LEYENDAS URBANAS : EL VAMPIRO ARGENTINO
Mitos y leyendas urbanas hay en todas partes. Personajes y figuras con aura fantasmagórica, misteriosa, sobrenatural, que excede lo ordinario. Muchos aseguran haberlos visto o cruzado con ellos y... así como aparecieron... desaparecieron. En torno a ellos se teje una historia que, de tanto repetirse... termina creyéndose. ¿ Existen ? Tal vez, pero que los hay... los hay. La entrega de hoy se enfoca en Florencio Roque Fernández, tucumano, nacido en Monteros (a 50 kilómetros de la capital), en 1935. El pobre muchacho, desde niño padecía desórdenes de comportamiento y problemas mentales (aunque parecía inofensivo). Era señalado en el pueblo como un ladronzuelo de poca monta. En la adolescencia acompañaba a sus hermanos para robar casas temporalmente deshabitadas. Le habían diagnosticado psicopatía, la cuál nunca fué tratada y, con los años, el cuadro se agravó y derivó en esquizofrenia. Su familia lo abandonó, obligándolo a vivir solo en la calle. No sabía leer, pero tenía mucha imaginación y, con las monedas que juntaba iba al cine del pueblo. En ocasión del estreno de "El Conde Drácula", interpretado magistralmente por Bela Lugosi, Florencio quedó impactado con el film. Dicen que se mimetizó con el personaje, admirando y adquiriendo comportamientos similares a los de un vampiro. Mendigó, robó y durmió en la intemperie, hasta que, víctima de fotofobia (intolerancia a la claridad y luz solar o artificial), "hizo rancho" en una cueva abandonada, la cuál se convertiría en su hogar. En el norte tucumano, las temperaturas veraniegas eran siempre superiores a los 40° y, la gente de Monteros tenía la costumbre pueblerina de dormir con las ventanas abiertas para mitigar el intenso calor. Obligado a salir de noche, por su afección, acechaba las casas para rapiñarlas y poder subsistir. Dicen que merodeaba varias noches, se aseguraba que la habitante fuera una mujer sola y, llegado el momento, ingresaba. Mientras la víctima dormía, comenzaba a golpearla. Luego, le mordía el cuerpo, llegando en algunos casos a diseccionarle la tráquea y la carótida, lo que provocaba abundante sangrado. Bebía algo del líquido rojo y la víctima moría desangrada. Los relatos populares de la época agregan que ésto ocurrió en 1953 y que golpeó a su presa con un martillo. Al mes siguiente, se habría producido el segundo asesinato, que fué relatado así : "Era costumbre campera de dejar puertas y ventanas abiertas por las altas temperaturas: Lo sorprendente fué encontrar en la escena del crimen un martillo y un palo de escoba partido, pese a que la mujer estaba muerta por la partición de su tráquea a mordiscos". De ésta forma, el "modus operandi" era idéntico al anterior, convirtiéndolo en un asesino serial. Durante los 6 años siguientes, le habrían adjudicado 13 asesinatos más, todos de igual forma. Nadie podía creer que, a pesar de la seguidilla de crímenes, la gente seguía durmiendo con las ventanas abiertas. Cuentan que fué capturado cuándo iba a cometer su crimen N° 16. En la investigación para detener al asesino, ubicaron las viviendas de las 15 muertas y, después de 6 años surgió una pista fuerte : todas vivían cerca entre sí, eran equidistantes de la cueva donde habitaba el agresor. Sabían que estaba todo el día encerrado y salía de noche. Pero no tenían pruebas. La policía decidió montar una vigilancia. Fué así que, el domingo 14 de febrero de 1960, iba a repetir su ritual y... lo estaban esperando. Hicieron el operativo policial en la entrada de la cueva. El entorno era tremendo : defecaba y dormía casi en el mismo lugar. Había restos de comida en mal estado, comía como si fuera un animal. No opuso resistencia, es más, parecía aliviado tras la detención. Sólo se puso violento y comenzó a gritar cuando lo hacían salir a la luz del sol, a la mañana siguiente. Las pericias le diagnosticaron esquizofrenia y lo declararon inimputable. Lo internaron en un instituto psiquiátrico, dónde estuvo 8 años, cuándo en 1968, a los 33 años, falleció de "muerte natural". Extraño y prematuro final para el "Vampiro argentino" o "Vampiro de las ventanas", como se lo conoció. Sin embargo, pasado el tiempo, ésta historia se fué desdibujando, hasta alcanzar la categoría de mito o leyenda urbana. ¿ Porqué ? No hay expediente judicial que hable de sus asesinatos en serie, ni la declaración de inimputabilidad de los peritos, ni la decisión de internarlo en un instituto psiquiátrico. No se conoce el nombre de sus supuestas víctimas, ni hay crónicas fehacientes de la época, solo relatos del imaginario popular... Por ello, se inició una búsqueda e investigación que para llevar claridad al tema. En los archivos periodísticos de "La Gaceta", el diario más importante de Tucumán, no hay ninguna alusión a un "atacante vampiro". Se contactó al periodista Marcos Taire, nacido en Monteros, periodista de "La Gaceta" y que, en el transcurso de su infancia, ocurrieron éstos hechos. Taire comenta : "Nunca escuché nada de eso y, en Monteros tendría que haber causado conmoción. Si pasó algo así, es imposible que yo nunca haya escuchado a nadie". No conformes con eso, buscaron a los viejos vecinos, quiénes manifestaron : " Ese tipo era El Cangrejo. Todo es una mentira. Era un pobre saqueador. Jamás mató a nadie". Otros abundaron en más datos : "Vivía en la Villa Nueva, un barrio de las afueras de Monteros, cruzando el arroyo El Tejar. A toda la familia le decían Los Cangrejos. Entraba por las ventanas, es cierto, pero para robar. Los padres eran alcohólicos y los pibes vivían en la calle. Yo era amigo de los hermanos Guillo y eran también ladrones". Quién más claridad aportó al tema fué Enrique Racedo : " Había un voyeurista en la década del ´60. Le decían El Cangrejo. Pero no era asesino. Nada indica que haya sido un asesino serial. Es una creencia popular. Es mentira lo del asesino serial, pero el tipo existió...!! Vivía en Crisóstomo Álvarez al 800, en Villa Nueva y lo apodaban el Cangrejo Fernández. Yo jugaba de niño a la pelota con sus hermanos menores. Era un ladronzuelo". Para completar el círculo, ubicaron a un familiar lejano de Fernández (no lleva su apellido y pidió preservar su identidad) : "Es un pariente lejano mío, sí, de mi madre. Conozco su historia como la relatan los medios. Nunca en mi familia se habló del tema, será por vergüenza, no lo sé. Era un chico enfermo, según lo que yo tengo entendido. De todas maneras, no era un asesino". ¿ Mito o leyenda ? La historia se transmitió de manera proporcional y con detalles asombrosos. Su nombre figura en portales informativos sobre asesinos seriales argentinos. Quizás su triste historia, su breve e infeliz vida, la fotofobia y la manía vampiresca generada por Drácula en ese tiempo, hicieron lo suyo. Existe una única foto de Florencio Fernández, dónde se lo ve desaliñado, con ropa vieja y gastada, sentado y mirando a la lente de la cámara, con mirada inexpresiva... quizás para seguir alimentando el mito del "Vampiro argentino"...
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