MONSEÑOR ANGELELLI, EL CURA QUE DESAFIÓ EL PODER EN LOS AÑOS DE PLOMO
La Iglesia Católica presenta 2 caras con respecto a su actuación en tiempos de la dictadura militar de nuestro país. Por un lado está aquella que actuó en connivencia con el gobierno de facto, colaborando o simplemente "callando" los delitos de lesa humanidad que ocurrían. Eran miembros de una iglesia conservadora, que era aliada del poder, sin importar que ese poder sea ilegítimo. Y, por contrapartida, había una cantidad importante de religiosos que estaban "cerca de la gente" y se involucraban en sus problemas, aunque ello significara enfrentar a ese poder ilegítimo. Eran los curas tercermundistas, con otra mirada de la realidad, "los curas villeros", llamados así en algunos casos. Pero su coraje, determinación y decisión les trajo problemas, fueron literalmente "marcados y eliminados" por el Proceso de Reorganización Nacional que derrocó a Isabel Perón el 24 de marzo de 1976. Una de esas víctimas es el protagonista de nuestra entrega de hoy. Enrique Ángel Angelelli, nacido en Córdoba el 18 de julio de 1923. Era el primogénito de Juan Angelelli y Celina Carletti, inmigrantes italianos asentados en "La Docta". A los 15 años, ingresó al Seminario de Nuestra Señora de Loreto. A los 24 años, en 1947, fué enviado a terminar sus estudios en el Pontificio Colegio Pío Latino Americano de Roma (Italia). Dos años mas tarde, el 9 de octubre de 1949 y, con 26 años, fué ordenado presbítero y continuó sus estudios de Licenciatura en Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana. En 1951 regresa a Córdoba, y es nombrado vicario cooperador de la parroquia San José de Barrio Alto Alberdi y capellán del Hospital Clínicas. Con ese cargo y, comprometido con la causa de los más necesitados, se dedicó a visitar villas miseria de la ciudad y, en ese contexto, asumió como asesor de la Juventud Obrera Argentina (cuya sede estaba en la capilla Cristo Obrero). También se dedicó a la docencia, como profesor de Derecho Canónico y Doctrina Social de la Iglesia en el Seminario Mayor y enseñó Teología en el Instituto Lumen Christi. Finalmente y, mediante una bula papal de Juan XXIII es nombrado obispo titular de Listra y obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Córdoba, el 12 de diciembre de 1960. Dos semanas después es nombrado vicario general. Luego, fué rector del Seminario Mayor y, en su labor de obispo auxiliar tuvo activa participación en problemas sociales, al involucrarse en conflictos laborales gremiales de Fiat, IME y los empleados municipales. Trabajó incansablemente en campañas solidarias para combatir el hambre. Éstas "actitudes" lo pusieron "en la mira" de la cúpula de la iglesia conservadora. Su importancia y papel creció a nivel internacional, ya que participó en los Concilios Vaticanos realizados en 1962, 1964 y 1965. Angelelli era una "piedra en el zapato" porque expresaba lo sentía, se salía del molde. Apoyó "posiciones modernistas" de obispos tercermundistas y, por ello, fué excluído de su cargo y, lo mandaron de capellán con la Hermanas Adoratrices "como castigo". Al año siguiente, Raúl Primatesta, titular de la Arquidiócesis, lo restituyó en su cargo. Llegaría el año 1968, bisagra en su carrera, ya que Paulo VI lo designa obispo de la Diócesis de La Rioja. Lo que parecía una medida para "sacárselo del medio" al enviarlo a una provincia norteña y pobre, resultó ser campo fértil para sus actividades solidarias. Entre otras cosas, formó cooperativas de campesinos ( de telares, fábricas de ladrillos, panaderos) y alentó la organización sindical de peones rurales, mineros y empleadas domésticas, sin duda sectores laborales muy postergados y... explotados. En una ocasión solicitó al gobierno la expropiación de un latifundio para que sea cedido a quiénes no podían pagar sus deudas de sus tierras e iban a perderlas. Carlos Menem, gobernador en ese entonces de la provincia, prometió transferir las tierras a la cooperativa. Fué así que el 13 de junio de 1973, Angelelli viajó a Anillaco (tierra natal de Menem) a presidir las fiestas patronales. Comerciantes y terratenientes lo recibieron de manera hostil a Angelelli (estaban Amado Menem, hermano del gobernador y sus hijos César y Manuel). Entraron por la fuerza a la iglesia, obligando al obispo a suspender la misa y salir del recinto, en medio de una lluvia de pedradas. El gobernador Menem trató de agitadores a Angelelli y sus seguidores y les retiró el apoyo. El cura dejó de dar misa e inició acciones judiciales. La Santa Sede, ante el conflicto, envió una auditoría en manos de los sacerdotes Pedro Arruspe y Vicente Zazpe. La conclusión : apoyo total a Angelelli. Pero días oscuros se avecinaban. En 1976, el gobierno de Isabel Perón era un tembladeral, con una economía sin rumbo y una escalada de violencia imparable. El 12 de febrero, el vicario de la diócesis de La Rioja y dos miembros de un movimiento de activistas sociales fueron detenidos por los militares. Un mes después sobrevino el Golpe de Estado y no había noticias de los detenidos. Angelelli le pidió al nuevo interventor riojano (Menem fué destituído), el coronel Osvaldo Pérez Battaglia, información sobre el paradero de tales detenidos. No obtuvo respuesta y decidió ir al III Cuerpo de Ejército, y hablar con el mismísimo Luciano Benjamín Menéndez y... recibió una amenaza por parte de éste : "Es usted quién tiene que tener cuidado". Fué su sentencia de muerte. Allegados a él manifestaron que Angelelli sabía que estaba en la mira y, ante la ola de atentados y muertes perpetradas en esa época por la dictadura había manifestado : "Es mi turno". El 4 de agosto de 1976 conducía una camioneta junto al padre Arturo Pinto, regresando de una misa realizada en Chamical, en homenaje a dos sacerdotes asesinados, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville. Según manifestó Pinto, un auto comenzó a seguirlos y luego otro. En el paraje llamado Punta de los Llanos, uno de los autos (un Peugeot 404) habría encerrado a la camioneta hasta hacerla volcar. El vehículo dió varios tumbos y Angelelli salió expulsado del mismo. Pinto quedó inconsciente en el interior del vehículo y, al reaccionar vió el cuerpo de Angelelli tirado al costado de la ruta, muerto. En la parte de atrás de su cuello presentaba lesiones graves. "Era como si lo hubieran golpeado", dijo Pinto. El lugar fué rodeado por la policía y los militares y, una ambulancia trasladó luego el cadáver del cura a La Rioja. La autopsia reveló que tenía varias costillas rotas y una fractura en forma de estrella en el hueso occipital, compatible con un golpe dado con un objeto contundente. Sin embargo, el informe policial reveló contradicciones, ya que sostiene que Pinto era el conductor, que perdió el control, se salió de la carretera y, al intentar volver, reventó un neumático. Y que Angelelli habría muerto por los sucesivos vuelcos del camión. Un verdadero absurdo (está comprobado que manejaba Angelelli). En el colmo del cinismo, la jueza Martha Guzmán ordenó cerrar el caso y lo calificó como "accidente de tránsito"...!!! Ya en democracia, en 1986, el juez riojano Aldo Morales, sentenció que había sido un "homicidio fríamente premeditado y esperado por la víctima". Tras un intento de bloquear la investigación por parte de las Fuerzas Armadas, el caso pasó a la Corte Suprema de Justicia, que a su vez la derivó a la Cámara Federal de Córdoba, quiénes plantearon que las órdenes para matar a Angelelli podrían haber provenido del propio Luciano Benjamín Menéndez. En 1990 la Ley de Punto Final puso fin a la investigación contra los militares. Pero esa ley fué derogada en 2005 y la causa se reabrió. En 2009 se realizó una necropsia que arrojó que las múltiples fracturas que presentaba Angelelli en el cráneo. En 2010, la sobrina de Angelelli, María Elena Coseano, el obispado de La Rioja, las Secretarías de Derechos Humanos de la Nación y la Provincia y Arturo Pinto, testigo y sobreviviente del hecho, se constituyeron como querellantes en el Juzgado Federal de La Rioja. Allí, Pinto volvió a repetir su versión del hecho y se reclamó la imputación de 14 militares y policías, encabezados por Videla y Menéndez como responsables mediatos del crimen. El 4 de julio de 2014, Luis Fernando Estrella y Luciano Benjamín Menéndez fueron condenados a cadena perpetua por el crimen de Angelelli. Otros acusados como Albano Harguindeguy, Juan Carlos Romero y Jorge Rafael Videla, murieron antes de comenzado el juicio. En junio de 2018, la Iglesia Católica anunció la beatificación de Enrique Angelelli, junto a Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias, además del laico Wenceslao Pedernera. La ceremonia se llevó a cabo en La Rioja, el 27 de abril de 2019. Monseñor Angelelli vive aún en el corazón de sus fieles y en su pago adoptivo (La Rioja) y el legado que dejó marcó un hito en la tarea sacerdotal de la época... tarea que le costó la vida...
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