EL CRUCE DE LOS ANDES... HAZAÑA MILITAR PARA LA LIBERTAD

La lista de hazañas argentinas se cuentan a montones en todos los ámbitos. El deporte, la ciencia, las artes son las más difundidas y conocidas tal vez. También la propia historia de nuestro país, con la impronta de nuestros próceres, cuentan con muchos capítulos. Uno de los más importantes (a nivel mundial, por su magnitud) es sin lugar a dudas el Cruce de los Andes, aquella descomunal epopeya ideada por San Martín para su plan libertador de América. Dos años y medio antes de tal proeza, San Martín ya tenía la idea rondando en su mente. El primer paso se dió el 12 de septiembre de 1814, cuándo asume como gobernador de Cuyo (jurisdicción que comprendía Mendoza, San Juan y San Luis), dónde vivían alrededor de 10.000 personas (además de 3.000 emigrados chilenos). Se trasladó hacia allí, junto a su esposa Remedios de Escalada a una casa, que el Cabildo local le alquiló a Trinidad Álvarez. En esa vivienda, nació su única hija, Mercedes, el 24 de agosto de 1816. Una vez concretada la Independencia nacional, San Martín arregló la campaña con el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Martín de Pueyrredón. Era fundamental la generación de recursos, además de la ayuda gubernamental. Para ello, llegó a acuerdos con el sector mercantil local y arregló algunos conflictos existentes entre los cabildos de Mendoza y San Juan, que obstaculizaban el comercio. Sus planes sufrieron un revés cuándo, después de la derrota del general chileno O´Higgins ante las tropas realistas en la Batalla de Rancagua, Chile cae bajo dominio español. Ésta situación derivó en el corte total del comercio con ese país, lo que produjo una importante pérdida de divisas a Mendoza. Sin embargo, reactivó la producción del vino, aguardiente, fruta seca y harina. También abrió canales de riego, dió impulso a la minería y a los artesanos locales. En el ámbito de la salud armó dispensarios dónde se aplicó la vacuna antivariólica y realizó campañas de prevención contra la rabia. Con los fondos que pudo recaudar, le encomendó  al militar tucumano José Antonio Álvarez Condarco, cartógrafo y experto en explosivos, el diseño de un campamento militar, a 5 kms. de Mendoza, en El Plumerillo. El mismo, poseía galpones divididos por compañías, alojamiento para oficiales, barracas para la tropa (los Granaderos tenían una aparte) y diversas construcciones. En el centro había una plaza dónde se hacían ejercicios de instrucción y, al fondo, un inmenso paredón para las prácticas de tiro. Cuándo Chile fue liberado, El Plumerillo fue desmantelado, se devolvieron los materiales a los donantes y, los sobrantes se repartieron entre la gente humilde para poder construír sus casas. En la cena de Nochebuena de 1816, San Martín le propuso a las mujeres allí reunidas (Mercedes Álvarez, Magarita Corvalán, Laureana Ferrari y su esposa Remedios de Escalada) la confección de una bandera. La misma debía estar lista para la jura a realizarse el 5 de enero. Fue difícil hallar la tela, pero esa misma madrugada estuvo lista. A las 5 de la mañana partieron, haciendo sonar sus tambores. Entraron a la ciudad (por la cañada), que tenía sus calles engalanadas y fueron recibidos con los repiques de las campanas de las iglesias. Era un impresionante ejército, nunca antes visto. Los jefes y oficiales se dirigieron al Convento de San Francisco y consagraron a la Virgen del Carmen como patrona del ejército. En la iglesia, el canónigo José Lorenzo Güiraldes bendijo la bandera (colocada en una bandeja de plata), además del bastón de mando y el sable corvo de San Martín. Luego hubo misa y procesión. Por la tarde volvieron al lugar dónde estuvo erigido el campamento y juraron : "Soldados. Ésta es la primera bandera que se ha levantado en América. Jurad sostenerla, muriendo en su defensa como yo lo juro". Hubo 3 días de fiesta y se organizaron comidas y recepciones para los oficiales. Para equipar a su ejército, San Martín nombró a Fray Luis Beltrán (emigrado de Chile), amante de la ciencia, las matemáticas, la física y la química, ya que antes había colaborado con el prócer chileno O´Higgins, organizándole todo. Le dió el cargo de Teniente 2° del Batallón de Artillería y lo puso al mando de la maestranza y talleres que el religioso transformó en un enorme equipo de 700 herreros, artesanos y obreros que, con turnos rotativos, nunca pararon de trabajar. Incluso, quedó ronco para siempre por las constantes órdenes y gritos que impartía. Absolutamente todos los metales existentes del territorio fueron fundidas en sus fraguas (municiones, balas de cañón, espadas, fusiles, lanzas, herraduras, calzados y uniformes). Además, fabricaron arneses y carros para transportar la artillería por la montaña. Para cruzar los Andes, San Martín decidió hacerlo por 6 pasos, 2 de ellos principales (Los Patos y Uspallata) y 4 secundarios (Come Caballos, Guana, Portillo y Planchón) y puso en marcha el "Operativo Engaño", una "Guerra de zapas" consistente en enviar a Chile supuestos desertores que revelaban distintos planes para confundir a los realistas (del otro lado de la Cordillera, los esperaba un ejército de 7.600 españoles). Con la excusa de enviar una copia oficial del Acta de la Independencia de las Provincias Unidas al gobernador Casimiro Marcó del Pont, le encomendó a Álvarez Condarco que cruzase a Chile por el Paso de los Patos. Debía memorizar todos los detalles , ya que si lo sorprendían con anotaciones lo fusilarían por espía. Además, Marcó del Pont intimó a Álvarez Condarco a volver por el paso más corto (Uspallata). Estuvo a punto de ser fusilado, pero cumplió su misión, ya que obtuvo el relevamiento de los 2 pasos principales, no dejando ningún detalle librado al azar. Otro detalle importante fue reunirse previamente con el cacique pehuenche Ñancuñán para pedirle permiso para pasar por sus tierras, al pie de la cordillera. La reunión se llevó a cabo en el fuerte de San Carlos, a 200 kilómetros de Mendoza. Los nativos dieron ésta información a los españoles (que ingresarían por 4 pasos secundarios), quiénes se dispersaron y perdieron poder de resistencia. Luego, siguiendo el plan, partieron en divisiones ligeras, el 9 de enero, 40 infantes y 100 soldados de caballería, que cruzaron por el Paso de Guana. Después, 130 soldados cruzaron por el Paso de Come Caballos (cerca de La Rioja). Al mismo tiempo lo hicieron 80 infantes y 25 granaderos por el Paso del Planchón y otros 55 soldados cruzaron por el Paso del Portillo. El 17 de enero partió la vanguardia (al mando de Estanislao Soler y Juan Zapiola), pasando por Los Patos y Uspallata. El 19 de enero salió la división más numerosa comandada por San Martín y Bernardo  de O´Higgins. Los realistas se ocuparon de los pasos secundarios y dejaron libres los pasos principales. La estrategia de engaño había funcionado. La empresa a llevar a cabo era, por demás, compleja, ya que los pasos elegidos para transitar no tenían población ni caminos, por lo que muchos tramos se hicieron en fila india, atravesando arroyos y ríos en puentes portátiles cargados por ellos mismos. El cruce se hizo siguiendo indicaciones de baqueanos, mientras que los alimentos, armas y provisiones iban en mulas. Los pertrechos comprendían 22 cañones (2 obuses de 6 pulgadas, 7 cañones de batalla de 4 pulgadas, 9 de montaña, 2 de hierro y 2 de 10 onzas), 2.000 tiros de cañón, 120 disparos por cada pieza de artillería, 900.000 cartuchos de fusil, 180 cargas de armas de repuesto, 5.000 fusiles de bayonetas y 1.129 sables. Para alimentarse llevaron carne cruda sazonada con pimienta (4 toneladas de charqui), galletas de maíz, 113 cargas de vino, 600 vacas para la provisión de carne fresca, queso y pan. La comida diaria consistía en maíz tostado, galletas y una botella diaria de vino. También llevaron importante cantidad de cebolla y ajo para combatir el apunamiento ( a los animales se les refregaba por el hocico para evitarlo). Las provisiones estaban calculadas para alimentar a más de 5.400 hombres durante 15 días. Llevaron médicos y enfermeros, una compañía de obreros y 120 trabajadores para hacer transitables los caminos. Si bien es cierto que fue una proeza técnica y logística, muchos soldados murieron por el intenso frío, escasez de leña y falta de agua. Incluso San Martín (cuya salud no era del todo buena) que padecía de úlceras y dolores reumáticos (llevaba opio para calmarlos) hizo varios tramos en camilla. Dormía sentado en una silla por su asma. De las 9.281 mulas que transportaron todo, solo llegaron 4.300 y sobre 1.600 caballos de pelea, arribaron 500, para una expedición que duró 21 días. Para abrigarse utilizaron ponchos de San Luis, frazadas y mantas de franela (a los animales también les dieron). Las crónicas de la época señalan que San Martín vestía chaqueta e iba abrigado con pieles de nutria y un capote de campaña. Calzaba botas granaderas con espuelas de bronce, su sable corvo en la cintura y un sombrero "falucho" atado y sostenido por un pañuelo, por los fuertes vientos. La máxima altura alcanzada llegó a los 5.000 metros sobre el nivel del mar, en El Espinacito. El promedio de avance fue de 28 kms. por día, siendo el frente del teatro de operaciones (los cruces) de 800 kms. Soportaron temperaturas nocturnas de - 10° C y de 30° C durante el día. Participaron de la gesta 5.424 hombres (3 generales, 28 jefes, 207 oficiales, 2.106 granaderos y 3.080 soldados). De la totalidad, 3.600 eran cuyanos y 710 esclavos. Financió la campaña con $ 14.000 y llegó a Chile el 10 de febrero de 1817 y, las 2 principales columnas se reunieron en la Cuesta de Chacabuco. Lo que vino después es historia archiconocida y estudiada por nosotros, la liberación de Chile y Perú. Éste conjunto de revoluciones contra la monarquía española en América sería completado luego por Simón Bolívar (junto a San Martín, los libertadores de América). Pero, la hazaña estratégica - militar del Cruce de Los Andes es obra de la brillante mente del "Padre de la Patria"... ese fue el mojón y principio de la libertad americana...

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