luego la Confitería "El Molino", donde hubo un tiroteo y, el raid de locura terminó en la casa de Yrigoyen, en calle Brasil 1039, barrio Constitución. Precavido, don Hipólito viajaba hacia La Plata. A sabiendas de que el final se acercaba, le dió a su contador su bastón, un tintero, un cuadro y un manuscrito para que los escondiera. "Llévelas y guárdelas, que algún día éstas cosas volverán a estar en su lugar", le dijo, con la voz cansada. El mencionado manuscrito, en 2019, se convirtió en el libro "Confidencias". La turba forzó la puerta de la casa del caudillo. Una vez adentro, arrojaron a la calle, por el balcón, libros, papeles, muebles, cuadros y vajilla, que caían directo a una fogata. La gente que estaba en la calle se dispersó con la llegada de un pelotón de granaderos y bomberos. En pleno viaje hacia La Plata, Yrigoyen seguía con fiebre. Lo acompañaban Oyhanarte y el Dr. Meabe. El vehículo debía disminuir la velocidad por tramos para evitar que el traqueteo de los baches los afectase. Dos horas después, vestido con un sobretodo oscuro, sombrero y envuelto en un poncho de vicuña, llegó a la casa del hacendado Nereo Crovetto, quién lo refugió. Pomar ordenó alistar a 80 efectivos para defender la Casa de Gobierno, además de pedir refuerzos a la Marina y la Policía. Pero Martínez era el que menos ganas tenía de resistir. Uriburu entró e intercambió palabras con él y lo obligó a renunciar. El manifiesto de los golpistas fue redactado por Leopoldo Lugones y el mismo dice : "... comienza un gobierno de fuerza y está decidido a apelar a ella para sostenerse".. A muchos kilómetros, en La Plata, Yrigoyen dictó su renuncia : "Ante los sucesos ocurridos, presento en absoluto la renuncia al cargo de Presidente de la Nación Argentina" y, agregó de su puño y letra : "Dios guarde a usted". La dirigió al Jefe de las fuerzas militares de La Plata, a quién se la entregó en mano en el Regimiento. En su presencia, la firmó y pidió un lugar para descansar. El jefe le cedió su propio dormitorio y le aclaró que estaba libre. Sin embargo, Yrigoyen pidió quedarse : "No tengo a dónde ir...". Triste y solitario final del mandato del caudillo. El 10 de septiembre de 1930, Uriburu asumió como presidente de facto, convalidada la misma por la Suprema Corte, en una clara violación a la Constitución Nacional. Quedaba consumado así el primer golpe de estado de nuestro país y daba comienzo la triste "Década Infame". Como primeras medidas, Uriburu tomó créditos a entidades financieras internacionales y aplicó fuertes reducciones para achicar el déficit fiscal. El dictador entregó el poder a Justo en 1932 y viajó a Europa, dónde murió de cáncer de estómago al año siguiente. En tanto, a pesar de su edad y estado de salud, Yrigoyen fue encarcelado en la Isla Martín García, cuando los militares descubrieron una probable conspiración radical. Lo liberaron a comienzos de 1933 y falleció el 5 de julio de ese año. Han pasado más de 90 años de la primera ruptura democrática y, hubo golpes de estado que se repitieron durante varias décadas. La actual democracia ya pasó los 40 años ininterrumpidos y los sucesos ocurridos en esa época y posteriores, nos enseñaron a valorarla y, hoy, con sus defectos y virtudes, la disfrutamos...
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