MAMÁ ANTULA, LA PRIMERA SANTA ARGENTINA
Hace unos días se dió a conocer la noticia que nuestro país tendrá a su primera santa, nacida y criada en nuestro suelo, y de ésta forma quedará conformado el trío santoral vernáculo con Héctor Valdivielso Sáez (el menos conocido, ejecutado en la Guerra Civil Española) y el cura cordobés José Gabriel Brochero. Existen 2 santos más : Artémides Zatti (San Zatti, muerto en la Patagonia, pero nacido en Boretto, Italia) y la monja Nazaria Ignacia (fallecida en nuestro país, pero originaria de Madrid, España). La protagonista de la narración de hoy es María Antonia de Paz y Figueroa, conocida como "Mamá Antula". Nació en 1730 en Villa Silípica, una antigua encomienda de indígenas de la actual provincia de Santiago del Estero. Formaba parte de una familia "acomodada y de alcurnia" de la región, ya que su padre Miguel Paz y Figueroa Mendoza, tuvo una lista de títulos y cargos más largos que el virreinato : sargento mayor, maestre de campo y alcalde de la Santa Hermandad (1728), procurador y mayordomo del Real Hospital (1730), protector de Naturales (1745) y alcalde y ordinario de 2° voto del Cabildo de Santiago del Estero (1750). Su madre, era una mujer de alto linaje, María Zurita y Suárez de Cantillana. Recibió la educación propia que se daba a las niñas de familia acomodada y, allí se acentuó en ella su inclinación religiosa. Abandonaría esa comodidad a los 15 años, pues se opuso a aceptar un "matrimonio arreglado" por su padre, como era costumbre en la época. La educación recibida le permitió saber leer y escribir (algo solo al alcance de los nobles). Sin embargo, su carácter y firmeza (demostrado al negarse al matrimonio), hizo que, en rebeldía, se vistiera como un varón y optara por ser laica jesuita. Su padre no toleró semejante lista de afrentas y osadías y... la echó de su casa. Sin hogar, decidió instalarse en el "beaterio" de los jesuitas. Rechazó su apellido (pasó a llamarse María Antonia de San José) y renunció a la riqueza de su familia. Inmediatamente, hizo sus votos y vistió el hábito de beata jesuita, consagrándose a la oración y al apostolado, en forma comunitaria. Luego, realizó sus ejercicios espirituales en el convento de la Compañía de Jesús de la ciudad. Bajo la dirección del padre jesuita Gaspar Juárez, se dedicó a la educación de los niños, el cuidado de los enfermos y el socorro de los pobres. La historiadora Cintia Suárez, estudiosa de la vida de la religiosa, explicó sobre su tarea : "Ella quería ayudar, servir a un sector de la sociedad desposeído y olvidado, pero no como monja. De hecho, no hace voto de obediencia, sí de castidad y de pobreza, pero no de obediencia a ninguna orden". En 1760 reunió a un grupo de chicas jóvenes que vivían en común, rezaban, ejercían la caridad y colaboraban con los padres jesuitas. En aquel momento se las llamaba "beatas" (hoy laicas consagradas). Durante 20 años estuvo al servicio de los jesuitas, asistiéndolos especialmente en las tareas auxiliares de los ejercicios espirituales. Pero, el 9 de agosto de 1767, el rey Carlos III, ordenó disolver la obra jesuítica. Los religiosos fueron expulsados de éstas tierras y, María Antonia, que se consideraba hija espiritual de la Compañía de Jesús, le pidió al mercedario fray Diego Toro que asumiera las tareas propias de la predicación y la confesión mientras ella se ocuparía, con sus compañeras del alojamiento de las provisiones y la continuidad de los ejercicios espirituales. A pesar de la ida de la orden, ella siguió manteniendo amistad con los jesuitas por carta. De ésta forma, continuó su tarea evangelizadora en las parroquias de Salavina, Soconcho y Silípica. Allí la conocían como Mamá Antula (la traducción al quechua de Mamá Antonia). Con la autorización del obispo de Tucumán, Juan Manuel Moscoso y Peralta, predicó y realizó una caminata evangelizadora por toda la diócesis, recorriendo Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, nuevamente Tucumán, Catamarca y La Rioja. En 1777 llegó a Córdoba, dónde en menos de 1 año, organizó 8 tandas de 200 y 300 personas para ejercicios espirituales. Siempre conseguía limosnas suficientes como para mantener a toda esa gente, incluso en ocasiones había un excedente que servía para ayudar a pobres y presos. Su método era muy simple : llegaba a un pueblo, presentaba los permisos ante las autoridades y dictaba un curso de 10 días de duración ante cualquier interesado, sin importar clase social. En 1779, a los 49 años, llegó a Buenos Aires, luego de caminar durante 2 meses, casi 700 kilómetros. Pero no fue bien recibida en la capital del Virreinato, pues entró descalza, con una cruz de madera entre las manos, exhortando por las calles a la penitencia e invitando al retiro de los ejercicios espirituales. La trataron como persona extraviada, tildándola de loca, borracha, fanática y bruja. Los niños de las afueras de la cuidad, al verla llegar con un mal aspecto por el largo viaje, comenzaron a apedrearla y abuchearla. Obtuvo refugio en la iglesia de La Piedad y se encomendó a la Virgen de Nuestra Señora de los Dolores, de la cuál era muy devota. El virrey Vértiz le negó el petitorio de abrir una casa para dar ejercicios y, en la misma sintonía, el obispo diocesano fray Sebastián Malvar y Pinto, le demostró desconfianza y postergó la respuesta por 9 meses, mientras pedía informes de ella. Incluso el religioso quiso persuadirla de no continuar con su tarea, pero no tuvo éxito. Finalmente obtuvo el permiso del obispo en 1780, comenzando los primeros ejercicios espirituales con 20 personas. El número fue creciendo exponencialmente, hasta llegar a miles, hecho que terminó convenciendo al obispo. Pero el virrey era totalmente antipático a todo lo religioso. Así se mantuvo por 2 años, negándose a darle el permiso real de la corona. La solución fue hacerlo en forma clandestina, contando con la complicidad del obispo (ahora su aliado), quién le alquiló casas a algunas familias concurrentes a la iglesia. La nobleza asistía a escondidas a los ejercicios, hasta que fueron descubiertos. "Mama Antula" se vió obligada a reunirse con el virrey, dónde le dió detalles de su obra. De acuerdo al historiador Ambrosio Funes, durante 8 años hicieron ejercicios espirituales casi 70.000 personas. Debido a ésto, ella proyectaba una casa para tal fin. Por donaciones consiguió tres parcelas de terrenos en las afueras de la ciudad. Una fue entregada por los padres de Manuel Alberti, futuro integrante de la 1° Junta (Antonio Alberti y Juana Marín). Otra fue donación de Pedro Pavón y Benedicta Ortega y, la última por Alfonso Rodríguez y Francisca Jirado. Con los terrenos listos, varias familias nobles le hicieron grandes donaciones para poder construír la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, que en la actualidad se conserva en Avenida Independencia 1190. Los ejercicios espirituales se convirtieron en las actividades religiosas más prestigiosas de la vida porteña. Tal era su importancia que el obispo de Buenos Aires dispuso que ningún seminarista se ordenase sin que primero Mamá Antula certificase la conducta con que se hubiesen portado en esos ejercicios. Dos amigas suyas fundaron casas de ejercicios espirituales en Salta y Tucumán. Dió así forma a su grupo de beatas que debían seguir una serie de pasos para pertenecer a la misma : postulantado, investidura del hábito y formulación de votos privados. En 1784, con 54 años, caminó hasta Colonia del Sacramento y Montevideo (Uruguay), promoviendo ahí los ejercicios espirituales. Su fama llegó a Europa, dónde llegaron cartas sobre sus obras y su propia correspondencia. El obispo de Buenos Aires, Malvar y Pinto, envió una carta al Papa Pío VI informándole que durante 4 años(en los que se realizaron ejercicios espirituales) habían pasado 15.000 personas, sin que se les haya pedido nada de dinero por diez días de estadía y abundante manutención. En 1791 se publicó el libro "El Estandarte de la Mujer Fuerte", de autor anónimo, dónde se narra su vida y obra, aunque se cree que el autor no es otro que Ambrosio Funes. En 1795, la Santa Casa de los Ejercicios Espirituales, pasa a ser cuidada por la Congregación Hijas del Divino Salvador, aunque Mamá Antula sigue viviendo allí. Estaba enferma y, previendo su final, designó como su sucesora a su "mano derecha" Margarita Melgarejo. Finalmente, falleció a los 69 años, el 7 de marzo de 1799, en la casa que ella misma fundó, en los brazos de Margarita. Sus restos fueron inhumados en la Basílica "Nuestra Señora de la Piedad". Al demolerse ésta Basílica, sus restos fueron encontrados el 25 de mayo de 1867, en la nave derecha del actual templo. Ahora descansan al pie de un mausoleo que contiene su estatua de mármol. Fue costeado por Monseñor Héctor Ezcurra y declarado monumento histórico en 2014. La Santa Casa de Ejercicios Espirituales conserva su aspecto original desde 1797, por lo que fue declarado Monumento Histórico Nacional. Inclusive hay retratos de ella realizados por José Salas, "El Madrileño" y García del Molino, que datan de 1861. El 30 de septiembre de 1905, los obispos argentinos se dirigieron al Papa Pío X solicitando la introducción de la causa de beatificación de María Antonia de Paz y Figueroa, siendo el primero de la historia argentina. Al año siguiente quedó terminado el proceso y fue elevado a Roma. Años después, el Papa Benedicto XV firmó el Decreto de Introducción de la Causa, el 8 de agosto de 1917. En mayo de 1929, el Papa Pío XI la declaró venerable. Sin embargo, la causa estuvo "cajoneada" varias décadas, hasta que Monseñor Jorge Bergoglio (hoy Papa Francisco) llegó al Arzobispado de Buenos Aires, quién la reactivó. En junio de 2010, la Congregación para la Causa de los Santos aprobó por unanimidad sus virtudes heroicas y, el 2 de julio, el Papa Benedicto XVI firmó el decreto por el que se reconocieron los martirios y virtudes heroicas de la religiosa, siendo éste el 1° paso para la beatificación. En 2016, el Papa Francisco aprobó la realización de un milagro ocurrido en 1904 : la curación de una colecistitis aguda a la Hermana Rosa Vanina, de la Congregación de "Siervas del Divino Salvador" que fuera fundada con posterioridad a la muerte de Mamá Antula, bajo su legado. De ésta manera, se oficializó su beatificación ese año. El 27 de agosto es proclamada beata en Santiago del Estero por el cardenal Ángelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y enviado especial de Francisco. El acto fue concelebrado por el cardenal primado de nuestro país, Monseñor Mario Poli, el cardenal Héctor Villalba, el obispo de Santiago del Estero, Vicente Bokalic, 36 obispos y un centenar de sacerdotes. Al mediodía, una gigantografía con la imagen de la beata Mamá Antula con la inscripción "Llegar hasta dónde Dios no sea conocido para hacerlo conocer" fue desplegada en el altar, en medio de vítores y aplausos de unos 50.000 fieles reunidos en la plazoleta "Gerardo Sueldo", del Parque Aguirre, en la capital provincial. A continuación, el cardenal Amato (en italiano) y el obispo de Añatuya, Monseñor Melitón Chávez (en español), leyeron ante la multitud : "Concedemos la facultad de que la venerable sierva de Dios María Antonia San José, María Antonia Paz y Figueroa, virgen, fundadora de la Casa de Ejercicios Espirituales de Buenos Aires, dócil instrumento de la misericordia, asidua misionera en el servicio del evangelio, sea llamada beata de ahora en adelante". Acompañaron a la ceremonia imágenes de Nuestro Señor de los Milagros de Mailín, Virgen de Loreto, Nuestra Señora de la Consolación de Sumampa, Virgen de Huachana y el Cura Brochero. El Papa estableció (a través del cardenal Amato) que la fiesta litúrgica en su honor sea el 7 de marzo (fecha de su muerte), siendo la 9° beata argentina de la historia. A fines de 2018, se cerró el proceso canónico de un posible milagro de ella, ocurrido en la Arquidiócesis de Santa Fe de la Veracruz : un hombre sufrió un ACV y le diagnosticaron nulas esperanzas de sobrevivir. No obstante, tuvo una recuperación inesperada, sin explicación lógica desde lo científico. Las investigaciones fueron enviadas a la Santa Sede, en Roma, para que sean analizadas por los cuerpos profesionales y teológicos. Éste milagro se aprobó y pasó a ser el 2° milagro conseguido por intercesión de Mamá Antula, hecho que la declaró santa. Además, hay otro milagro en revisión. El 24 de octubre de 2023, el Papa Francisco aprobó el milagro atribuído a su intercesión, por lo que será canonizada el 11 de febrero de 2024, convirtiéndose así en la 1° santa nacida en Argentina. Mamá Antula, una vida de renunciamientos, en la que dejó su buen pasar para ayudar al prójimo. Caminó (literalemente) más de 5000 kilómetros en toda su existencia, descalza, llevando su solidaridad y ayuda y pregonando los ejercicios espirituales ( a los que asistieron próceres, como Belgrano, Azcuénaga y Liniers). "Fue la pionera de la defensa de los derechos humanos, porque se movilizó a favor de la gente, de los indios, de los mulatos, en una época en que las clases sociales no se mezclaban y el esclavo no caminaba con la misma gente por la calle principal. En su casa, ella logró mezclar eso", sintetizó la historiadora Cintia Suárez. Mamá Antula, pronto será la 1° santa nacida en el país... un acto de justicia divina por todo lo que hizo...
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