EL CADÁVER DE EVA PERÓN... UNA HISTORIA DE AMORES Y ODIOS

Amores y odios, sentimientos encontrados sobre algo o alguien. Los mismos se alimentan y crecen a niveles insospechados, en los cuáles se llegan a cometer excesivos actos de fanatismo y adoración (en el caso de amores) y grandes atrocidades (si hay un odio evidente). Argentina es un país históricamente marcado por la división de sus habitantes, quiénes profesan una adhesión férrea o una antipatía feroz por algo. Esos extremos son los que han marcado el cisma de nuestra nación. Ejemplos sobran : Revolucionarios vs. Monárquicos, Unitarios vs. Federales, Yrigoyenistas vs. Antipersonalistas, Peronistas vs. Antiperonistas. En ésta última dicotomía quiero detenerme, pues fruto de ésta "pelea", surge la narración de hoy : el secuestro y desaparición del cadáver de Eva Duarte de Perón. "Evita" muere el 26 julio de 1952, a los 33 años, víctima de un cáncer de útero que la consumió por completo (pesaba 40 kgs. al momento de fallecer). La admiración e importancia simbólica de "Evita" para el peronismo era enorme, a tal punto que poco antes de morir, el Congreso le había otorgado el título de "Jefa Espiritual de la Nación". Perón quería que su esposa fuera embalsamada y, que sus restos descansaran en el "Monumento al descamisado", un faraónico mausoleo que iba a ser construído especialmente para ella. La idea era exponer el cuerpo de Evita "permanentemente a la piedad o al homenaje de las masas populares". El médico español, oriundo de Zaragoza, Pedro Ara fue elegido para las tareas de conservación del cadáver. Fue así que a las 17 horas de ese 26 de julio, desde Casa Rosada, el oncólogo Abel Canónico le avisó que una hora más tarde lo pasarían a buscar, ya que el desenlace fatal era inminente. A las 20:25 hs. se produjo la muerte. Trabajó durante toda la madrugada para dejar listo el cuerpo para el velorio en la capilla ardiente instalada en la sede del Ministerio de Trabajo y Previsión. Los primeros en acercarse al cuerpo fueron la modista y el peluquero para dejarla lista. El coiffeur, por orden del hermano de Eva, Juan Duarte, cortó un mechón de pelo para su madre, Juana Ibarguren. Luego, en las manos de la difunta, el doctor Ara iba a envolver un rosario de plata y nácar que le había regalado el Papa Pío XII. Cuándo se disponía a hacerlo, apareció un ayudante de "Evita" con elementos de manicuría y le manifestó : "Poco antes de entrar en la agonía, me dijo la señora : en cuanto me muera, quítame el rojo de las uñas y déjamelas con brillo natural. ¿ Puedo hacerlo doctor ? El galeno aceptó. Terminados los arreglos estéticos y previo a que soldaran la parte metálica del ataúd, el doctor Ara colocó entre las prendas y en cada rincón del féretro unos comprimidos. Ante la mirada incrédula del General, el médico le explicó : "Su relativamente rápida volatilización expulsa el aire del interior del sarcófago, sustituyéndolo por una atmósfera que hace imposible la vida de cualquier clase de microbios o de insectos, siendo además, incombustible". Perón le recordó que el objetivo era que se preservara el cadáver durante algunos días antes de ser trasladado a la C.G.T. para embalsamarla. Ara pidió que fuera en otro lugar y no ahí, pues tenía temor por la seguridad del laboratorio. El caudillo fue tajante : "No, profesor. Mi mujer dispuso que sus restos mortales fueran depositados en la C.G.T. hasta su traslado a la cripta del monumento y yo voy a cumplir exactamente los deseos de mi esposa. No tiene usted más remedio que trabajar en la C.G.T.". "Evita" fue velada en el Ministerio de Trabajo y Previsión durante casi 2 semanas. Por esa tarea, el español cobró 100.000 dólares, por mano de obra y materiales de conservación. Algunos "desubicados" con afán de figurar y ayudar, abrieron el sarcófago para limpiarlo cuando vieron que el vidrio de la tapa del ataúd se empañaba. Esa irresponsable maniobra casi hecha a perder la tarea del Dr. Ara. Luego de...16 días de velorio, el cuerpo de "Evita" fue trasladado al Congreso (donde estuvo 2 días). Trascartón, Perón emitió un comunicado donde  informaba : "Comunicaré al pueblo que hasta dentro de un año no volverá a ver a Evita". El 10 de agosto los restos llegaron a la C.G.T., ubicándolo en el 2° piso, el cuál se había adaptado como laboratorio y oficina. Durante largos 3 años el cuerpo de la "Abanderada de los humildes" estuvo en la sede sindical (ya que el monumento se retrasó en su construcción). El edificio siempre estuvo floreado, porque incesantemente llegaban coronas florales de sus fieles. También una o dos veces por semana la madre de "Evita" y sus 3 hermanas se acercaban hasta el 2° piso y, frente a la puerta cerrada del laboratorio, rezaban y lloraban. Entre las recomendaciones de Ara sobre el cuidado del cuerpo, estaban las siguientes : "Evitar que en el local donde sea depositado suba la temperatura a más de 25° C. Mantener fuera de la acción de los rayos solares la vitrina que contiene el cuerpo. No permitir bajo motivo ni pretexto alguno sea abierta la vitrina ni tocado el cadáver en ausencia nuestra". Tres años después de la muerte de Eva, en 1955, el médico español convocó al escultor catalán Vicente Torró para que hiciera una réplica del rostro de ella en arcilla para que quedara como "documento" de su descanso. Pero el gobierno de Perón tambaleaba, acosado por sus ex compañeros de armas, quiénes bajo el nombre de la "Revolución Libertadora", lo derrocaron el 16 de septiembre de 1955. El golpe militar significó la proscripción del peronismo por casi 2 décadas. Perón huyó al exilio a Paraguay y, el cuerpo de su esposa quedó en la C.G.T. El 22 de noviembre, un comando de la Revolución Libertadora irrumpió en la sede sindical. Las puertas estaban abiertas, y en un gran salón iluminado se encontraba el cuerpo de "Evita" con una guardia de 2 hombres que ni se movieron. El Mayor Jorge Dansey Garzón, a cargo del operativo, hizo cerrar el féretro y, lo cargó en un auto Thornycroft de artillería. Sin ninguna cubierta se lo llevaron a la sede de la S.I.E. (Secretaría de Inteligencia del Ejército), tras atravesar varias calles desiertas. Al llegar y, en un acto de cinismo y barbarie, los militares golpistas quisieron verificar que el cuerpo que yacía allí era Eva y no "de una muñeca de cera". Para certificarlo acudieron a una comisión de médicos notables, quiénes le extrajeron un pedazo de tejido de la oreja izquierda (para un examen histológico) y le cortaron un dedo para la huella digital. El temor de que los peronistas quisieran robar el cuerpo, hizo que los militares tramaran un plan secreto... y siniestro : secuestrar el cadáver (ya lo habían hecho) y hacerlo desaparecer. El presidente de facto Pedro Aramburu encargó el operativo al Teniente Coronel Carlos Moori Köenig, jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército (S.I.E.). La idea era secuestrar el cuerpo y darle "cristiana sepultura", en otras palabras enterrarlo clandestinamente. Moori Köenig confió el cuidado del cuerpo a un subalterno suyo, el mayor Eduardo Arandía (quién escondió el cajón en el altillo de su casa). Pero Arandía estaba paranoico y nervioso por tener el cuerpo en su hogar. Y, sobrevino una tragedia, pues una noche escuchó ruidos y creyendo que se trataba de un comando peronista que venía a llevarse el cuerpo, tomó su pistola reglamentaria y vació el cargador en la oscuridad a un bulto que vió moverse... era su esposa embarazada. Luego del lamentable y trágico hecho, Moori Köenig llevó el cuerpo a su oficina en la S.I.E., a un cuarto contiguo a su despacho, donde lo colocó en posición vertical, dentro de una caja con materiales para transmisión radial. Éste militar tenía una pasión enfermiza por el cadáver, al cuál exhibía como trofeo. Una tarde de 1956, Moori Köenig invitó a la hija de Otto Bemberg, María Luisa Bemberg (heredera de la expropiada por Perón,  Cervecería Quilmes) a tomar el té. Luego, sin mediar explicación, le mostró el cadáver embalsamado de Eva. Bemberg (quién años más tarde sería una exitosa cineasta) salió espantada del lugar. El hecho trascendió y, Aramburu reemplazó al desquiciado custodio por el teniente coronel Héctor Cabanillas en febrero de 1957. El nuevo responsable propuso sacar el cuerpo del país y dió inicio al "Operativo Traslado" u "Operativo Evasión". Por ello, se decidió trasladar el cuerpo a Italia, cuyo objetivo se logró "gracias a la activa y muy especial intervención de la Iglesia Católica". Un delegado del Vaticano compró una tumba en un cementerio comunal de Milán y se encargó de tramitar los papeles para el arribo del cuerpo. En abril de 1957, el ataúd de Eva Perón fue trasladado en barco a Génova, haciéndolo pasar por el de una viuda italiana fallecida en Argentina llamada María Maggi de Magistris. Al llegar fueron inhumados en el Cimiterio Maggiore, el 13 de mayo de 1957. Para no levantar sospechas, se encargó y pagó a una religiosa llamada Giuseppina para que le llevara flores a la tumba. Pasaron los años y, un hecho terrorista marcó un giro en la historia : en 1970, Montoneros secuestró y asesinó al ex presidente Aramburu, acusándolo de haber hecho desparecer el cuerpo, entre otras cosas. La crisis y espiral de violencia estaba instalada y, el presidente Lanusse propuso a Perón un "Gran Acuerdo Nacional" y, ofreció devolverle al General los restos de su esposa, en señal de buena voluntad. Lanusse le encargó a Cabanillas (quién la había "escondido", según Perón por 6 años), el "Operativo Devolución". El caudillo, en tanto, había enviado una carta al Papa Paulo VI, solicitando ayuda : "... No tiene otro sentido ésta carta que es un ruego... Algunas debilidades humanas le han quitado a mis compatriotas a la mejor de sus hijas, Eva Perón. El pueblo argentino la necesita... Me consta, y desde el fondo de mi alma he dado gracias a Dios por ello, que la intención de la Santa Sede impidió, en su momento, el sin - sentido sacrílego de los restos mortales de Eva Perón...". Y finaliza diciendo : "Es probable y seguramente sería lo atinado que haya que hacer una etapa intermedia entre la revelación del lugar donde descansa actualmente Eva Perón y su definitivo traslado a la Argentina. Ésta etapa podría ser España con la información y explicación debidas a mis compatriotas... Humildemente me inclino ante Su Santidad". Para efectuar la operación, Cabanillas alquiló una camioneta de repartir flores para trasladar el ataúd con los restos de "Evita", seguida de cerca por un auto en el que viajaba discretamente, a modo de custodio, un subalterno de Cabanillas. Pasaron por Ventimiglia, Marsella, Montpellier y Perpignan (éstas 3 últimas en territorio francés), hasta llegar a tierra española, por el paso fronterizo de La Junquera. Fueron recibidos por la Guardia Civil y, luego siguió su camino hasta Madrid. Llegaron a la residencia de Perón, en "Puerta de Hierro", tras estar 14 años enterrada en Milán. El féretro tenía una lámina de zinc que, según Jorge Paladino, delegado personal de Perón, abrieron usando un martillo y un cortafierro. El estado del cadáver era deplorable, con óxido y lleno de barro. Perón hizo tomar fotografías del cuerpo, que presentaban 35 lesiones diferentes. Luego ordenó filmar el cadáver. Las impactantes imágenes del cuerpo momificado y ultrajado de "Evita", revelaban la saña con que fue tratado : la nariz casi destrozada con un fuerte golpe, en la frente tenía 3 fuertes contusiones, también impactos en la cara, en el hombro derecho (posiblemente provocado por el taco de un zapato), el cuello roto por golpes a su alrededor, el cabello húmedo y sucio (con barro), los dedos medios de ambas manos seccionados, un pedazo de oreja cortado y los dedos de los pies destrozados. Se elaboró un acta que firmaron Perón, Paladino, López Rega, el embajador argentino en Madrid, brigadier retirado Jorge López Silveyra (encargado de la negociación por la devolución del cuerpo), el agregado cultural de la embajada, Manuel Gómez Carrillo y el padre Giulio Madurini, de la Superior Orden de San Pablo (quiénes cuidaron la sepultura en Italia). Por delicadeza, María Estela Martínez de Perón, "Isabel", no firmó. La misma decía : "Dejamos expresa constancia de que Jorge Rojas Silveyra ha procedido a entregar al Sr. Juan Domingo Perón, con la plena conformidad de éste, una caja mortuoria que contiene los restos mortales de su señora esposa, Doña María Eva Duarte de Perón". Luego, el caudillo mandó a llamar al Doctor Ara, quién pintó éste panorama : "A primera vista el espectáculo impresionaba lastimosamente : humedad y suciedad. Sin el menor desorden en el peinado, la cabellera aparecía mojada y sucia. Las horquillas, herrumbradas, se quebraban entre nuestros dedos. La esposa del General comenzó a deshacer las trenzas de Eva para ventilar y secar sus cabellos y limpiarlos de herrumbre y tierra". Antes de ésto hubo un hecho desopilante protagonizado por un (siempre) exaltado López Rega quién, al abrirse el cajón y ver el cuerpo de Eva, vociferó :   " ! General, ésta no es Evita. No firme el acta !!       ¡¡ No es Evita !!". Perón se acercó y parcamente dijo : "Sí, es Evita". Unas lágrimas bajaron por el rostro de Perón y, Rojas Silveyra, al darse cuenta, le dijo : "Señor , está llorando...¿ Tanto quería usted a ésta mujer ?". Sin levantar la mirada, el caudillo expresó : "Mire, yo he sido con ésta mujer mucho más feliz de lo que todo el mundo cree". Perón regresó al país y, triunfó en las elecciones presidenciales de 1973. Pero, el caudillo, enfermo, fallecería 8 meses después, el 1° de julio de 1974. Con "Isabel" como presidente, los restos de "Evita" fueron repatriados en noviembre de ese año. Fue restaurado (por el taxidermista Domingo Tellechea) y exhibido (en su ataúd) junto con el del General (éste a cajón cerrado), en la cripta fúnebre de la residencia presidencial de Olivos. "Isabel" retomó la idea de Perón de crear un gran mausoleo ("El Altar de la Patria") para guardar sus restos y los de otros próceres, pero el proyecto quedó trunco. Luego del golpe de estado de 1976, la Junta Militar entregó los restos de Eva a la familia Duarte, quién la sepultó, bajo estrictas normas de seguridad en su bóveda familiar en el Cementerio de La Recoleta (dónde están su madre y su hermano Juan). A la vista de todo lo sucedido, años después, el periodista de Canal 9 de Buenos Aires, Osvaldo Papaleo (quién viajó a España cuando devolvieron los restos de Eva), precisó : "Fue una opción bien elegida la Iglesia, porque en aquel momento todos se encontraban arrinconados por los sentimientos de muchos de sus camaradas. El Vaticano preservó el cadáver y calmó los ánimos". María Eva Duarte murió en 1952, su cadáver deambuló momificado por varios lados hasta 1957, año en que fue enterrada por 14 años en Italia. En 1971 su cuerpo llegó a España, a la casa de su marido. Recién en 1974 los restos volvieron al país y, finalmente en 1976 pudieron descansar en paz, junto a su familia. Todo eso pasó en 24 años y... hoy a más de 70 años de su partida, todavía sigue despertando amores y odios...





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