RICARDO BARREDA, LA VENGANZA DEL ODONTÓLOGO
La venganza es una acción típica del ser humano. Consiste en un "acto de justicia" que ejerce una persona en respuesta a una mala acción percibida. Se puede interpretar que vengarse sería como "equilibrar la balanza". No tiene un objetivo reparador, sino que hacerle a aquel que hizo algo malo en sufrir el mismo daño que infringió. O, asegurarse de que esa persona o grupo dañino (para el vengador) no vuelva a dañar otra vez. ¿ Cuántas veces no quisimos "darle de su propia medicina" a aquél que nos hizo algo que no nos gustó ? Mayoritariamente (no siempre) es algo innato del humano. Ésta introducción nos sirve para ponernos en contexto acerca de un violento y trágico suceso ocurrido en La Plata, en 1992 : el cuádruple crimen realizado por un hombre, asesinando a su esposa, su suegra y sus 2 hijas. Su protagonista, el tristemente famoso dentista Ricardo Barreda. ¿ Que le pasó a éste hombre para tomar semejante y brutal determinación ? ¿ Venganza ? Puede ser... ¿ Hartazgo ? También... ¿ Humillación ? Tal vez... o la suma de todas éstas. Es relevante también prestar atención en la personalidad, estilo de vida o modos de proceder de los involucrados. Conozcamos la historia... Ricardo Alberto Barreda, odontólogo de profesión, estaba casado con Gladys Mc Donald, con quién tuvo dos hijas : Cecilia y Adriana. Vivían en la calle 58, (en la casa que Barreda heredó de su padre) y, con ellos, también estaba Elena Arreche, suegra del odontólogo, a quién apodaban "Ababa". Después, compró una casona de dos pisos, en la calle 48 (entre 11 y 12). Pero, el matrimonio de Barreda no era como él lo había imaginado. "Beba", como apodaban a Gladys, era muy absorbente con sus hijas, a tal punto que era la única responsable de la educación y crianza de ellas, dejando de lado a su esposo. Como correlato, las pequeñas solo le hacían caso a su madre, ignorando a su padre. Un ejemplo de ello era la costumbre de las niñas de ponerse a jugar después de comer. Barreda se negaba, aduciendo, con razón, que eso les haría mal. Sin embargo, ellas jugaban igual, con el permiso de su madre. Pero, nuestro protagonista distaba mucho de ser el esposo ideal, pues tenía formas y modos totalmente opuestos a ella. Gladys, era ferviente católica, recatada y, a pesar de las desaveniencias con su marido, quería mostrar a la sociedad la imagen de una familia ideal. Barreda, por su parte, era ateo, con fuertes deseos sexuales y desprolijo. Los placeres maritales que él pretendía en su casa y, que su esposa le negaba, lo conseguía con sus amantes. Una de ellas, María Mercedes Guastavino, alias "Pirucha". además era vidente. La otra, más oficial, era Hilda Beatriz Boino. No pasó mucho tiempo para que Gladys pescara "in fraganti" a Barreda y, con el matrimonio destruído ya, el odontólogo se tuvo que mudar a la antigua casa de su padre, dejando a su familia en la casona. Sin embargo, Barreda no era fácil de rendirse e, insistió infinidad de veces para volver. Gladys aceptó, pero solo era una fachada. A ella le interesaba mucho dar una buena imagen familiar ante la sociedad. Puertas adentro, dormían separados, ya que "Beba" había mandado a su marido a pernoctar a una piecita en la planta baja. Su familia nunca le perdonó sus andanzas y, por eso, lo despreciaban. Se lo hacían notar. Debía hacerse las cosas él mismo. A eso había que agregar que no tenía amigos varones, sólo mantenía vínculos con sus pacientes, en el consultorio y... con sus amantes. En 1991 lo operaron de hernia de disco y, en su convalecencia, su esposa lo atendió sin dirigirle la palabra, como si fuera un acto de caridad. La convivencia se había vuelto insoportable para él. Mientras tanto, Cecilia se había recibido de odontóloga y alquiló un departamento en Morón para instalar su consultorio y vivir allí. Ella le pidió que sea su garante para comprar el instrumental que le faltaba. Barreda dijo que se lo regalaba, pero ella se negó a recibirlo. Ante la insistencia de su padre, ella aflojó. "Te los regalo con una condición. Que tu madre vuelva a la cama conmigo". Ante el desopilante y desubicado comentario de su padre, Cecilia lo insultó de arriba a abajo. Todo los días eran exabruptos, humillaciones, ninguneos, a los cuáles (nobleza obliga), Barreda colaboraba para que ocurrieran. Fué entonces que comenzó a planear su venganza. Se inscribió en un congreso que dictaba el Colegio de Abogados de La Plata, cuyo tema central eran... los homicidios. Quería conocer cuáles eran los alcances y las penas de éste delito.También, de tanto en tanto, se dirigía a una zona, cerca de Punta Lara, dónde practicaba tiro, con un eucalipto como blanco. Ya estaba listo, sólo había que elegir el día en que estuvieran todas en casa. El viernes 13 de noviembre, Adriana se recibió de escribana y, el mismo día, Cecilia ganó el concurso al cargo de odontología que estaba vacante en el Hospital de Morón. Había sobrados motivos para celebrar en la familia. Ese fin de semana, Cecilia haría las últimas mudanzas de sus cosas a su consultorio/departamento de Morón y Adriana esperaría a su novio (la buscaría el domingo por la noche). Ambas se quedarían a dormir el fin de semana en la casa. El día fijado era el domingo 15 de noviembre. Barreda se levantó a las 8 y media. Fué a visitar a "Pirucha" y volvió a las 11 horas. Gladys y Adriana estaban en la cocina, preparando el almuerzo. La suegra leía un libro en su cuarto y Cecilia, aún en la cama, tomaba un té. Entró saludando y lo ignoraron, preguntó por Cecilia y tampoco le respondieron. Eso lo ofuscó más. Después de comer, se puso un mameluco y le dijo a su esposa que sacaría las telarañas del techo y luego ataría la parra. Así lo contó en el juicio : "Aquel domingo bajé lo más tranquilo. Ellas acababan de almorzar. Pasé por la cocina y le dije a mi esposa que iba a pasar la caña en la entrada y el plumero en el techo, porque estaba lleno de insectos atrapados que causan una muy mala impresión. O sino, le dije que iba a cortar y atar un poco las puntas de las parras que ya andan jorobando. Voy a sacar primero las telas de araña, que es lo que mas se ve". Fué entonces que su mujer, de mala manera (siempre según su versión) y, burlándose, le contestó : "Mejor que vayas a hacer eso. Andá a limpiar, que los trabajos de conchita son los que mejor te quedan, es para lo que más servís". Ofuscado, contraatacó : " el conchita no va a limpiar nada la entrada. El conchita va a atar la parra". Entonces, se dirigió al garage para buscar una escalera y, también... un casco... ¿ para qué ? Esa es su versión. Al llegar. entre una pequeña biblioteca y una puerta, encontró la escopeta "Víctor Sarrasqueta", calibre 16,5 que su suegra le había regalado en 1964, cuando estuvo de viaje por Europa. Al lado, había una caja con cartuchos, que había comprado recientemente. Y, siguió declarando en el juicio : "Fué extraño. Sentí como una fuerza que me impulsaba a tomarla. La tomé y me dirigí a la cocina...". Sin dudas, en su declaración, quería demostrar que nada estaba planeado. Al llegar, sin emitir palabra, le disparó dos veces a su esposa, primero en el costado izquierdo y luego en el pecho. Horrorizada, Adriana alcanzó a gritar : "¡¡ Mami !!!" al ver caer a su madre y, luego dirigiéndose a él "¡¡ Estás loco !!! " . Con frialdad, Barreda le acertó en el cuello, su cabeza se fué para atrás por el impacto y, al volver hacia adelante, le disparó en el pecho. Ante los estampidos, la suegra bajó alarmada desde el 1° piso y, en el pasillo se encontró con el asesino. Quiso retroceder, pero recibió un tiro en el brazo izquierdo y otro en el pecho. Luego, bajó Cecilia, quién al ver el espantoso cuadro, gritó : " ¡¡ Qué hiciste, qué hiciste, hijo de puta...!!!". Ella recibió tres disparos : uno al costado. el segundo en el lado izquierdo del pecho, que la hizo caer al suelo, boca arriba. Su padre se acercó y la remató con un tercer tiro en el pecho. Consumada la matanza, se tiró en un sillón, abrazando la escopeta. Después, subió a la planta alta, abrió cajones y tiró ropa al suelo. Luego bajó y arrojó objetos en el comedor. Quería simular un asalto. Desarmó la escopeta en tres partes. Volvió a subir, se dió una ducha y se cambió para salir. Tuvo la precaución de descolgar el teléfono antes de irse. Demasiada calma y frialdad, a pesar del desastre que había hecho. Subió a su Falcon y, cerca de Punta Lara, arrojó las partes de la escopeta a un arroyo. Luego, se dirigió a lo de "Pirucha" y le contó que "se había mandado una cagada". Tomaron mate y, a las 14:30 fué al zoológico y se acomodó en un banco a contemplar en silencio a los elefantes y después a las jirafas. Su itinerario continuó en el cementerio, dónde dejó flores en las tumbas de sus padres, Filomena y Alberto. Trascartón se encontró con su amante, Hilda. Fueron a una pizzería, dónde comieron y bebieron, para luego dirigirse al hotel alojamiento "Sidney", dónde tuvieron sexo. Mientras tanto, el novio de Adriana tocaba insistentemente el timbre en la casa de los Barreda, pero nadie contestaba. Cansado de esperar, dejó una nota por debajo de la puerta y se marchó. El odontólogo volvió a las 23:45 horas a su casa. Siguiendo su estrategia, llamó a la policía : "Buenas noches. Necesito que vengan. Están todas muertas. Hay cadáveres en mi casa. Son cuatro", explicó en tono neutro, sin demostrar angustia por lo sucedido. Al llegar la policía, explicó : "Volví a mi casa de pescar y me encontré con 4 bultos. Acá hubo un asalto. Ahí están los cuerpos". Las fuerzas del orden no salían de su asombro por la tranquilidad que mostraba Barreda ante tremenda tragedia. El más desconfiado era el subcomisario Ángel Petti. Le llamó la atención que dijera cuerpos y no nombrara a las víctimas, tan cercanas a él. Un montón de indicios "no le cerraban" : él estaba demasiado tranquilo, no faltaba nada de valor (había denunciado un robo), había una especie de "desorden ordenado", el cuarto de Barreda era el único intacto, entre otras cosas dudosas. Mientras la policía hacía su trabajo, Barreda parecía estar en "otro mundo", fumando y acariciando a Nahuel, el perro de la casa. Ya en la comisaría, Petti lo llevó a su despacho, le convidó un cigarrillo y le preguntó que había hecho ese día. Sin inmutarse, Barreda contestó : "Nada. Bueno... me fuí a pescar, después a ver a mi amante. Comimos pizza. Y, cuándo volví a casa me encontré con todo esto..". El subcomisario no tenía dudas. Se paró frente a él, le puso en la mesa un ejemplar del Código Penal y, con el dedo le marcó una página en especial. Allí figuraba el artículo N° 34, referido a "la inimputabilidad de una persona y si comprendía la criminalidad de sus actos". Le dejó un sandwich de milanesa y se retiró para que lo leyera solo. Al rato, Petti volvió y le preguntó : "¿ Así que una vez hizo un curso de criminología ? " . Barreda, incrédulo, levantó la vista : " ¿ Cómo lo sabe ? ". El suboficial tenía la situación controlada : " No importa. La cuestión es que lo sé. También sé que practicó tiro contra un árbol". El dentista comenzó a incomodarse : " Dígame quién se lo dijo". Petti se sentía triunfador : " Se lo digo con una condición ?". " ¿ Cuál ? " respondió inmediatamente Barreda. "Que usted me diga dónde está la escopeta con la que mató a su familia", le dijo mirándolo fijamente. El asesino, finalmente confesó : " La tiré en Punta Lara". Petti, sonrió : "Ok, levantate. Vamos para ahí". Ubicados en un arroyo, cerca del lugar indicado, buzos de Gendarmería buscaban sin éxito. Barreda se estaba poniendo nervioso, hasta que por fin uno de los buzos apareció con la culata de la escopeta. El caso estaba cerrado. En el juicio, llevado a cabo en 1995, el odontólogo quiso utilizar la estrategia señalada por Petti, es decir que no había comprendido su terrible accionar. Así lo manifestó : " Cuándo pasó lo que pasó, yo no era yo. Era otro. Un extraño. Un desconocido que llegó a hacer lo que yo nunca hubiese hecho. Discutí con mi esposa y una nebulosa me hizo perder la noción de las cosas. Escuché voces y ví los bultos en el suelo. Me ví sentado con la escopeta en las manos. Ví un bulto, era una persona caída. Después ví más bultos. Me pregunté que pudo haber pasado. Eran ellas. Mi esposa, mi suegra y mis dos hijas... ! Dios mío, que he hecho...¡¡¡" . En otro momento confesó : " La idea de matarlas la tenía en la cabeza. Me humillaban todo el tiempo, no sé porqué, pero se me había metido en la cabeza una idea fulera. Una idea fuerte. Una idea fija. Una idea de muerte...". Finalmente, el 14 de agosto de 1995, fué condenado a prisión perpetua. Los jueces Pedro Soria y Eduardo Hortel, votaron por la condena y la jueza Clelia Rosenstack, se inclinó por la inimputabilidad. Estuvo más de 11 años preso en la Unidad N° 9 de La Plata. La Sala I de la Cámara de Apelaciones en lo Criminal dejó firme la sentencia el 2 de mayo de 2007. Ese mismo año, debido a su buena conducta, obtuvo el beneficio de la prisión domiciliaria. En 2009, en ocasión de una nota que le hicieron, reveló : " Estoy muy arrepentido. Lamento mucho lo que me pasó, sobre todo lo siento por mi hija más chica, que fué a la que menos le dí y una de la que más recibía...". En 2011, la Sala I de la Cámara Penal platense, le concedió la libertad condicional. A partir de allí, continuó viviendo en Barrio Belgrano, con su antigua novia Berta "Pochi" André. Pero, en 2014, la justicia consideró que la relación con ella se había vuelto peligrosa (la maltrataba) y, tuvo que volver al penal de Olmos. En 2015, la Sala I de la Cámara de Apelaciones le volvió a dar la libertad condicional y se mudó a Tigre. Al año siguiente, en mayo, la justicia consideró cumplida la condena y quedó libre. Unos días después protagonizó una insólita situación, ya que fué fotografiado en la sala de espera del Hospital Pacheco. Estaba muy desmejorado, con la mirada perdida y abandonado. La mujer que le tomó la foto, la publicó en Facebook y escribió el siguiente posteo : "Amigos, éste señor abuelo está en el Hospital, no sé cuanto hace. Se llama Antonio Navarro y dice que no tiene parientes. Pero yo creo que sí, ahora me pregunto ¿ cómo pueden abandonarlo a su suerte ? Si usted lo conoce y conoce a su familia, está en el Hospital Pacheco y, díganle también a sus hijos o sobrinos o hermanos, que son, no voy a decir la palabra, pero ya daría por tener a mis viejos vivos... Deben cuidarlos, como ellos me cuidaron a mí". Solo y enfermo, usaba otra identidad para no ser reconocido ni cuestionado. Finalmente, el 25 de mayo de 2020, falleció solo y enfermo, en el geriátrico "Del Rosario", en José C. Paz, víctima de un paro cardíaco, a los 84 años. Fué un caso y un personaje objeto de estudio, por mucho tiempo. El perito de parte, Miguel Maldonado, así lo describía : "Era un tipo con acentuados rasgos obsesivos que no estaba para nada conmovido con lo que había hecho, como si el diablo poseído en su cuerpo, lo hubiera llevado a actuar. Fué un caso que me marcó la vida porque empecé a ver éste tipo de criminalidad, que no es por motivos económicos... aunque alguien dijo que él tenía interés por quedarse en la propiedad y demás, pero no tenía perfil previo para eso. Tenía una patología que consistía en un delirio de reivindicación". Él estaba queriendo volver a ser el padre de familia que prácticamente no pudo ser por algunas inconductas que él mismo cometía. Por ejemplo, sabiendo que su mujer y sus hijas iban a ir al Teatro Argentino de La Plata, él asistía con la novia de turno. Y, continúa diciendo : "Era un galán a la antigua, hacía todo el cortejo como un novio. Temía una en Mar del Plata, la cuál visitaba periódicamente y, allí tenía una bata y pantuflas, clásico del amante antiguo que dejaba en la casa de la amada ésto, como si fuera un sello de posesión". Así era Barreda, el odontólogo que pasó a la historia criminal argentina por el cuádruple asesinato de su familia entera. Hasta el final dió explicaciones inverosímiles sobre su accionar : "Supongo que he sido yo. Intuyo que las maté yo, porque éramos cinco en la casa y después me encontré con cuatro cadáveres". Nadie le creyó. Su previsible y triste final, en un geriátrico, muestra como su única compañera, la soledad, lo acompañó hasta el final...
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