DERROCAMIENTO DE ILLIA, CRÓNICA DE UN HECHO NEFASTO

 Existen los finales felices... de un montón de historias para satisfacción del público consumidor de las mismas. Todo final es el epílogo de un proceso que tiene su tiempo establecido... pero puede ocurrir un final inesperado y anticipado, causado por otros factores ajenos (o no tantos), que derrumban esa historia. Argentina es un país lleno de éste tipo de ejemplos. Nuestra entrega de hoy tiene que ver con el derrocamiento del presidente Arturo Umberto Illia, llevado a cabo por el poder militar y, con el inestimable e importante apoyo de sindicatos, partidos políticos y, sobre todo.... la prensa. A más de medio siglo de éste lamentable suceso, es necesario recordar el papel que cumplieron todos los sectores involucrados, de una manera u otra, en el hecho. Nos situamos en 1963, año de elecciones nacionales. Con el peronismo proscripto y, el mandato del propio Perón (exiliado en el exterior) de votar en blanco, Illia se consagra presidente con apenas el 25,1 % de los sufragios. En la contienda electoral, la Unión Cívica Radical del Pueblo (U.C.R.P.), se impone a la Línea Nacional, liderada por Ricardo Balbín. Illia asume el 12 de octubre. No fué fácil el mandato de Don Arturo, ya que con tan poco capital electoral, en los 3 años que duró su gobierno, fué presionado desde todos los sectores, hasta "desgastarlo" literalmente. No podían faltar las protestas sindicales promovidas por líderes peronistas y, presiones de grandes centrales empresarias que reclamaban la "liberalización de la economía", con menos intervención estatal. Los partidos políticos se quejaban por las caídas de las reservas del Banco Central y se oponían al control de cambios que frenaba el aumento del dólar oficial. Por último, protestaban por el control de precios, con el que trataban de frenar la inflación. Una de las medidas trascendentales del gobierno de Illia fué la anulación de los contratos petroleros  firmados durante la presidencia de Frondizi, que permitían un rol más activo de las empresas extranjeras, en perjuicio de la estatal YPF y, había limitado la salida de capitales. La anulación de éstos contratos trajo como consecuencia sanciones de organismos financieros internacionales, lo que provocó, también, el desaliento de la inversión extranjera. Por otro lado, Don Arturo se había ganado la enemistad y repudio de los grandes laboratorios farmacéuticos con la "Ley Oñativia", que regulaba los precios de los medicamentos y creaba comisiones fiscalizadoras de los costos y la calidad de los productos. Por supuesto, los laboratorios estaban en total desacuerdo con ésto y, en contrapartida, comenzaron a publicar solicitadas en los diarios contra el gobierno de Illia y, buscaban tejer alianzas para que desaparecieran los controles del Estado. Ante ciertos episodios protagonizados por la CGT, que estaba en contra de Illia, los empresarios y militares le pedían al Presidente que reprima, pero él se negaba. La prensa jugaba un papel preponderante en la conspiración contra el gobierno. Por ejemplo, en el mes de octubre, la Revista "Panorama" publicó en su tapa una tortuga que se deslizaba por el mapa de Argentina. Al cabo de 2 años y medio de poder, la inocente tortuga creada por la malicia popular, simbolizaba para la opinión pública la imagen de la gestión seguida por el gobierno del Presidente Arturo Illia. "Lentitud", " Indecisión", "Inmovilismo", "Ineficiencia", "Vacío de autoridad", eran palabras, conceptos, que repiqueteaban hasta el cansancio por la mayoría de las redacciones. El clima era tenso y, en julio de 1965, en una reunión de los comandantes de las Fuerzas Armadas, el Teniente General Juan Carlos Onganía dijo : "Así como la Iglesia, luego del Concilio Vaticano II se aggiornó, a la Argentina le falta un aggiornamiento nacional". Por si hacía falta, aclaró que no se trataba de un golpe de Estado, sino de "una gran revolución, una modificación de la actitud mental del país" y, prosiguió "... esa revolución debe hacerla el Presidente, o de lo contrario es imprescindible que la lleven a cabo las Fuerzas Armadas" y, para finalizar, se preguntó, elevando la voz : " ¿ Es capaz el Presidente de hacer esa revolución ?"... Irónicamente y, bajando la voz, se respondió : "Creo que no". La presión era cada vez mayor y, en las elecciones legislativas del 14 de marzo de 1965, realizadas en 20 distritos del país, donde se elegían diputados nacionales, autoridades municipales y miembros de legislaturas provinciales, marcó el triunfo del PJ, bajo el nombre de Unión Popular sobre la Unión Cívica Radical del Pueblo (el partido de Illia), por 2.833.528 votos contra 2.724.259 sufragios. De ésta forma, el peronismo pasó de tener 8 a 52 diputados nacionales. La revista "Panorama" tituló : "El oficialismo contempla con pánico la posibilidad de un triunfo peronista en las elecciones para gobernador de 1967". El 22 de noviembre de ese año, Onganía solicita su pase a retiro y, en su lugar es nombrado el Teniente General Pascual Pistarini, como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. La prensa seguía con sus vaticinios y ataques al gobierno y, el 14 de diciembre, la revista "Primera Plana" publica : "El momento clave será la segunda mitad del año próximo, cuándo sea más visible el deterioro económico y haya una perspectiva menos confusa y enigmática sobre el panorama comicial. Un 65 % de los jefes militares entienden que debe propinarse un golpe preventivo... Creen, en realidad, que el peronismo ganará esa consulta y tendrá en sus manos las "provincias grandes".. En tanto, Perón desde el exilio español, seguía "manejando" su partido y, lo mantenían al tanto de la actualidad "argenta" y, en una carta que le envió al abogado cordobés Teodoro Funes, manifestó : "Yo creo que los días de decisión se acercan rápidamente. Para esos días es que debemos estar preparados y, la mejor preparación se llama unión, y solidaridad justicialista". También advirtió sobre el peligro del comunismo, porque al combatir la doctrina peronista, se ha dado un impulso inusitado al comunismo en el país, producto del golpe de 1955 en adelante". El rumor de un golpe militar era latente. Los mismos partidos políticos lo auguraban, por ejemplo el diputado Enrique de Vedia, decía : "El gobierno se merece un golpe, el país no". Otra opinión golpista era la del ex presidente Frondizi : "Lo que está por ocurrir es mucho más que un evento de esa naturaleza, ya que un golpe de Estado equivale a un cambio de hombres en el gobierno, mientras que lo que se avecina en mi país es una revolución nacional, que no será concretada exclusivamente por las Fuerzas Armadas, sino juntamente con todos los sectores de la vida nacional". Por lo que se puede apreciar, nadie disimulaba su disgusto con el gobierno, e incluso se lo decían a Illia "en la cara". Ésto sucedió el 29 de mayo de 1966, en el discurso por el Día del Ejército, el Teniente General Pascual Pistarini, dijo : "La libertad es una declamación cuándo no está avalada por el ejercicio de la autoridad. En un Estado cualquiera no existe libertad cuando no se proporcionan a los hombres las posibilidades mínimas de lograr su destino trascendente. No son los hombres ni los intereses de partidos o facciones los que señalarán rumbos a la institución que la República armó como garantía de su existencia". Al finalizar el acto, Illia le reclamó a Pistarini : "General, después me va a explicar usted ésto de la falta de autoridad"... En esos días comienza a tomar notoriedad el nombre del General Julio Alsogaray, director de Gendarmería, quién sin más miramientos, proponía el derrocamiento del Presidente. La conspiración se tramaba en la casa del hermano de Alsogaray, el Capitán Ingeniero Álvaro Alsogaray, señalado como uno de los ideólogos.del golpe. El 27 de junio, Illia relevó al General Pistarini de su cargo de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, por considerarlo el cabecilla de la conspiración. Sin embargo, desde el Comando General del Ejército, un comunicado tajante decía que "la orden presidencial carecía completamente de valor". Ese día hubo un notable e inusual movimiento de tropas. Era el principio del fin... Arturo Umberto Illia se había quedado solo. Esa noche, el presidente decidió quedarse en la Casa Rosada y, el Teniente Aliberto Rodríguez Ricchieri, cargo de la guardia presidencial, tomó la decisión de poner en estado de alerta a los 30 granaderos que tenía a sus órdenes para defender al presidente. Ordenó cerrar los accesos y poner 2 ametralladoras para enfrentar a quiénes quisieran ingresar por la fuerza. Don Arturo, con sensatez, manifestó al Jefe de Granaderos : "Gracias, pero no quiero derramamientos de sangre".  Finalmente, el 28 de junio, todo terminó... Mandados por el Teniente General Pistarini, los coroneles Luis Prémoli y Luis Perlinger, acompañados por el General Julio Alsogaray, llegaron a las 7 de la mañana a la Casa Rosada y, fueron caminando a paso firme al despacho de Illia. No golpean la puerta, ni siquiera piden permiso para entrar. A pesar de ir desarmados, saben que tienen toda la fuerza a su favor. Don Arturo levanta la vista y, al verlos, los ignora deliberadamente. Está reunido con sus 2 hijos, su yerno y una veintena de colaboradores que lo han acompañado durante la noche. Siguen hablando entre ellos. Inmutable, Alsogaray espera en silencio unos segundos y, luego le dice : "Doctor Illia, suspenda un momento por favor". Pero el apuntado lo sigue ignorando. Está firmando fotos para los presentes, sabiendo que serán testimonio de su último día de gobierno. Para romper la escena, Alsogaray intenta manotear las fotos que están sobre la mesa, pero Illia se lo impide. Molesto, Alsogaray, quién no está acostumbrado a que lo desobedezcan, avanza un paso y, con voz enérgica, le grita : "Doctor Illia, le vengo a pedir la renuncia en nombre de los Comandantes en Jefe". Mirándolo a los ojos, con la ira en los suyos, Illia retruca : "General, usted no puede hacer ésto. El pueblo les confía las armas para que ustedes protejan a las instituciones y garanticen su libertad, y van a traicionarlo una vez más ¿ Me comprende ?"... Pero, como si no lo hubiera escuchado, Alsogaray pregunta " ¿ Quiere trasladarse a la residencia de Olivos o a otro lado ?"... Incrédulo, el presidente insiste : "Pero General ¿ cómo me puede decir ésto ? A ustedes no les asiste ningún derecho... ¿ Que me puede importar adónde voy a ir ? Lo que importa es el pueblo y ustedes están avasallando...". Alsogaray da un paso adelante e intenta tomarlo del brazo, pero el yerno de Illia, Gustavo Soler, lo impide, al interponerse entre ambos. "Doctor Illia, usted me obliga a emplear un método que no deseaba de ninguna manera. Lo lamento", manifiesta Alsogaray   visiblemente molesto ante la situación, mientras el Coronel Perlinger empuja a Soler y mira al resto de los presentes con una clara amenaza en sus ojos. Luego, abren la puerta del despacho y llaman a los efectivos de la Guardia de Infantería de la Policía Federal, quiénes lo esperan en la antesala. Entran a la Casa Rosada sin que nadie se los impida, llevando bastones largos y escopetas de gases lacrimógenos. El General les ordena proceder y, los policías entran al despacho presidencial como si estuvieran allanando prostíbulo, irrumpiendo a los gritos y revoleando los bastones. Illia se levanta y, a 10 centímetros de la cara de Alsogaray, mirándolo fijamente, le grita : " ¡ Ustedes son unos vendidos, sirven a cualquier dictadura y no son capaces de defender a un gobierno democrático !"... Minutos después, Illia y sus colaboradores salen por la puerta de la Casa Rosada. El presidente depuesto se niega a que lo lleven a algún lado. Como cualquier ciudadano común, le hace señas a un taxi, éste detiene e Illia sube y se marcha a la casa de su hermano Ricardo, en Martínez. Un diario nacional de la época, en su edición extra de ese martes (hecha a las apuradas), publica : "Eran las 7:25 de hoy cuando el Doctor Illia accedió a hacer abandono de su despacho y de sus funciones. Un oficial y 16 agentes de policía lo acompañaban. Una Junta de Comandantes en Jefe tendrá a su cargo el gobierno hasta adoptar decisiones".... El golpe de Estado había sido consumado. Comenzaba la denominada "Revolución Argentina". A las 11 de la mañana, una marcha militar interrumpió la programación habitual de las emisoras de radio y los canales de TV, para emitir un comunicado. En la voz de un joven (y años más tarde feroz torturador) Ramón Camps, el mismo decía : "Nos dirigimos al pueblo de la República en nombre del Ejército, la Armada Nacional y la Fuerza Aérea, con el objeto de informar las causas de la Revolución Argentina. La división de los argentinos y la existencia de rígidas estructuras políticas y económicas anacrónicas, aniquilan y obstruyen el esfuerzo de la comunidad. Hoy, como en todas las etapas decisivas de nuestra historia, las Fuerzas Armadas, interpretando el más alto interés común, asumen la responsabilidad irrenunciable de asegurar la unión nacional y posibilitar el bienestar general. Para ello es indispensable eliminar la falacia de una legalidad formal y estéril, bajo cuyo amparo se ejecutó una política de división y enfrentamiento que hizo ilusorio la posibilidad del esfuerzo conjunto y renuncia a la autoridad de tal suerte que, las Fuerzas Armadas, más que substituir a un poder, vienen a ocupar un vacío de tal autoridad y conducción, antes de que decaiga para siempre la dignidad argentina. En éste trascendental e histórico acto, la Junta Revolucionaria, constituída por los Comandantes en Jefe de las 3 Fuerzas Armadas de la Patria, han resuelto : 1°) Destituír de sus cargos al actual presidente y vicepresidente de la República y a los gobernadores y vicegobernadores de todas las provincias. 2°) Disolver el Congreso Nacional y las legislaturas provinciales. 3°) Separar de sus cargos a los miembros de la Suprema Corte de Justicia y al Procurador General de la Nación. 4°) Designar de inmediato a los nuevos miembros de la Suprema Corte de Justicia y al Procurador General de la Nación. 5°) Disolver todos los partidos políticos del país. 6°) Poner en vigencia  el Estatuto de la Revolución. 7°) Fijar los objetivos políticos de la Nación. Asimismo, en nombre de las Fuerzas Armadas de la Nación, anunciamos que ejercerá el cargo de Presidente de la República Argentina, el señor Teniente General Juan Carlos Onganía, que prestará juramento de práctica en cuánto se adopten los recaudos necesarios para organizar tan trascendental ceremonia". Desde su exilio en Madrid, Perón llamó a un periodista de la revista "Primera Plana", para formular declaraciones respecto a lo sucedido en su país. Lo entrevistó Tomás Eloy Martínez, a quién le respondió así : "Para mí, éste es un movimiento simpático, porque se acortó una situación que ya no podía continuar. Cada argentino sentía eso. Onganía puso término a una etapa de verdadera corrupción. Illia había detenido al país. Si el nuevo gobierno procede bien, triunfará. Es la última oportunidad de la Argentina para evitar que la guerra civil se transforme en la única salida. Simpatizo con el movimiento militar porque el nuevo gobierno puso coto a una situación catastrófica. Como argentino hubiera apoyado a todo hombre que pusiera fin a la corrupción del gobierno de Illia". Polémicas y fuertes declaraciones del caudillo justicialista, con una visión, tal vez, sesgada de la realidad. Onganía tenía 52 años y lo apodaban "La Morsa", por sus enormes bigotes, también le decían "El Caño", por dos razones : por lo recto y... lo hueco. Entre los panfletos y pintadas más difundidos por quiénes los aborrecían, estaba : "Alsogaray, Onganía, la misma porquería". A su asunción concurrieron actores de casi todos los sectores de la sociedad : políticos, empresarios, sindicalistas, militares y diplomáticos. Sin lugar a dudas, un golpe de Estado del que todos o casi todos después se arrepentirían. Muchos años más tarde, Alsogaray y Perlinger, reconocieron estar arrepentidos de haber participado de la bochornosa escena que los tuvo como protagonistas. En cambio, Prémoli jamás se arrepintió. ¿ Y Perón ? Sin dudas ésta es una de las manchas del legajo de Juan Domingo. El tiempo demostraría realmente quién era Onganía y resaltaría la figura de Arturo Umberto Illia, símbolo de la honestidad de la política argentina... tal vez único en su especie...






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