LEY SÁENZ PEÑA, EL NACIMIENTO DEL VOTO UNIVERSAL

El sistema representativo en la democracia, sostiene que el poder político procede del pueblo, pero no es ejercido por él, sino por sus representantes elegidos por medio del voto. Es decir, el pueblo no delibera ni gobierna, lo hacen sus representantes. Por ésta razón es que la clase política tiene máxima obsesión por la emisión del voto o sufragio y, a lo largo del tiempo trató de manipular, controlar y cercenar el derecho a votar. En la entrega de hoy, la historia de la "Ley Sáenz Peña", que permitió el voto universal, secreto y obligatorio, rompiendo con décadas de fraudes y manejos espurios en las elecciones. La única falla de ésta ley fue la exclusión de las mujeres (algo subsanado 35 años después). La historia dice que la 1° ley electoral data de 1821, cuándo el sufragio era universal, masculino y voluntario para todos los hombres libres de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, la mayoría de ellos ni siquiera se enteraba que había comicios. Prueba de ello es que sobre un total de 60.000 habilitados para votar, sólo concurrieron 300 personas. En el año 1857 se sanciona la ley 140 que determina un voto masculino y... cantado. Se la conoce como la "doctrina de la pureza del sufragio" o voto calificado expuesto por Juan Bautista Alberdi en su libro "Elementos de derecho público provincial para la República Argentina de 1853". En el mismo sostiene : "El sistema electoral es la llave del Gobierno representativo. Elegir es discernir y deliberar. La ignorancia no discierne, busca un tribuno y toma un tirano. La miseria no delibera, se vende. Alejar el sufragio de manos de la ignorancia y la indigencia es asegurar la pureza y el acierto de su ejercicio".  Como se ve, el pensamiento de Alberdi era netamente liberal. El voto era facultativo o no obligatorio, personal y no secreto o público. Prueba de ello es que en Mendoza, Córdoba, San Luis y La Rioja el voto quedó restringido a las clases pudientes. En Salta, sólo votaban los que supieran leer y escribir y, en Tucumán no podían votar los jornaleros ni los hijos de familia que viviesen con sus padres. El país se dividió en 15 distritos electorales. Cada votante emitía lista completa, de modo que la más votada lograba todas las bancas y los cargos y, la oposición quedaba sin nada. El voto era a "viva voz" (cantado), lo que causaba graves daños al ciudadano, ya que si no apoyaba al caudillo (puntero) de su circuito, podía perder su trabajo y, en algunos casos, su vida. A todas luces, la ley era deficiente y discrecional, pues permitía el uso de la fuerza pública para reprimir a aquellos "elementos indeseables" que osaban inscribirse en el registro cívico. Fraude, manipulación y violencia eran moneda corriente. Ésto fue reconocido por Domingo Faustino Sarmiento (ganador en esas elecciones legislativas) en una carta enviada a su amigo Domingo Oro, dónde comentaba las elecciones de ese año : "Las elecciones de 1857 fueron las más libres y más ordenadas que ha presentado la América. Para ganarlas, nuestra base de de operaciones ha consistido en la audacia y el terror, que empleados hábilmente han dado éste resultado. Los gauchos que se resistieron a votar por nuestros candidatos fueron puestos en el cepo o enviados a las fronteras con los indios y quemados sus ranchos. Bandas de soldados armados recorrían las calles acuchillando y persiguiendo a los opositores. Tal fue el terror que sembramos entre toda esa gente, que el día 29 triunfamos sin oposición. El miedo es una enfermedad endémica de éste pueblo. Ésta es la palanca con que siempre se gobernará a los porteños, que son unos necios, fatuos y tontos". Sin dudas, honestidad brutal o confesión de partes del sanjuanino. El fraude existió desde siempre y estaba "naturalizado" y era apoyado con argumentos elitistas y discriminatorios, como el del autonomista Carlos Ibarguren : "... las mayorías argentinas, por su reciente incorporación al país, no se han consustanciado con la esencia de la nacionalidad. Viven una minoría sin edad. Son arrastrados por los demagogos. No analizan los deberes inherentes a ese derecho que se les ha otorgado. Necesitan una tutela". Por su parte, Manuel Fresco, gobernador de Buenos Aires, entre 1936 y 1940, no se quedaba atrás : "El fraude impide el regreso de las masas entregadas a la demagogia y el poderío indiscriminado del número". Otras "cuestiones" de la ley 140 eran : el votante debía tener 21 años, no ser sordomudo (por su dificultad de habla y escritura), ni eclesiástico. Como se dijo, el voto era "cantado", pero contemplaba también la forma escrita : la autoridad de mesa leía el papel en voz alta y lo escribía en una lista o cédula. Al ser público (y no secreto, se dejaba constancia de a quién votaba cada uno), y ello atemorizaba a los votantes. Los famosos "punteros políticos" influían demasiado en el acto comicial (a veces "hacían votar a muertos o inventaban nombres"). Alguna vez quedó constancia del voto de un tal "Benito Cámela", un apodo con vigencia actual surgido en el Siglo XIX. El historiador Oscar Muiño explicó al respecto : "Se ponían esos nombres para demostrar que eran ellos los que manejaban el padrón". El colmo del fraude era el "voto múltiple". Ésto consistía en que las personas emitían su voto (que previamente les había dado el puntero), se retiraban y luego volvían con otra vestimenta a sufragar de nuevo. Ésta práctica hizo imbatible al P.A.N. durante muchas elecciones. El acto comicial duraba 3 días. El primer día, a las 8 de la mañana, se reunían en las iglesias las "asambleas electorales", formadas por los ciudadanos habilitados para votar. Ahí se elegían las autoridades de mesa y se votaba hasta las 16 horas. Los días siguientes se sufragaba entre las 9 y 16 horas. El escrutinio era en la mesa receptora de votos y era provisional. El último día se hacía el conteo definitivo o general. El resultado se comunicaba a la Legislatura provincial y, luego a la Legislatura nacional. Otros considerados incapaces para votar eran los dementes declarados en juicio y los sordomudos que no podían expresarse por escrito. Por su estado y condición tampoco podían los religiosos, soldados y detenidos por juez competente. Por indignidad, no se le permitía sufragar a los reincidentes condenados por delito contra la propiedad durante 5 años después de cumplida la condena y los penados por falso testimonio y por delitos electorales, por el mismo lapso de tiempo. Una pequeña modificación se realizó el 1° de julio de 1859, estableciendo en el país un sistema de lista completa y el voto público, pero no obligatorio (ésta última es la modificación). El 18 de septiembre de 1873 hubo más cambios (ley 623) : debía hacerse un registro cívico (padrón) cada 4 años, dejando sin efecto el anterior. Vientos de cambio se avecinaban con el nuevo siglo, pues en el poder siempre se sostuvo el Partido Autonomista Nacional (P.A.N.), creado por Julio A. Roca. Éste partido se fractura en 1902 : por un lado los "autonomistas nacionales o roquistas", totalmente conservadores, con una visión de mantener intransigente el antiguo régimen electoral. Por otro lado, los "autonomistas telegrafistas", influídos por las revoluciones radicales de esa época, los atentados anarquistas y las huelgas obreras. Éstos últimos querían llevar las protestas de las calles al Congreso Nacional. Para ello debía dársele cabida al principal partido opositor (la UCR) y el Partido Socialista. El 12 de marzo de 1906, en ejercicio de la presidencia, fallece Manuel Quintana (hombre de Roca) y asume el  vice José Figueroa Alcorta, quién en sus 4 años y 7 meses de gobierno sufre huelgas, agitación obrera, fraude electoral y, también la formación de un nuevo partido político : la Unión Nacional. Es aquí donde nace la candidatura presidencial del embajador en Italia, Roque Sáenz Peña. Finalmente se impone en las elecciones de 1910, acompañado por Victorino de la Plaza como vice. De un total de 7 millones de votantes, solo sufragaron 200.000, logrando un aplastante triunfo. Significó el final del "roquismo" y del P.A.N., amo y señor del poder por mucho tiempo. Al jurar en el Congreso, Sáenz Peña (cuyo padre Luis, también había sido presidente), fijó uno de sus principales propósitos : "... que las minorías estén representadas y ampliamente garantizadas en la integridad de sus derechos. Opino que debemos levantar un nuevo padrón electoral, para llamar a la acción a todos los ciudadanos, procurando que todos los partidos fiscalicen la legalidad de la inscripción. El padrón existente lo juzgo legal, pero no satisface a los partidos ni guarda proporción con la población. Me será grato proponer al Congreso el proyecto que contenga la nueva inscripción y la reforma de la ley electoral". El 27 de julio de 1911 se promulga la ley 8130, que derogaba toda la legislación anterior sobre formación de registro electoral (se impulsaba la confección de un nuevo padrón electoral permanente, sobre la base de padrones del enrolamiento militar). Todo un adelanto para la época, pero... quedaban excluídas la mujeres...!! . El 11 de agosto se envió el proyecto sobre reforma electoral, redactado por el propio Sáenz Peña y el Ministro del Interior, Indalecio Gómez. Entre sus principales puntos establece la imposición de la "lista incompleta", para que haya un sistema de pluralidades, dónde se adjudica a la primera mayoría las 2/3 partes de la representación y a la segunda mayoría una tercera parte. Contiene un número de candidatos menor que el número de bancas a elegir (de ésta forma el partido ganador no podía llevarse la totalidad de la representación, como ocurría con la lista completa). Así lo definía Indalecio Gómez, uno de sus autores : "Puesto que el mal es que esa máquina da el producto de todas las diputaciones, y ésto es lo que se quiere evitar, hagamos pues que no produzca todas, que produzca sólo una parte. La otra se deja a los partidos que no forman parte de la máquina". Obviamente, muchos se opusieron al proyecto, pues la lista incompleta prevé que las minorías estén representadas no por un sujeto aislado (como otra forma que se proponía, las circunscripciones uninominales), sino por verdaderas colectividades (es decir, otro partido político, que sería oposición). El 24 de noviembre se aprobó el proyecto del Poder Ejecutivo en general (49 votos a 32). Su tratamiento en particular concluyó el 20 de diciembre y, la Cámara de Diputados rechazó ampliamente (344 a 32) el establecimiento del voto obligatorio. Volvió al Senado el 26 de diciembre. Finalmente, el 7 de febrero de 1912 se aprobó, apoyando la obligatoriedad del voto con algunas reformas. Regresó a Diputados, quiénes aceptaron esas reformas, sancionándose el 10 de febrero. Saénz Peña la promulgó el 13 de febrero, bajo la ley N° 8871. La misma establecía el sufragio universal e igual, obligatorio y secreto para todos los argentinos mayores de 18 años, con sistema de lista incompleta. La elección presidencial se definía por Colegio Electoral (el partido que más votos sacaba contaba con más electores para decidir). Quedaban exentos de votar los mayores de 70 años (no era obligatorio) y la acción se realizaba en una habitación (o "cuarto oscuro", que protegía la calidad del secreto del voto) donde estaban las boletas. La autoridad de mesa le entregaba un sobre vacío y abierto (firmado por la misma) y procedía a sufragar. La ley no prohibió explícitamente el voto femenino, pero la cláusula que reconocía como registro electoral el uso del padrón del servicio militar obligatorio las dejaba automáticamente afuera. Hecha la ley, hecha la trampa. Julieta Lanteri, feminista de la 1° hora (quién fuera motivo de nota de éste blog) logró que la justicia la autorizara a votar en 1911. Solamente San Juan, en 1927, en su Constitución Provincial reconoció el derecho a voto de la mujeres (y de ser elegidas). La nueva ley se estrenó en las elecciones legislativas de 1912, triunfando en las mismas el Partido Conservador (una división del P.A.N.), secundadas por la Unión Cívica Radical, cuyo líder era Yrigoyen. La cuestión cambió en las legislativas de 1914 (triunfó la U.C.R.). Finalmente, en la presidenciales del 2 de abril de 1916, Hipólito Yrigoyen se convirtió en el 1° presidente radical de la historia y el primero en triunfar bajo éste nuevo régimen electoral. Votaron 747.471 sobre un total de 1.189.254 sufragantes, el 62,71 % del padrón masculino. La obligatoriedad del voto impidió que los patrones prohibieran que sus trabajadores fueran a sufragar. Yrigoyen obtuvo 342.802 votos (47,25 %), obteniendo 141 electores, seguido de Ángel Rojas (alianza entre el Partido Conservador, Partido Autonomista, Partido Provincial, Partido Popular, Partido Democrático de Córdoba y Unión Democrática) con 186.677 votos (25,88 %), logrando 69 electores. En 3° lugar se ubicó la U.C.R. disidente, que no postulaba candidato, pero sí electores (28.816 votos y 14 electores). También participaron el Partido Demócrata Progresista, con el binomio Lisandro De La Torre - Alejandro Carbó y el Partido Socialista, con la fórmula Juan B. Justo - Nicolás Repetto. Intervino además, sin candidato presidencial, el Partido Socialista Argentino (división del P.S.). El flamante presidente necesitaba la mayoría absoluta del Colegio Electoral para proclamarse presidente (le faltaban 10 electores), por ello negoció con sus "compadres" de la disidencia radical (terceros en los comicios) y, logró el apoyo de 11 de sus 14 electores, alcanzando su objetivo. Según los historiadores de la época, el caudillo radical "logró el poder con minoría en las 2 cámaras del Congreso, pero con la extraordinaria fuerza que le daba el voto universal, ya que los humildes advertían por primera vez que, al menos al emitir el voto, el peón es igual al patrón. Eso tiene una fuerza extraordinaria". Así fue la historia de nuestro voto (más adelante se eliminaría el Colegio Electoral). Es nuestra herramienta que nos permite "participar" directamente en la vida democrática del país. Así lo pensó Roque Saénz Peña, con la ilusión de su frase : "Sepa el pueblo votar", entendiendo como pueblo a su totalidad y no a una minoría elitista. Un pequeño detalle : se olvidó de la mujeres, que años más tarde, en 1947, lograron su justo reconocimiento de igualdad...

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