"DOMINGUITO"... LA BREVE VIDA DEL HIJO DEL "MAESTRO DE AMÉRICA"

Septiembre, mes de la primavera, del amor, de celebraciones escolares, como el día del estudiante y el día del maestro (también existe el día del profesor). Y... precisamente, la figura de Sarmiento emerge omnipotente cuándo nos referimos a la educación en nuestro país. Sin embargo, nuestros tres máximos próceres (según la historia que nos enseñaron, porque hay muchos más) también tuvieron vida privada, aunque el bronce los enaltezca. San Martín tuvo a su hija Mercedes con su esposa Remedios de Escalada (con quién se casó cuándo ella tenía 14 años y él 34). "Merceditas" cuidó al Libertador hasta sus últimos días. Belgrano concibió a Pedro Pablo, de manera extramatrimonial, con la cuñada de Rosas (María Josefa Ezcurra), quién fué criado por Don Juan Manuel y Encarnación Ezcurra. Luego nació Manuela Mónica, cuya madre, Dolores Helguero, sólo tenía 15 años y él 42. El creador de la Bandera no crió ni vivió con ninguno de sus dos hijos, ya que nunca se casó. Por su parte, Sarmiento tuvo un hijo adoptivo... aunque hay fuertes indicios de que haya sido su padre biológico. En ésta entrega nos ocuparemos de ésta persona : Domingo Fidel Castro, "Dominguito", nacido en Santiago de Chile, el 17 de abril de 1845, durante la estadía del "Maestro de América" en el país trasandino. El niño era hijo de Benita Martínez Pastoriza, argentina, quién estaba casada con el acaudalado y anciano estanciero chileno Domingo Castro y Calvo, quién murió apenas nacido "Dominguito". Inmediatamente después de enviudar, Sarmiento desposó a la mujer y adoptó al pequeño. El parecido con su "padrastro" era notable y, sumado a la ancianidad de Castro y el "apuro" de los futuros esposos por casarse ante la muerte de aquél, sembró fuertes dudas respecto al tema, ya que las "malas lenguas" aseguraban que "Dominguito" era realmente hijo de Sarmiento. A partir de ese momento adoptó el apellido de nuestro prócer. Era muy inteligente, pues a los 4 años ya sabía leer. Durante la primaria y secundaria, fué enviado a los colegios más selectos de Chile y Buenos Aires. En ésta última etapa, adolescente, se hizo amigo de personajes que, luego se destacarían en la historia nacional, como Leandro N. Alem y los hermanos Alsina, en el exclusivo Colegio Eclesiástico (germen del Colegio Nacional Buenos Aires). No obstante, su conducta era siempre observada, no por indisciplina, sino por rebeldía ante situaciones puntuales del colegio (por ejemplo la mala calidad de la comida que les servían). Todo ésto repercutía en su rendimiento académico, que era flojo. A duras penas terminó el bachillerato (fué suspendido varias veces). Le gustaba salir, era una figura de la bohemia porteña, aunque también participaba en clubes literarios, centros estudiantiles y alguna que otra colaboración con la prensa. Antes de la Batalla de Pavón (dónde Mitre enfrentaba a Urquiza), en 1861, Sarmiento se encontraba en el campamento con Mitre, vestido de militar y, desde allí, escribió a su hijo de sólo 16 años : "Nunca, menos ahora  hubiera querido estar lejos de ti. La época que atraviesas es un mal trozo de camino en la vida. Por darse mucha prisa para ser persona o parecer hombre, los jóvenes de tu edad de pierden, arruinando su salud y su bolsillo y, disipando el tiempo. Son plantas que se florecen en el almácigo sin dar nunca fruto, o se marchitan o se inutilizan por exceso de vida. Cuídate de caer en tales extravíos. Vivimos una época en que es preciso ser hombres desde la infancia, por el estudio de su tiempo y la preparación para mejores días". "Dominguito" comenzó a estudiar abogacía, pero al poco tiempo abandonó para enrolarse en el ejército... El país estaba en guerra y, el joven quiso demostrar a su padre, su compromiso y voluntad, algo que no pudo hacer con los estudios. Sarmiento y su madre se oponían, pero se toparon ante la firme convicción del novel soldado. Por ello, le pidieron al General Lucio V. Mansilla y al propio Mitre, que "cuidaran a su hijo". Formó parte del Batallón 12 de Infantería de las Guardias Nacionales. Su participación en tierra nacional fue breve, sólo algunas escaramuzas en la escolta del gobernador de San Juan contra los gauchos del "Chacho" Peñaloza, le alcanzaron para que Mitre lo ascendiera a Capitán... Cuestiones de privilegio, debido a la amistad entre Sarmiento y Don Bartolomé. La hora de la verdad para "Dominguito" llegaría al estallar la Guerra entre la Triple Alianza (Argentina, Brasil y Uruguay, en ese tiempo Banda Oriental) contra Paraguay. Al principio, el ejército aliado estableció campamento en Concordia (Entre Ríos), en junio de 1865. Durante varios meses mantuvo profusa correspondencia con su madre, por ejemplo en mayo de 1866, le escribía así : "... mientras más cerca estamos de los paraguayos, más lejos estamos de ellos... si los paraguayos no vienen a buscarnos, no los veremos en varios meses...". En otra misiva de julio de 1866, decía : "... Hemos invadido Paraguay y nos hemos quedado parados... con lo que hay aquí basta para avanzar y batir al enemigo...". Describía así una tensa calma que se vivía en al campamento aliado. Contaba también anécdotas graciosas : "... tengo al negrito de cocinero jefe y como mejor que el General..." , debido a que el sirviente de su casa paterna, se alistó con él en la lucha. También detallaba sus contratiempos : "... Me han robado el reloj, creo ahora que el ladrón es un italiano que blanqueaba el frente...". El 21 de septiembre, ante la angustia y lógica preocupación de su madre, narró : "... ten fe en mí y no te anticipes en nada. Pero tú eres incorregible, desde que llegué a Concordia, en año y medio no haces más que llorarme. Tengo la convicción de que hemos de pasar muy buenos días juntos y nos hemos de reír de las miserias de la vida..." . Pero los malos presagios de su madre terminaron por cumplirse. El día fatídico fué el 22 de septiembre, dónde "Dominguito" dejó inconclusa la última carta a su madre, escribiendo : " Querida vieja. La guerra es un juego de azar, puede la fortuna sonreír o abandonar al que se expone al plomo enemigo..." y continúa : "Son las diez de la mañana, las balas de grueso calibre estallan sobre el batallón. Adiós madre mía...". La inconclusa carta quedó sobre una improvisada mesa y "Dominguito" partió al campo de batalla... para no volver. Ese sábado hubo un intenso bombardeo a cañonazos por parte de los paraguayos que, sin embargo, dejó casi indemne a la Plaza de Curupaity. Las tropas aliadas, (argentinos y brasileños), cuyo campamento estaba a la vera del río Paraguay, fueron mandadas a la carga ciega contra el enemigo, en un grave error táctico - militar de Mitre. Los paraguayos, a cañonazo limpio, fueron batiendo soldados como si fueran muñecos, en una especie de tiro al blanco. En 2 horas de combate cayeron la friolera de 10.000 soldados (contaban con 17.000). ¿ Las bajas guaraníes ? Sólo 300 combatientes. En la acción, "Dominguito" fué alcanzado por una esquirla que le afectó el talón de Aquiles, por lo que murió desangrado. Sin embargo, en el parte oficial, el General Mansilla puso como causa de su deceso un balazo en el pecho. Fué sepultado en el Cementerio de la Recoleta. En Curupaity también cayó Francisco Paz, hijo del vicepresidente de la Nación, Marcos Paz. Sarmiento se encontraba en Washington, donde se desempeñaba como ministro plenipotenciario y, allí le comunicaron la infausta noticia. Entró en una gran depresión, que lo llevó a renunciar y volver al país. Escribiría la 1° versión de su libro "Vida de Dominguito", dedicada a su hijo. En 1886, edita nuevamente "La vida de Dominguito" y, como subtítulo: " En memoria del valiente y deplorado Capitán Domingo Fidel Sarmiento, muerto en Curupaity, a los 20 años de edad". En su memoria, existe una localidad bonaerense llamada Capitán Sarmiento. En cine, Lucas Demare dirigió, en 1944, la película "Su mejor alumno", donde Enrique Muiño interpreta a Sarmiento y, un joven Ángel Magaña, a "Dominguito", dónde el guión está basado en la corta vida de él. Ésta es la historia del único hijo de Sarmiento, el joven que pudo demostrar a su padre su real valía, aunque en ello se le fuera la vida...





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