LA MASACRE DE TRELEW... EL INICIO DEL TERRORISMO DE ESTADO
Los años ´70, época icónica de la historia nacional, plagada de violencia, incluso antes de la llegada de la última dictadura militar en 1976. La batalla sin cuartel entre el Estado (ya sea "de facto" o democrático) y las organizaciones guerrilleras, dejaron un reguero de sangre en ambos bandos. Quizás una de las páginas más tristes y violentas de esos "años de plomo", fue la denominada "Masacre de Trelew". En la entrega de hoy, conoceremos los pormenores de éste trágico suceso. Nos ubicamos en el año 1972, al país lo gobierna el General Alejandro Agustín Lanusse, presidente "de facto". Desde 1968, varias organizaciones guerrilleras habían surgido para combatir las sucesivas dictaduras. En el medio, cientos de guerrilleros habían sido encarcelados. En el penal de Rawson (Chubut) estaban detenidos alrededor de 200 miembros del E.R.P. (Ejército Revolucionario del Pueblo), F.A.R. (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y Montoneros. Los integrantes de éstas 3 organizaciones se pusieron de acuerdo para organizar una fuga en conjunto. El penal estaba custodiado por 70 guardiacárceles (sólo la mitad armados) y una compañía antiguerrillera de 120 hombres acampada a 3 cuadras del lugar. A esas fuerzas, se sumaba la Base Aeronaval Almirante Zar, ubicada en Trelew (a 20 kms. de Rawson), que contaban con 2 batallones de 1200 soldados. Entre Mario Santucho (ERP) y Marcos Osatinsky (FAR) planificaron la fuga, junto a un Comité integrado por Fernando Vaca Narvaja (Montoneros), Roberto Quieto (FAR), Enrique Gorriarán Merlo (ERP) y Domingo Menna (FAR). A ellos 6 los llamaban "La Topadora", porque eran quiénes hacían la punta. El 15 de agosto de 1972, a las 18:05 horas, comienza la fuga del penal de Rawson. El plan original contemplaba que se fugaran 110 detenidos en 3 camiones, pero un tiroteo durante la captura de los guardiacárceles (entre el guardia Juan Valenzuela y Marcos Osatinsky, dónde el primero terminó muerto), hizo pensar al apoyo externo que la fuga había fracasado y, los camiones se retiraron. Sin dudas, un grave error de los guerrilleros fue no garantizar la comunicación entre los distintos grupos que estaban operando por separado la fuga. Los guerrilleros tomaron la cárcel, pero como los camiones se habían retirado, no fue posible el traslado masivo al aeropuerto. Sólo había un Ford Falcon que los esperaba. El mismo fue abordado por los 6 líderes apenas 25 minutos después de la fuga. Al llegar al aeropuerto, se encontraba en pista un avión BAC 1-11 de Austral Líneas Aéreas, matrícula LV-JNS, dónde había 3 guerrilleros (entre ellos Víctor Fernández Palmiero, alias "El Gallego", del ERP y Anita Weissen, de la FAR), quiénes debían garantizar el control de la nave. El grupo guerrillero (vistiendo uniforme militar) simuló ser un contingente del Ejército que debía realizar la inspección del avión, pero una vez a bordo, el personal del aeropuerto se dió cuenta de que se trataba de una toma. La aeronave operaba como el vuelo 811, que había despegado del Aeropuerto General Mosconi, de Comodoro Rivadavia, con escalas en Trelew y Bahía Blanca, rumbo al Aeroparque "Jorge Newbery", de Buenos Aires. Llevaba 96 personas a bordo (entre pasajeros y tripulación). Una vez tomado el avión, el comando de apoyo pidió a los pilotos quedarse en la pista. Entonces abordaron los miembros del Comité de Fuga y, demoraron el despegue con la esperanza de que más evadidos pudieran llegar a tiempo al aeropuerto. Pero eso no ocurriría. La falta de comunicación (no tenían walkie talkies) volvió a conspirar en el éxito total de la operación. A las 19:27 horas (1 hora y media después de la fuga) despegaron, sin saber que los otros 19 guerrilleros habían conseguido otros 3 autos para fugarse y, estaban a sólo 5 minutos del aeropuerto. El avión partió sin rumbo hacia Chile (haciendo escala en Puerto Montt, antes de llegar a Santiago), dónde pidieron asilo. Mientras tanto, el resto de los guerrilleros que quedaron en el penal, fuertemente armados, apagaron las luces y pusieron en marcha el plan "B", programado para el caso de que no pudieran fugarse : comunicarse con un juez, hacer pública la situación y garantizar que la rendición no fuera seguida por una masacre. Por su parte, los 19 guerrilleros que llegaron tarde al aeropuerto de Trelew, decidieron tomar al mismo. Lo hicieron con la excusa de una alarma de una falsa bomba. Un avión de Aerolíneas Argentinas, que estaba por aterrizar, fue desviado por la torre de control. Frustradas las chances de fuga y, luego de dar una conferencia de prensa a cargo de Roberto Bonnet, se entregaron a los efectivos de la Armada que mantenían rodeada la zona. Solicitaron y recibieron públicas garantías para sus vidas en presencia de periodistas y autoridades judiciales. También pidieron retornar al penal de Rawson. Una patrulla militar, bajo las órdenes del Capitán de corbeta Luis Emilio Sosa (2° jefe de la Base Almirante Zar) condujo a los recapturados dentro de una unidad de transporte colectiva hacia esa base. A pesar del pedido de volver a Rawson, Sosa les comunicó que el nuevo sitio de reclusión sería transitorio, ya que dentro del penal el motín seguía y que no estaban dadas las condiciones de seguridad para su traslado. Llegaron a la base y, los garantes de su seguridad (el juez Alejandro Godoy, el director del Diario "Jornada", el subdirector del Diario "El Chubut", Héctor Castro, director de LU17 y el abogado Abel Amaya) no pudieron entrar y fueron obligados a retirarse (porque el Presidente Lanusse acababa de decretar el estado de sitio). Había "olor a represalias", en caso de no recapturar a los fugados. El PJ tomó nota de eso y mandó un telegrama al Ministro del Interior Arturo Mor Roig, cuyo texto decía : "Reclamamos respeto a los derechos humanos de los presos políticos de la unidad carcelaria de Rawson, responsabilizándolos por su integridad física amenazada por medidas de represión". Los 19 presos fueron distribuídos de a 2 o 3 en ocho celdas chicas, que se alineaban a los dos lados de un pasillo de 2 metros de ancho. A las 4 de la mañana les dieron colchonetas y mantas, les cerraron las puertas enrejadas y pudieron tirarse a dormir. Los dos primeros días el trato fue correcto. Les daban de comer en las celdas y el pasillo estaba lleno de guardias que, como eran "colimbas", charlaban con los presos sin inconvenientes. Pero la noche del jueves 17 todo cambió. A las 2 de la mañana, el Teniente Roberto Bravo, a los gritos en el pasillo, despertó a los presos y, con voz amenazante decía : "¿ Quién los ayudó a preparar la fuga ? ¿ Los abogados les pasaron materiales, no ? ¡ Dale, confesá !" . Ésta escena se repitió todas las noches siguientes. Los "colimbas" fueron reemplazados por suboficiales con ametralladoras pesadas, apostados al final del pasillo. De día, ya no les llevaban comida a las celdas, los hacían comer , de a uno, en una mesa al fondo del pasillo. Mientras comían, dos soldados y un suboficial los apuntaban con armas largas, sin seguro y con una bala en la recámara. El 19 de agosto, a la tarde, los sacaron de a dos por vez y los llevaron a un patio dónde los pusieron contra una pared. Enfrente, cinco marinos les apuntaron con sus FAL. Luego, un oficial dió la orden de que los llevaran de nuevo al calabozo. Era un simulacro de fusilamiento. El 20 de agosto, los guardias entraron al pasillo, cerca de la 1 de la mañana y comenzaron a patear las puertas de las celdas, gritando : "¡ Arriba ! ¡ Recoger los colchones y mantas ! Al levantarse todos, se apagó la luz. Dos presas se susurraron al oído, creían que era otro simulacro. Al rato, se prendieron las luces y los empezaron a sacar, de a uno, para los interrogatorios habituales. En tanto, el gobierno de Lanusse presionaba, sin éxito, al presidente democrático chileno, Salvador Allende, para que deportara a los fugados. El 21 de agosto, en Casa de Gobierno, se reunió la Junta de Comandantes de las 3 Fuerzas Armadas, colaboradores y ministros, para evaluar la situación. No se brindaron detalles al periodismo sobre lo ocurrido y decidido allí. El 22 de agosto, a las 3 y media de la mañana, los 19 detenidos fueron sorpresivamente despertados y sacados de sus celdas. Los hicieron formar y los obligaron a mirar hacia el piso. Roberto Haidar levantó la vista y, el Capitán Sosa le apuntó con su pistola 45. "No se me haga al machito, que le pego un tiro", le gritó. Inmediatamente, Sosa y Bravo, empezaron a tirar. Las primeras balas alcanzaron a María Antonia Berger, que cayó herida y María Angélica Sabelli, quién murió en el acto. Luego cayeron muertos Mariano Pujadas, Humberto Suárez y José Menna. En un instante, Jorge Ulla se le tiró encima a Sosa, insultándolo, pero la ráfaga lo mató al instante. Clarisa Lea Place y Susana Lesgart, se dieron vuelta para correr y, las ráfagas dieron de lleno en sus espaldas, fulminándolas. Detrás de ellas también caería Ana Villarreal de Santucho. Las ráfagas seguían y más cuerpos caían. El Capitán Sosa le dijo al Teniente Bravo : "Éstos todavía están vivos". Se refería a Ricardo Haidar y Alfredo Kohon, quiénes se quejaban de sus heridas. "Levántense hijos de puta", vociferó. Se pararon como pudieron y Haidar recibió un disparo cerca del pecho, que lo hizo salir disparado hacia atrás y, cayó en un catre. Con la sangre brotándole, cerró los ojos y se hizo el muerto, en un claro instinto de supervivencia. Kohon no tuvo la misma suerte y murió enseguida. Por último, entraron a la celda de Alberto Camps y Mario Delfino, éste último murió y Camps quedó herido. A las 4 de la mañana retiraron los cuerpos. Además de los anteriormente nombrados, cayó Eduardo Capello. Por su parte, Alfredo Kohon, Rubén Bonnet, Antonia Berger, Carlos Astudillo, Alberto Camps, Miguel Polti y Ricardo Haidar estaban vivos y, los llevaron a la enfermería, pero sólo les pusieron gasas y los dejaron ahí tirados. Fueron falleciendo de a uno y, los únicos 3 que sobrevivieron (Ricardo Haidar, María Antonia Berger y Alberto Camps) fueron llevados al día siguiente a Puerto Belgrano, dónde fueron intervenidos quirúrgicamente. Como sucedía en esos tiempos, la versión oficial del Gobierno de facto fue totalmente distinta a lo ocurrido. La misma indicaba que se había producido un intento de fuga, con 16 muertos y 3 heridos entre los prisioneros, pero sin bajas en la filas de la Marina. Éste es el texto : "Al realizar el jefe de turno (Capitán Luis Sosa) una recorrida de control en el alojamiento de los presos, mientras éstos se encontraban en un pasillo, fue atacado por la espalda por Mariano Pujadas, quién habría logrado sustraerle su pistola ametralladora. Escudándose en el oficial, los presos intentaron evadirse, pero el marino logró liberarse y fue atacado a tiros, resultando herido. En tal circunstancia, la guardia contestó el fuego contra los reclusos y se inicia un intenso tiroteo con los resultados conocidos : de los 19 reclusos, 16 fueron muertos y 3 heridos graves". Las obvias preguntas al respecto que realizaron los periodistas ante ésta absurda e inverosímil aclaración, no fueron respondidas. Incluso, cuándo se le preguntó al Contraalmirante Quijada (quién emitió el comunicado) si el Capitán Sosa estaba realmente herido, éste respondió : "No puedo contestar. Es secreto de sumario". Un verdadero delirio. Resulta claro que, la decisión de la ejecución de los presos la tomaron las autoridades de la Armada, sin el expreso consentimiento (y, tal vez conocimiento) del Presidente Lanusse, a quién no le quedó otra que asumir la responsabilidad de los hechos. Después, en un intento de justificar la acción, el 5 de septiembre, el Capitán de Navío Horacio Mayorga, expresó con total crudeza : "No es necesario explicar nada. Debemos dejar de lado estúpidas discusiones que la Armada no tiene que esforzarse en explicar. Lo hecho, bien hecho está. Se hizo lo que se tenía que hacer. No hay que disculparse porque no hay culpa. La muerte está en el plan de Dios, no para castigo sino para la reflexión de muchos". Para varios historiadores, éste suceso fue el hecho que inauguró el terrorismo de estado en el país (y un crimen de lesa humanidad). Los 3 sobrevivientes recuperaron la libertad el 25 de mayo de 1973, beneficiados por la amnistía que había prometido el flamante presidente Cámpora a los presos políticos, pero años más tarde, uno a uno serían perseguidos y... encontrados. En agosto de 1977, un grupo de tareas rodeó la vivienda que habitaba Alberto Camps, quién se resistió. Eso le costó la vida. En octubre de 1979, María Antonia Berger fue capturada por un grupo de tareas de la Armada. Su cuerpo fue exhibido como trofeo en la ESMA y se encuentra desaparecida. En diciembre de 1982, Ricardo Haidar fue secuestrado en Brasil y, aún está desaparecido. Cuarenta años después, el 15 de octubre de 2012, los capitanes Luis Sosa, Emilio del Real y Carlos Marandino fueron condenados a prisión perpetua por ser autores materiales de la matanza. La sentencia quedó firme el 19 de marzo de 2014. Por su parte, el Teniente Roberto Bravo (residente en EEUU, enviado por la Armada y protegido por la CIA y el gobierno de ese país), quién estaba a cargo de los presos, ordenó abrir las celdas para sacar a los mismos y, disparó y mató a varios de ellos, recibió la misma pena, pero su extradición pedida en 2009, nunca se llevó a cabo. Por ello se le hizo una demanda civil en la que fue condenado a pagar, el 2 de julio de 2022, una indemnización de 24 millones de dólares a los familiares de las víctimas. El Capitán Sosa, murió a los 81 años, en julio de 2016, gozando de prisión domiciliaria, por su edad. Ese mismo año falleció Del Real y, Marandino aún cumple condena. La Masacre de Trelew es una página negra del terrorismo de estado y la espiral de violencia que se instauró en esa década en el país, en la cuál perdimos todos... Más allá de ideologías y métodos, es una herida que aún no está cerrada...
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