EL MONO "JUAN" y EL RATÓN "BELISARIO", LOS PRIMEROS ASTRONAUTAS ARGENTINOS

La conquista del espacio... un anhelo primordial de la raza humana. La curiosidad e inquietud de saber qué hay más allá y... que no estamos solos en el Universo. Sin embargo, la ambición terrícola es la colonización del espacio exterior... algo lejano, como utópico y que, tal vez, nunca llegue. Después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo quedó dividido en dos partes. Entre los vencedores de la Alemania nazi, estaban EEUU y la URSS, unidos en la victoria, pero diametralmente opuestos en formas de pensar y vivir, sobre todo en materia económica. Las dos potencias dieron lugar a la llamada "bipolaridad mundial", dónde se estaba alineado con uno o con otro. Europa Occidental, por razones obvias, se alió con los yanquis y la pequeña parte del este europeo, con los rusos. Capitalismo versus socialismo era la cuestión. Y, por otro lado, estaban los Países No Alineados, quiénes no apoyaban a ninguno. Era el 3° Mundo, conformado por, entre otros, Sudámerica. Entre las dos potencias se libró lo que la historia denominó "La Guerra Fría", un enfrentamiento diplomático, político, económico y social entre ambos bandos, sin llegar al enfrentamiento armado (comenzó en 1947 y terminó en 1989, con la caída del Muro de Berlín). Y, entre los puntos de conflicto entre ellos estaba la "carrera espacial". Y, aquí es dónde encaja la narración de la entrega de hoy. Los rusos "pegaron primero" al poner al primer ser humano en órbita, el astronauta Yuri Gagarin, en 1957. Ante la "mojada de oreja" de sus rivales, EEUU llevó astronautas a la Luna, el 20 de julio de 1969. Pero, para que ésto sucediera hubo que hacer varias pruebas preliminares o experimentos... con animales. Los norteamericanos mandaron al muere al mono "Albert II" y varios otros y los rusos enviaron a una muerte segura a la famosa perra "Laika" (cuya triste historia fue una de las primeras entregas de éste blog). Nuestro país, ante éste auge aeroespacial, hizo lo suyo. En la década del ´60, el presidente Arturo Frondizi propugnaba ideas desarrollistas para el país. En ese contexto, el ingeniero electromecánico mendocino Teófilo Tabanera, convenció a Don Arturo, quién por decreto, creó la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), en 1960, con el objetivo de impulsar la industria aeroespacial con fines pacíficos. De ésta manera, se construyeron, desarrollaron y lanzaron varias versiones de cohetes sonda. El 1° lanzamiento tuvo lugar el 2 de febrero de 1961, cerca de Pampa de Achala (Córdoba). El "Alfa Centauro" alcanzó los 12 kms. de altura y tenía instrumentos de lectura directa para medir parámetros de la atmósfera, como presión, temperatura y otras mediciones básicas. Fue el inicio de la actividad areonáutica - espacial en nuestro país. El Comodoro Ingeniero Luis Antonio Cueto (egresado del Instituto Universitario Aeronáutico), explicó que, de "preparar cohetes para los aviones, empezaron a desarrollar cohetes para la investigación del espacio". Bajo la conducción de la C.N.I.E., el Instituto Aeronáutico (ejecutor material de los programas) y el Instituto de Medicina Aeronáutica, (que era el que llevaba los estudios), diagramaron y desarrollaron el programa de lanzamiento de cohetes, llevando a bordo pequeños animales. Pensaron en ratas de laboratorio para experimentar con ello. Por eso fué importante el apoyo del Instituto de Biología Molecular de la Universidad Nacional de Córdoba que, en su bioterio produjo varios ejemplares de ratas. Las mismas fueron entrenadas, en la base de lanzamiento de Chamical (La Rioja), para ver cuál soportaba mejor el stress del vuelo. Para ello, las arrojaban al aire y caían sobre colchonetas para evaluar si soportarían el despegue del cohete. El ratón "Belisario", de 170 grs., fué elegido por los científicos por ser el que mejor soportó esas pruebas y, porque se adaptó rápidamente al uso del arnés y del chaleco (que permitía la ventilación y poseía un depósito para recolectar deposiciones sólidas y líquidas, que serían analizadas después del vuelo) en comparación con los otros ejemplares. Además éste evitaba que el roedor se moviera dentro del cohete, lo que hubiera sido peligroso para su organismo, debido a la alta velocidad. Viajaba dentro de una "Biocápsula", diseñada en el Hospital Aeronáutico de Córdoba. Fue lanzado el 11 de abril de 1967, a las 10 de la mañana, desde la pista de la Escuela de Tropas Aerotransportadas, ubicada en Pampa de Achala (Córdoba), en una cápsula acoplada al cohete "Yarará". Alcanzó una aceleración inicial de 20 G y, a 28 segundos del despegue, al llegar a una altura de 2300 metros, repentinamente el paracaídas se abrió (debido a un frente de tormenta). Los vientos llevaron la cápsula fuera de los límites de la pista, por lo que debió ser rastreada desde un helicóptero y, recién 50 minutos más tarde, el ratón fue rescatado sano y salvo. Estaba mojado en transpiración y muy nervioso. A pesar de ese contratiempo, el experimento tuvo un éxito relativo, pues se controló la respiración y ritmo cardíaco de un animal vivo en vuelo. Pudo desarrollarse un sistema de separación y telemetría, pero la misión no completó todo lo previsto. Se constató que "Belisario" perdió 8 gramos en ese efímero vuelo. Éste importante evento para el país no fue cubierto por la prensa que, en su totalidad le dió importancia a la Cumbre de Presidentes, realizada ese día en Punta del Este (Uruguay), donde asistió el dictador Onganía. El vuelo de "Belisario" constituyó el primer vuelo espacial tripulado. En mayo de 1967, en otra misión, el ratón "Celedonio", a bordo del cohete Orión II (antes habían despegado en otras misiones el "Beta Centauro" y el "Gama Centauro"), murió estrellado, al no abrirse el paracaídas, pues el mismo se enredó con el motor. En agosto de 1969, fue el turno de la rata "Dalila", pero la misión fracasó, ya que el animal fue eyectado a los 15 kilometros de altura y aterrizó sobre la copa de un árbol. La rata, sedada, sobrevivió. "Abelardo", otro roedor astronauta no tuvo la misma suerte. Pero la C.N.I.E. iba por más y dió lugar al "Proyecto BIO", ideado por el ingeniero aeronáutico Aldo Zeoli, cuyo objetivo era monitorear los signos vitales de un animal en tiempo real, durante un vuelo, con un sistema telemétrico desarrollado especialmente para ésta misión, que luego sería utilizado en aviones de la Fuerza Aérea Argentina, para monitorear el estado de los pilotos. El ingeniero Cueto comentó acerca del entusiasmo reinante sobre la misión : "En julio de aquel año, había llegado el hombre a la Luna y había un fuerte incentivo para intentar hacer un vuelo con un animal y con tecnología desarrollada en nuestro país". Resultó fundamental la visita del  vicepresidente de la NASA, el Dr. Hugh Dryden, quién se reunió con el ingeniero Zeoli (autor del Proyecto BIO) y le manifestó : "Si quieren aprender cohetería, tienen que quemarse los dedos con pólvora", aludiendo a que se tenían que poner a trabajar (allí fue cuando nació el "Alfa Centauro"). Pero, se decidió dar un paso más y, el tripulante espacial debía ser una especie más compleja y similar al ser humano y, se pensó en un primate. De pequeñas dimensiones, un mono caí fue capturado por Gendarmería Nacional en la selva misionera, junto a otros dos ejemplares. El primero fue descartado porque era demasiado voluminoso para entrar en la reducida ojiva del cohete y, el segundo era muy nervioso. Se eligió al tercero. Pesaba 1 kilo con 400 gramos, medía sólo 30 centímetros, tenía 2 años de edad y fue bautizado con el nombre de "Juan". El pequeño simio era dócil, manso y tranquilo y, lo enviaron a Córdoba, dónde lo esperaban los médicos, científicos, ingenieros y militares del Proyecto BIO. Para el experimento lo sedaron, para mantenerlo quieto, pero consciente. Estaba cubierto por un chaleco impermeable y sentado en un asiento diseñado especialmente para reducir los efectos de la aceleración sobre el cuerpo del animal, ya que lo recostaba de una manera tal que la aceleración entraba de forma transversal al cuerpo moderando sus efectos, igual que los astronautas de la NASA. De ésta forma se evitaba que Juan pudiera quedarse sin sangre en el cerebro o se le pudiera romper una arteria. El asiento, a su vez, estaba dentro de una cápsula llamada "Amanecer", que se encontraba ubicada en la punta del cohete "Canopus II", que ya había realizado 2 vuelos de prueba. En su cubierta exterior tenía escritas las leyendas "BIO II - Teniente Matienzo", y más abajo "CO4 Fuerza Aérea Argentina". La cápsula estaba presurizada y contaba con una atmósfera de oxígeno puro con una autonomía de 25 minutos. El cohete, pintado de rojo y gris, diseñado en el país, medía 2 metros con 40 centímetros de largo, 32 centímetros de diámetro, una carga útil de 50 kgs. y contaba con 4 aletas cruciformes para estabilizarlo. Era el cohete con el inyector de mayor potencia hasta el momento, pues "tenía un tiempo de combustión del orden de los 14 segundos y un empuje del orden de más de 2000 kgs.  La ojiva estaba engrosada para contener a la cápsula que tenía al monito. Era un cohete realmente evolucionado", comentaba Cueto sobre la nave. "No me voy a olvidar nunca cuando miré a Juan por la escotilla antes de despegar. Le daba el reflejo del sol. Le dije : Que Dios te ayude y te esperamos de vuelta..¡ Qué lindo si te pudiera volver a ver !", fue la despedida de Cueto a Juan. El lanzamiento se produjo el 23 de diciembre de 1969, desde el Centro de Experimentación y Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsados, en Chamical (La Rioja), a las 6:30 horas. La zona era ideal, desértica,  ubicada a 450 metros sobre el nivel del mar y, el cielo estaba despejado. En los primeros 5 minutos de vuelo había llegado una altitud superior a los 70.000 metros. En ese momento, se apagaron los motores, la ojiva se separó y el cohete ascendió por inercia otros 12.000 metros, ya fuera de la atmósfera. La temperatura del medidor ubicado en la ojiva registraba 800°, pero dentro de la cápsula la temperatura nunca superó los 25°. A medida que ascendía, la trayectoria del cohete trazó una parábola, es decir realizó un vuelo suborbital, pues escapaba de la atmósfera, por lo tanto no entraba en órbita como un satélite. Una vez alcanzado el punto de mayor altura (82.000 metros), el motor se separó de la carga útil y cayó a tierra, mientras que el resto del cohete desplegó unos frenos aerodinámicos para mantener la estabilidad y comenzar a descender lentamente hacia la superficie. Éstos frenos reducían la velocidad sin perder sustentación.         ¿ Cómo funcionaba ?  Desplegaba varias aletas en la parte inferior de la carga útil, formando una figura similar a los pétalos de una flor abriéndose.  Éste diseño, inspirado en las semillas del eucalipto, resultó muy eficiente, ya que no sólo redujo la velocidad sino que eliminó la parábola, permitiendo una caída de 90°, ideal para que, una vez enderezado el  artefacto, se desplegara un pequeño paracaídas. Hasta ese momento, Juan seguía respirando con el oxígeno de la cápsula presurizada y los instrumentos no indicaban ninguna alteración en su salud. Una vez alcanzada una velocidad de 108 km/h, a una altura de 3000 metros, se abrió una escotilla y una turbina comenzó a ventilar el interior del habitáculo del mono. De ésta manera, Juan volvía a respirar aire natural sin depender de la reserva de oxígeno. Inmediatamente después de ésto se desplegaron otros 2 paracaídas más grandes que el primero y comenzó el suave aterrizaje. Todo ello frenó un descenso de 400 metros por segundo, que podría haber sido fatal. El principal temor era que la nave cayera en una zona con agua y que la turbina de ventilación comenzara a inundar el habitáculo y ahogara a Juan. Era una posibilidad poco probable, pues cayó en una salina, en el paraje La Antigua, a 60 kms. del lugar de despegue. La encontraron colgada de un arbusto. La cápsula fue trasladada, en helicóptero, a la base de operaciones donde la desarmaron ante la expectativa de todos, para saber si Juan había sobrevivido. El diario "La Nación" publicó sobre ésto el 24 de diciembre : "La cápsula fue introducida en el taller de verificación final, y las manos rápidas, casi nerviosas, del Dr. Hugo Crespín, director científico del proyecto, extrajeron al todavía somnoliento Juan... ¡ Vivo, está vivo ! exclamaron todos eufóricos". La misión, entre despegue, vuelo  y rescate, duró 15 minutos. Muchos años después, al recordar la proeza, el ingeniero Cueto narró : "Gracias a Dios pudimos traerlo vivo, no fue fácil. La cápsula tenía que soportar altas temperaturas, vibraciones, cambios de presión violentos, aumentos de temperatura, y todo eso no tenía que reflejarse dentro del contenedor del monito. Piensen ustedes, como que el monito estaba dentro de un termo y todas las capas que había en el exterior hasta llegar a la cobertura del vuelo, eran las que lo protegían". Como puede notarse, Argentina poseía capacidad de producir y lanzar cohetes para transportar seres vivos desde plataformas de despegue propias (Chamical fue la 1° base de lanzamiento del Hemisferio Sur, antes que la tuvieran Guyana y Brasil). Luego del Canopus II, vinieron los cohetes "Rigel" y "Castor", que llegó a los 300 kms. de altura. Todo éste apogeo aeronáutico - espacial transcurrió entre 1960 y 1972. Junto a EEUU, URSS y Francia, nuestro país fue el 4° a nivel mundial en experimentar con seres vivos en el lanzamiento de cohetes. Lamentablemente, los sucesivos gobiernos de facto concentraron su interés en la investigación de cohetería con fines militares y, con el paso de los años y el fin de la dictadura, los esfuerzos de investigación espacial quedaron truncos. Actualmente la CONAE (ex CNIE) desarrolla el Proyecto "Tronador", que permitirá al país contar con la tecnología necesaria para poner sus satélites en el espacio. La base de Chamical no está operativa actualmente, por lo que debe recurrirse a la base de Guyana para los lanzamientos ¿ Qué pasó con Belisario y Juan, los primeros astronautas nacionales, considerados héroes ? El ratón volvió a su hogar (Instituto de Biología Molecular de la UNC), vivió 3 años (1966-1969) y ninguna de su descendencia tuvo malformaciones. En la actualidad se encuentra embalsamado y dentro del la cápsula original en la que viajó, en el Museo Aeronáutico de Córdoba.      ¿ Y Juan ? Tuvo menos suerte, ya que lo llevaron al Zoológico de Córdoba, dónde vivió en cautiverio, dos años más, hasta su muerte. Se convirtió en héroe, pues ningún otro mono latinoamericano había logrado tal hazaña (los otros viajeros que volvieron con vida eran yanquis, soviéticos y franceses). La cápsula y la rampa de lanzamiento del vuelo de Juan se conservan también en el Museo Universitario de Tecnología Aeroespacial, junto a una réplica de cera del mono, ataviado en su traje espacial, sentado en el habitáculo de su nave. El documental "Juan, el 1° astronauta argentino" dirigido por Diego Julio Ludueña, estrenado en 2009, muestra la proeza del animal, con imágenes únicas del momento, rescatadas del archivo del Centro de Documentación Audiovisual de la UNC. Ambos héroes vivieron entre 3 y 4 años, pero quedaron en el eterno recuerdo nacional, como nuestros primeros astronautas...                                                                                 

Comentarios

Entradas populares de este blog

ROMINA TEJERINA... Y EL ROSTRO DE SU VIOLADOR EN SU HIJA...

MARCELO SAJEN... HISTORIA DE UN VIOLADOR SERIAL...

"TANGUITO", OLVIDADO PIONERO DEL ROCK