MARÍA "LA GRANDE", LA LÍDER TEHUELCHE QUE IMPUSO SU RAZÓN A LOS EXTRANJEROS...
En épocas anteriores se tildó (erróneamente) al género femenino como "sexo débil". Una barrabasada léxica más de una sociedad dominada por lastres patriarcales y machistas. Un argumento con pies de barro, basado en la desventaja física de la mujer con respecto al hombre, como si todo el poder se midiera a través de la fuerza... Pero hubo mujeres que, en base a su talento, coraje, carisma y otros atributos, como capacidad de negociación, se ganaron el respeto de sus pares y ocuparon lugares en el poder. Nuestra protagonista de hoy es una cacique o cacica (como se prefiera mencionar) tehuelche, María "La Grande", tal así su elocuente nombre y apelativo. Algunos historiadores afirman que la bautizaron como María de la Asunción, porque habría nacido en esa ciudad capital de Paraguay. Su familia tenía cierto linaje en la zona, ya que era hija del cacique Vicente y hermana de Besante, uno de los más poderosos líderes tehuelches. Su nacimiento dataría de fines del siglo XVIII, ya que no hay registros fidedignos al respecto. Sin embargo, una investigación de la revista "Open Editions", ubica su natalicio en 1789. Su infancia coincidió con la época en que las potencias europeas incrementaron su interés sobre los recursos a explotar en la Patagonia. Ésta situación fué inteligentemente aprovechada por las poblaciones nativas para conseguir beneficios de la relación con los extranjeros. A María, sus padres le enseñaron desde pequeña a relacionarse y negociar con los europeos, teniendo en cuenta lo que se avecinaba. Al hablar el español en forma entrecortada, pero comprensible, construyó una relación fuerte con los hispano - criollos, quiénes vivían en colonias y factorías a lo largo de la costa de la Patagonia. A pesar de su juventud, su padre le confió el liderazgo de un grupo seminómade que estableció contactos con los loberos (cazadores de lobos marinos) y con los establecimientos de Carmen de Patagones. Por ello, los capitanes loberos se comunicaban con ella para que les provea carne de guanaco para sus tripulaciones. María lo conseguía y negociaba prebendas a favor de su pueblo. Para negociar usaba unos aros hechos de medallas con la figura de la Virgen María estampada y cargaba una estatuilla de madera de Cristo. Éste aspecto "religioso" le permitía sacar ventajas de sus relaciones y realizar acuerdos pacíficos que beneficiaban a la comunidad tehuelche. También se la conoció como María "La Vieja", María "La Reina" o "Santa María", pero su apelativo de "La Grande" se la impusieron los europeos al compararla con Catalina "La Grande", de Rusia, una eximia gobernante y negociadora. En 1820, el marino y explorador británico James Weddel, quién cruzó el círculo polar y descubrió el sector antártico que lleva su nombre, llegó a la Patagonia con el objetivo de cazar focas y, para hacerlo, tuvo que negociar con María. También el famoso explorador Fitz Roy (en la actualidad, un volcán lleva su nombre), también debió sentarse a "pactar" con María. Pero, sin dudas, su negociación más importante fué con Luis Vernet, quién más adelante sería el primer gobernador de las Islas Malvinas. Lo conoció en 1823, cuándo éste llegó a la Península Valdés para cazar caballos salvajes. Tuvo que sentarse a negociar con María, ya que corría el fuerte rumor de que los aborígenes tenían planificado arrasar con su campamento en cuánto llegara el cacique principal. Era toda una estrategia y, con ese "as en la manga", María invita a Vernet a "negociar" una solución. Fué así que lo obligó a reconocer los derechos que el pueblo nativo tenía sobre ese territorio. Uno de sus argumentos fué que todos los caballos eran tehuelches, porque se criaban en tierras que se encontraban bajo su dominio. Simple y claro : "Todo lo que caminara bajo su territorio, le pertenecía a su pueblo". Ante la intransigencia e inflexibilidad de María, Vernet cedió y también le sacó bienes personales valiosos a cambio de ganado. Una negociación impecable. Sus negociados más habituales, en los que siempre lograba imponer su criterio, era el intercambio de carne, pieles, mantas de guanaco y plumas de ñandú a cambio de espadas, cuchillos, tabaco, yerba, frenos, monturas, harina, azúcar y alcohol. Finalmente, Vernet asume en 1829 como 1° gobernador de las Islas Malvinas y también como primer comandante político y militar de allí. Con un grupo de 50 colonos, en las adyacencias del Cabo de Hornos, fundó la Colonia San Luis, en la Isla Soledad. El comercio era fundamental para la economía de la isla, en la que la carne salada, los pescados en salmuera, el sebo y los cueros de lobo marino y ganado vacuno eran la principal forma de intercambio entre el archipiélago y los marineros. Fué así que, conocedor de las habilidades negociadoras de María, Vernet la contactó para fundar una factoría y colonia en la Bahía San Gregorio, para aprovechar la situación. Para convencerla, la invitó junto a sus familiares, para visitar el lugar y arreglar las condiciones de trabajo. Llegó en una goleta que el mismo Vernet envió para buscarla. Como dato curioso, vino con su hechicera personal, quién la aconsejaba en algunas cuestiones. La recibió la esposa del gobernador, María Sáenz de Vernet, quién le regaló un quillango de guanaco, a modo de ofrenda, además de un lujoso vestido azul de gala. Si bien lo recibió, no lo usó, y siguió usando su vestimenta autóctona. Fué agasajada con una fiesta, dónde la dueña de casa tocó el piano y, María cantó, haciendo uso de su excepcional voz. Fué aplaudida estruendosamente. Se instaló en la casa del gobernador y su comitiva durmió con los peones de la colonia. Estuvo 15 días en la isla, donde recorrió cada lugar, lo organizó para el futuro comercio, mientras compartía comidas y compras con ellos. Cuándo se marchó, se fué cubierta de regalos (frenos, espuelas, estribos, entre otras cosas) que, obviamente cedió a su comunidad. El comercio de las islas fué "un relojito", al funcionar a la perfección. Sin embargo, en 1833, los ingleses se apoderaron de las islas, destituyendo a Vernet. Lo demás, es historia conocida, con las islas en poder británico, hasta la actualidad. María falleció relativamente joven, a los 51 años, en 1840. Quedaron su esposo Manuel y sus 5 hijos para llorarla, al igual que toda la comunidad tehuelche. Esa noche, en su homenaje, se encendieron fogatas que iluminaron toda la costa, de punta a punta. Las hogueras ardieron 3 días y 3 noches. También quemaron mantas, su quillango y los arneses de su caballo. María "La Grande", nunca un alias más acertado para alguien, pudo lograr que los extranjeros blancos reconocieran derechos territoriales y cesaran un poco en su afán de apropiación. Ella, con su capacidad de negociación y "muñeca política" pudo lograrlo. Durante su natural liderazgo, reinó la armonía, no hubo guerras tribales (tan comunes en esas épocas) y, también era fuente de consulta habitual de otras tribus y comunidades, para tomar decisiones importantes. Su influencia desde el Río Negro hasta el Estrecho de Magallanes, abarcando toda la Patagonia, con más de 1000 nativos que le respondían, habla a las claras de la importancia de su labor. No utilizó armas y violencia para liderar, porque la palabra y las firmes convicciones en la defensa de su tierra, fué su "arma" más poderosa... por ello, merece ser rescatada del injusto olvido y, que su historia se conozca...
Comentarios
Publicar un comentario