ÁNGELA PERALTA PINO, LA "MAESTRA CARACOL"

Tradicionalmente, en nuestro país, el 11 de septiembre es el día del maestro, en homenaje al  "Maestro de América", Domingo Faustino Sarmiento, fallecido en esa fecha de 1888. El sanjuanino, en la trilogía del bronce, junto a San Martín y Belgrano, tiene su justo reconocimiento debido a la labor cumplida en favor de la educación vernácula. Sin embargo, hay otros héroes y heroínas que, con su esfuerzo y dedicación (generalmente no reconocido y desconocido), también contribuyeron, cada uno desde la parte que le tocó, para engrandecer la "Patria Educativa". Es por ello que, también existe el "día del maestro rural", para visibilizar a los docentes que se desempeñaron en ese ámbito. La protagonista de la entrega de hoy es Ángela Peralta Pino, nacida en un pueblito de menos de 1000 habitantes, La Providencia, departamento Las Colonias, en Santa Fe, el 9 de noviembre de 1901. Hija de Josefa Pino y Ángel Peralta, éste murió cuándo Ángela tenía 7 años, en 1908. Además de ella, había 10 hermanos más : Ángel, Josefa, Ramón, Cecilia del Carmen, Elba Noemí, Irma Laura, Orlando Domingo, Amelia Francisca, Albino José y Elsa María, por lo que su madre volvió a contraer nupcias en 1912, con Cecilio Pino. A pesar de la oposición familiar, decidió buscar su vocación en la educación y se trasladó a Rafaela, para estudiar en la Escuela Normal "Santa María de Oro", pero justamente, por esas presiones en su hogar, abandonó cuando iba a comenzar 2° año. En ese lapso de estudiante, fué compañera de Leticia Cossettini, baluarte junto a su hermana Olga, de la Nueva Escuela Argentina (un movimiento encabezado por éstas dos hermanas, dónde el foco de atención era el estudiante heterogéneo y no el alumnado como una masa). Al regresar a su hogar, la familia, por cuestiones laborales se muda a la localidad de Tostado y, es allí dónde le ofrecen dar clases a los hijos de los peones de la Estancia "La Carreta". A pesar de no poseer título, la escasez de maestros en esa zona, le facilitó la obtención de trabajo, puesto que, al trasladarse otra vez la familia a San Cristóbal, vuelven a llamarla para enseñar en la Estancia "La Lucila". Después trabajó en la Escuela Rivadavia (donde su tía era vicedirectora), haciendo reemplazos e interinatos en el norte santafesino, en establecimientos rurales e inhóspitos. Su tía fue fundamental para su formación docente, con su guía, consejos y observaciones. En 1936, tiene lugar en San Luis, el 1° Congreso Pedagógico de Instrucción Pública. La delegación de Santa Fe, encabezada por Pío Pandolfo, lleva la propuesta de la creación de escuelas rodantes y flotantes, con el objetivo de brindar acceso a la educación en lugares de difícil alcance. Las cifras de analfabetismo son alarmantes y, el Director General de Enseñanza Normal y Especial de Santa Fe, Rafael Figueroa, preocupado por el problema escolar de las poblaciones migratorias, autor del proyecto, lo presenta como ponencia en el Congreso. Es aprobado por unanimidad y, por otro proyecto que eleva el Dr. Leiva (senador por Santa Fe), a la Cámara de Senadores, el mismo se convierte en ley. Mientras tanto, Ángela sigue su derrotero docente y, en 1937, es designada Directora Interina de la Escuela N° 749, de Los Saladillos. Al año siguiente, la nombran Directora Suplente de la Escuela N° 557, de Campo Garay y en 1939, es Directora Interina de la escuela ubicada en Los Amargos (ambos colegios ubicados en el Departamento 9 de Julio, la zona más atrasada en materia educativa, a pesar de la riqueza forestal que ostentaba). Aquí es necesario hacer un alto, para entender el contexto político, social y económico de la región, que marcaba la vida de los vecinos de la zona. La geografía constaba de un abundante monte de algarrobos y sobre todo, quebrachos colorados. La superficie total (contando otras provincias, como Chaco y Formosa) era de 3.000.000 de hectáreas, que las empresas extranjeras (principalmente "La Forestal") explotaban fácilmente, con mano de obra barata, sin grandes erogaciones y, lo fundamental, la ausencia de políticas claras por parte del Estado que impidieran la explotación a mansalva. Éste panorama conspiraba contra la educación : ambiente rural disperso, enormes distancias, condiciones climáticas adversas, falta de vías de comunicación y ocupación de los niños en tareas rurales. El escritor Gastón Gori, en su libro "La Forestal : la tragedia del quebracho colorado", describía la situación : "El panorama de la vida en los obrajes no es privativo del norte de la provincia de Santa Fe; las conclusiones pueden aplicarse a todos los obrajes de la compañía en el Chaco... no existió prácticamente ningún dueño de obrajes, propietario o no de la tierra, o sociedad con fines forestales, que no fuera acreedora a la marca de opinión pública que señalaba a los obrajes como centro de explotación inhumana del hombre y fomento de vicios". Allí era una misión imposible educar, por eso la presentación del proyecto antes mencionado, que se materializó con la creación de la Escuela Rodante N° 942 "José Antonio Álvarez de Arenales" (al final fué la única que se creó en el país). La misma estaba montada sobre un antiguo vagón reacondicionado (a un costo de $ 10.000), pintado de blanco, con ruedas aptas para el tránsito en caminos de tierra. Era trasladado por un tractor, que le permitía ubicarse en el corazón del monte, sin depender de las vías férreas. Tenía 2 puertas, al pie de las cuáles había 2 escaleras. Por dentro, se dividía en : el aula, con 2 hileras de bancos (para 32 alumnos, 16 de cada lado), pizarrón y escritorio y, la vivienda para la maestra, con 1 cama, un pequeño armario, baño y cocina. Estaba equipado con un pequeño generador o batería para la iluminación (un foco en la cocina, otro en el baño, dos en el aula y uno en el dormitorio). Completaba la "infraestructura", un carro aguatero. La escuela rodante es destinada al obraje "Los Guasunchos", en el departamento santafesino de 9 de Julio. Ahora faltaba designar a la maestra (que también sería la directora). A tal fin, el Ministro de Educación, Dr. Lorenzo De La Torre, con sentido práctico y humano, soslayando expresiones reglamentarias y técnicas, dispone su nombramiento. Se apoya para ello en los informes de los inspectores Ramón Gudiño y Guillermo Fradegnada y en las constancias de la actuación cumplida por la postulada en el paraje "El Amargo". Finalmente, el Consejo General de Educación la designó como directora de 6° categoría y maestra de grado de la Escuela Rodante N° 942, en el obraje "Los Guasunchos". El 26 de marzo de 1940 toma posesión del cargo, acompañada de su tía Laura Pino de Pereyra, quién oficiará de portera. Tiene 39 años, cobrará un sueldo de $ 200 moneda nacional y suspende su boda por su vocación docente. Viajaron durante 2 días, recorriendo los 170 escabrosos e intransitables kilómetros que separaban a Tostado del obraje. Al llegar, debieron permanecer durante 8 días allí, hasta que la escuela fuera conducida por un tractor diésel, dispuesto por el intendente de Santa Margarita, el poblado más cercano. La maestra se encuentra con un contexto hostil. Los padres, hacheros y las madres dedicadas a la crianza y cuidado del hogar, desconfían. El panorama es desolador y, así lo cuenta Ángela : "Mis alumnos Reimundo, Claudia y Clementina duermen debajo del catre tapados con bolsas y ponchos raídos. La yemas de sus dedos están sangrantes y carcomidas". Con respecto a los padres, manifiesta : "Al principio son hostiles, pero poco a poco se irán despertando sus sentimientos de argentinidad y la influencia de la escuela penetrando lentamente en sus corazones los cambiará", y tiene un deseo profundo : "La fe en el triunfo de mi obra y el deseo de convertir a éstos niños, de hacerlos más buenos, de poner en sus almas una luz, un ideal harán que me consagre a ellos con todas las fuerzas de mi alma". Los estudiantes no tenían horario fijo, los mismos eran flexibles. Los recibían a la hora que podían llegar. Algunos arribaban a las 10, otros a las 12 y se retiraban a una hora prudencial, por la vuelta, que no era sencilla, por la geografía. Las condiciones del lugar, principalmente en los obrajes, no eran las mejores. Así escribía Bialet Massé sobre la cuestión : "... Los más clavan 4 estacas en el suelo, y a un metro de altura hacen una cama de palos clavados sobre tres largueros y algunos sobre dos. Ponen encima bolsas llenas de pasto seco : ese es el colchón. En la cabecera ponen astillas de quebracho por almohada. De la sábana, no hay idea... en vez de dormir sobre la cama, duermen debajo : ese es su abrigo". En 1941, la escuela cuenta con 29 estudiantes (14 niñas y 15 varones). Satisfecha, comenta : "El ambiente se va modificando. Lentamente se transforman los sentimientos, y la influencia educativa llega al corazón indomable del hachero". ¿ Cómo es la vivienda de los hacheros ? De palo y pique y de un solo recinto, rodeadas de bolsas o con dos paredes embarradas, y las otras cubiertas de una planta parásito, parecida a las que suben a las palmeras. Ni puertas ni ventanas. Las camas, horcones elevados clavados en el suelo, y palos cruzados sobre los mismos cubiertos por bolsas que deben servir de colchón. Familias de hasta 7 hijos y perros que duermen con ellos. Como se dijo, los niños pernoctan debajo de los catres, tapados con bolsas. Los calienta la cercanía de los perros. Pulgas, vinchucas, piques, garrapatas y mosquitos abundan. ¿ Cómo sobreviven ? Poca carne. No hay leche ni verduras. El jornal, escaso, satisface la mayor parte de las veces sólo el vicio del alcohol, que hace irresponsables a los hombres. Las mujeres contemplan todo con indolencia, sin rebelarse ni actuar. Por ello, Ángela no sólo enseña, sino que se encarga de cuestiones cotidianas fundamentales para una mejor calidad de vida. Por ejemplo, se entrevista con los dueños de los establecimientos más cercanos, a los administradores de los obrajes. Los concientiza para que les acerquen golosinas que distribuirá entre los niños, al menos en las fechas patrias. Pero va mucho más allá : consigue que los administradores de las empresas colaboren con ropa y medicamentos. Se dirige cada tanto a  Santa Margarita a buscar al médico para que los atienda. También normaliza la situación de las parejas que ha conseguido educar y, para ello peticiona un Juez de Paz y un sacerdote a la ciudad vecina. Los mayores se casarán, los niños tomarán la primera comunión y, para ellos solicitará un envío de juguetes, chocolate caliente y cintas celestes y blancas para los actos escolares. Consigue carne para el comedor escolar (los niños/as no comían carne en sus casas), asado para las fechas patrias y que se financie el desplazamiento de la escuela cuando tenga que trasladarse a otro lugar. Cuándo la población del obraje "Los Guasunchos" acabó con el desmonte del lugar, emigró y, allí fué Ángela en su escuela rodante, a instalarse en "Los Quebrachales", ganándose el mote de "Maestra Caracol". De igual modo, el terminarse el quebracho colorado de allí, se traslada a Itapé. Luego vuelve a un lugar cerca de "Los Guasunchos" y, después a "Los Guanacos". En 1950 enfermó de avitaminosis y, una vez curada, trabajó en los parajes "El Mate", "La Avanzada" y "La Carreta". Por la noche, con la luz de un farol, Ángela daba clases a madres analfabetas y adultos. Nunca pidió licencia, ni traslados, ni prerrogartivas para ella. Solamente volvía a su casa en las vacaciones de verano e invierno, para visitar a su madre. Su último destino fué en la Colonia "La Hiedra", dónde permanece hasta 1963, año en que renuncia a su cargo, para acompañar y cuidar a su anciana madre. Al marcharse, tras 23 años de labor, expresó sentidamente : "Viviendo el dolor de mis niños, mi corazón de mujer y de maestra ha llorado de hambre, de frío y de alegría". Los informes del inspector escolar Valentín Antonutti, destacan su encomiable labor : " La señorita Peralta Pino ejerce la misión de maestro en el más amplio sentido de la palabra, es un verdadero apóstol que no escatima esfuerzos, pues se ha olvidado de sí misma para entregarse de lleno a hacer el bien y sin otro interés que agradar a Dios". Luego de su retiro, la escuelita rodante recibió diferentes y varias directoras, aunque no todas soportaron tanta soledad, ignorancia e indiferencia que las rodeaban. Pasado el tiempo, la escuelita rodante dejó de funcionar. El vagón estuvo abandonado por muchos años y, en 1982, el Ministerio de Educación y Cultura de la Nación, cedió al Museo Histórico Regional de Tostado, dependiente de la Municipalidad de esa ciudad, la custodia del vagón, que fué recuperado. Finalizada la restauración, Ángela es invitada para que abra sus puertas como un homenaje a su ejemplo de vida, que recorrió las rutas "históricas de la alfabetización hasta los rincones más apartados, llevando la acción civilizadora de la escuela con la entereza de su apostolado". Se lo ubicó en el parque del museo. En 1988, Ángela recibió el premio "Divino Maestro", en el Teatro "General San Martín" de Capital Federal. El mismo año, el 22 de julio fué distinguida con el Premio "Alicia 88", por la Institución "Alicia Moreau de Justo". La "Maestra Caracol", también llamada "Samaritana del Monte", murió a los 90 años, el 3 de noviembre de 1991. En 2011 se inició la construcción de un edificio para resguardar la escuela rodante, siendo inaugurado el mismo como Museo "Ángela Peralta Pino", el 4 de noviembre de 2016, en conmemoración de los 125 años de la fundación de Tostado. En su honor, el día de su natalicio, 9 de noviembre, se celebra, con total justicia, el Día Nacional del Maestro Rural. Ángela Peralta Pino, la docente que demostró que, sin título, se pueden lograr los objetivos propuestos, con fe y tesón. Dejó atrás su futura vida conyugal por elegir su vocación. Tal decisión tal vez pueda explicarla ella misma : "Estoy encantada con mi nuevo cargo. Siento un poco de emoción al pensar que llevaré los beneficios de la escuela al interior de los montes, dónde hay niños que esperan la voz educadora del maestro". O la canción "Maestra Caracol", que la recuerda : "...y a mucho más que enseñar, dónde haga falta irá ella. Irá dónde hay que curar, irá a los que nadie llega. Porque al amor y a la vida ella les puso una puerta".

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