LAS HERMANAS SATÁNICAS... LOCURA Y MUERTE, UN CASO EMBLEMÁTICO
Delirios místicos... Percepción tergiversada de la realidad producto de una psicosis severa... alucinaciones permanentes sobre algo perverso o negativo... Todos éstos conceptos y situaciones producidas simultáneamente, pueden derivar (casi siempre) en historias de locura y muerte, cuyas explicaciones lejos están de lo racional. El 27 de marzo de 2000 ocurrió uno de los crímenes más espeluznantes de la historia policial argentina, cuyas causas tienen mucho que ver con la introducción hecha en éste artículo y, las consecuencias fueron trágicas, horrendas... y bizarras. El terrible hecho tuvo lugar en calle Manuela Pedraza 5873, de Villa Urquiza (a muy pocas cuadras de Saavedra). En una confortable PH, habitaban Juan Carlos Vázquez, (empleado ferretero), de 50 años y sus hijas Silvina (21 años, estudiante de Ciencias Económicas) y Gabriela (24 años, desocupada). Ellas sostenían que la propiedad que habitaban estaba poseída por un poder demoníaco y, que en la misma ocurrían cosas extrañas : objetos que se movían solos, lamparitas de luz que estallaban de repente y ruidos extraños a cada rato, que les quitaron totalmente el sueño. Por ello, se comunicaron con el dueño de la misma, Jorge Eduardo Scarcella, quién contó : "El día anterior al suceso me tocaron el timbre para preguntarme si en el domicilio dónde vivían había muerto alguien o si en el terreno hubo en algún tiempo un cementerio. Les contesté que antes funcionaba un taller de pulido de vidrio. Ahí me informaron que habían ido a ver un cura y que les había dicho que en la casa rondaba un alma en pena y, que para que se fuera, debían rezar constantemente". También recordó que Silvina había pedido ayuda a la Parroquia "Santa María de los Ángeles" (ubicada en Pedraza y Naón). Allí el párroco les explicó que debían "purificar la casa con agua bendita y rezar mucho y, les recomendó asistir al "Centro Alquímico Transmutar", dónde tomaron cursos. Las hermanas estaban convencidas que su padre estaba poseído por un ente maligno, o simplemente el demonio y, debían sacárselo purificándolo. Como ritual de purificación, Silvina, la menor, comentó tiempo después : "Había que rezar 7 padrenuestros, 7 avemarías, un pedido a Dios y 7 glorias. Pero yo veía una bola dentro de papá, era como si tuviera un muñeco. Le daba "San Esperidión" y no se le pasaba. Había que sacar a papá de ahí... rezábamos, nos tomábamos de las manos y no pasaba nada". Y, agregó : "Dormíamos los 3 juntos por miedo. Vimos la cara del diablo en el espejo. Después de eso, papá lo rompió. Pero todo empeoró. Papá vomitaba mucho, escupía sangre. A mi hermana le agarró desesperación, estaba en trance. Siempre nos hicieron porquerías, brujerías. En la iglesia nos mandaron a transmutar y, por eso, por querer estar mejor, mirá lo que nos pasó". Gabriela habría dicho al respecto : " Para purificarnos teníamos que bañarnos en el elixir blanco y lo hicimos durante 20 días, la casa mejoró un montón, pero algo falló, porque a mi hermana se le metió algo". Como se dijo, la noche del 27 de marzo, Silvina, la hija menor, le asestó 150 puñaladas a su padre para sacarle el "muñeco diabólico" que ellas creían que llevaba adentro. Puede decirse que fue un rapto de locura de las hermanas que, sugestionadas con un delirio místico, armaron un sangriento "ritual de purificación" en el que la víctima fue su propio padre. Esa noche, se oyeron voces, gritos, llantos, cánticos y rezos que provenían del departamento 1. Un vecino levantó el teléfono y llamó a la policía. Los agentes de la Comisaría 49 llegaron en el momento justo : desde la ventana vieron como una mujer (Silvina, la hija menor) acuchillaba sin parar a un hombre mayor (Juan Carlos, su padre). El hombre estaba tendido en el piso, bañado en sangre y también estaba Gabriela, desnuda (los 3 lo estaban) y ensangrentada. "¡ Satán está acá, salió de él, y ahora está con ella ! ¡ Que salga el diablo, que salga el mal !" gritaban al unísono. Al ingresar, los policías llamaron al Juzgado Penal de Turno, a cargo de Julio César Corvalán de la Colina. Juan Carlos Vázquez, ya sin vida, tenía la mano aún aferrada a la baranda de las escaleras. La sangre le chorreaba hacia las piernas, lo que daba a los expertos de la escena del crimen el indicio de que la mayoría de las heridas habían sido vitales y con el hombre en pie. Tenía cortes en todo el cuerpo, hechos con un cuchillo "Tramontina". El torso y el abdomen estaban "escritos" a filo y sangre, aunque los signos eran incomprensibles. El cuerpo, desnudo, tenía un corte en la ingle, pero no había indicios de actividad sexual ni en la víctima ni en las hijas. El móvil no era la lujuria, sino la "purificación". Al cadáver le faltaba parte del cuero cabelludo y la oreja derecha. El rostro estaba mutilado con tajos que iban de arriba hacia abajo y la mejilla izquierda tenía signos de mordeduras. En su pecho había un dibujo (hecho con el cuchillo sobre la piel) consistente en un círculo que encerraba un triángulo, una suerte de pentagrama esotérico. En el cuello, a la altura de la carótida, la herida fatal. El jefe de la Seccional 49, Comisario Juan Carlos Hammerschmidt, a cargo del operativo, narró lo que vociferaba Silvina, la menor :"¡Ángel de la luz ! ¡ Hermana, hermana ! ¡ Liberamos a papá del demonio y ahora te voy a liberar a ti ! ¡ Demonios, demonios, no se metan ! ¡ Ahora papá va a renacer y será un hombre bueno ! ¡ Recemos por mamá... Mamita, mamita, te vengamos !". La referencia era hacia su fallecida madre, Aurora Gamarra, ya que ellas creían que la mujer había sido objeto de "trabajos" y brujerías que le causaron mucho mal. Al morir su madre, las hermanas se lanzaron al sendero de la búsqueda espiritual, llegando a la práctica de la magia y el esoterismo. En el interior de la vivienda se encontraron velas blancas, Biblias, pócimas, elixires y frascos con sustancias transparentes. El baño estaba lleno de materia fecal y vómitos. El olor en la casa era insoportable, penetrante y fétido. Todos los espejos estaban rotos, con la parte reflectante hacia abajo. En uno de los ambientes había 3 colchones, dónde los 3 dormían juntos. En otra habitación, sobre una cama, había gran cantidad de ropa... y muchos elementos para hacer rituales. En otra declaración posterior, Silvina, crudamente y sin filtro, dijo : "... el demonio quería poseer a mi hermana, someterla sexualmente, y logró entrar en su cuerpo. Papá se entregó como un cordero y le empecé a cortar la piel. Lo corté para descascarar al muñeco y ver a papá otra vez". Las ambulancias que llegaron al lugar se llevaron el cadáver de Juan Carlos y a ambas hermanas, totalmente en trance. Fueron trasladadas al Hospital Pirovano (en Monroe 3555, Coghlan), sedadas. Allí fueron sometidas a peritajes psicológicos y psiquiátricos, permaneciendo internadas y detenidas. Fueron contenidas por el equipo de salud mental. La psicóloga del hospital, María Emilia Bertucci, manifestó : "Recibí a Silvina y no paraba de cantar ¡ Oh Señor, te amo Señor, ya se fue Satanás ! , ella contó que su padre estaba poseído y que al sacar a Satanás del cuerpo de su papá entró en el de su hermana". Luego Gabriela le confesó : "Satán gobierna al mundo, el mal nos busca para destruírnos. Necesito un exorcista y Silvina también lo necesita". El informe médico de las hermanas señaló que ambas presentaban índices médicos legales de peligrosidad para sí y/o para terceros. Por recomendación del equipo de salud mental se llevó a cabo una internación psiquiátrica en un instituto de máxima seguridad : la Unidad 27 del Neuropsiquiátrico "Braulio Moyano". La autopsia de Juan Carlos Vázquez dictaminó que murió como consecuencia de una hemorragia externa por múltiples lesiones de arma blanca en la cabeza y en el cuello. En la reconstrucción del crimen se estableció que "... fue un homicidio con consentimiento de hecho por parte de la víctima. La gran mayoría de las lesiones eran vitales. La víctima se desnudó por sus propios medios. La víctima no se ha resistido prácticamente a ser flagelada. Los restos humanos hallados sobre el piso, lejos del cuerpo, indicarían que los mismos fueron arrastrados por la sangre lavada y la acción de declive del piso. El desplazamiento de los muebles indica la preparación del lugar para la realización de los actos. Se puede sostener que el padre también estaba contagiado, sugestionado e inducido por el delirio, y que el deseo de terminar, quizás, con el tormento de la hechicería y el influjo del maligno, había finalizado su obra terminando por ceder su cuerpo a sus hijas". El expediente 31199/00 del Juzgado Criminal de Instrucción N° 46, dice en su resolución : "Silvina y Gabriela Vázquez formaron una díada en la que se influenciaron recíprocamente con el tema demoníaco, en el cuál creyeron con una convicción altamente delirante en la presencia del demonio, cayendo finalmente en el fárrago de los hechos ilícitos de su causa, y finalizaron por consumar un tétrico parricidio". El juez Corvalán de la Colina, en sus argumentos, sostuvo :"... las hermanas Vázquez no protagonizaron una conjura exorcista, solo produjeron una sucesión de actos desorganizados, disparatados y absolutamente psicóticos que culminaron con la patética muerte de su padre". Fueron declaradas inimputables, ya que jurídica y psiquiátricamente no pudieron comprender la criminalidad de sus actos". Silvina, la autora material del parricidio, legalmente no podía ser condenada por un delito que no estaba en condiciones de entender, por lo que fue sugerida una internación psiquiátrica. Gabriela, la mayor, no habría participado directamente del asesinato, ya que su actuación "fue producto de la influencia recíproca entre ambas hermanas, teniendo en cuenta que, al estar juntas, se retroalimentaban, produciendo el delirio de ambas un estallido psicótico en Silvina". Para la historia criminal argentina, el caso fue conocido como "Las hermanas satánicas". Gabriela recobró la lucidez y se estabilizó psiquiátricamente. Tuvo una hija con una pareja que, al enterarse lo que había sucedido 20 años antes, se separó de ella. Por su parte, Silvina recibió el alta de la Unidad N° 27 del pabellón penal del Neuropsiquiátrico "Braulio Moyano" en 2003 y siguió sus estudios en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y, no se supo más de ella ni de su estado mental. Nunca más ambas hermanas volvieron a encontrarse. En cuánto a la casa, quedó catalogada por los vecinos como "la casa del terror". Uno de ellos manifestó a un medio televisivo : "Nosotros no hablamos del tema con los dueños porque, la verdad, fue una situación muy fea para ellos. Una desgracia para todos". La policía de la zona tomó sus recaudos y, los agentes que tenían que custodiar la casa luego del crimen, venían con rosarios colgados, porque temían que el diablo todavía estuviera ahí, dentro del PH. Actualmente nadie habla ni quiere acordarse de ellas y, los abogados, peritos y funcionarios judiciales que participaron en la investigación se excusan en un acuerdo de confidencialidad pactado. El caso fue recreado ficcionalmente en el unitario "Mujeres asesinas", donde se sugiere un posible incesto (dormían todos juntos y en el ritual de purificación estaban desnudos), algo que quedó descartado de plano. A pesar de lo sucedido, los vecinos tenían un buen concepto previo de los Vázquez : "El padre era los ojos de las dos... y él vivía para sus hijas". La madre había fallecido 7 años antes producto de un agudo cuadro de diabetes y, las hijas nunca pudieron superar su pérdida. A partir de ese momento, se unieron más que nunca. La casa no pudo ser alquilada nunca más y en la actualidad la habita un familiar del propietario. ¿ Delirio Místico ? Quizás ¿ Alucinaciones y tergiversación de la realidad ? Tal vez... Lo cierto es que de las "Hermanas Satánicas" no volvió a saberse más y el hecho quedó registrado como uno de los más espeluznantes de la historia criminal de nuestro país...
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