LA NOCHE DE LOS BASTONES LARGOS.... EL ORIGEN DE LA "FUGA DE CEREBROS"

La intolerancia humana no tiene límites. El abuso de quiénes detentan el poder, hace que se cometan barbaridades y hechos repudiables, propios de una tiranía. Y... si los que gobiernan tomaron el poder por la fuerza y no por decisión del pueblo mediante el voto, ese abuso y tiranía no tienen techo. La narración de hoy tiene que ver con un triste hecho producido en una de las tantas interrupciones democráticas del país, ocurrida en 1966 y, que, con esa manía nacional de ponerle un título pintoresco a todo, pasó a la historia como "La noche de los bastones largos". Como se dijo antes, el 28 de junio de 1966, el Teniente General Juan Carlos Onganía, derrocaba al gobierno democrático del radical Arturo Umberto Illia, dando inicio a la denominada "Revolución Argentina". Antes de ese golpe de estado, en materia de educación, las universidades públicas argentinas estaban organizadas de acuerdo a los principios de la Reforma Universitaria (ocurrida en Córdoba en 1918), que establecían la autonomía universitaria del poder político y el cogobierno tripartito de estudiantes, docentes y graduados. El dictador Onganía decidió borrar de un plumazo los logros de la histórica gesta cordobesa, mediante la firma del decreto - ley N° 16192, por el cuál se suprimía ese gobierno tripartito de las universidades nacionales que regían plenamente desde finales de la década del '50. También se subordinaba a las autoridades de las 8 casas de altos estudios del país al Ministerio de Educación, nombrándolos administradores o invitándolos a renunciar en un lapso de 30 días. Fué así que, el rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Ingeniero Hilario Fernández Lang, rechazó las nuevas disposiciones y presentó su renuncia, junto a sus asesores. Por otro lado, como repudio a éstas medidas, hubo 5 facultades (Ciencias Exactas y Naturales, Arquitectura, Ingeniería, Filosofía y Letras y Medicina) en las que estudiantes y docentes tomaron los edificios. El gobierno de facto tomó nota de ello y ordenó a la Dirección General de Orden Urbano de la Policía Federal (que estaba intervenida por la dictadura) una represión violenta para desalojarlos, comenzando por las facultades de Ciencias Exactas y Naturales y Filosofía y Letras de la UBA. Los efectivos policiales estaban munidos de bastones largos, para golpear con rudeza a las autoridades universitarias, estudiantes, profesores y graduados, cuándo los hicieron pasar por una doble fila al salir de los edificios, luego de ser detenidos. El instante de ingreso a la Facultad de Ciencias Exactas fué violento, ya que el decano Rolando García, que estaba hablando con el vicedecano Manuel Sadosky, al ver que ingresaban los efectivos policiales, salió a recibirlos e increpó al oficial que dirigía el operativo, diciendo : "¿ Cómo se atreve a cometer éste atropello ? ¡ Todavía soy el decano de ésta casa de estudios !"... Fué entonces que un corpulento custodio le golpeó la cabeza con su bastón. Con sangre en la cara, el decano se levantó y repitió sus palabras y... el custodio le volvió a pegar con dureza. Esa noche hubo 400 personas detenidas y fueron destruídos el laboratorio y la biblioteca universitaria. Un testigo de lo sucedido, Warren Ambrose, profesor de Matemática del Instituto Tecnológico de Massachusetts y también de la UBA, relató lo sucedido :  " ... Entonces entró la Policía. Me han dicho que tuvieron que forzar las puertas, pero lo primero que escuché fueron bombas que resultaron ser gases lacrimógenos. Luego llegaron soldados que nos ordenaron, a gritos, pasar a una de las aulas grandes, dónde se nos hizo permanecer de pie contra la pared, rodeados por soldados con pistolas, todos gritando brutalmente (evidentemente preparados para ejercer violencia contra nosotros). Luego, a los alaridos, nos agarraron a uno por uno y nos empujaron hacia la salida del edificio, pero nos hicieron parar entre una doble fila de soldados, colocados a una distancia de 10 pies entre sí, que nos pegaban con palos o culatas de rifles y que nos pateaban rudamente en cualquier parte del cuerpo que pudieran alcanzar. Nos mantuvieron, incluso a suficiente distancia uno del otro, de modo que cada soldado pudiera golpear a cada uno de nosotros. Debo agregar que los soldados pegaron tan duramente como les era posible y yo, como todos los demás, fuí golpeado en la cabeza, en el cuerpo y en dónde pudieran alcanzarme. Ésta humillación fué sufrida por todos nosotros (mujeres, profesores distinguidos, el decano y el vicedecano de la Facultad, auxiliares, docentes y estudiantes). Hoy tengo el cuerpo dolorido por los golpes recibidos, pero otros menos afortunados que yo,  han sido seriamente lastimados. No tengo conocimiento de que se haya ofrecido ninguna explicación por éste comportamiento. Parece simplemente reflejar el odio del actual gobierno por las universidades, odio para mí incomprensible, ya que a mí juicio constituyen un magnífico grupo que ha estado tratando de construír una atmósfera similar a la de los inventores norteamericanos Ésta conducta del gobierno, a mi juicio, va a retrasar seriamente el desarrollo del país, por muchas razones, entre las que se encuentra el hecho de que muchos de los mejores profesionales se van a tener que ir del país". Ésta intervención del gobierno militar en las universidades tenía como objetivo una estricta censura en los contenidos de la enseñanza universitaria y el desmantelamiento del proyecto reformista de la universidad científica de excelencia, sobre la base de la vinculación estrecha entre investigación y docencia. En los meses siguientes, cientos de profesores fueron despedidos, otros renunciaron a sus cátedras o abandonaron el país. Muchos científicos brillantes se fueron a otros países, entre ellos los 70 miembros del Instituto del Cálculo de Ciencias Exactas. También se desmanteló el Instituto de Radiación Cósmica. La fría estadística revela que emigraron 301 profesores universitarios (215 de ellos científicos), 166 se insertaron en universidades latinoamericanas (en su mayoría en Chile y Venezuela), 94 recalaron en universidades de EEUU, Canadá y Puerto Rico y 41 terminaron en Europa. Equipos completos de investigación fueron desmantelados, incluyendo a "Clementina", la primera computadora de América Latina (que había sido construída por la empresa "Ferranti" del Reino Unido. De ésta manera, se produjo en nuestro país la famosa "Fuga de cerebros". Algunos que debieron partir fueron : el historiador Tulio Halperin Donghi, la física atómica Mariana Weissmann, el epistemólogo Gregorio Klimovsky y la médica Telma Roca, entre otros. Pasado el tiempo, en julio de 2005 la Federación Universitaria Argentina (F.U.A.) entregó diplomas de reconocimiento a los 70 profesores universitarios que renunciaron en 1966 a sus cargos en la Facultad de Agronomía de la UBA. En 2006, el cineasta Tristán Bauer rodó una película sobre el hecho, llamada justamente "La noche de los bastones largos". Así ha sido siempre la historia argenta : malas decisiones, golpes de estado, crisis de todo tipo y, en éste caso "fuga de cerebros" y... a pesar de eso, el país sigue su camino....

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