SARMIENTO... LOS ÚLTIMOS DÍAS DEL MAESTRO

Siempre hemos idealizado a nuestros próceres, pues los miramos aún en el bronce que los inmortalizó. Debemos entender que han sido seres humanos, como nosotros y, que muchas de sus acciones (la mayoría), muestran su "humanidad" a flor de piel. Y... cuándo les llega el final, son tan mortales, como el más común de nosotros, sólo que muchas de éstas situaciones (por su condición de próceres) se desconocen o se obviaron deliberadamente. Hoy, conoceremos como fueron los últimos días del "Maestro de América" : Domingo Faustino Sarmiento.  Si observamos las fotografías y retratos del sanjuanino, puede detectarse una calvicie notoria, a los 32 años, estaba obeso y caminaba algo encorvado. También padeció de muy joven de  hipoacusia (se fue agravando con el tiempo hasta casi quedar totalmente sordo), tuvo fiebre tifoidea (que adquirió trabajando en las minas de plata) que le valió un ataque cerebral. A los 39 años, en 1850, comenzó a tener trastornos renales. Todo ello le daba un aspecto de precoz senilidad. Por último, una severa bronquitis y una úlcera gástrica lo acompañaron sus últimos años. Tuvo que dejar de fumar porque el cigarrillo (consumía bastante) le dificultaba cada vez más la respiración. En 1876 le diagnostican un edema irreductible en las piernas, signo de la insuficiencia cardíaca que arrastraba. Éste largo listado de dolencias muestran la fragilidad de salud de Sarmiento, por lo que debió buscar climas más benévolos para aplacar sus males. Fue así que se trasladó a las termas de Rosario de la Frontera en 1886. Duró poco allí, pues le escribió una carta al presidente paraguayo Patricio Escobar, dónde le expresaba su voluntad de pasar un tiempo en ese país, argumentando :"por un problema de salud que no se sabe si es en los bronquios o en los pulmones, para morir es lo mismo". Como dato a destacar, el presidente Escobar en su juventud (siendo alférez) combatió en la Batalla de Curupaity, durante la Guerra de la Triple Alianza, dónde murió su hijo adoptivo "Dominguito". En Mayo de 1887 se embarcó en el vapor a ruedas "San Martín" hacia Asunción, dónde lo esperaron 3.000 personas. Al llegar, Sarmiento se alojó en el Hotel "Hispano Americano", permaneciendo allí hasta octubre, mes en el que volvió a Buenos Aires. El 28 de mayo de 1888 regresó definitivamente a Paraguay, dónde fue recibido por Martín García Merou, joven ministro residente, de solo 25 años. Se alojó en una casa aledaña al Hotel "Cancha Sociedad", propiedad del oculista italiano Silvio Andreuzzi Passudetti. A pesar de su frágil estado de salud, fiel a su estilo, no se quedó quieto, ya que colaboró con las autoridades en el diseño de la Ley de Educación Común, pensó reorganizar la Biblioteca Pública y el Museo, elaboró un proyecto para la jubilación de maestros y diseñó reglamentos escolares y planes de estudio. Tal como hizo en nuestro país, gestionó los contratos de maestras norteamericanas para que enseñen en Paraguay, siendo la primera de ellas Sara Reed. Encargó arreglos para su casa y decidió organizar una fiesta para inaugurarla (hizo traer fuegos artificiales y luces de bengala). Para tal ocasión, invitó a su vieja amiga, compañera y... amante, Aurelia Vélez (hija de Dalmacio Vélez Sársfield), de 51 años, diciéndole : "Venga, juntemos nuestros desencantos para ver sonriendo pasar la vida". Ella llegó en el vapor "Olimpia", acompañada de su hermano Constantino y su sobrina Manuela (quién había sido la última alumna de Sarmiento, enseñándole a leer con un ejemplar de "Facundo"). Se conocían hace 25 años y el vínculo estaba intacto. Sin embargo, por motivos que se desconocen, Aurelia regresó al país el 3 de septiembre. Una fecha clave fue 2 días después, el 5 de septiembre, cuando los obreros que trabajaban en su casa hallaron agua en el pozo que cavaban. No pudo con su genio y fue a verlo. Al regresar, se sintió mal y, tuvo que quedarse en cama. Su estado se agravó. Estaba muy pálido e inmediatamente llamaron a su nieto Julio y requirieron los servicios de su primo, el Dr. Lloveras. El cónsul argentino Sinforiano Alcorta le informó a García Merou sobre la delicadeza de su cuadro. Los médicos Andreuzzi, Candelón y Emil Hassler le diagnosticaron caquexia cardíaca (una lesión orgánica al corazón de pronóstico grave). El 8 y 9 de septiembre, Aurelia Vélez recibió telegramas en Buenos Aires dónde le notificaban la gravedad del cuadro de Sarmiento. El 10 de septiembre, García Merou telegrafió al presidente Juárez Celman sobre el inminente desenlace. Esa noche, le pidió a su nieto que lo sentase en el sillón para ver el amanecer. Alcanzó a decir, casi balbuceando : "Siento que el frío del bronce invade mis pies". Habían convocado al cura Antonio Scarcella para darle la extremaunción. Al llegar, esperó 20 minutos, pero Sarmiento ya había fallecido, a las 2:15 hs. de la madrugada. Algo de sentido tuvo esa demora, pues días previos, el sanjuanino manifestó : "Yo he respetado sus creencias sin violentarlas jamás. Devuélvanme ese respeto. Que no haya sacerdotes junto a mi lecho de muerte. No quiero por un instante de debilidad comprometer la dignidad de mi vida". Claramente, el "Maestro de América" estaba peleado con la Iglesia. Al momento del deceso, su nieta María Luisa le sostenía la mano. Estaba acostado en una sencilla cama de bronce de 1 plaza. Al pie de ella, su hija Faustina lloraba y, a su lado estaba su nieto Julio. Decidieron hacerle un retrato mortuorio, práctica surgida en Europa con los inicios de la fotografía. Las familias encargaban a los más importantes estudios de fotografía la tarea de "inmortalizar a sus difuntos" como si estuvieran vivos, realizando una acción de la vida cotidiana o durmiendo, o en algunos casos, durante el funeral. Para tal fin, su hija Faustina le encargó la imagen al fotógrafo de allí, Manuel de San Martín. Primero le sacaron una foto en la cama, tapado hasta el pecho (con una sábana blanca), boca arriba, por sugerencia familiar, aunque el fotógrafo no estaba muy convencido. La mala iluminación y la sábana no permitían distinguir bien su figura. Entonces decidieron sacar otra. Para ello,cuatro personas lo levantaron para colocarlo en un sillón, pero se toparon con el problema de la rigidez cadavérica del cuerpo (había muerto horas antes), por lo que su cadera y rodillas habían perdido flexibilidad. Como el sillón era mecánico, la solución fue ponerlo de forma lo más horizontal posible y taparon sus piernas con un género negro para ocultar su rigidez. El doctor Candelón explicó como lo hicieron : "Estando el busto y los brazos libres de dicha envoltura, se apoyó el brazo izquierdo en flexión sobre la mesita giratoria del sillón y la derecha quedó reposando sobre el muslo del mismo lado... y para dar mayor realce a la obra, no faltó el comedido que colocara en la mano derecha del difunto una pantalla común". La intención manifiesta de la fotografía era ubicarlo en posición de lectura y dar a conocer al mundo que el maestro dedicó hasta el último minuto de su vida a estudiar y trabajar para la prosperidad de la Patria. Luego de ello, los doctores Candelón, Andreuzzi y Hassler embalsamaron el cuerpo y, según su última voluntad, el mismo fue trasladado a Buenos Aires, cubierto por las banderas de Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay. Éste último país, dónde el prócer murió, decretó 3 días de duelo. Aurelia Vélez se enteró de la muerte de Sarmiento el 13 de septiembre al mediodía (ya que un temporal interrumpió las comunicaciones) y, fue ella quién avisó a los diarios, que publicaron la necrológica el 14 de septiembre (toda la prensa gráfica del país se puso de acuerdo y, en masa, titularon : "La prensa argentina, homenaje a Domingo Faustino Sarmiento). A su vez, el diario paraguayo "Sud Americano" publicó en su tapa la imagen post mortem de Sarmiento (una litografía basada en la foto original). El 15 de septiembre, el vapor a ruedas "San Martín" armó una capilla ardiente en su salón principal y zarpó, parando en los puertos de Formosa y Las Palmas, para que ambos pueblos saludaran al maestro. El 16 de septiembre desembarcaron el ataúd en Corrientes (dónde hubo una multitudinaria procesión) y oficiaron una misa en la Catedral. Después, en los puertos de Rosario y San Nicolás se hicieron salvas de artillería. El 21 de septiembre por la mañana, bajo una copiosa lluvia, el vapor llegó a destino. Recién al mediodía, el ataúd pudo desembarcar debido al intenso oleaje del río. El muelle estaba colmado de gente, contando con la presencia del presidente Juárez Celman, su gabinete y políticos de diversos partidos. A pesar de la intensa lluvia, una multitud acompañó el cortejo fúnebre hasta el Cementerio de la Recoleta. Allí, fue despedido por Carlos Pellegrini, Osvaldo Magnasco, Aristóbulo del Valle y Paul Groussac, entre otros oradores. Desde 1943, el 11 de septiembre, día de su fallecimiento, en su honor, se celebra el Día del Maestro. Como "perlita" o dato curioso, en 1908, un estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, Salvador Lorenzo Debenedetti, propuso celebrar el día del estudiante el día en que sus restos llegaron al país, es decir, el 21 de septiembre... En el epitafio de su tumba, reza :"Una América toda asilo de los dioses todos con lengua, tierra y ríos y libres para todos" (él mismo dejó instrucciones de la leyenda un año antes y cultivó una hiedra para su tumba en el terreno que le cedieron en La Recoleta, previendo su inminente desenlace fatal). Así fue el final de Domingo Faustino Sarmiento, en la tríada del bronce de próceres (junto a Belgrano y San Martín) que nos inculcaron en primaria. El revisionismo histórico se encargó de rescatar a otros "olvidados" y "humanizar" a nuestros héroes que, al fin y al cabo, también eran mortales...









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