URQUIZA, LA UTOPÍA DE LA PACIFICACIÓN NACIONAL QUE LE COSTÓ LA VIDA
Nuestro país, de alguna u otra forma, siempre estuvo dividido. Grupos o personas adherían a una idea o ideología determinada, formando dos bandos opuestos. Y la adhesión a esas posturas era tan fuerte que, se convertían en fanatismos. La vieja, remanida y trillada historia de considerar un "enemigo" al que piensa distinto. Pasó con radicales y peronistas; socialistas y liberales, civiles y militares; pero dónde más dejó la herida abierta, pues la pelea es entre hermanos y llegó a las armas, fué la dicotomía entre porteños y provincianos, más conocida en la historia argentina como unitarios y federales. Éstas peleas intestinas, ocurridas luego de la Declaración de la Independencia hasta 40 años después, aproximadamente, le costó la vida a muchísimos soldados anónimos y, también a próceres, que el bronce de sus estatuas aún los mantiene vigentes y recordados. Una de esas víctimas fué un caudillo provinciano, de gran capacidad negociadora y táctica militar : Justo José de Urquiza. El entrerriano, quién fué gobernador de su provincia y llegó a ser presidente de la Nación, pagó con su vida su intento de pacificar el país y terminar con la división existente (lo que hoy sería "la grieta"). Pero, pongámonos en contexto social e histórico. El 11 de septiembre de 1852, Buenos Aires se separa del resto de las provincias argentinas existentes ( a las que calificaba despectivamente como "14 ranchos"). De ésta forma, el país estaba conformado por la Confederación Argentina (con Urquiza al mando de esas 14 provincias) por un lado, y el Estado de Buenos Aires, con Rosas en el poder, por otro lado. Urquiza intentó "mantener" a la Confederación económicamente y, para tal fin, firmó (en carácter de Presidente) tratados comerciales con EEUU, Francia e Inglaterra y, pidió créditos a Brasil. Además, estimuló la inmigración al crear colonias agrícolas en las provincias del litoral (sobre todo Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe), para desarrollar la producción lanera y cerealera y fomentó la enseñanza y los estudios científicos. Sin embargo, necesitaba del comercio exterior (las exportaciones) para financiarse y, allí radicaba el problema, porque la Aduana (en manos de Buenos Aires) le hacía pagar fuertes y elevadas sumas sobre los productos que salían del puerto de Rosario, para su exportación. La lucha armada no tardó en llegar (debido a éste conflicto económico). Los porteños, al mando de Mitre, fueron derrotados por Urquiza, en la Batalla de Cepeda, el 23 de octubre de 1859. Sin embargo, el caudillo entrerriano, quién tenía "la sartén por el mango" y era un negociador nato, decidió no invadir Buenos Aires. ¿ Porqué no lo hizo ? Porque buscaba la pacificación nacional. Por ello, firmó el Pacto de San José de Flores, el 11 de noviembre de 1859, en el cuál Buenos Aires se comprometía a ingresar a la Confederación y, ésta, por su parte, debía aceptar las reformas que Buenos Aires le realizara a la Constitución. Por supuesto, el resto de las provincias estaba en total desacuerdo con Urquiza y los términos del Pacto. Luego de una insurgencia que ocurrió en San Juan y se propagó a otras provincias, el Pacto cayó en saco roto. Nuevamente porteños y provincianos se enfrentan en la Batalla de Pavón, el 17 de septiembre de 1861. Ese día quedó instalado un manto de dudas histórico. Un suceso hasta hoy inexplicable. Urquiza, a pesar de tener superioridad numérica sobre Mitre, decidió retirar sus tropas, dándole la victoria servida a los porteños. Después de ésto, Urquiza decidió refugiarse en su lugar en el mundo, el majestuoso Palacio San José, dedicándose a sus negocios agropecuarios. La mansión, construída entre 1848 y 1860, tenía 38 habitaciones, 3 patios, 2 grandes jardines, una capilla y un lago artificial. Tenía un sistema de agua corriente (único en la provincia) e iluminación generada por gas acetileno. La llamaban la "Posta San José". Podría decirse que el caudillo gozaba del "reposo del guerrero". Tal es así, que no pronunció palabra ni apoyó los levantamientos federales del "Chacho" Peñaloza en La Rioja y de Felipe Varela en Catamarca contra los unitarios. Solamente apareció en 1865, al manifestar su apoyo, a su viejo enemigo Mitre, en la Guerra del Paraguay. Éstas actitudes, consideradas contrarias a la causa federal, desprestigiaron mucho su figura en todas las provincias y generó rechazos entre sus comprovincianos. En 1868, regresa al plano político, al presentarse como candidato a presidente, pero fue derrotado por Sarmiento. quién a poco de asumir, apoyó su nombramiento como gobernador de Entre Ríos. El sanjuanino, estaba en Europa al ganar la presidencia y, cuándo volvió al país en un buque de guerra, el 2 de febrero, Urquiza lo esperó en el muelle con 10.000 hombres formados (muchos de ellos con los uniformes usados en la Batalla de Caseros, donde venció a Rosas). Después, Sarmiento lo visitó en su palacio en Concepción del Uruguay. El abrazo con el "Maestro de América", responsable de la muerte del "Chacho" Peñaloza, le costaría muy caro. Todos éstos actos no fueron tolerados por Ricardo López Jordán, antiguo aliado y compañero de armas y ahora su enemigo. Los rumores de un atentado eran cada vez más fuertes. El complot fué ideado en la casa de López Jordán. Los atacantes se dividirían en 3 grupos : el primero al mando del Mayor Vera, controlarían al puñado de infantes que ocupaban una barraca. El segundo, a cargo del Capitán Mosqueira, tomaría la puerta posterior del palacio y, el restante, comandado por el Capitán Simón Luengo, ingresaría por el frente. El plan consistía en sorprenderlo en su casa, tomarlo prisionero y luego obligarlo a renunciar. Le ofrecerían retirarse a la vida privada o irse al extranjero. Había 2 conspiradores que querían matarlo directamente (los hermanos Querencio y Robustiano Vera). Se impuso el plan original, que luego se les iría de las manos. Además actuarían los capitanes Facundo Teco y Ángel Álvarez, los tenientes Agustín Minuet, Pedro Aramburú y Juan Pirán. Entre los civiles, se destacaban Ambrosio Luna y Nicomedes Coronel, alias "Nico", quién había sido mayordomo en una estancia de Urquiza en San Pedro. Ese lunes 11 de abril, a las 19 horas, medio centenar de hombres estaba frente al Palacio San José. A Urquiza le gustaba sentarse en la galería de su palacio, cerca de dónde sus hijas, Dolores, de 17 años y Justa, de 15, tomaban lecciones de música en 2 pianos a la vez. Las pequeñas Micaela, Flora y Teresa, jugaban en otro sector de la casa. Conversaba con su administrador, mientras otros empleados y funcionarios de su gobierno trabajaban en ambientes cercanos. Su esposa Dolores, de 36 años, amamantaba a la pequeña Cándida, en el dormitorio. A las 19:30 horas, los atacantes redujeron al jefe de guardia, Carlos Anderson e ingresaron según lo planeado. En la galería donde estaba Urquiza, se sentían a lo lejos ruidos de golpes que llamaron la atención porque eran cada vez más intensos. Se escucharon disparos y gritos y, Urquiza se levantó y empezó a transitar por la galería y, allí tomó conciencia de lo que estaba pasando. Con el grito de ¡ Abajo el tirano ! ¡ Viva el General Ricardo López Jordán !! los intrusos ingresaron. El caudillo entró al dormitorio y le pidió a su esposa un arma. Ésta le entregó un rifle, el cuál Urquiza cargó. En el patio era todo disparos y gritos. Lola, que era ajena a la situación, entró al dormitorio también, debido a que la pequeña Micaela la molestaba y no le dejaba tocar el piano. Urquiza se asomó a la puerta y disparó. La bala rozó la cara del capitán Álvarez. Desde afuera respondieron el disparo con una balacera y un proyectil impactó arriba de su labio superior. El caudillo se desplomó, arrastrando en su caída a su esposa. El primero en entrar al dormitorio fué su ex empleado "Nico" Coronel. Urquiza estaba aún con vida, en el suelo, sostenido y abrazado por su mujer y su hija. Sin piedad, Coronel lo apuñaló entre 4 y 5 veces. La pequeña Micaela, escondida y asustada debajo del piano, alcanzó a huir cuando la descubrieron. Cebados, los agresores quisieron violar a Dolores y Lola, pero Luengo, en un rapto de humanidad, lo impidió. Luego, en un acto de frialdad y cinismo, obligaron a la mucama a que les diera de comer a sus hombres, en la mesa, como si nada hubiera pasado y después se marcharon. Para completar la tragedia familiar, López Jordán, al mismo tiempo, mandó a asesinar a los hijos mayores de Urquiza, en Concordia : Justo Carmelo fue apuñalado y Waldino lanceado contra la pared del cementerio. Sin perder tiempo, López Jordán se hizo nombrar gobernador por la Legislatura. Sarmiento, a cargo de la presidencia, lo acusó de sedición y envió fuerzas para intervenir. Se originó así un conflicto armado entre el gobierno central y Entre Ríos. En 1876, López Jordán fué capturado y encarcelado, pero 3 años después se escapó de la cárcel de Rosario y se asiló en Uruguay. Volviendo a Urquiza, al día siguiente de su asesinato, sus restos fueron velados durante varias horas en la casa de Ana Urquiza y Benjamín Victorica en Concepción del Uruguay. El 13 de abril fué sepultado en el cementerio local. Por seguridad, Dolores Urquiza se fué a vivir a Buenos Aires, a una casona de 2 pisos. La habitación dónde asesinaron a Urquiza fué convertida en un oratorio por su viuda, con un altar dedicado a la Virgen del Carmen (de quién Urquiza era devoto). También se conservan las manchas de sangre que dejó al apoyarse en la puerta, herido. También hizo grabar una lápida de mármol, que dice : "En ésta habitación fué asesinado por López Jordán mi malogrado esposo, el Capitán General Justo José de Urquiza, a la edad de 69 años, el 11 de abril de 1870, a las siete y media de noche. Su amante esposa le dedica éste pequeño recuerdo". Por temor a las huestes de López Jordán, Dolores Costa llevó en secreto el féretro de su marido (que había exhumado del cementerio) a una cripta de la Basílica de la Inmaculada Concepción. Recién el 6 de octubre de 1951 se lo halló detrás de un tanque que simulaba una pared. Administró la fortuna familiar y, además fundó 2 colonias agrícolas : Caseros y San José. Y... una perlita : mensualmente le giraba dinero a Rosas, exiliado en Inglaterra, tal como lo hacía antes Urquiza. Por su parte, López Jordán fué asesinado en 1889, por Aurelio Casas, un sicario de 27 años, quién fué condenado a cadena perpetua y luego fué indultado en 1919. Dolores Costa de Urquiza murió el 8 de noviembre de 1896. El asesinato de Urquiza, otra página sangrienta en la historia de la construcción nacional, marca la intolerancia de aquellos que no admiten que un pensamiento sea flexible para buscar la unión y pacificación nacional... esa utopía que, más de 150 años después no pudimos ni supimos conseguir...
Comentarios
Publicar un comentario