"LA RAULITO"... SÍMBOLO DE FIDELIDAD HACIA LOS COLORES DE UN CLUB

La pasión por los colores de un club... es algo que puede venir por herencia, por pertenecer al barrio, por un hecho fortuito... las explicaciones pueden ser muchas y variadas, pero hay una cuestión cierta : la pasión, el amor y fidelidad hacia un club y sus colores, son cuestiones del corazón que la razón no entiende... En nuestro país existió una emblemática hincha de Boca Juniors, con una historia de vida muy difícil, marcada por una niñez carente de afectos y padres y, un deambular de aquí para allá, hasta que, en el club de sus amores encontró algo de lo que estaba buscando. Incluso, su historia fué llevada al cine. Pero vamos por partes. La protagonista de la entrega de hoy es María Esther Duffau. Sin embargo, su identidad fué devorada por el apodo que la inmortalizó : "La Raulito". Nació en Villa Urquiza (Buenos Aires), el 23 de julio de 1933, en el seno de una familia sumida en la miseria y la pobreza. Siendo muy pequeña, su madre murió de tuberculosis y, quedó con su padre alcohólico y golpeador, quién a los 6 años la abandonó en un asilo, del cuál al poco tiempo escapó. De allí en más, la calle fué su hogar. Como se dijo, deambuló en su adolescencia en reformatorios para delincuentes juveniles, cárceles y un hospital neuropsiquiátrico. Fué lustrabotas y canillita en la estación del ferrocarril, además de hacer innumerables changas. En un contexto patriarcal y machista, propio de la época, decidió cambiar su aspecto : se rapó el pelo y se vistió con pantalones y remeras holgadas, para parecerse a un varón, porque como ella decía : "no quiero que me reconozcan como mujer en éste ambiente. A los varones los tratan mejor". Pero tenía un sueño, casi imposible : jugar en Boca. Y no se resignó. Por su aspecto físico y los cambios realizados en su fisonomía y vestimenta, parecía un varón y, por ello, consiguió una prueba para jugar en Boca. Obviamente no quedó y, con los años su devoción por el club xeneize se hizo patente para todos. "Nadie me hizo de Boca, yo sabía que esos colores me iban a dar muchas alegrías". El club le abrió las puertas, a tal punto que tenía libre acceso a las prácticas e, incluso, a los asados del plantel profesional, quiénes siempre le regalaban camisetas. En Boca, "La Raulito" encontró a la familia que siempre buscó, luego de perder la suya. Entrados los años, "su hogar" era el Hospital Moyano, dónde estuvo casi 30 años. La institución le permitía salir cuando Boca jugaba en "La Bombonera", para ver al equipo de sus amores. Cuándo no podía ir, por cuestiones de salud o distancia, veía los partidos en un televisor que le regaló Susana Giménez, enterada y conmovida por su historia. Existe una anécdota insuperable sobre el fanatismo de "La Raulito" por Boca. Ocurrió el 13 de julio de 1980 y el "Xeneize" jugaba por la 2° fecha del Torneo Metropolitano ante Estudiantes de La Plata. En ese partido, ingresó a la cancha y "metió un gol". Ella lo cuenta así : " El día que le hice el gol a Estudiantes, Boca tenía una mala racha. Ese día, empataba 0 a 0 y dije : el gol lo voy a hacer yo. Estaba en el palco viejo en La Bombonera y me tiré a la cancha, se quedaron todos quietos, tuvieron que parar el partido. Yo paré la pelota y le pegué de chanfle. El arquero ni la vió. Me acuerdo que en Boca estaba el petiso Escudero y en Estudiantes, Galván, el único que me corría, pero yo era rápida. El referí me llamaba y yo, del susto, me metí en el vestuario de los contrarios. Los viejos me decían : por tu culpa van a clausurar la cancha, pero al final no pasó nada. La revista "El Gráfico" tituló : La Raulito 1 Estudiantes 0, acompañada de la foto del remate. Por eso, el gol que hice en La Bombonera fué la hazaña más grande de mi vida". De alguna forma, había cumplido su sueño. Una ovación bajó de los cuatro costados del estadio cuando "hizo el gol" y, a pesar de esconderse en el vestuario visitante, la policía la encontró y se la llevó. Muchos años después, en una entrevista, habló de su amor por Boca : " Yo quería jugar en Boca, hasta me fuí a probar un día, pero por ser mujer no podía jugar con los varones. Igual, era buena, hacía la palomita, le pegaba a la pelota con las dos piernas y jugaba con los vagos de la plaza. Los únicos que sabían que era mina eran ellos". Era un personaje a nivel nacional y, su historia fué llevada al cine en 1975, en un film ("La Raulito"), dirigido por Lautaro Murúa y, con guión de Juan Carlos Gené y Martha Mercader. El rol protagónico lo hizo Marilina Ross, en una actuación memorable. No fué la primera vez que el cine se cruzó en su camino, ya que en 1948 había actuado de extra en la película "Pelota de trapo". Tenía también su opinión formada sobre los técnicos, ya que a Carlos Bianchi lo consideraba " un señorito con una cultura bárbara", el "Toto" Lorenzo le daba plata para que comprara sándwichs y respetaba al "Coco" Basile. En sus últimos años fué recibida por el Geriátrico "Hogar Rawson". Allí la medicaban para contener su agresividad, producto de su epilepsia. En un notable gesto del club y los jugadores, en diciembre de 2006, le donaron una escritura de una parcela del cementerio temático de Boca Juniors. El acto se realizó en el complejo de "Casa Amarilla", haciendo la entrega los jugadores Guillermo Barros Schelotto y Rodrigo Palacio. Además, recibió una silla de ruedas, envuelta en una bandera azul y amarilla. Otro "mimo" del club tuvo lugar cuando cumplió 72 años, ubicando un pasacalles que la saludaba, al costado del estadio y fueron a buscarla al geriátrico en una limusina. Mucha gente e ídolos del club se acercaron a saludarla, como el "Chino" Benítez, el "Colorado" Suárez y Nicolau, entre otros.  Ese año, 2006, Emiliano Serra realizó un documental sobre su vida, llamado "La Raulito, golpes bajos". El 22 de diciembre de 2007 sufrió una caída, dónde se rompió la cadera. Su salud comenzó a deteriorarse, pero tuvo tiempo para una de sus últimas ocurrencias : debían donar sangre para ella y, puso como condición que los donantes fueran hinchas de Boca. Al respecto, dijo : "No ando muy bien de salud. Las únicas alegrías me las da Boca". Falleció el 30 de abril de 2008, a causa de una descompensación generalizada, a los 74 años. Sus restos fueron velados en el hall central de La Bombonera. Esa noche, Boca disputaba el partido de ida de octavos de final de la Copa Libertadores de América ante Cruzeiro (Brasil). Los jugadores, en señal de luto, lucieron un brazalete negro y hubo un minuto de silencio antes del partido. Esa noche, Boca ganó 2 a 1 y, de algún modo, "La Raulito" estuvo presente. Fué y es todo un símbolo, a tal punto que, en un programa de TV existía una sección que entrevistaba a las mujeres que iban a ver fútbol. Tal sección se llamaba... "Las Raulitos". Así fué la existencia de María Esther Duffau,  quién debió mutar su  identidad y género para poder sobrevivir  en un mundo dominado por los hombres y poder cumplir sus sueños... Tal vez eso no le molestó porque, quizás, era lo que quería...








 

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