FUSILAMIENTO DE DORREGO : HISTORIA DE UNA TRAICIÓN NACIONAL
¿ Hay algo más infame que la traición ? En éste acto se quebranta la lealtad y fidelidad hacia alguien o algo. Podría decirse que la más famosa de ellas fué la de Judas Iscariote a Jesús al besar su mejilla. Y ello no es gratis, siempre es a cambio de algo. Ni hablar de la consecuencias que trae aparejada, llegando incluso a provocar la muerte de alguien. Si de traiciones hablamos, la historia de nuestro país tiene un amplio repertorio. En la entrega de hoy, la narración se enfocará en el salvaje crimen, a través de un fusilamiento, del Coronel Manuel Dorrego, considerado como el primer asesinato politico del país, con golpe de estado incluído. Al leer ésta historia, usted verá amigo/a lector/a que, no todos los próceres de nuestro país son intocables. Hay varios que dejan bastante que desear. La sangrienta rivalidad entre unitarios y federales, hermanos de una misma nación, nos muestra que la famosa "grieta" no es algo nuevo, nos ha acompañado a lo largo de la historia del país. El revisionismo histórico echará más luz sobre ésto. Nos ubicamos en 1827, año en que el primer gobierno presidencial de la historia nacional termina, debido a la renuncia de Bernardino Rivadavia, líder político con una visión extremadamente unitaria, que no representaba para nada la totalidad del país, llamado en ese momento Provincias Unidas del Río de la Plata. Terminada la "aventura presidencial" de Rivadavia, asume la gobernación de Buenos Aires, un militar con sesgo federal y, totalmente opuesto a las ideas elitistas rivadavianas : el Coronel Manuel Dorrego. Prueba de ello fueron las primeras medidas tomadas por éste en favor del pueblo y los desposeídos, que el gobierno anterior había negado. Por ejemplo, promovió la ley universal que permitía a los pobres poder votar (solo podía hacerlo la oligarquía), ya que su antecesor había suspendido el derecho a sufragar de los "criados a sueldo, peones, jornaleros y soldados de línea". Al respecto, es memorable su interpelación a los diputados porteños : "He aquí la aristocracia, la más terrible, porque es la aristocracia del dinero... Échese la vista sobre nuestro país pobre, véase que proporción hay entre domésticos, asalariados y jornaleros y las demás clases, y se advertirá quiénes van a tomar parte en las elecciones. Excluyéndose las clases que se expresan en el artículo es una pequeñísima parte del país, que tal vez no exceda la vigésima parte. ¿Es posible ésto en un país republicano ? ¿ Es posible que los asalariados sean buenos para lo que es penoso y odioso en la sociedad, pero que no puedan tomar parte en las elecciones ?... Si se excluye a los jornaleros, domésticos, asalariados y empleados ¿ entonces quiénes quedarían ? Un corto número de comerciantes y capitalistas". Además, estableció un sistema de "precios cuidados" (¿ les suena ? ) dónde imponía precios máximos al pan y la carne. Sin dudas, un adelantado. Prohibió los monopolios que existían sobre los principales productos que consumía el pueblo. Suprimió la leva, consistente en el reclutamiento forzoso al ejército de gauchos y campesinos y, si éstos se negaban, iban a parar a la cárcel. Era un excelente orador, por lo que sancionó la ley de libertad de imprenta y castigó con multas a las publicaciones calumniosas e injuriosas. Libertad sí, libertinaje no. Sus enemigos lo llamaban el "Loco Dorrego" y sus seguidores "el padre de los pobres", por las medidas populares que tomó. Estaba en contra del poder de la oligarquía librecambista porteña, cuyo líder era Rivadavia. La gestión de Don Bernardino fué poco más que desastrosa, ostentando el dudoso honor de ser el primer gobierno que endeudó al país, pidiéndole un empréstito a la financiera inglesa "Baring Brothers" de 1 millón de libras esterlinas para obra pública (sólo llegó la mitad de ese dinero, que recién se terminó de pagar en 1904). Fué el origen de la deuda externa. Además, en una pésima gestión diplomática, a pesar de haber vencido el ejército patriota a los brasileños en la batalla de Ituzaingó, el canciller Manuel García traicionó a la Patria firmando un vergonzoso acuerdo en el que devolvía la Banda Oriental (hoy Uruguay) a los derrotados. Por todo ello, Dorrego recibió un país en ruinas (la famosa "pesada herencia) que, poco a poco, con las medidas ya explicadas, fué ordenando. Suspendió temporalmente el pago de la deuda (fraudulenta por donde se la mire), presentó un proyecto en la Legislatura dónde el Estado provincial garantizaría los billetes ya emitidos y se comprometía a no emitir más. Para eso llegó a un acuerdo con los otros gobernadores. También decretó la libre exportación de carnes y, con el apoyo de Rosas, logró un acuerdo de paz con los habitantes originarios. Descubrió un fenomenal acto de corrupción del gobierno rivadaviano, ya que los accionistas de una compañía de minas, fundada por Rivadavia en Londres, habían pedido una indemnización al gobierno por la suma de 52.000 libras esterlinas en concepto de regalías. Resultó que tales minas no existían. Al respecto, Dorrego dijo, en alusión a Rivadavia : "La conducta escandalosa de un hombre público del país que prepara ésta especulación, se enrola en ella y es tildado de dividir su precio, nos causa un amargo pesar". Sin embargo, todo lo bueno y productivo hecho por Dorrego, obviamente desató la ira de la oligarquía, los comerciantes ingleses y los unitarios, que habían dejado el gobierno pero aún detentaban poder. La conspiración para derrocarlo estaba en marcha, sólo era cuestión de tiempo. Todo se planeó en una reunión secreta realizada el domingo 30 de noviembre de 1828, en la inmediaciones de lo que hoy es la Plaza Lavalle. Los cabecillas eran Salvador María del Carril, Juan Cruz Varela, Valentín Alsina, Ignacio Álvarez Thomas, José María Paz y... Juan Lavalle. Lo más duro y recalcitrante del unitarismo estaba representado ahí como autores intelectuales de la conspiración, además de detestar profundamente a Dorrego. Los antiguos combatientes de la Guerra con Brasil, verdaderos profesionales de armas, serían los autores materiales, todos al mando de Lavalle, a quién le prometieron la gobernación bonaerense a cambio. Al amanecer del 1° de diciembre. las tropas de Lavalle (que estaban en Recoleta) ingresaron al centro de la ciudad y ocuparon la Plaza Victoria. Sorprendido, Dorrego se refugió en las afueras de la ciudad (en Cañuelas) para rearmarse y resistir. Mientras tanto, para "legitimar" su incorrecto accionar, los unitarios armaron una farsa frente a la Capilla San Roque y... llamaron a elecciones... !!! Se procedería a la vieja usanza, votando a mano alzada. Sin embargo, al acto asistió la denominada "clase decente" representada por la oligarquía. El acto electoral lo presidiría un íntimo amigo de Rivadavia, Julián Segundo de Agüero. Para votar, había que tener galera o sombrero de copa. Levantarlo o dejárselo puesto era la forma de expresar el voto. Carlos María de Alvear y Vicente Fidel López, presentes allí, se votaron a sí mismos levantando cada uno su sombrero. Agüero preguntó, deliberadamente, al "pueblo reunido" si votaban por Juan Lavalle como Gobernador y Capitán General de la Provincia de Buenos Aires. Inmediatamente, se levantaron muchos sombreros importados y, de ésta absurda e increíble forma Lavalle fué elegido por la "estricta voluntad popular" de los portadores de galeras...!! Trascartón, juró ante el escribano mayor del gobierno y nombró a su gabinete. Reunió 700 jinetes (todos veteranos de guerra) y partió en busca de Dorrego. El Coronel no las tenía todas consigo, puesto que se le unieron algunos hombres del General Nicolás Vedia y muchos gauchos y paisanos mal entrenados. Tenía cantidad, pero no calidad. Se enfrentaron en Navarro, con amplia victoria de Lavalle. Dorrego escapó y buscó refugio en lo de su amigo, el Coronel Pacheco, quién comandaba la 5° División de los Húsares. Se encuentran en la Estancia "El Clavo" y toman mates. Pero, a Don Manuel le venían "pisando los talones" y llegaron al lugar Bernardino Escribano y Mariano Acha, antiguos subalternos suyos, a quiénes él mismo había ascendido. Sin filtro, Acha le exige : "Entréguese prisionero". Dorrego, incrédulo, responde : "¡ Compadre ! ¿ Se ha vuelto loco ? Pues no esperaba de usted semejante acción". Manuel Dorrego, es nuevamente traicionado y, no tiene más remedio que entregarse. Las órdenes son llevarlo a la capital, pero el Coronel Rauch, al mando de la partida, detesta profundamente al derrocado gobernador, y lo lleva adonde está Lavalle, en Navarro. En un acto de deshonor y cobardía, se niega a recibirlo y lo condena a muerte, sin proceso ni juicio previo, a través de un subalterno. No tiene valor para decírselo en la cara. Dorrego pide ser desterrado a EEUU, pero su petición es denegada. Algunos, como el General Díaz Vélez, tratan de convencer a Lavalle de su decisión : "... estoy persuadido de que Dorrego no debe morir. Los males que ha causado son grandes, pero la dignidad del país, a mi ver, así lo exige". Pero Varela y Del Carril quieren deshacerse de él y, éste último le escribe crudamente a Lavalle: "La prisión del Coronel Dorrego es una circunstancia desagradable, ella lo pone a usted en un conflicto difícil. La disimulación en éste caso después de ser injuriosa será perfectamente inútil al objeto que me propongo. Hablo del fusilamiento de Dorrego. Hemos estado de acuerdo en ella antes de ahora. Ha llegado el momento de ejecutarla. Prescindamos del corazón en éste caso. La ley es que una revolución es un juego de azar, en la que se gana la vida de los vencidos. Si usted General, la aborda así, a sangre fría, la decide; sino, yo habré importunado a usted, habré escrito inútilmente, y lo que es más sensible, habrá usted perdido la ocasión de cortar la primera cabeza de la hidra, y no cortará usted las restantes. Nada queda en la República para un hombre de corazón". El destino final de Dorrego estaba marcado y, por ello, pidió pluma y papel para escribir cartas de despedida. Una de ellas fué para su amigo, el caudillo santafesino Estanislao López : "Mi apreciable amigo. En éste momento me intiman morir dentro de 1 hora. Ignoro la causa de mi muerte, pero de todos modos perdono a mis perseguidores. Cese usted por mi parte todo preparativo, y que mi muerte no sea causa de derramamiento de sangre. Soy su afectísimo. Manuel Dorrego". También le escribió a su esposa, Ángela Baudrix : "Mi querida Angelita. En éste momento me intiman que dentro de 1 hora debo morir. Ignoro porqué, más la Providencia Divina, en la cuál confío en éste momento crítico, así lo ha querido. Perdona a todos mis enemigos y suplico a mis amigos que no den paso alguno en desagravio de lo recibido por mí. De los $ 100.000 de fondos públicos que me adeuda el Estado, sólo recibirás las 2 terceras partes; el resto lo dejarás al Estado. Mi vida, educa a esas amables criaturas, sé feliz, ya que no has podido ser en compañía del desgradicado". Por último, escribó a sus hijas : " Querida Angelita. Te acompaño ésta sortija para memoria de tu desgraciado padre. Querida Isabel : te devuelvo los tiradores que hiciste a tu infortunado padre". Antes de morir, dijo a su hermano Luis : "No hay remedio, mis enemigos van a sacrificarme, éstos ciegos ministros piden a gritos mi sangre, y ella correrá muy pronto, pero no siento tanto por mí muerte, como el descrédito y los males que amenazan a nuestra amada Patria. ¡ Ah ! si yo pudiera morir sin que se resienta el crédito de la República. Y especialmente de éste pueblo, al que debo mi existencia. ¡ Si yo supiera que el borrón con que van mis asesinos a manchar la historia había de caer solamente sobre su execrable conducta ! Al menos éste consuelo me haría descansar en el sepulcro, pero en tí confío, querido hermano, tu quedas y tu voz no espirará tan pronto como la mía, mientras existas, haz cuanto puedas para que no se fije tizne sobre la reputación de nuestra amada Patria ¡". Antes de la ejecución, entregó las cartas a su amigo, el General Lamadrid para que les diera el destino asignado. También le pidió intercambiar sus chaquetas, para que entregue la de él a su familia. Luego de fusilarlo, destilando el odio a flor de piel, le cortaron la cabeza y se la destrozaron a culatazos. Consumado el crimen, Lavalle informó a Buenos Aires : "Participo al gobierno delegado que el Coronel don Manuel Dorrego acaba de ser fusilado por mi orden, al frente de los regimientos que componen ésta división. La historia, señor ministro, juzgará imparcialmente si el Coronel Dorrego ha debido o no morir... Quisiera persuadirse al pueblo de Buenos Aires que la muerte del Coronel Dorrego es el sacrificio mayor que puedo hacer en su obsequio". El degradante hecho tuvo repercusiones negativas, opinando de ésta forma, personalidades como Simón Bolívar : "En Buenos Aires se ha visto la atrocidad más digna de unos bandidos. Dorrego era jefe de aquel gobierno constitucionalmente y, a pesar de ésto el Coronel Lavalle se bate contra el presidente, le derrota, le persigue, y al tomarlo prisionero le hace fusilar sin más proceso ni leyes que su voluntad, y en consecuencia, se apodera del mando y sigue mandando liberalmente a lo tártaro". Por su parte, San Martín le escribe a O´Higgins sobre el crimen : "... los autores del movimiento del 1° de diciembre son Rivadavia y sus satélites, y a usted le consta los inmensos males que éstos hombres han hecho no solamente a éste país, sino al resto de América, con su conducta infernal. Si mi labia fuese tan despreciable como las suyas, yo aprovecharía ésta ocasión para vengarme de las persecuciones que mi honor ha sufrido de éstos hombres, pero es necesario enseñarles la diferencia que hay entre un hombre honrado y uno malvado". El fusilamiento sin razón de Dorrego es considerado como el primer crimen político del país, acompañado por un golpe de estado legitimado en forma absurda y bochornosa. La división existente en nuestro incipiente país, se cobró numerosas víctimas inocentes, en pos de ambiciones de un lado y otro. Unitarios y federales libraron una lucha interna sin cuartel, cuya primera víctima, traicionada, fué Manuel Dorrego. Cuesta creer como ciertos próceres de ese siglo (que hoy son honrados con bustos, nombres de calles, ciudades, instituciones, clubes, etc.) participaron negativamente con respecto a los intereses de la Nación. Como se dijo, el revisionismo histórico aclarará muchas cosas, dando a luz la cadena de traiciones que existieron... tal vez la más vil de las acciones humanas...
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